Pedro Sánchez y las empresas del IBEX

Y actos como el de ayer, además de añadir confusión, dejan clara la tibieza e inconsistencia de este gobierno a la hora de hacer las reformas que la ciudadanía necesita

 

Fernando Luengo Escalonillam, Economista

 

"España puede. Recuperación, transformación, resiliencia". Este es el sugerente título de la conferencia con la que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha decidido comenzar el curso político. Celebrada en el Palacio de la Moncloa, ha contado con la presencia de representantes muy destacados de las empresas del IBEX, así como de los dirigentes de los sindicatos mayoritarios y de las grandes patronales. Podría haber elegido otro escenario, otro formato; por ejemplo, un encuentro con representantes de la comunidad educativa y de la sanidad públicas, tan necesitadas de un decidido apoyo por parte de las administraciones públicas. Como supongo que el gobierno no da puntada sin hilo, seguro que el acto elegido es el resultado de una decisión muy meditada.

El mensaje que Pedro Sánchez ha reiterado una y otra vez es la necesidad de alcanzar un gran consenso para enfrentar los retos que el país y la ciudadanía tienen por delante; unidad por encima de siglas e ideologías y de los legítimos intereses de los partidos y de los actores sociales. Unidad que debería concretarse en la elaboración de los próximos presupuestos, cuya aprobación es imprescindible para salir de la camisa de fuerza que supone gobernar con los heredados del gobierno del Partido Popular, restrictivos y antisociales, todavía en vigor.

Es de sentido común que necesitamos sin demora unos presupuestos que hagan posible enfrentar la pandemia, que todavía se encuentra fuera de control, y la profunda crisis económica y social, que es muy grave y que amenaza con perdurar; resulta asimismo evidente que es vital que cuenten con un amplio respaldo social. La supervivencia del gobierno de coalición depende de la aprobación de unos nuevos presupuestos que traduzcan en objetivos esas preocupaciones.

Pero ¿encaja este planteamiento con un acto al que se ha querido dar un claro protagonismo a las grandes empresas y a los máximos responsables de las mismas? Tengamos presente que estaban representadas algunas de las firmas más activas en los paraísos fiscales, que practican sistemáticamente la ingeniería contable para eludir sus obligaciones tributarias y que remuneran a sus ejecutivos con sumas astronómicas.

¿Cómo interpretar el llamamiento a la unidad en este escenario? Trascendiendo el contenido del acto, se pretende meter presión al Partido Popular y también a Ciudadanos - la participación de destacados miembros del mundo empresarial es muy útil al respecto- para que de alguna manera den el visto bueno a un "presupuesto de país"; y también presión a Unidas Podemos, que cada vez más juega en el territorio marcado por el Partido Socialista Obrero Español.

Volviendo al acto en sí mismo, la superación de la crisis -que debe ser mucho más que reconstruir la vieja economía, que no funciona o sólo lo hace para unos pocos- exige enfrentar con determinación los privilegios que disfrutan las grandes corporaciones y los titulares de las grandes fortunas y patrimonios. Si se cierra esa posibilidad con confusos e inconsistentes llamamientos a la unidad, o no se abre -la opción por la que parece haberse inclinado el gobierno de coalición-, entonces el margen de actuación de las administraciones publicas quedará inevitablemente cercenado; no quedando otra alternativa que el incesante aumento de la deuda pública y confiar en la "generosidad" de las instituciones comunitarias.

Pedro Sánchez volvió a reiterar los grandes ejes de la política económica del gobierno de coalición, que deberían orientar el nuevo presupuesto: la reactivación de la economía, el fortalecimiento del sector público y la transición digital y ecológica. Habrá que ver cómo se concreta todo esto, cómo se reparten los recursos y en que dirección se orientan. Hoy lo único que podemos decir con seguridad es que las elites empresariales están muy bien colocadas en los puestos de salida, con la intención de llevarse una parte sustancial de la financiación pública, como, de hecho, ya está sucediendo.

¿Significa todo lo anterior apostar por la aplicación de políticas sectarias o alentar la división? En absoluto. Hoy es más necesario que nunca sumar y movilizar, sin ignorar ni ocultar los dispares intereses que hay en disputa. Trabajar por conseguir una mayoría social de progreso significa, entre otras cosas, exigir que los que más tienen contribuyan en mayor medida al enorme esfuerzo presupuestario que exige salir de la crisis. Y actos como el de ayer, además de añadir confusión, dejan clara la tibieza e inconsistencia de este gobierno a la hora de hacer las reformas que la ciudadanía necesita.

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