Lenin contra Stalin

 

Los últimos escritos del Lenin agónico contenían algunos artículos, toda clase de documentos, sobre todo cartas personales. El documento más conocido era su “Testamento político” del que La Rosa Blindada, editorial de Buenos Aires dirigida por José Aricó, realizaría una edición en castellano junto con el “Diario de las secretarias de Lenin”. Aquí lo daría a conocer Anagrama (Barcelona, 1975). Sin embargo, este eslabón de la biografía leninista era ya conocido desde el tiempo inmediato a la muerte de Lenin. Ya en 1925, el marxista norteamericano Max Eastman, antiguo compañero de John Reed (en la película “Reds”, de Warren Beatty, es interpretado por el notable actor Edward Herrmann), publicó en Londres, Since Lenin Died, edición que fue considerada en Moscú como un atentado contra la “unidad” del PCUS.

Hasta el momento, el mejor estudio existente sobre este capítulo histórico es el de Moshe Lewin, El último combate de Lenin, editado en Lumen, en la colección “Palabra en el tiempo”, Barcelona, 1970, traducción de la edición francesa de Editions de Minuit de 1967. Señalemos que el responsable de esta colección era Antoni Vilanova, si no me equivoco, por entonces uno de los “cerebros” de la incipiente Organización Comunista “Bandera Roja”. Sobre este libro ya publiqué una amplia reseña aparecida en su día en la revista literaria barcelonesa “Camp del Arpa”con el título de El tal Vladimir IllichEl último Lenin. Este trabajo que el lector tiene sobre la pantalla está fundamentado especialmente en el número 38 (marzo 1970), de la revista cubana tan audaz como  «Pensamiento crítico», en especial en el artículo inicial de Jesús Díaz, El marxismo de Lenin. La militancia que como Santo Tomás, quiera ver las llagas, encontrará ahí referencias para una montaña documental.

La casta burocrática que gobernó la Unión Soviética se amparó en el nombre de Lenin a pesar de las advertencias que ya éste efectuó en su prólogo al libro El Estado y la revolución, y de las protestas de su viuda y de sus mejores compañeros. Como eran incapaces de tener un pensamiento propio, de hablar en su propio nombre, establecieron una normativa llamada “marxismo-leninismo”, y desde sus cargos jerárquicos se impusieron como sus “verdaderos intérpretes”. Stalin comenzó su carrera al papel de líder indiscutible e infalible, presentándose como “el Lenin de hoy”, axioma proclamado en millones de carteles. Esta “continuidad” establecida desde el poder, se asentaba en una tradición que se perdía en la noche de los tiempos, y de la que la Iglesia romana ha sido un ejemplo casi insuperable. La creatividad del “análisis concreto de la realidad concreta”, era suplantada por una escolástica desde la cual, la mayor parte de los protagonistas de la Revolución de Octubre, de la guerra civil, serían presentados, primero como adversarios, luego como enemigos. La principal fuente de esta falsificación no vendría dada de la realidad que había seguido el “asalto del Palacio de Invierno”. La argumentación se extraería de las viejas (y sectarias) disputas del exilio, y se emplearía, primero contra Trotsky, luego contra los diversos camaradas de Lenin aprovechando el material de los numerosos debates internos del bolchevismo. Todavía quedan clérigos que emplean tal o cual cita de Lenin de antes de la revolución…

Por supuesto, desde la fe fundamentada en las citas, ignoran que Lenin abrió el fuego contra la creciente burocracia en el PCUS, espina dorsal de un “estado soviético” descompuesto por una situación de atraso agravado hasta el abismo por una guerra civil a vida o muerte, y también contra los hábitos culturales heredados, y por supuesto, contra el principal representante de esta burocracia. El oscuro representante del “bolchevismo en el poder”: Stalin.

Lenin siempre había entendido Octubre como “la ruptura del eslabón más débil de la cadena imperialista”, y era totalmente consciente del atraso de  la sociedad rusa. No era en esto donde polemizaba con Plejanov o Kautsky. Era sobre la palanca que podía cambiar esta situación. Estaba convencido que después de Octubre habría un Noviembre alemán, pero la socialdemocracia del Káiser, evitó que así fuera, y lo hizo en nombre de una “democracia social”, intermedia, con un argumento similar al que la guerra española un autor como Ferran Gallego atribuye al PCE-PSUC. Partiendo de esta concepción, Lenin siempre estuvo alerta ante los problemas del burocratismo en el nuevo estado obrero. En 1920 ya señaló sus “deformaciones burocráticas”, rectificando a Trotsky que habló del “Estado obrero”.

