Trump vs Biden 2020: Estado Nacional vs Estado Global

- En violación de la legalidad, los “dueños” de NBC, CBS, ABC, Twitter y otras plataformas se han apropiado de la “verdad” y han interrumpido la comunicación pública de Trump y “declarado por anticipado” la victoria de Biden

- Trump sabe que hubo fraude y que está “entregando” el gobierno, como con Clinton y Obama, al poder de las gandes transnacionales

- La población estadounidense vive una crisis de ‎civilización y se dirige hacia una nueva guerra civil, que debería desembocar ‎en el fraccionamiento del país.

                                                                   

Nos encontramos en noviembre de 2020 frente a un peligroso proceso de golpe de estado electoral telecomunicacional-digital en Estados Unidos. Los principales canales o plataformas de información/comunicación “privados” transnacionales (Facebook, Twitter, CNN, FOX, CNBS, etc.) se han erigido como censores y canales de expresión de la “verdad histórica” y para ello, simultáneamente, se “constituyen” o fungen (actúan) como jueces electorales, pasando por arriba de todos los usos, costumbres y legislación del sistema electoral indirecto norteamericano, o sea por encima del Estado de Derecho Nacional.

En abierta violación, tanto de la “libertad de expresión” como de la legalidad institucional norteamericana, los “dueños” o “intereses controlantes” de NBC, CBS, ABC, Twitter y otras plataformas comunicacionales “privadas” se han apropiado de lo que es “verdad” y han interrumpido la comunicación pública del Presidente Donald Trump y “declarado por anticipado”, pasando sobre los procesos e instancias institucionales, la hipotética victoria de Joseph Biden en las elecciones presidenciales del pasado 3 de noviembre.

Claro que estos hechos de orden político estratégico de las fuerzas globalistas tienen objetivos que reflejan que esta no es una elección presidencial más en EEUU, sino una elección clave, en un momento bisagra o de transición histórica dominado por la crisis estructural sistémica del capitalismo con su epicentro en EEUU, que hemos denominado como la Perestroika Norteamericana (junio 2020) , proceso de decadencia que no terminara una vez instalado Biden como presidente, sino lo contrario se profundizaría por otros medios y formas.

El escenario llamativamente se parece mucho al que presenciamos en octubre de 2019 en Bolivia, cuando los poderes fácticos del mundo financiero transnacional (continentalistas norteamericanos y globalistas), a través de la figura de la OEA y de su tristemente célebre presidente Luis Almagro, se alinearon en contra del entonces Presidente Evo Morales “decretando comunicacionalmente” la derrota de Evo. Usando instrumentos paramilitares para apropiarse e imponer como verdad la “no-verdad”, que la OEA / Luis Almagro había creado las condiciones de legitimidad para que pueda ser manipulada y “falseada” la información en el recuento de votos. Hecho que fue respaldado por las fuerzas armadas y de seguridad a “sangre y fuego”, bajo “estrecha” relación con el Comando Sur,  constituyendo un golpe de estado en el marco del proceso electoral.

Las mentiras sobre un supuesto fraude divulgadas tanto por las diferentes plataformas de comunicación como por organismos internacionales, es el caso de la OEA -Organización de los Estados Americanos-, generaron las condiciones marco que legitimaron formalmente poder “imponer por la fuerza” la dimisión del presidente Evo Morales e incluso podrían haber causado un magnicidio (objetivo que luego se corroboro como plan) en su contra, si no fuera por la oportuna intervención de los Gobiernos de México y Argentina. No nos extrañaría que exista un plan parecido para Trump cuando no se incline a reconocer que “Biden ganó estas elecciones”.

En momentos “complejos” como el actual, es importante abstraerse por un momento de los prejuicios ideológicos y las preferencias personales. La elección de las autoridades de cada país debe seguir estrictamente su legalidad correspondiente, independientemente del poder del dinero y las presiones de los poderes internacionales. Así como rechazamos el intervencionismo de los Estados Unidos en las elecciones de otros países, también debemos rechazar la intervención del poder global comunicacional y financiero en las elecciones de EEUU. Que intenta en múltiples naciones imponerse como el actor que se apropia de la potestad de definir quién es quién, imponer el terreno virtual-comunicacional[1] como el legítimo para decidir quién es quién, qué ha sucedido y quién gana o pierde.

En clara sintonía con los intereses y poderes financieros comunicacionales transnacionales / supranacionales / globalistas, para quiénes la institucionalidad nacional, sus actores y necesidades son un obstáculo y traba al despliegue de sus intereses y necesitan negarlo reduciéndola a “simples” poderes locales, así como lo hizo el fascismo del siglo XX para imponer el Estado Nacional por encima de los intereses regionales. La institucionalidad constitucional nacional está bajo clara amenaza desde el momento que los poderes globales “emergieron” como los “únicos” vencedores en 1991 del bipolarismo mundial, organizado a partir de Estados Unidos y la URSS desde 1950, la llamada Perestroika Soviética. En este marco el Globalismo transnacional se lanza a la “empresa” de reducir todos los márgenes de soberanía nacional (empresas nacionales, sindicatos, el sistema institucional y constitucional legal nacional) imponiendo lo Global como nueva territorialidad.

Con su actitud prudente y respetuosa para con el proceso electoral nacional/federal norteamericano, el Presidente de México Andrés Manuel López Obrador cumple cabalmente con el Legado Juarista y la Doctrina Estrada, y una vez más se coloca como uno de los indiscutibles líderes internacionales (entre-naciones) en materia de institucionalidad democrática. Del mismo modo, China y Rusia al 13 de noviembre no han reconocido aún a nadie como nuevo presidente electo, argumentando que las instancias institucionales y procesos aún no se han expedido definiendo la persona y su nombre. El hecho concreto es que Joe Biden aún no ha ganado las elecciones de acuerdo a las leyes federales institucionales de Estados Unidos.

