Fantasmas del pasado

- El Gobierno destinará más dinero a comprar armas que a la educación pública.

- España es el séptimo exportador de armas a nivel mundial

- Tres halcones del pensamiento dominante como Aznar, González y Cebrián buscan situar a España en un papel agresivo y violento en la esfera internacional.

 

La primera foto muestra a un hombre satisfecho en las islas Azores. El entonces presidente José María Aznar aparece sonriendo junto a George W. Bush, Tony Blair mira hacia algún lugar fuera del plano. Esa sonrisa exuberante nos introduce un momento en la vida de un hombre feliz, alguien que ha cumplido sus aspiraciones de estar en la cima del mundo. La fotografía, sin embargo, es el preludio de un acontecimiento trágico, de la explosión de violencia global que tendrá lugar solo un año después en Madrid. El 11 de marzo de 2004 en Madrid, diez explosiones en cuatro trenes acaban con la vida de 170 personas anónimas. Así quedó fijado el precio de ese afán de relevancia, de esas expectativas cumplidas. Fue la consecuencia directa de la participación en las guerras de Afganistán, de donde España se retiró en 2014, e Iraq, donde sigue habiendo destinados medio millar de militares.

La segunda fotografía ha perseguido a El País y al que, esta semana, ha vuelto a ser nombrado director del periódico, Javier Moreno. Es la portada de un falso Hugo Chávez entubado en una cama de hospital, que se publicó en 2013, cuando Moreno era el máximo responsable del periódico. La noticia falsa de la muerte de Chávez fue la consecuencia del indisimulado afán del grupo Prisa, entonces presidido por Juan Luis Cebrián, de intervenir en la política latinoamericana, especialmente en Bolivia y Venezuela. Mostró lo fácil que es pasarse de frenada cuando el llamado sesgo de confirmación domina una decisión periodística.

La tercera foto es más antigua, ya amarillea en la memoria colectiva. Se tomó a las puertas de la cárcel de Guadalajara un 10 de septiembre de 1998. En la instantánea, Felipe González ensaya un abrazo con Rafael Vera. A un metro, José Barrionuevo saluda a la masa socialista que arropa a los dos políticos, condenados por el secuestro de Segundo Marey, llevado a cabo por los Grupos Antiterroristas de Liberación. Barrionuevo y Vera cumplieron tres meses de cárcel del total de diez años a los que habían sido condenados por la organización y financiación del secuestro.

Las tres fotos, en su conjunto, recuerdan a su manera tres momentos de violencia. A su modo son, también, tres confirmaciones de la pulsión colonial del poder en España. Sus tres protagonistas, dos en el punto de mira de la cámara, uno como el hacedor detrás de la foto de portada, fueron personas con poder que han devenido personajes en los alrededores del poder. Aznar, González y Juan Luis Cebrián, tres halcones de una generación que se agita y mueve sus alas espasmódicamente. Estableciendo a cada aleteo un programa en el que, bajo el mandato de que España sea reconocida en el plano internacional, se sigue cavando el agujero de la desigualdad interna, de la asimetría entre territorios, de una sociedad áspera que desprecia a quienes no quieren ser soldados en sus guerras.  

El halcón explica su plan

La primera respuesta a la crisis de 2020 ha traído una novedad respecto a la crisis anterior. Todos los actores se han puesto de acuerdo en que la respuesta es el gasto público. El debate, entonces, no es si habrá chorros de gasto público sino a qué será destinado. Y es en ese punto donde se produce el regreso de los viejos fantasmas. Con un texto “Sobre cómo afrontar la crisis constituyente”, Cebrián traza las principales líneas del, hasta ahora, ataque más vertebrado de su fracción del establishment al Gobierno de Coalición. El expresidente del Grupo Prisa apenas esboza una línea para la reconstrucción en su texto, fija más bien un criterio de admisión para el proceso constituyente en marcha en el que España ha entrado a raíz del covid-19. 

El acoso al Gobierno muestra el carril estrecho en el que se está moviendo un Ejecutivo que, por lo demás, está cumpliendo, hasta ahora, con las necesidades del gran capital
 

La visión global de Cebrián está encaminada a evitar que España sea “un país prescindible en el diseño de la gobernanza global”. Para ello, América Latina debe seguir siendo un patio trasero en la cabeza de grandes estrategas españoles y la globalización pasa por dar el poder a un mecanismo más fiable “que el sistema de Naciones Unidas”. 