Sin embargo, sería sobre todo en el otoño de 1922, cuando regresó al trabajo después de una seria recaída, que quedó especialmente impresionado por la expansión de la burocracia en el partido y en el estado. Lenin pronunció tres discursos antes de sufrir un segundo infarto el 16 de diciembre de 1922, que finalmente lo obligó a retirarse de su actividad pública. En cada uno de ellos planteaba el problema de la burocracia en el estado. El 20 de noviembre, decía: “Lo que necesitamos es que… los comunistas controlen la maquinaria a la cual han sido asignados y no, como a menudo pasa entre nosotros, que la maquinaria los controle a ellos.” (Obras completas, tomo XXXIII) Al explicar que quería decir con “la maquinaria”, en un discurso anterior del 31 de octubre, comparó el número de empleados públicos en Moscú en 1918 con el de octubre de 1922. A pesar de que los bolcheviques habían tratado de disminuir la burocracia del estado, descubrieron que el número de funcionarios había aumentado de 231.000 a 243.000

Aislado en un país que seguía siendo un mar campesino con algunas islas proletarias, el PCUS heredó el bagaje de siglos de atraso y de barbarie semifeudal cuando tomó el poder en el Imperio Ruso, en octubre de 1917. Sólo trescientas personas de cada mil sabían leer y escribir. La destrucción y dislocamiento que produjeron la Primera Guerra Mundial y los dos años de Guerra Civil que le siguieron bajaron aun más el nivel cultural general del país. Estas condiciones de atraso y devastación fueron las que sirvieron de base para el crecimiento de la burocracia privilegiada, que perseguía sus propios y estrechos intereses a expensas de los obreros y campesinos de las repúblicas soviéticas, y del resto del mundo. Las duras condiciones económicas condujeron a una lucha desmoralizadora por las necesidades básicas de la vida. Las masas, quienes ya habían hecho enormes sacrificios, tendían a alejarse de la actividad política, mientras que numerosas personas se acercaban al partido o1cbevique con la esperanza de lograr un trabajo liviano.
Todos estos problemas se agravaron por la circunstancia de que los bolcheviques tenían que confiar, parcialmente, en el viejo servicio civil zarista, así como en “especialistas”, los cuales a menudo hostiles a la revolución, estaban dispuestos a servir al nuevo gobierno a cambio de altos salarios y privilegios especiales. El resultado de todo esto fue el crecimiento, dentro del partido, de una corriente que reflejaba las aspiraciones de los arribistas. Esta corriente se aglutinó alrededor de Stalin. Como cabeza del Buró de Organización del partido, era el responsable de asignar a los miembros de éste los cargos que debían ocupar en el PCUS y el aparato del estado. Stalin empezó a usar este poder para hacerse de seguidores personales dando trabajo a quienes les eran leales, enviando a quienes no cooperaban a zonas aisladas, y recomendando a sus incondicionales servidores para las posiciones de mayor responsabilidad.

Pero sucedía que Stalin era al mismo tiempo el responsable de la Inspección Obrera y Campesina (Rabkrin), que, precisamente estaba encargada de investigar y prevenir tales abusos burocráticos. Como resultado de ello el Rabkrin se convirtió en un organismo más del gobierno lleno de arribistas en búsqueda de trabajos livianos y seguridad económica.

En diciembre de 1922, Lenin abrió fuego contra la creciente fracción que estaba siendo construida por Stalin. A principios del mes le propuso a Trotsky formar “un bloque contra la burocracia en general y contra el Buró de Organización en particular.” (Trotsky Mi vida) Lenin continúo la pelea que había empezado a pesar de su segundo infarto del 16 de diciembre, que le paralizó el lado derecho. El primer asunto en el que se concentró fue el tratamiento a las nacionalidades que habían sido anteriormente oprimidas por el imperio zarista. En aquel momento Stalin estaba encargado de una comisión de nacionalidades, que trabajaba de acuerdo a un plan para establecer un solo gobierno para todo el antiguo Imperio Ruso. Hasta ese momento, existía una federación de repúblicas independientes.