Si bien el pasado 3 de noviembre se realizó una votación indicativa de preferencias de los ciudadanos en cada estado federal, ningún congreso local se ha reunido todavía para designar formalmente a sus “electores” presidenciales al colegio electoral federal (institución del voto indirecto presidencial). Todos deberían dar un paso atrás y comprender cómo ocurre el proceso electoral real  basado en la ley federal de Estados Unidos, no en los informes periodísticos “guionados” de los aparatos/plataformas de comunicación virtual/digital. Será una batalla dura que nos hace recordar a Joseph Goebbels cuando se apropió de la supervisión de los medios de comunicación y de (des)información en Alemania “instalando” el miedo en la población. Este miedo se conforma fomentado en torno al bloqueo por el Covid-19 y al proyecto anti-globalista de Trump. Demonizado durante cuatro años por “todos-los-medios” de desinformación, que la mitad de la población vote por miedo, con los “medios” pero no a favor de Biden, es un verdadero suceso. Que, a pesar de este bloqueo-a-la-subjetividad-política de los norteamericanos-del-común, Trump haya conseguido una imponente cantidad de votos como para romper la estrategia para “dejarlo fuera” de toda posibilidad de poder ganar las elecciones y reelegirse.

El proceso electoral norteamericano ha de respetar las siguientes pautas:

1) La elección ocurre a principios de noviembre.

2) Los votos se cuentan mientras están presentes funcionarios de ambos partidos (demócrata y republicano).

3) Siempre que los funcionarios de ambos partidos estén presentes durante el conteo de votos y:

  1. No haya acusaciones creíbles de fraude.
  2. Sin fallos de software.
  3. Recién, luego se ratifican los recuentos de votos.

4) Si el margen de votos entre el ganador y el perdedor es del 0,5% o menos, se requiere de un recuento automático.

5) Si el margen entre el ganador y el perdedor es mayor que 0,5%, pero ninguno de los candidatos (o un 3rd  candidato para el caso) quiere cuestionar los resultados, él o ella puede pagar para tener un recuento. El costo es de aproximadamente $ 3 millones por estado.

6) Una vez que se ha completado el recuento, o si el recuento no es necesario, los estados individuales declaran formalmente el ganador el 14 de  Diciembre,  cuando oficialmente se emiten los votos del colegio electoral para él o ella.

7) Luego, a principios de enero del próximo año, el nuevo congreso se reúne para contar los votos del colegio electoral y declarar formalmente al ganador.

8) El nuevo presidente asume el cargo el día 20 Enero.

Así es como “funcionan” institucionalmente las elecciones presidenciales en Estados Unidos en circunstancias normales. Las plataformas comunicacionales o de comunicación no pueden apropiarse de la potestad de definir quién es el ganador/a. Los actores de la comunicación transnacional o local, o poder comunicacional concentrado, pueden simplemente proyectar quién  creen  que ganará, basándose en el total de votos en un momento dado. Y a menos que el perdedor lo reconozca formalmente antes del 14 de diciembre,  todo sigue el proceso estipulado. Claro está que las diferentes instancias de los actores del poder realizaran todas sus presiones legales, golpes y otras maniobras para imponer que se reconozca a “su” candidato.  Entonces, ¿dónde estamos en términos de las elecciones presidenciales de 2020?

Para empezar, los procesos en seis estados (Georgia, Pensilvania, Nevada, Wisconsin, Michigan y Arizona)  están lo suficientemente avanzados como para requerir  recuentos obligatorios  en Georgia (0.3%) y Arizona (0.3%), por estar dentro de un margen del 0,5%. La administración Trump que ganó los ´estados visagra´ de Florida y Texas presentará demandas en Wisconsin (0.7%), Pensilvania (0.8%), Nevada (2.7%) y Michigan (2.7%), alegando fraude, el recuento de votos ilegítimos y la prohibición o exclusión a los funcionarios republicanos de poder presenciar el recuento de las boletas. Queda por ver aun si la administración Trump tiene razón o no al respecto. Sin embargo, el hecho que se presenten demandas significa que la elección pasará a las instancias judiciales. 

Si los tribunales de justicia deciden que la evidencia que presenta la administración Trump es convincente, pueden requerir una auditoría formal de votos. Si, durante la auditoría de votos, se descubre un fraude real, el tribunal puede dictaminar que esos votos ya no son válidos, los recuentos formales de votos pueden cambiar y  es posible que un estado determinado termine declarando un ganador diferente. Incluso si  las auditorías no descubren el fraude, pero hay un problema particular con las tarjetas de voto (se usó el tipo de tinta incorrecto, la perforadora no llegó hasta el final de la boleta como fue el caso en Florida en 2000, etc.), los tribunales pueden considerar ilegítimos esos votos problemáticos.

Esto nuevamente puede significar que el conteo de votos formal podría cambiar, y es posible que un Estado determinado (ej.: Wisconsin) termine declarando un ganador diferente. Eso sería así, si  los tribunales resuelven el problema a gusto de todos en la primera ronda. Si alguno de los partidos o candidatos no está satisfecho con el fallo de un tribunal inferior, puede apelar el fallo, lo que puede dar lugar a que la demanda pase a un tribunal superior y, en última instancia es la Corte Suprema que actúa como el árbitro máximo de la ley electoral en los EEUU. Estos son los hechos reales de cómo se deciden las elecciones presidenciales en EEUU, y ninguno de los elementos anteriores es teoría de la conspiración o ilusiones. Una vez más, el poder comunicacional  financiero transnacional no  es la instancia válida según la constitución nacional/federal para decidir quién ganó las elecciones, pero si podría llegar a acumular el poder suficiente para imponer el escenario en el futuro.  Por lo tanto, técnicamente Joe Biden no es aún el presidente electo, sin importar cuánto lo “deseen” muchas personas o poderosos intereses que así sea. Pero no lo es porque el poder de las transnacionales financieras globales no han podido derrotar y subordinar aun a los actores y poderes nacionales y continentalistas norteamericanos, y muy particularmente al pueblo norteamericano.

