Estado de Alarma por Coronavirus, o cómo dar credibilidad a una nueva estafa farmacéutica

 
Desde hace un tiempo, y cada tres o cuatro años, se han venido sucediendo diversas alertas sanitarias mundiales (gripe aviar, gripe porcina, Ébola, Zika o el más reciente coronavirus), cada vez con guiones más apocalípticos y estrafalarios, propios de películas de ciencia ficción de serie B. La actuación de los grandes medios de comunicación ha sido clave en este aspecto, trabajando a todo gas para sembrar el miedo y el pánico entre la población, apelando siempre al lado más emocional [1], llegando incluso a recurrir a estrategias muy similares a las usadas históricamente por el cristianismo más rancio con el objetivo de extender sentimientos de culpabilidad entre los individuos (un ejemplo es la reciente campaña mediática YoMeQuedoEnCasa, destinada, supuestamente, a frenar la extensión del virus, a pesar de que no existan pruebas que demuestren la efectividad de tal medida), todo ello con el fin de paralizar sus capacidades racionales y hacer creíbles historias auténticamente delirantes.

Con el desarrollo de internet y las redes sociales, la repercusión de estas alertas sanitarias ha consiguido tener cada vez un mayor impacto debido a la capacidad de las redes para multiplicar por miles y millones los mensajes alarmistas emitidos en primera instancia por los medios de comunicación tradicionales. Pero aún así, no es suficiente. Con el paso de los años y la vuelta a la normalidad tras cada alerta sanitaria, la credibilidad de estas historias ha ido perdiendo fuerza, de ahí la necesidad de aumentar la tensión del público y tomar decisiones como la que ha adoptado el gobierno de España declarando el Estado de Alarma, una medida extrema que concede al Estado la posibilidad de saltarse su propia legalidad burguesa, algo en lo que, probablemente, tampoco pondrá mucho empeño, pues el fin buscado con esta medida no es tanto la represión (como si ocurre en el caso del feminismo), sino generar una psicosis colectiva con fines propagandísticos inmediatos que incremente en un breve espacio de tiempo los beneficios de las grandes multinacionales farmacéuticas y las permita superar la crisis, como ya empieza a ocurrir con las medidas adoptadas por la administración Trump [2], todo ello con el mayor consentimiento posible por parte de los explotados a pesar de lo mucho que esto les perjudicará. A no ser que todo esto, además de lo anterior, forme parte de una nueva fase de la actual guerra comercial contra China, y el objetivo sea el de justificar el cierre de fronteras a las importaciones del gigante asiático para frenar así su desarrollo económico, algo que no se puede hacer de otro modo en el actual contexto de economía de libre mercado. Una hipótesis que no es nada descartable y que llevaría a que el Estado de Alarma se prolongara por más tiempo, aumentando con ello el efecto del carácter propagandístico del mismo, que, en cualquier caso, para poder seguir siendo efectivo, deberá evitar al máximo la represión.

Durante y tras cada alerta sanitaria que se ha venido dando en el mundo desde la gripe aviar, las grandes multinacionales farmacéuticas han sido siempre las grandes beneficiadas gracias a las colosales inversiones multimillonarias que los Estados hacían en el sector sanitario con la excusa de frenar cada nueva amenaza. Curiosamente, muchas de estas farmacéuticas cuentan o han contado en su consejo de dirección con altos representantes de los Estados más poderosos del mundo (como fue el descarado caso de Donald Rumsfeld y su Tamiflu contra la gripe A [3]) o de cargos directivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Precisamente la OMS es hoy un descarado lobby de presión al servicio de los intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas, cuya principal función es presionar a los Estados para que compren los productos de la industria farmacéutica, que, cada año, casualmente, dona cantidades multimillonarias a dicha institución [4].

En nuestros días, la industria farmacéutica se ha convertido en uno de los principales motores del capitalismo y, como tal, controla los principales resortes de poder, entre los cuales se encuentran los medios de comunicación, convertidos hoy en el arma más poderosa del capitalismo. En las modernas sociedades de masas globalizadas, los medios de comunicación son capaces, con sólo desatar un rumor, de que un gobierno se tambalee, lo que permite condicionarles fácilmente según los propietarios de dichos medios: ya sea declarar una guerra o un simple Estado de Alarma, como ha ocurrido en el caso de España [5]. Y, sin duda alguna, esto es lo que se encuentra detrás de toda esta nueva crisis del Coronavirus: una auténtica operación psicológica destinada a aumentar las ganancias de las farmacéuticas a costa de sumir a la población mundial en un estado de pánico.

Por último, me gustaría señalar la actitud de muchas organizaciones que se denominan comunistas y que siguen proponiendo como solución a todo lo planteado con la crisis del Coronavirus, un fortalecimiento del sistema sanitario estatal, una actitud que no sólo sirve para dar credibilidad a algo que no es más que una operación de guerra psicológica con fines económicos (fabricación y venta de medicamentos y otros productos farmacéuticos), sino que, sobre todo, naturaliza una herramienta de control social estatal como es el sistema sanitario, creado por el capitalismo para justificar su insano modelo social (al depositar la responsabilidad fuera del capitalismo a través de sus teorías médicas), haciendo así más fácil la posibilidad de perpetuar la explotación de la mayoría. Una actitud que sitúa a todos aquellos que la practican (por muy comunistas que digan ser) en el bando de los propagandistas del gran capital.
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[1] Recordemos el lacrimógeno drama que se montó con lo del perrito infectado de ébola y el debate mediático que se creó en torno a si debía ser sacrificado o no, algo que llegó a convertirse casi en una cuestión de Estado.
[2] Trump declara la emergencia nacional para frenar el coronavirus. La medida permite movilizar 50.000 millones de dólares para ayudar a los estados y las ciudades. La Administración llega a un acuerdo con el sector privado para acelerar la producción de kits de prueba.
https://elpais.com/sociedad/2020-03-13/trump-se-prepara-para-declarar-la-emergencia-nacional-por-el-coronavirus.html
[3] El negocio realizado por la administración Bush y la gran industria farmacéutica, de la cual formaban parte muchos de los miembros de dicha administración, es un hecho que hasta hoy reconoce la propia prensa burguesa, la que también tiene intereses en dicha industria
https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20170110/413221452103/el-virus-del-miedo.html
[4] Bill Gates es hoy uno de los mayores accionistas de la industria farmacéutica y al mismo tiempo el mayor donante de la OMS.
Bill Gates dona 200 millones a la OMS para investigación
https://elpais.com/diario/2005/05/17/sociedad/1116280805_850215.html
[5] El hecho de que la mayoría de los principales miembros de un gobierno estén en la nómina de empleados de grandes multinacionales como las farmacéuticas no es suficiente; se necesita la acción de los medios para condicionar al resto, que son la mayoría, quienes se juegan su puesto si no son capaces de controlar la ansiedad de las masas.
 
https://criticamarxistadelfeminismo.blogspot.com/
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