El caso era que la mayoría de los bolcheviques georgianos se oponían a la centralización propuesta, pero la reacción de Stalin fue la de querer pasar brutalmente por encima de sus objeciones. Su argumento era que la URSS representaba el “internacionalismo   proletario” que estaba por encima de los “nacionalismos”. Lenin sugirió una serie de cambios al plan de Stalin, destinadas a recoger objeciones de los georgianos. Stalin respondió en una carta al Politburó del PCUS, fechada el 27 de septiembre de 1922 acusando a Lenin de “nacionalismo liberal” y de animar a los “abogados de la independencia”. Mientras tanto, Stalin continuó presionando desde su poder en la creciente “nomenclatura”  sobre los reticentes georgianos.

El 22 de octubre, nueve de los once miembros del Comité Central del Partido Comunista de Georgia, renunciaron en protesta. Las cosas llegaron a tal punto que, en una reunión a finales de noviembre, Sergei Ordzhjonikijdze, lugarteniente de Stalin, golpeó a un miembro del partido georgiano que estaba en desacuerdo con él. Lenin empezó entonces a realizar sus propias investigaciones sobre la cuestión de Georgia y descubrió que había estado recibiendo información falsa. En unas observaciones dictadas el 30 de diciembre, Lenin criticó agudamente el plan de Stalin de unificar las repúblicas soviéticas. “Obviamente todo el asunto estaba radicalmente equivocado y erróneamente programado”, dijo Lenin. E insistió: “Se dice que se necesita un aparato unificado”, continuó. “¿De dónde proviene esta afirmación? ¿No será del mismo aparato ruso que… le tomamos al zarismo y que ligeramente engrasamos con aceite soviético?” Lenin habló de la necesidad de “defender a los no-rusos del azote de aquel auténtico hombre ruso, del’ chovinista Gran-ruso, en esencia, un bribón, un tirano, tal como es el típico burócrata ruso”. Insistió en que “la responsabilidad política de toda esta campaña nacionalista gran-rusa recae, claro está, sobre Stalin y Dzershinski”. (Obras completas, tomo XXXVI)

Ulteriormente, el 4 de enero de 1923, Lenin agregó una posdata a las observaciones sobre la dirección bolchevique que había hecho el 25 de diciembre y que más tarde se conocieron como su testamento. Ya había prevenido al partido de que “el camarada Stalin, al convertirse en secretario general, ha concentrado en sus manos un poder ilimitado, y no estoy seguro de que sea siempre capaz de utilizar esa autoridad con la suficiente cautela.”Entonces, propuso que el partido “buscara la forma de remover a Stalin” de su cargo de secretario general.

Mientras tanto, Lenin también abrió un ataque contra el Rabkrin, dirigido por Stalin desde su formación en febrero de 1920 hasta mayo de 1922. El 23 de enero terminó un artículo proponiendo la reorganización del Rabkrin, y el 6 de febrero acabó su artículo Más vale poco y bueno. Este era un ataque tan fuerte a toda la trayectoria y organización del Rabkrin que los partidarios de Stalin trataron de impedir su publicación. Kuibyshev, subordinado de Stalin en el Buró de Organización, llegó a proponer que se imprimiese un falso ejemplar de Pravda para hacer creer a Lenin que su artículo había sido publicado.

Finalmente, la nota apareció en Pravda el 4 de marzo de 1923. “Hemos hecho mucho ruido durante cinco años, tratando de mejorar nuestro aparato de estado pero ha sido sólo ruido, y éste ha sido vano, inútil y aun perjudicial”, escribió Lenin. “En verdad” se pregunta, “¿cuál es la utilidad de establecer un comisariado del pueblo…, que no goza de la menor confianza y cuyas palabras poco o nada pesan?”. Y para hacer énfasis en el papel de la fracción de Stalin en el partido, planteaba, “digamos entre paréntesis que tenemos burócratas tanto en las posiciones de nuestro partido como en las del soviet”.          El 5 de marzo Lenin escribió a Trotsky pidiéndole que defendiese a quienes disentían con Stalin en el Partido Comunista de Georgia en la disputa sobre la formación de la URSS. “Este caso está ahora bajo la ‘persecución’ de Stalin y Dzershinski”, escribía Lenin, “y yo no puedo confiar en su imparcialidad. Todo lo contrario”. El mismo día Lenin escribió a Stalin amenazándolo con romper toda relación personal con él. Al día siguiente escribió también a los dirigentes del partido de Georgia que se habían opuesto al plan de unificación de Stalin: “estoy siguiendo su caso con todo mi corazón”, les decía, “y me indigna la brutalidad de Ordzhonikidze y la complicidad de Stalin y Dzershinski”.