El primer punto para esta reconquista global es el desalojo, comenzando por la desestabilización, del actual Gobierno y de Pedro Sánchez, a quien Cebrián dirige sus ataques más duros. Así, dice que la pandemia “ha sido en ciertos aspectos, una bendición” para el presidente porque gracias a esas 30.000 personas fallecidas no ha tenido que explicar el encuentro diplomático del ministro José Luis Ábalos con la vicepresidenta de Venezuela.

Los ataques se extienden hacia José Luis Rodríguez Zapatero, en quien confluye el desprecio histórico de los dos expresidentes por su vocación de mediador internacional no alineado con los intereses de Estados Unidos respecto a Latinoamérica. Así, el proceso constituyente que Cebrián quiere guiar se basa en la exclusión de quienes ahora mismo detentan el poder y su reconquista por quienes entienden que el lugar en el mundo de España es el profundizar en la globalización neoliberal.

El país que puede ser

Ese acoso al Gobierno muestra el carril estrecho en el que se está moviendo un Ejecutivo que, por lo demás, está cumpliendo, hasta ahora, con las necesidades del gran capital. Esta semana, decimocuarta y última del estado de alarma, el Gobierno anunciaba un nuevo paquete de ayudas a la automoción de 3.750 millones de euros. Por su parte, Defensa aprobó hace días la compra de 348 vehículos de combate blindados por un importe de 2.100 millones de euros. Ambas noticias serán defendidas bajo el argumento de que asegurará los empleos en la industria automovilística y armamentística. Las cifras, no obstante, resaltan más cuando se comparan con el plan de inversión en educación, dotado con 2.000 millones ─menos de lo presupuestado para blindados─ o el Ingreso Mínimo Vital ─menos que las armas que se comprarán este año─.

Ambas noticias muestran también que, hasta la fecha, no hay intención ─o fuerzas─ para trazar una vía alternativa que transforme un Estado con delirios de grandeza internacional, dibujado por sus halcones (Cebrián, Aznar, González), en un país que afronte el hecho de que es necesaria una revisión a la baja de esas expectativas de trascendencia. 

No basta con ser un país manso en la esfera internacional, es imprescindible abordar la construcción de esa alternativa a la necropolítica y al auge del odio
 

Cuando los fantasmas del pasado reclaman mano dura, una política exterior agresiva y sueñan con la configuración de una gobernanza global al margen de las Naciones Unidas, se necesitan discursos que apelen a otras formas de convivencia. Una convivencia factible en el periodo de alerta climática, escasez, desplazamientos masivos y completa fragilidad ─como ha mostrado el covid-19─ en el que entra el conjunto de la civilización. Formas que son contraculturales en un país que tiene demasiado reciente la política del “a por ellos”, que tiene vigente la ley mordaza y que se ha negado repetidamente a reparar la historia del terrorismo de estado, blindando la “razón de Estado” con una Ley de Secretos Oficiales que solo se ha revisado para proteger una historia de violencia. Nuevas formas que son imprescindibles en un momento en el que la necropolítica domina la esfera internacional. 

Después de la felicidad de Aznar, el Gobierno de Zapatero intentó suavizar esas aristas, desdibujar la España feroz. La salida de las tropas españolas de Afganistán, un país que sigue en la misma guerra 19 años después, fue un paso en la desescalada militarista. Sin embargo, Zapatero no tocó las bases económicas que se asocian a ese proyecto de España. El peso de la industria armamentística siguió creciendo ─España es hoy el séptimo exportador de armas a nivel mundial─, las subvenciones al automóvil siguieron fluyendo sin ningún plan de adaptación al cambio climático, y el poder de las rentas inmobiliarias profundizó una crisis de acceso a la vivienda que apuntala la tremenda desigualdad de la sociedad. Ya es tarde para borrar las fotografías que recuerdan que fuimos ese país agresivo y desigual. No basta con ser un país manso en la esfera internacional, es imprescindible abordar la construcción de esa alternativa a la necropolítica y al auge del odio. Es optar entre eso o dejarse llevar por el miedo a que haciéndolo pase algo peor. El problema es que lo peor ya está pasando y no va a haber muchas más oportunidades.

https://www.elsaltodiario.com/la-semana-politica/fantasmas-del-pasado

Top