Nuestro futuro será el que queramos que sea

 

Bajos salarios, ritmo de trabajo acelerado, flexibilidad, supresión de empleos, trabajo parcial, contratos temporales: la clase capitalista desencadenó una guerra brutal a la clase trabajadora, para hacer frente a la crisis de su sistema económico, crisis, de hecho, generada por el propio sistema. Aprovechando que la correlación de fuerzas le es favorable, no solo pisotea a la clase obrera, sino que estrangula a los autónomos, a las pequeñas empresas, al campesinado y al pequeño comercio.

Para facilitarle la tarea, los gobiernos sucesivos desde el comienzo de la crisis en 2008 hasta hoy, han puesto en marcha toda una serie de reformas en las que las palabras recortes, insostenibilidad de las pensiones, liberalización del trabajo y subvenciones a la patronal, son la columna vertebral del entramado que permite a los ricos de ser cada vez más ricos y a las clases populares cada vez más pobres.

Si los capitalistas han restaurado sus ganancias e incluso las han incrementado, no es construyendo infraestructuras beneficiando a la colectividad, ni aquí ni en los países pobres repartidos por el mundo a quienes han despojado de sus riquezas, no, si tales ganancias han sido posible, con la ayuda de los diferentes gobiernos a su servicio y mientras la producción se estanca – hasta incluso se puede decir que retrocede –, es porque dichos capitalistas  destinan una cantidad cada vez más importante de su capital a la especulación, obteniendo así una rentabilidad superior a la que obtendría invirtiéndola en la economía real.

Según el informe sobre el estado del mercado bursátil, elaborado por Bolsas y Mercados Españoles (BME), 2019, “ha sido un año positivo para los mercados financieros con elevadas rentabilidades generalizadas en los mercados de acciones y rentas fijas”; “los mercados han realizado rendimientos fuera de lo común” afirmaba, por otra parte, un especialista financiero. Efectivamente, las cifras son impresionantes. Los índices bursátiles mundiales se mueven alrededor de una media del 22%.

Si entre los tres índices más importantes de la Bolsa de Nueva York la subida alcanzó una media del 26%, los valores europeos no se quedaron atrás. Alemania 25%, Francia 24%, por ejemplo, en cuanto al IBEX 35, sin alcanzar alturas semejantes, no obstante, el balance es positivo puesto que finalizó con una subida del 13%. Las 500 mayores empresas incluidas en la lista establecida por ‘Fortune’, entre las cuales figuran nueve empresas españolas (Santander, Telefónica, Repsol, BBVA, ACS, Iberdrola, Inditex, Naturgy y Mapfre), generaron ingresos por un importe agregado de 29 billones de euros, 9% más que en 2018, lo que representa una tercera parte del PIB mundial.

El enriquecimiento constante de los más ricos y, con la misma constancia, el empobrecimiento de los más pobres, pone en evidencia la impotencia de las políticas llevadas a cabo por los Estados, gobierne quien gobierne, aunque solo sea para impedir los cierres de empresas y la desindustrialización, denunciadas ambas por todos los políticos. Nos encontramos delante la misma impotencia frente al parasitismo de las cajas del Estado, por parte de los poderosos, para compensar la pérdida de beneficios generada por la disminución de la venta de sus productos manufacturados en el mercado. Los drásticos recortes en los servicios públicos o medidas sociales, son la consecuencia directa de dicho parasitismo.

Y Nada nos puede garantizar que esto no siga siendo así, sea cual sea la voluntad del nuevo gobierno “progresista”. No existe ninguna solución para acabar con la lacra que representan la crisis económica, la crisis social, o la crisis ecológica, que no pase por la intervención consciente de la clase obrera. Una parte de la juventud encontró el camino de la lucha con relación a la ecología, al feminismo, al respeto por los animales y otros problemas; por legítimas que sean las movilizaciones sobre dichos problemas, éstas, no serán capaces de contrarrestar la evolución individualista y reaccionaria de la sociedad mientras no se planteen en términos de lucha de clases, guste o no guste a los que pretenden, sin creerlo ellos mismos, que la lucha de clases pertenece a siglos pasados.         

 

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