Sin embargo,   la lucha planeada por Lenin para el XII Congreso del Partido Bolchevique programado para ese mes, nunca pudo materializarse. El 9 de marzo, Lenin sufrió otro derrame que lo paralizó completamente y le hizo imposible participar en la vida política hasta su muerte el 24 de enero. El congreso se pospuso hasta abril. Trotsky no quiso abrir la pelea por temor a que se interpretase como un intento de asegurarse la posición de dirección previamente ocupada por Lenin. Además, aún tenía la esperanza de que Lenin se recuperara.

Stalin, asustado por la tormenta que se le avecinaba, aceptó reescribir su informe sobre las nacionalidades y votar por el documento de Trotsky sobre la economía, con el cual no estaba de acuerdo. El retiro de Lenin de la actividad política demoró el conflicto que se gestaba, pero seis meses después estalló con toda su fuerza…

Se abría una nueva lucha contra un fenómeno social imprevista que requiere una explicación. Explicación que se puede hacer a través de dos causas fundamentales para el crecimiento de la casta burocrática en Rusia. La primera de ellas fue el hecho de que la revolución iniciada en Rusia no tuviese éxito en el resto de Europa. En una sesión del Soviet de Moscú el 23 de abril de 1918, Lenin dijo: “Si no logramos mantenernos hasta recibir un fuerte apoyo de los obreros insurrectos de otros países, pereceremos.” (Trotsky, Historia de la Revolución Rusa) Esta era la opinión unánime de los dirigentes bolcheviques durante los primeros años de la revolución y aunque ésta no pereció, quedó gravemente herida por su aislamiento.

La segunda causa básica del surgimiento de la burocracia fue el terrible atraso cultural y económico heredado por la revolución. En 1920, al terminar la Guerra Civil que durante dos años y medio azotó al país, Rusia quedó prácticamente destrozada. El ingreso nacional llegaba sólo a la tercera parte de su nivel de 1913. La producción industrial era menos de una quinta parte de la anterior a la guerra, y las condiciones eran aun peores en los sectores claves de la industria pesada. Las minas de carbón producían menos de una décima parte y las fundiciones de hierro sólo una cuarentava parte de las cifras de 1913.

Por otro lado, la caída de la industria significó también una disminución del intercambio entre el campo y la ciudad. Los campesinos no traían su grano a la ciudad porque no había nada qué conseguir a cambio. La clase obrera había descendido al mínimo respecto a su fuerza anterior. Muchos de los obreros más conscientes y abnegados habían muerto en el frente durante la Guerra Civil. Al no encontrar trabajo ni comida en la ciudad, muchos de los sobrevivientes volvieron al ampo. En 1921 Moscú tenía sólo la mitad y Petrogrado un tercio de su antigua población.

Aparte de de todas las calamidades producidas por siete años que suman la “Gran Guerra”, la Guerra Civil y la intervención imperialista, vino otra, causada por la naturaleza. Fueron tiempos de sequía, de tempestades de arena amén de una invasión de langostas en el área cultivada a orillas del Volga, causaron una de las peores hambrunas de la historia. A fines de 1921 cerca de 36 millones de personas estaban al borde de la inanición. En su libro El profeta desarmado, Isaac Deustcher describió así aquel período: “Rodeada de un mundo hostil, o en el mejor caso in- diferente, Rusia permanecía sola, desangrándose, muriendo de hambre, temblando de frío, consumiéndose por las enfermedades y agobiada por la melancolía. Entre el hedor de la sangre y la muerte, su pueblo escarbaba salvajemente buscando un aliento, un pálido destello de luz, una migaja de pan.”

