Debates en la izquierda para la confluencia y unidad del movimiento comunista español

 

Celebrar el artículo La toma del poder político por las clases populares sobre la confluencia y la unidad comunista de Nines Maestro, dirigente de Red Roja, teniendo de los círculos comunistas todo el apoyo en participación y publicidad que podamos darle en estos momentos históricos. Saludamos este artículo como respuesta pública de Red Roja a un objetivo común con Unión Proletaria del que también participa, como vemos en el último publicado sobre las Condiciones para la unidad y como bien pide la comunicación de Nines Maestro, una aportación crítica inicial.

 

Incidir de entrada en la principal coincidencia con el escrito por la confluencia, que sitúa el criterio de que ésta debe partir del acuerdo en el análisis de la situación política concreta y de una práctica común en el movimiento obrero y popular, lejos pero en absoluto ajeno, a las coincidencias en las concepciones ideológicas o sobre el marxismo priorizadas hasta ahora, al entender que marxistas somos todas y todos y la verdad está en los hechos, que son los que modulan y dan cuerpo a la síntesis y a la comprensión del trabajo en unidad, en el objetivo de hacer la revolución.

 

También parecen válidos para el inicio del debate los cuatro puntos expuestos; sobre el programa para llevarla a cabo; cómo fortalecer a la clase obrera y aliados; sobre la construcción del partido y de un análisis concretos sobre España y la Unión Europea, pero estos cuatro puntos nos obligan a concretar los elementos que vertebran la construcción del partido. Del programa que necesita la clase obrera y sus aliados, surgen dos cuestiones claves para un programa mínimo para la clase obrera y el pueblo; uno que resuelva las cuestiones más urgentes y concretas de las necesidades populares, formando parte como ladrillo en pared del programa máximo, del cual hablaremos al final y dos, debe contemplar los intereses de los aliados para acercarlos a nosotros como parte de la unidad y del poder popular, surgiendo de aquí la obligación de definir quienes son nuestros aliados desde la perspectiva de los intereses generales de la clase trabajadora, como única visión válida para un partido de la clase obrera.

 

El tema es estratégico, hay que definir aliados y estos son clases sociales y sectores sociales ajenos a la clase obrera como la pequeña burguesía, intelectuales, técnicos y autónomos, hoy definidos como clase media, también los pequeños campesinos, agricultores y la mediana burguesía. Pero el trato con nuestros aliados no es abstracto y se debe dar con sus interlocutores o representantes nos gusten o no nos gusten, porque seguro que los comunistas le gustamos menos y aquí es donde debemos insertar la posición sobre Podemos, como partido que lucha por reformar el sistema. Si forma parte del pueblo hay que tratarlo como parte del pueblo y la crítica debe ser constructiva para fortalecer a los aliados. Por eso culpabilizar al reformismo de SYRIZA o Podemos de lo que fue nuestra derrota ante el revisionismo eurocomunista, como se hace en ¿Para qué es imprescindible el Partido Comunista? por "haber hecho creer que exclusivamente por vía electoral, sin una continuada movilización social, "se podía" es falta de objetividad. La tarea de concienciar al pueblo es de los comunistas y revolucionarios y de que no tenga conciencia como clase y como pueblo, es nuestra responsabilidad y no del reformismo por muy de izquierda que sea. Si la crítica se hace porque no aportan nada a la concienciación política del pueblo (cosa correcta) es porque forman parte del pueblo, entonces la crítica por destructiva es incorrecta y habrá que modularla.