A nivel nacional, hay algunas discrepancias que vale la pena considerar: los republicanos ganaron 28 de los 29 escaños competitivos de la Cámara de senadores y los demócratas no pudieron cambiar una sola legislatura estatal (provincial). Joe Biden consiguió solo tres de los llamados ´Distritos Bellwether´ que casi siempre eligen al ganador, uno de los cuales estaba en Delaware. Judicial Watch encontró 353 condados en 29 estados diferentes que tenían una participación superior al 100 por ciento. La evidencia de artimañas ha llegado desde una variedad de estados:  Michigan , Pensilvania, Georgia , Wisconsin , Arizona, Texas, Nevada, Carolina del Norte y  Nueva Jersey. Esta evidencia podría fácilmente descartarse como simplemente extraña si “alguien” fuese muy generoso,  muy ingenuo o muy “poderoso”.

Anomalías en los Estados del campo de batalla

Michigan podría tener el dudoso honor de haber desarrollado las elecciones más corruptas de Estados Unidos en 2020. A partir del 9 de noviembre, el FBI ha abierto dos investigaciones sobre fraude electoral en el estado. Se han presentado declaraciones juradas en las que se alega un plan para fechar las boletas por correo. Es la tierra de los “vertederos masivos de votos” donde el 100 por ciento “va” a favor de Joe Biden (que los medios controlados han intentado interpretar como una «falla» o «error administrativo»), con miles de muertos votando, entre otros.                                  

Un ejemplo importante, de esto fue el «fallo técnico» que otorgó más de 138.000 votos de Trump a Joe Biden (causando un impacto real de 276 mil votos (138 mil menos para Biden y 138 mil más para Trump).  Dos de estas manipulaciones representan una diferencia de más de medio de millón de votos. Vale la pena mirar los resultados finales de la ciudad de Detroit: Joe Biden pudo recibir la friolera del 93% de los votos en un año cuando Donald Trump duplicó su participación en los votos entre la población negra, como predijimos en nuestro artículo de octubre[2]. Se presentó una demanda en el estado de Michigan para proteger la integridad del voto. Hay una serie de acusaciones impactantes en la demanda, testificadas bajo declaraciones juradas. En las semanas posteriores al 6 de noviembre se escuchaba mucho hablar sobre cómo las declaraciones juradas no son evidencia, pero esto, estrictamente hablando, no es cierto ni procede. 

Todo hace parecer que los “Demócratas” se expusieron de un modo irracional o aparentemente inexplicable, al tener que “hacer que” todos hagan votaciones por correo. No es de descartar que haya sido que no tuvieron otro camino porque los votantes, el pueblo, no les “respondían” en la magnitud que ellos necesitaban. Porque, en realidad, el voto por correo permite que sea más fácil detectar el fraude en el proceso electoral. Todas las boletas electorales pasan por el sistema postal, se mezclan como una baraja de naipes, por lo cual se espera que el retorno de la papeleta informada sea extremadamente “uniforme” en términos de la proporción (D)emócratas vs (R)epublicanos.

Veamos el registro del historial del conteo de votos de Wisconsin. En el eje vertical de “Y” (D-a-R Vote Radio of Batch) tenemos la proporción de las boletas electorales D-a-R en el lote de informes, y en el eje horizontal de “X” (Bach Reporting Time) tenemos el tiempo de informe. A las 4 de la mañana de noviembre (Mes-11) a las 04:00hs (11-04 00), hay un marcado cambio en la relación de D-a-R en las boletas por correo. Según otras publicaciones de este hilo, esto no debería suceder. Esta es una anomalía y, si bien las anomalías no siempre son fraude, a menudo pueden indicar un fraude.

A las 04 a.m. del 4 de noviembre, la relación D-a-R estaba totalmente fuera de control. Esto se debe a que estas boletas no se tomaron como muestra de la población real de votantes de Wisconsin y no se asignaron al azar en el sistema de clasificación por correo con las otras boletas. Lo cual lleva a observar que se agregaron boletas adicionales al lote, ya sea mediante retroacción, fabricación de boletas o manipulación de software (“Hammer”, “Dominion” y otros)

Si bien todo esto es un poco aterrador y desalentador, la puja de poder está lejos de terminar. El presidente Trump no ha abandonado la lucha y los republicanos del Congreso están comenzando a alinearse para apoyarlo. Varias figuras conservadores de la comunicación están dando vuelta a la situación para poder denunciar este evidente fraude entendiendo también que los grandes medios globalistas procuran silenciarlos, como en Twitter, Facebook, CNN, FOX, etc. por ejemplo.

No solo en Wisconsin se presenta este fraude. En la primera parte del proceso de recuento de votos en Pensilvania, vemos el mismo patrón para las boletas por correo que hemos visto en los demás estados del país que no sean estados bisagra (Swinger), que es una proporción relativamente estable de D-a-R que gradualmente pierde/cae R a medida que aumenta el número de boletas. Pero luego, a medida que continúa el conteo, la relación D-a-R en las boletas electorales de votación por correo, inexplicablemente, comienza a «aumentar». Nuevamente, esto no debería suceder, y no se observa en casi ningún estado que no sea bisagra del país, porque todas las boletas electorales se barajan al azar en el sistema de correo y deben ser homogéneas durante el conteo. Las únicas excepciones a esto son otros estados sospechosos que también tienen anomalías.