En la etapa final de la Guerra Civil empezaron a crecer rápidamente las corrientes políticas que expresaban la insatisfacción de las masas; los bolcheviques, preocupados por aliviar la situación del país, inauguraron la Nueva Política Económica (NEP) en marzo de 1921. La primera meta de la NEP era revivir la producción agrícola y el comercio entre las ciudades y la población rural. El énfasis que se había dado a la industria de guerra durante los años anteriores, se le daba ahora a los productos de consumo. Se dio incentivos a los campesinos para que cultivaran todo el grano que pudiesen y se les garantizó su derecho a retener la mayor parte de su cosecha y venderla en el mercado libre. El gobierno también permitió el establecimiento de industrias privadas en algunas ramas de la producción.

Semejante realidad se encontraba muy lejos de la política previa aplicada necesariamente durante la Guerra Civil. Bajo el “comunismo de guerra”, toda la industria había sido dirigida por el estado como parte del esfuerzo militar. Las ciudades eran abastecidas de grano por destacamentos del Ejército Rojo que se lo confiscaban a los campesinos. Esta política, junto con la incapacidad de la industria para producir los bienes que necesitaban los agricultores, destruyó los incentivos que éstos pudiesen tener para cultivar más grano del que fuese necesario para su propia subsistencia. ¿Para qué trabajar, razonaba el campesino, si nada conseguimos en cambio?

Por más que se restableció el comercio libre en las repúblicas soviéticas y permitieron el retorno de algunas industrias privadas, los bolcheviques retuvieron el control de ‘las fuerzas dirigentes” de la economía. El estado continuó dirigiendo la mayor parte de la industria pesada y conservó el monopolio del comercio exterior, el transporte y la banca. En efecto, en marzo de 1922, un año después de la introducción de la NEP, el 84,5 por ciento de todos los obreros industriales que producían el 92,4 por ciento de toda la producción industrial, estaban empleados en empresas del estado. El nuevo énfasis en la industria de consumo y la restauración del mercado tuvieron como resultado una rápida recuperación de la agricultura, del comercio y la industria ligera.

En abril de 1923, la producción agrícola se había levado a un 75 por ciento de las cifras de 1913. En 1922, la producción rural y de la industria artesanal había llegado a un 54 por ciento del nivel de la preguerra. Sin embargo, junto con el resurgimiento de la economía, la NEP trajo consigo cambios menos benéficos. La industria pesada —el sector de la economía que produce máquinas, herramientas, químicos, metales y procesa materias primas— no se recuperó tan rápidamente como la industria de consumo y en esta rama, junto con la producción privada, volvió el desempleo. En septiembre de 1922, había 500.000 desocupados de un total de tres millones en la fuerza de trabajo. Al mismo tiempo que estos trabajadores sufrían desempleo, surgió una nueva clase económicamente privilegiada de administradores de fábrica, especialistas, campesinos ricos, especuladores, y comerciantes.

A finales de 1922 cerca del 83 por ciento del mercado interno estaba en manos privadas. E. H. Carr gráficamente describe el crecimiento de esta capa social en El interregno: “Mikoyan relató en la XIII Conferencia del partido en enero de 1924, que un especialista, a quien se le ofreció una posición en una fábrica en Kuban, había exigido, además de varias bonificaciones por encima del salario máximo, un apartamento con cuatro cuartos totalmente amoblado, con calefacción, luz y baño, caballo y coche para él y su familia, dos meses de vacaciones al año y una cabaña de verano con dos cuartos en el Mar Negro para su familia, y permiso para tener una vaca en los campos de la fábrica. La cooperativa que dirigía la fábrica, aceptó estos términos pero demasiado tarde, porque el especialista había recibido una oferta mejor en Moscú. Se decía que tales experiencias eran normales. ’’

En la medida en que la industria extendió sus operaciones dentro de los marcos de la NEP, su manejo empezó a volver a manos de los antiguos gerentes y especialistas burgueses que en el primer período de la revolución habían sido remplazados por trabajadores. Un número creciente de estos nepmen [hombres de la NEP] comenzaron a ingresar al Partido Bolchevique. En 1922, el por ciento del personal ejecutivo en las principales industrias estaba clasificado como no trabajador y sólo uno de cada siete eran miembros del partido. Un año después, el 64 por ciento estaba clasificado como no trabajador y la mitad de ellos pertenecía al partido.