 

El otro tema, de cómo fortalecemos a la clase obrera con el trabajo en el movimiento obrero en el lugar que trabajamos y en el movimiento vecinal donde vivimos, cuando están dirigidos por el reformismo, el oportunismo o la derecha. La experiencia del PCE en la dictadura y en la transición como práctica leninista dice, que allá donde esté la clase obrera nos organizaremos con ella para arrebatarlos de la influencia del reformismo, el oportunismo y la derecha. Entonces si se trata de intervenir en el movimiento obrero y popular es para hacerlo desde donde trabajamos y vivimos, no desde afuera de los sindicatos y asociaciones de vecinos donde están organizados, siempre con respeto a la mayoría y desde la independencia política. Si esto es así, sobra la crítica "sobre los tinglados que se integraron en el régimen del 78, como los propios aparatos sindicales de CC.OO y UGT", acotando la crítica de forma constructiva sin insulto a las cúpulas sindicales y con el esfuerzo de aportar desde criterios y principios, que nos ayuden a combatir la influencia del reformismo y el oportunismo dentro de ellos, desde principios políticos y éticos que fortalezcan a la clase obrera. Sobran decenas de ejemplos, como explicar que dicen defender las pensiones públicas y luego participan en el lucro con la banca en la gestión de los fondos privados de pensiones.

 

También parecen válidos los tres requerimientos para la confluencia, porque dan pie al debate de lo fundamental. El primero sobre la ruptura con el régimen del 78, si bien todos podemos estar de acuerdo con esa ruptura, tiene el problema de que no define el enemigo principal contra el que luchamos. Si algo quedó claro en la transición, es que la oligarquía española actual nace de la transformación por acumulación, sobreexplotación y expropiación de la clase trabajadora y el pequeño campesino, durante los cuarenta años de dictadura de la oligarquía feudal, industrial y financiera, que dieron el golpe de estado en alianza con la iglesia romana y el imperialismo alemán ante la victoria de la revolución soviética. A esta nueva oligarquía nacida de la vieja con las alianzas de siempre, si algo la define es su neoliberalismo y su falta total de patriotismo, y su capacidad de gobierno nació de un acuerdo por el bipartidismo, entre la derecha y la izquierda socialdemócrata y eurocomunista que pilotaron la transición, hoy ya superados y donde lo único que les salva de la cárcel, es la total corrupción de los aparatos de poder del estado burgués. El enemigo principal hoy es la oligarquía neoliberal financiera e industrial euroalemana y solo con la ruptura de su estado burgués, superaremos el régimen del 78 y la etapa de poder neoliberal que inauguró.

 

El segundo requerimiento sitúa el socialismo como la única salida, anteponiéndolo a la defensa del estado de bienestar. El análisis concreto dice, que el estado de bienestar bajo el capitalismo fue financiado por el excedente de capital de las inversiones y explotación de la clase trabajadora de países en desarrollo y la presión de la lucha de clases, pero el socialismo real en China, Vietnam o Cuba nos dice, que socialismo es además del control por el estado de la economía mediante la propiedad pública de los principales medios de producción y la banca, la de garantizar con la apropiación del beneficio del trabajo de la clase obrera, unos servicios públicos que garanticen las necesidades fundamentales. ¿Y que es esto? nada más ni nada menos que lo que nos garantizaba el estado de bienestar y que ahora nos arrebatan, por la necesidad de acumulación de capital ante la crisis global del sistema capitalista de libre mercado por sobreproducción, con la expropiación de los servicios públicos y con la esclavización de la mujer en los sectores de cuidados, destruyendo las bases de reproducción. Cuando se defiende el estado de bienestar logrado bajo el estado burgués, se defiende que no arrebaten las pocas cosas que quedan del reparto de los beneficios del capital y obvio, que esto solo lo lograremos bajo el socialismo, porque es más que un ladrillo y forma parte del programa máximo, al que habrá que seguir financiando mediante impuestos y los beneficios de las empresas en cualquiera de sus formas de propiedad. Los marxistas, el gobierno progresista, la soberanía nacional y el socialismo; conceptualicemos

 

El programa máximo debe definir el socialismo por el que luchamos, las salidas que tenemos en la Europa del capital y la España soberana que queremos, pero primero confluyamos desde el trabajo práctico con una línea política de masas para construir un programa, unas alianzas y una táctica.

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