En Georgia vemos prácticamente la misma “historia” que en Pensilvania: aumentan las fracciones de las boletas electorales D por correo a lo largo del tiempo a pesar de que desafía la lógica, y no vemos este patrón en ningún otro Estado que no sea ´estado-bisagra´ u oscilante / swinger.

Ahora, para ser justos, Virginia es el único estado de los 50 que puede tener anomalías que aún no ha tenido acusaciones de fraude electoral.  Sin embargo, como hemos señalado en nuestro análisis de octubre esperábamos un triunfo demócrata en este estado republicano debido a la fuerte inmigración desde Nueva York y California, estados con una población básicamente demócrata.  Independientemente de dónde se encuentre uno políticamente, la inviolabilidad del voto es la piedra angular de una democracia representativa sostiene que funciona en estado nacional de derecho. Donde los votantes deben creer que su voto es importante. Y que la votación sea libre, justa y precisa.

En síntesis, en la noche de las elecciones, cuando el pueblo norteamericano se fue a dormir, el presidente Trump tenía una ventaja dominante en prácticamente todos los estados indecisos (oscilantes/swinger), así como en Virginia, que nadie esperaba que ganara. El mismo Biden fue quien más insistía en tener paciencia cuando aún las cifras favorecían a Trump durante la noche de la elección. Sin embargo, cuando Estados Unidos se despertó al día siguiente el 4 de noviembre, descubrimos que había perdido en estos estados, en gran parte sobre la base de las boletas por correo encontradas en medio de la noche y bajo la atenta mirada de los monitores electorales legales. Es más, estas grandes votaciones o emisión de votos, casi todos para el ex vicepresidente Biden, se dieron en estados predominantemente dirigidos por gobernadores demócratas, representantes políticos de un poder que pretende “terminar” de imponer un Estado global sin fronteras ni ciudadanos, incluyendo a los ciudadanos estadounidenses. Es el campo de batalla donde se enfrentan el Estado Nacional de derecho frente al Estado Global sin compromiso alguno con la vida nacional de EEUU y de los norteamericanos.

Una vez que los números y porcentajes se “dieron vuelta” a su favor, el estado profundo globalista demócrata cambio de táctica y el candidato demócrata Biden cambió radicalmente de tono.

En base a reportes estrictamente telecomunicacionales/mediáticos y en abierta violación del proceso legal, el sábado 6 de noviembre Biden puso las “campanas a volar y festejar”, se declaró vencedor y empezó el momento de “recibir” las felicitaciones desde gobiernos y autoridades internacionales.Este “triunfalismo” anticipado y sobreactuado por muchos, puso en evidencia la gran inseguridad que domina al partido demócrata y su estamento de poder globalista. Que tenía la información de real y por lo tanto debía imponer el reconocimiento a Biden, para que Trump ceda y lo reconozca para que “todo termine antes de empezar”. Porque si el adversario reconoce concede.

Trump sabe que hubo fraude y sabe también que está “entregando” el gobierno, nuevamente como con Clinton y Obama, al poder de las grandes transnacionales globales. Pero, también sabe perfectamente bien que la Suprema Corte y los tribunales federales tienen un marcado sesgo a favor de los Republicanos y que el Vicepresidente en funciones, Mike Pence, es quien presidirá la sesión conjunta del congreso federal en enero que anunciará formalmente al vencedor. Aún no hemos llegado a ese momento y el camino es largo y muy turbulento. Si Trump da pelea podrían aflorar las sorpresas en el camino!!!

Biden se encuentra declarado electo nuevo presidente por las grandes plataformas comunicacionales y medios de comunicación. Y aparentemente hay dificultad de contradecirlo, para no decir miedo, instrumento que manejan las plataformas del poder global similar a como lo hacía Alemania de los años treinta y cuarenta.  En el proceso de su instalación como ganador, los dispositivos de las plataformas comunicacionales globalistas (las Big-Five: GAFAM), particularmente Facebook y Twitter, han ocupado un lugar central, y a partir de estas las grandes plataformas de comunicación de información como CNN News, FOX News, CBC, etc.

Es un acto de apropiación de hecho por el Estado Global, sin fronteras ni ciudadanos estadounidenses, de un derecho que correspondía al Estado Federal/Nacional de Derecho.Trump ha logrado abrir un proceso e instalar que “Biden hizo Fraude” a partir del uso de los votos por correo. Que a partir de ese hecho pudo manipular los votos vía inteligencia artificial, el uso de programas específicos (Hammer, Dominion, etc.) que ingresan por puertas traseras, intervienen el software autorizado y alteran los algoritmos con los que se cuenta, cómo se cuentan y cómo se asignan. Mostrando que a partir de una hora determinada (Noviembre 4, a las 04:00hs) más del 90% de los votos de electores en la madrugada del 4 de noviembre “fueron” “adjudicados o cargados” a  Biden. Cuando las proporciones reales y normales para la totalidad de votos evaluados antes, eran significativamente distintas.

Luego, Trump avanza con las denuncias a través del sistema judicial: Fiscal General y los fiscales por estado, etc. Con este avance empieza a poner en evidencia la manipulación, por software y otros medios, de los datos electorales que se han producido y la complicidad de los actores financieros globalistas con estos hechos. Luego, avanza también involucrando cada vez más al sistema judicial, incluso a todos sus estamentos hasta llegar a la suprema corte. Desde el lunes 6 de noviembre la escalada de denuncias y acciones de Trump han ido en aumento, aunque el público no se entera de ello ´gracias a´ los medios de (des)información. 