La emergencia de una casta burocrática era pues el resultado directo del terrible atraso heredado por la Revolución Rusa. En un país donde aun saber leer y escribir era un premio, los matemáticos, expertos financieros, químicos, ingenieros y administradores que se necesitaban para manejar las industrias modernas, podían reclamar privilegios especiales. Mientras las masas trabajadoras y los campesinos  pobres gastaban la mayor parte de su tiempo y energía en una lucha continua por las necesidades más elementales de la vida, los burócratas que surgían tenían el tiempo y los medios para intervenir en la actividad política y defender sus propios intereses.

Además, como ya se ha mencionado, la mayoría de los obreros más conscientes y políticamente experimentados habían muerto en la Guerra Civil. Otros habían sido arrastrados a la maquinaria administrativa del estado, abandonando luna clase obrera que, a su vez, a medida que comenzó nuevamente a crecer, llenaba sus filas con campesinos. El desengaño sufrido por el fracaso de la revolución en el resto de Europa también influyó considerablemente. Cuando las masas rusas conmovieron a la historia seis años antes y destituyeron al zar, barrieron también con los ejecutivos, comerciantes y especuladores sin pensarlo demasiado. Pero ahora la revolución estaba entrando en un período de decadencia. Las condiciones k en Rusia llevaban a las masas a renunciar a su actividad política dejando el campo abierto a la creciente burocracia.

Estos nuevos funcionarios “de la revolución” (de los que Rakovsky  encontrará ejemplos sobrados en el Termidor francés) tenían un objetivo principal en su vida: cuidar de sí mismos. Su punto de vista se restringía a aquellas cosas que afectaban su confort y seguridad inmediatos.   Así pues,  ¿para qué hablar de planes económicos a largo plazo y del desarrollo de la industria pesada, pensaban, si tenían coches y vacaciones en el Mar Negro? ¿por qué preocuparse de la revolución en el resto del mundo?. Estas cosas sólo traerían trastornos y era lo último que deseaban los que se habían hecho de cómodas posiciones personales. La burocracia empezó a legitimar un modo de considerar los problemas basado en su interés personal, no en las necesidades ni en los ideales del movimiento socialista mundial. Sus puntos de vista se caracterizaban por un estrecho nacionalismo, por un deseo de estabilizar las cosas e impedir cualquier otro choque, y, sobre todo, por la subordinación de los intereses de las masas rusas y del movimiento revolucionario en el exterior, a sus propios intereses conservadores. Fue contra este retroceso que León Trotsky, en el otoño de 1923, retomó la lucha dentro del Partido Bolchevique que había iniciado Lenin en el diciembre anterior. Los grandes temas que se debatieron durante el, curso de esta lucha fueron la burocratización del partido y del estado; el problema de la política económica que debía seguir el estado obrero recién establecido; y las perspectivas de la revolución socialista en el resto del mundo, cuestión ésta que planteó agudamente la situación revolucionaria de Alemania en octubre de 1923.

Esta nueva realidad quedaba muy lejos para los que solamente veían la Rusia soviética como el “país de la revolución”. Estos sufrirían un espejismo no muy diferente al que sufrieron los “afrancesados” europeos que no supieron distinguir entre Napoleón y la toma de la Bastilla. Por otro lado, la vida social rusa había quedado reducida a cenizas, apenas sí existía fuera del PCUS y del estado, de ahí las enormes dificultades que en 1923, se encontrará la Oposición de Izquierda en la Unión Soviética. Dirigida por León Trotsky, principal organizador de la insurrección que llevó a los obreros al poder en 1917 y comandante del Ejército Rojo durante la Guerra Civil, se enfrentaba a un proceso histórico de una amplitud extraordinaria, y cuyo alcance y significado real quedaría saldado con la descomposición del sistema a finales de la década de los ochenta, principios de los noventa, del  siglo pasado. Era el final de lo que Eric J. Hobsbawn llamaría agudamente el “siglo corto” (1914-1989).

Lo que vendría después, la llamada “revolución conservadora” sería, antes que nada, el fruto de esta descomposición. El inicio del “triunfal-capitalismo” cuyas consecuencias estamos pagando tan caramente.

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