Zapatero: el talante encubre una ideología neoliberal, matizada de conservadurismo compasivo y subordinada a los grandes intereses económicos y al Imperio

inSurGente (A.M.).- Pasará a la pequeña historia de la vanidad y de los intentos de ostentación el reiterado esfuerzo de José Luis Rodríguez Zapatero para ser invitado a la cumbre que se celebrará en Washington, en la que los grandes del planeta negociarán la imposible salida a la crisis económica mundial. Los avales de Zapatero suenan a “oportunismo tardío” y, claro, a … buen talante. Resulta que el presidente del gobierno español cae ahora en la cuenta de que organismos como el FMI deben reformarse y ajustar su comportamiento para "extender la regulación del sistema financiero internacional, sometiéndolo a controles y a principios éticos que garanticen un equilibrio más justo de la riqueza", y además anuncia que el gobierno español “no está dispuesto a consentir tanta avaricia ni a que se engañe a tanta gente por una voracidad desmedida que deja a muchos ciudadanos sin sus empleos". Una pasada las tesis de Zapatero.

No es, sin embargo, muy difícil, analizar el comportamiento político de Zapatero ante la crisis económico mundial.
En principio, el presidente del gobierno español la negó hasta que esa negación resultó totalmente imposible. Pero no sólo hizo eso sino que llegó a tachar de traición la mera afirmación de que la economía estaba en crisis. Sobre ese asunto, al parecer, sólo era aceptable la opinión del gobierno.

Zapatero –de acuerdo con Rajoy y con la complicidad estúpida de la raquítica IU- hizo una campaña electoral de siete meses –de septiembre de 2007 a marzo de 2008- sin mencionar la existencia de una crisis que cual jinete apocalíptico galopaba ya por todo el mundo. La revisión de los actos multitudinarios de la campaña –en especial, los “cara a cara” de los debates televisivos- tendría que llevar a Zapatero y a Rajoy ante los tribunales de justicia en un país en el que efectivamente no dominase una “voracidad desmedida y en donde no se engañase con absoluta impunidad a tanta gente”.

Ahora nos llegan noticias de que el presidente del Gobierno está presionando a los grandes editores de los medios de comunicación para que le apoyen durante la crisis, asegurando la tranquilidad ciudadana y evitando que la alarma se extienda entre la “opinión pública” e intentando difundir confianza en nuestro sistema financiero.

La formulación del deseo de Zapatero tuvo lugar durante una cena en la Moncloa en la que estuvieron presentes todos los grandes lobos de la manipulación mediática, la publicidad y la propaganda política en España. Algunos medios han publicado las asistencias y las ausencias: José Manuel Lara (Planeta, La Razón, Antena 3 y Onda Cero); Ignacio Polanco (Grupo Prisa, El País, Cuatro, la SER); Diego del Alcázar (Vocento, ABC, Punto Radio); Jaume Roures (Mediapro, Público, La Sexta); Javier de Godó (La Vanguardia); Javier Moll (Grupo Moll, Levante de Valencia, El Faro de Vigo, La Nueva España de Asturias...); Antonio Fernández-Galiano (Unidad Editorial, El Mundo). No asistió al parecer Antonio Asensio (Grupo Zeta, El Periódico de Catalunya), por ausencia de España.Los cronistas que nos han dado referencias de lo tratado no han mencionado si los efectos sociales de la crisis –fundamentalmente el paro- entran en el paquete informativo que debe ser dosificado y tratado con tranquilizantes para la digestión de los ciudadanos.Sin lugar a dudas los medios habrán valorado la petición presidencial con diversos criterios económicos y de influencia política. Sin duda también, ninguno de ellos ha colocado en la balanza ese sagrado “derecho a la información” al que dicen servir, llenándose la boca.


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