Por otro lado, Trump también avanzo en el relevo del secretario de defensa Mike Esper, vinculado a Pompeo/Bolton, porque su compromiso para el normal funcionamiento del acto electoral no fue “claro”. Más aun cuando tiene a su cargo todas las fuerzas armadas que intervienen al interior de Estados Unidos. Del mismo modo procedió sobre las agencias de inteligencia y los programas de software que se utilizan para intervenir sistemas de cómputos y en los sistemas electorales de otros países. Todo esto impacto sobre la división específica en el Pentágono.

El exfiscal federal  Sidney Powell, un   abogado de campaña de Trump señaló que: «Nos estamos preparando para revocar los resultados de las elecciones en varios estados», y dijo que tiene suficientes pruebas de fraude electoral para iniciar una investigación criminal generalizada. Y dijo que el software electoral cambió «millones de votos» de Trump al nominado demócrata Joe Biden. El legendario analista del ciclo financiero y geopolítico Martin Armstrong dijo que sus computadoras detectaron un fraude masivo en las elecciones de 2020. El engaño es de millones, definitivamente millones, y quizás  hasta 38 millones de los 76.7 millones que recibió Biden frente a 72,9 millones para Trump. Con un 10% que se llegue a comprobar (3.8 millones de votos) Trump ya estaría más que empatado con Biden.

Por qué es probable que Trump gane un segundo mandato

La única forma en que esta elección rápidamente es si el presidente Trump cede. Si no lo hace pero en cambio elige pelear en la corte, entonces el proceso sigue. Actualmente, el Partido Republicano tiene una mayoría según delegaciones estatales de 26-23-1 en la Cámara de Representantes.

Una posible carta que Trump podrá intentar realizar que ninguno de los candidatos alcanza los 270 votos, lo que significa que las 50 delegaciones de la Cámara de representantes son las que votaran para elegir el presidente, mientras que el vicepresidente sería elegido por el Senado controlado por el Partido Republicano.

El día en que el Colegio Electoral se reúne por estatuto, lo que está tratando de hacer es negar a Joe Biden 270 votos, desafiándolo en estados en disputa, que son campo de batalla. Los estados en disputa o campo de batalla son Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Carolina del Norte, y tienen gobernadores demócratas y legislaturas controladas por los republicanos.

El Partido Repubblicano: Trump vs Continentalistas

La presión sobre Trump para que reconozca a Biden como ganador se da  hasta en su propio partido. Todo esto sucede al mismo tiempo que una fracción del partido republicano vinculada a las trasnacionales financieras continentalistas[3], a Pence/Pompeo, Bush, Warren Buffet, Rockefeller, etc. empiezan tomar distancia del respaldo a Trump. Incluso coincide en el tiempo con el momento donde los globalistas retoman nuevas fuerzas e iniciativa contra la oligarquía local, nacionalista, que respalda a Trump. Este queda más aislado con esta alianza táctica entre globalistas y continentalistas por un lado, pero si triunfa ha de hacer menos concesiones dentro de su partido. Pero Trump responde a través de su  recién nombrado secretario de Defensa de Trump, Christopher Miller, quien envió un memorando a días de su nombramiento a toda la fuerza laboral del Departamento de Defensa, indicando lo que hará la administración en las últimas semanas en el cargo de Trump: una reducción importante de tropas estadounidenses, especialmente en el Medio Oriente. 

La posible alianza entre continentalistas y globalistas ya había sido planteado en general por Kissinger[4] en abril/mayo de 2020, una alianza con todas sus contradicciones y opciones probables a construir para poder retomar iniciativa mundial, frente a la amenaza del multipolarismo impulsado por China-Rusia-India-Irán-Pakistán-Siria-Egipto,México-Caribe-Colombia-Brasil-Argentina-Perú-Chile,etc. Aprovechando la situación que ha creado la batalla electoral 2020 en EEUU, China avanza firmando el 15 de noviembre junto a otras 14 economías (que incluye a Japón, Corea del Sur, y Australia) el acuerdo comercial más grande del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP)[5]. A partir de este acuerdo histórico se formará una zona de libre comercio en la región de Asia-Pacífico que abarca un tercio de la economía global. El nuevo acuerdo ayudará a los países de Asia Pacífico a tomar el liderazgo no solo en la lucha contra la COVID-19 sino también a reducir aún más la hegemonía de Estados Unidos en la región y poniendo un límite geográfico al Economic Reset globalista. Un acuerdo que consolida la relación de China con Corea del Sur, Japón y Australia permite que la India multipolar del primer ministro Narendra Modi se fortalezca y consolide su gobierno y su política de dialogo multipolar, frente a las iniciativas belicistas pro globalistas y pro continentalistas norteamericanas. 

Como podemos ver, en este momento se observa como la lucha electoral se interrelaciona con la lucha inter oligárquico financiera norteamericana/global, con sus tres facciones y estamentos de poder profundo, lo cual hace visible las luchas tele-comunicacionales en el marco del acto político electoral. Entonces, la crisis se ha desarrollado en profundidad, las facciones oligárquico financieras estadounidenses están expuestas con sus bandos y movimientos de alineamientos y realineamientos. Dando la forma a un final abierto en las formas electorales institucionales y los nombres de autoridades finalmente reconocidas como vencedores, aunque la crisis de legitimidad y fractura social-cultural está claramente instalada

Los resultados electorales, sean quienes sean los que se impongan, dan cuenta de la ilegitimidad social con que serán declaradas y respaldadas las ´autoridades electas´. Porque la división estructural y sistémica en tres facciones de la oligarquía financiera en EEUU y mundial muestra que sus diferencias no podrán cerrarse por la vía electoral porque son estructurales y sistémicas[6].

