Desidia político-sindical: cierre de Menasa

Los sindicatos dependen económicamente no de quienes deberían representar a los trabajadores, sino de la  Administración, empresarios y de las subvenciones encubiertas

De cómo los sindicatos pueden prostituir sus esencias a saber, el abandono de la independencia económica sentó las bases para la pérdida ideológica y sindical y la burocratización de los aparatos sindicales.

Se da la paradoja de que los sindicatos dependen económicamente no de quienes deberían representar a los trabajadores, sino de quien al menos teóricamente tendrían que enfrentarse, Administración y empresarios. Las cuotas sindicales apenas cuentan en la administración de los sindicatos, es la Administración quien los financia directamente de los presupuestos proporcionalmente al número de delegados obtenidos en las elecciones sindicales.

Pero además toda una serie de subvenciones encubiertas, entre las que destacan por su importancia los fondos destinados a los cursos de formación por valor de 800 millones de euros. El otro pilar de la financiación de estos sindicatos es la propia empresa que son las que mantienen el aparato burocrático de los sindicatos con la figura de subvenciones encubiertas, con las llamadas hora sindicales que las más de las veces se consumen fuera de la empresa con el consentimiento cínico de las propias empresas.

Por cierto, liberados que en muchas ocasiones se mantienen en dicho statu quo por décadas, en fin algo poco edificante pero sí definidor de a quien nos enfrentamos.

Esta forma de financiación tiene relación directa con la burocratización y corrupción de los propios sindicatos, dado que es un arma de poder de los (que pagan) que en momentos decisivos hacen valer sus intereses amenazando con retirar o recortar mecanismos de financiación que hacen posible la vida de dichos sindicatos. El sindicalismo cautivo apareja dependencia y oscurantismo en las cuentas.

Sería interesante que las miles de horas disfrutadas por los delegados sindicales fueran empleadas en exigir horas de asamblea para los trabajadores.

Como ejemplo de cómo funcionan los sindicatos y partidos políticos pondré uno cercano y definidor del talante de ambas formas de hacer política.

Recientemente y dado el cierre de Menasa, tanto sindicatos como políticos de todos los colores se movilizaron en pos de los compañeros de dicha fábrica, loable acción si no fuese que priorizar la recolocación de dichos compañeros sobre los casi 50.000 parados de Asturias es un acto de impostura y de falta de respeto a los parados que viven situaciones truculentas y en muchas ocasiones de emergencia social, pero ocurre que es una masa silente y desorganizada sin interés alguno para políticos y sindicatos. Políticos y sindicatos, vuestro desprecio al colectivo de parados tiene su traducción en el apoyo que tenéis del conjunto de la sociedad que se traduce en los niveles más bajos de afiliación a partidos políticos como sindicatos.

Para finalizar sólo decir que rompiendo las cadenas financieras de estos sindicatos acomodados se podrán tener sindicatos independientes en sus decisiones.


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