Crisis Sistémica

Como ya hemos señalado desde septiembre de 2019[7] que una crisis estructural y luego sistémica gobierna a los Estados Unidos. Esta crisis sistémica está en relación directa con la profundización la situación confrontación del unipolarismo transnacional norteamericano y globalista entre sí y contra el multipolarismo pluriversal de dialogo económico político y de dialogo cultural de civilizaciones. Pero además la crisis tiene su despliegue también en Estados Unidos, entre las tres fracciones –Globalista, Continentalista y Nacionalista- en que se encuentra fracturada la oligarquía financiera.

La profundización y desarrollo de esta crisis se expresa en las diferentes facciones y grupos que se movilizan, marchan y confrontan, incluso con muertos y heridos, en las calles de diferentes estados de Estados Unidos entre sí y con las fuerzas policiales. Esta crisis en Estados Unidos del Globalismo como opción de gobierno y de poder, está muy en relación con los choques y enfrentamientos en diferentes planos que el actor unipolar globalista enfrenta contra el multipolarismo Ruso en Bielorrusia, Ucrania, Siria, Irán, Egipto, Libia, etc., y contra el multipolarismo Chino en Hong Kong, Shanghái, Taiwán, Corea del Sur, Pakistán, etc.

La situación norteamericana se caracteriza porque Estados Unidos se encuentra inmerso ya profundamente en un proceso de disolución de sus capacidades para mantener articulado el tri-continentalismo norteamericano que desplego desde 1950, reconstruyendo Europa a partir de la fragmentada Alemania occidental y reconstruyendo el Asia pacifico a partir del derrota de Japón por la vía de lanzar dos bombas nucleares sobre su población civil. Ambos, Alemania occidental y Japón en condición de vasallos.

Claro que para vencer y disolver a la Unión Soviética tuvo que incluir a China en su plan. Pero China no entra como país derrotado en la segunda guerra mundial por EEUU, sino como país vencedor de Japón, aliado histórico de la Unión Soviética y en crisis con ésta a partir de 1960-70.

La URSS no se hubiera disuelto con China incluida, porque hubiera tenido otra escala de respaldos y fortalezas económicas y estratégicas. Por ello EEUU, en un plan estratégico avanza potenciando económica y estratégicamente a la China de 1960-70 para que esta se distancie de la Unión Soviética y enfrente luego, debilitando a su oponente principal la URSS[8]. Lo cual permitió crear las condiciones para la Perestroika Soviética de 1987-1991, que incluye otro hecho estratégico que es la Caída del Muro de Berlín, que conlleva la reunificación de Alemania.

Donde China cumplió no solo un gran papel sino que realizo un desarrollo estratégico industrial, científico y tecnológico en conjunción con las nuevas empresas transnacionales tricontinentalistas norteamericanas, resultado del patrón dólar-petróleo que rompe con los acuerdos de Bretton Woods y su patrón dólar-oro. Esto pone de manifiesto que, de estas corporaciones transnacionales tricontinentalistas emergen las nuevas redes transnacionales globales pos continentalistas y tricontinentalistas. Y que China realiza ese desarrollo siempre desde un plan propio, donde Estado-Gobierno-y-Pueblo asumen un lugar principal en relación al mercado de las transnacionales globales, donde mercado-finanzas son los central. Todo esto en el marco de lo nuevo que emerge como dialogo de civilizaciones, un dialogo multipolar que requiere poder estar siendo poliédrico y pluriversal.

“La elección presidencial estadounidense del 3 de noviembre de 2020 viene a confirmar la tendencia general surgida ‎desde la disolución de la Unión Soviética: la población estadounidense vive una crisis de ‎civilización. Y se dirige inexorablemente hacia una nueva guerra civil, que debería desembocar ‎por lógica en el fraccionamiento de su país.”[9]

Durante años (1960-2020) las fuerzas económicas transnacionales globales y, las instituciones y organismos globales como los Foros y Tratados Económicos Transnacionales (el BIS, el Foro Económico Mundial, la CIA, la OTAN entre otros) han ‎organizado una transnacionalización, deslocalización, ´outsourcing´ de las industrias estratégicas militares y civiles, de la economía, la política, la cultura, de la toma de decisiones de la economía norteamericana y denigrado todas sus realizaciones. ‎Pero lo “novedoso” para las elites es que no habían previsto que los pueblos pudieran llegar a derrocarla o a defenderla en nombre de los ideales ‎del globalismo transnacional o de los ideales nacionales industriales norteamericanos.

Con Biden eventualmente en la presidencia, el globalismo transnacional se sobre-impone de hecho y de manera explícita a la nación estadounidense y no tendrá compromiso alguno con sus ciudadanos ni con las ´minorías´ (mujeres, lgtb, raza, etc.). Porque con la introducción del ingreso global (de lo que hablamos en el artículo de octubre) tendrán a toda la población bajo control orwelliano[10], sin compromiso con ciudadanía (clase media y sobre todo media alta) alguna. Un globalismo sin ciudadanía (estadounidense) desemboca a partir de entonces en un globalismo enfrentado al pueblo. Ya no hay facciones (mujeres, raza, generación, etc.) lo que dividen al pueblo. El pueblo se manifestará a partir de entonces como pueblo y no hay sistema que aguanta, por más orwelliana que sea, un enfrentamiento con el pueblo sin fronteras.  

Una perestroika en EEUU es muy probable, sobre todo si Biden gana las elecciones. Será la crisis de unidad federal (nacional) de Estados Unidos. Sin un núcleo director, articulado a un proceso histórico económico-cultural estratégico, la nación perderá su fuerza ‎centrípeta y sus partes o regiones acabarán fragmentándolo articulándose a nuevos actores de referencia antes del derrumbe final. ‎Claro está que hay ya presentes y actuando opciones estratégicas, una el globalismo unipolar poderoso en EEUU, que necesita fragmentar las unidades nacionales o federales en unidades locales mínimas que puedan ser re-articuladas o absorbidas como parte del globalismo transnacional unipolar: Nueva York con su poderosa City financiera global y sede del poder unipolar global en EEUU y su otro punto de apoyo en California con el Distrito Financiero de San Francisco y el Silicón Valley (Valle del Silicio) de las tecnológicas de la información y comunicación que conforman el Complejo Estratégico de la Inteligencia Artificial. Esto se encuentra en el centro de la puja de poder entre los Globalistas y, los estadounidenses Nacionalistas y Continentalistas. Mientras Trump expresa el proyecto de recuperación de las capacidades industriales y comerciales de comercio exterior desde un nacionalismo anti-globalista, por ello la región del ´Cinturón de estados del Oxido´ (los estados abandonados por las transnacionales globalizadas) se encuentran es su base de referencia.

Pero, también la región de California se encuentra disputada por Texas, definida por su histórico y poderoso complejo industrial energético fósil y agroalimentario. Núcleo de proyección de poder de los continentalistas norteamericanos (los WASP) que tienen en el vicepresidente Pence, en el secretario del Tesoro Steven Mnuchin, en el secretario de Estado Mike Pompeo y Tillerson a sus referentes más destacados. Con sus bancos comerciales JPMorgan Chase y Bank of America, entre otros.

Hace ‎‎4 años, Thierry Meyssan escribía que “Trump sería el Gorbatchov de Estados Unidos”. Según él mismo afirma hoy, estaba equivocado. ‎Trump tuvo su compromiso y pudo fortalecer las fuerzas que llevan a la unidad de los Estados Federales. Pero si Joe Biden termina por imponerse como candidato, y como todo lo indica sea reemplazado en el corto tiempo (antes del año de gestión) por las pro-globalistas Kamala Harris y Hillary Clinton, para la historia será una presidenta afro-estadounidense quien cargue con la responsabilidad ‎de no haber logrado mantener la unidad territorial de su país. Biden tendrá la tarea infame de entregar su país a las fuerzas globalistas que no tienen ningún compromiso con sus ciudadanos sin distinción de clase.

En relación con esto, aunque otras fuerzas lo apoyasen, el estado de salud de Biden no le permitirá sostenerse en el cargo y las presiones seguramente solo precipitaran su salida antes que el año 2022 amanezca. Biden, con facultades mentales bien debilitados, es solo el mascarón de proa del globalismo financiero unipolar y de su centro unipolar de mando en el Banco Internacional de Depósitos –BIS, el Banco central de los Bancos centrales con sede en Suiza como no podía ser de otros modo, territorio autónomo y centro unipolar de la red de cities financieras del globalismo.

Joe Biden representará el ´entreguismo´ al globalismo, la unipolaridad, la nueva democracia, la nueva normalidad con todas las formas de la destrucción de vínculos del ser humano con la colectividad, afirmara Duggin[11]. La nueva democracia –que representada por Joe Biden, sobre todo Kamala Harris-, es el poder de las minorías oligárquicas financieras. La mitad de la población americana, del pueblo, protesta contra esto. La otra mitad, dirigido y manipulado por el miedo infundado, lo apoya. Es una guerra civil, ideológicamente basada y geopolíticamente definida. No son las elecciones como siempre, es la lucha por la definición del sentido del futuro, para los estadounidenses y más allá. Solo Trump podría salvar la unidad nacional de EEUU, pero la lucha intestina tiende a acabar con todo, observa Duggin.

Como podemos observar, en Estados Unidos la crisis de hegemonía es profunda, estructural y sistémica en acto. Los intereses globalistas transnacionales unipolares la han perdido y, los continentalistas y nacionalistas no la han podido reconstruir, solo hay dominación en algunos ámbitos de unos u otros. Por ello el desarrollo de la guerra civil y la confrontación se despliega. El Globalismo unipolar podría triunfar en EEUU pero ya ha perdido también en el plano internacional y es el ascenso imparable del multipolarismo pluriversal poliédrico quién puso en crisis la hegemonía globalista en las relaciones internacionales en lo económico, militar, cultural, político y estratégico.

El desafío estratégico para la conducción del momento y proceso histórico requiere integrar toda una compleja diversidad y heterogeneidad de necesidades y subjetividades, de pueblos y naciones, regiones en conjunto que deben poder pensarse como dialogo de civilizaciones, pueblos, naciones. En un dialogo pluriversal multipolar de pueblos, naciones y civilizaciones. Donde el terreno no puede ser otro que el de la Paz de los pueblos y naciones con sus miradas históricas y sueños como pueblos y naciones en hermanad!!

Bibliografía

Dierckxsens Wim 1994, De la globalización a la Perestroika Occidental, DEI, San José, Costa Rica

Dierckxsens Wim 1998, Los límites de un capitalismo sin ciudadanía, DEI, San José Costa Rica

Dierckxsens Wim y Formento Walter 2016, Geopolítica de la crisis económica mundial, Ediciones Fabro, Buenos Aires, Argentina

Dierckxsens Wim y Formento Walter 2019, Prospectiva geopolítica para el 2020, Editorial FEDUN, Buenos Aires, Argentina

Dierckxsens Wim y Formento Walter 2019, Nuevo Imperio Global u Otra Civilización Emergente, DEI, San José, Costa Rica

Dierckxsens Wim y Formento Walter octubre de 2019, Perestroika: De la caída Soviética a la de Washington – 1989-2020, ALAI, Quito Ecuador.                                               

Dierckxsens Wim y Formento Walter septiembre 2020, Elecciones en Estados Unidos 2020, El futuro incierto del partido demócrata luego de las elecciones, ALAI, Quito, Ecuador

Dierckxsens Wim y Formento Walter julio 2020, Nueva guerra fría y muro tecnológico, Inteligencia Artificial y Big Data, ALAI, Quito Ecuador

Dierckxsens Wim y Formento Walter junio de 2020, Del Choque al Dialogo: De la Globalización a la Perestroika en Estados Unidos

Dierckxsens Wim y Formento octubre 2020, Fascismo del Siglo XXI o nueva civilización poscapitalista; EEUU, elecciones presidenciales y guerra

Durden Tyler 15 de noviembre de 2020, El nuevo jefe de Defensa pone en aviso al Departamento de Defensa: «Todas las guerras deben terminar» Zero hedge, 15 de noviembre de 2020

Durden Tyler 15 de noviembre de 2020, «No concedo nada»: Trump critica a medios de comunicación falsos por decir que concedió a Biden, Zero Hedge, 15

Formento Walter y Merno Gabriel, 2011, Crisis Financiera Global, Ed Continente.

Formento, Walter y Dierckxsens Wim et al 2018, La Crisis Mundial, Trump, Brexit, China y Francisco, Ed Fabro

Hunter Greg 15 de noviembre 2020, Martin Armstrong: Esta es la elección más corrupta en la historia de Estados Unidos, www.USAWatchdog.com

Phillips Jack 16 de noviembre de 2020, Dershowitz: Trump podría intentar negar a Biden 270 votos electorales y llevar las elecciones al Congreso, The Epoch Times, 16 de noviembre de 2020

Phoenix Capital 16 de noviembre de 2020, Por qué es probable que Trump gane un segundo mandato

 Notas

[1] Para las fuerzas globalistas, el COVID-19 no solo debe permitir una victoria electoral para Joe Biden, sino que debe “romper” el sistema electoral presencial (mucho más de lo que ya está limitado al votarse un martes en día laboral) para que emerja uno nuevo a partir de plataformas virtuales (Big-Data/IA) fuertemente expuestas a la Inteligencia Artificial, afirma GEAB en mayo.

De la transnacionalización global a la nacionalización pluriversal multipolar del poder

¿Estamos ante la nacionalización del gran capital? Wim Dierckxsens, Walter Formento, 05/06/2020 https://www.alainet.org/es/articulo/207043

[2] Elecciones en Estados Unidos 2020,  Wim Dierckxsens, Walter Formento, 15/09/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/208891

[3] Coronavirus, crisis global, oportunidad para las naciones y pueblos, Wim Dierckxens, Walter Formento, 24/04/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/206135

[4] Crisis de las transnacionales y el retorno de los Estados nacionales, Wim Dierckxsens, Walter Formento, 21/04/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/206048 ; Coronavirus, crisis global, oportunidad para las naciones y pueblos,  Wim Dierckxens, Walter Formento, 24/04/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/206135 ;

[5] Incluye estados con PIBs muy diversos,​ conformando entre los 15 países en torno al 30% de la población mundial y el 30% del Producto Mundial Bruto. Las negociaciones se iniciaron formalmente en noviembre de 2012 en la Cumbre de la ASEAN en Camboya.​ El RCEP se considera una alternativa al globalista Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial propuesto que incluye varias naciones de Asia y América, pero excluye a China y la India. El tratado RCEP es el primer tratado de libre comercio entre China, Japón y Corea del sur (tres de las cuatro grandes economías asiáticas), y es el primer tratado multilateral que incluye a China.​ En el momento de la firma, los analistas predijeron que ayudaría en la recuperación de la economía tras la pandemia de COVID-19, así como a empujar el centro de gravedad de la economía mundial hacia Asia.

[6] Coronavirus y crisis sistémica del capitalismo,  Wim Dierckxsens, Walter Formento, 30/03/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/205577

[7] Perestroika: De la caída Soviética a la de Washington – 1989-2020, Wim Dierckxsens, Walter Formento, 18/10/2019, https://www.alainet.org/es/articulo/202728

[8] Según el esquema que se desprende de la experiencia de la  “Trampa de Tucidídes”. La trampa de Tucídides es una teoría que explica la relación entre una potencia hegemónica en declive y otra en ascenso. Según este planteamiento, la tensión entre ambas potencias puede conducirlas a una guerra hegemónica en la que la gran potencia venza y asegure su primacía, o pierda y sea reemplazada por la potencia en ascenso. El concepto fue creado por el politólogo estadounidense Graham Allison en 2015 para analizar la competición entre Estados Unidos y China, que, según Allison, corren el riesgo de llegar a ese escenario.

[9] Elección presidencial estadounidense 2020‎,  Thierry Meyssan, 10 de noviembre de 2020 https://www.voltairenet.org/ article211580.html

[10] EEUU, elecciones presidenciales y guerra, Fascismo Siglo-XXI o nueva civilización pos-capitalista, Wim Dierckxsens, Walter Formento, 27/10/2020, https://www.alainet.org/es/articulo/209510

[11] Las elecciones que implosionaron a los Estados Unidos – Entrevista a Aleksander Dugin, https://www.conclusion.com.ar/opiniones/la-eleccion-que-implosiono-a-estados-unidos-entrevista-a-aleksander-dugin/11/2020/

https://observatoriocrisis.com/2020/11/18/trump-vs-biden-2020-estado-nacional-vs-estado-global/

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