Venezuela. Juan Guaidó, acusado de “incumplimiento de contrato” por los mercenarios a los que contrató

 

La incursión mercenaria del 3 de mayo se convirtió en un gran fracaso y amenaza con arrastrar al autoproclamado presidente interino Juan Guaidó.

 

La vida de Juan Guaidó corre peligro, tal vez más que nunca. Un año y varios meses después de autoproclamarse presidente interino se encuentra acorralado.

No solo acumula fracaso político tras fracaso político más de un año después de haberse autoproclamado “presidente encargado” de Venezuela, sino que acumula enemigos, cada vez más, y algunos de ellos muy peligrosos.

No es ya el Sebin —el servicio de Inteligencia venezolano— su mayor peligro actual, ni son las FAES —las temidas Fuerzas de Acciones Especiales de la Policía Nacional Bolivariana, de gatillo fácil—.

No, el Gobierno de Nicolás Maduro ha evitado durante todo este tiempo detenerlo para no dar la excusa esperada por EE UU y países vecinos de Venezuela para intervenir militarmente en ese país.

Así Guaidó ha podido mantener sedes en lugares conocidos, dar ruedas de prensa con medios nacionales e internacionales sin esconderse, participar en mítines callejeros en distintas zonas del país, y realizar giras por América Latina, Estados Unidos y Europa, España incluida.

En su visita a nuestro país, en enero pasado, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida y la vicealcaldesa, Begoña Villacís, le entregaron las Llaves de Oro de la capital.

Una operación comando esperpéntica

Conocidos personajes de la oposición venezolana y ex altos oficiales del Ejército bolivariano que desertaron y se entrenan desde hace al menos dos años en zonas de la frontera de Colombia con Venezuela con consentimiento del Gobierno de Iván Duque, se sienten traicionados por Juan Guaidó.

Le culpan por haberse echado atrás en el plan acordado en 2019 con ellos para secuestrar y/o matar a Maduro y a varios de sus más estrechos colaboradores.

Hacen responsable a Guaidó de provocar que en un acto de desesperación un grupo de militares abandonados por él lanzaran el esperpéntico ataque militar marítimo del pasado domingo 3 de mayo en dos zonas costeras de Venezuela, que terminó en un rotundo fracaso.

Dos grupos de una decena de hombres cada uno, a bordo de lanchas rápidas provenientes de Colombia, intentaron desembarcar en suelo venezolano: unos en el puerto de Macuto, Estado de la Guaira, litoral de Caracas, y otros en el pueblo costero de Chuao, estado de Aragua, a 70 kilómetros de a capital, pero fueron repelidos por las fuerzas armadas venezolanas.

En el caso de Chuao, zona de pescadores, participaron también en la defensa miembros locales de la Milicia Bolivariana.

Ocho de los atacantes resultaron muertos en los enfrentamientos —entre ellos el capitán del Ejército Robert Colina, alias Pantera— y varios ex militares y mercenarios fueron capturados. En un vídeo de Twitter se ve a Colina con sus hombres pocas horas antes de embarcar en Colombia. En total son más de 40 los detenidos por ahora por participar en esa acción o ser cómplices en tierra, según el Gobierno. En localidades cercanas se encontraron armas y pick-up con ametralladoras semipesadas montadas.

Maduro dio a entender que su Gobierno los tenía infiltrados desde hace tiempo. “Sabíamos hasta lo que comían”, dijo el presidente venezolano con sorna.

Entre los militares detenidos por su participación en el frustrado operativo comando del pasado domingo 3 de mayo está el también capitán Antonio José Sequea, participante el 30 de abril de 2019 en la también frustrada sublevación militar dirigida por Juan Guaidó y Leopoldo López, su predecesor y mentor.

Tras aquel fracaso Leopoldo López, que había sido liberado ese día por Guaidó y un puñado de militares de su arresto domiciliario, se terminó refugiando en la embajada española en Caracas, donde aún permanece .

El capitán Sequea, que en un vídeo y acompañado de una veintena de uniformados armados había hecho un llamamiento a “los militares patriotas” para sublevarse reivindicó ser el comandante a cargo de la Operación Gedeón.

Otro de los detenidos tras el frustrado desembarco es Adolfo Baduel, hijo del ex general Raúl Isaías Baduel, quien fuera aliado de la primera hora de Hugo Chávez.

Hombre clave en el rescate del líder bolivariano cuando este fue secuestrado unas horas durante el golpe de Estado de 2002, llegó a comandante general del Ejército (2004-2006) y luego a ministro de Defensa (2006-2007).

El ex gran aliado de Chávez terminó criticando públicamente en 2007 “la desviación del proyecto original” del chavismo y dos años después fue encarcelado y condenado por un presunto caso de corrupción, más que dudoso y con tufo de represalia gubernamental.

Otro de los hijos de Baduel, Raúl Emilio, también fue encarcelado en 2014 durante las protestas callejeras y condenado a ocho años de prisión.

Paralelamente a los enfrentamientos armados entre los atacantes y la defensa bolivariana, el pasado 3 de mayo se emitía un vídeo filmado desde territorio colombiano en el que el general desertor Javier Nieto Quintero y Jordan Goudreau, ex boina verde del Ejército de EE UU, anunciaban el comienzo de la Operación Gedeón “en distintas zonas del país” y hacían también un llamamiento a la sublevación a los militares venezolanos.

Según decía Nieto Quintero en un vídeo, el objetivo era “la captura de la organización criminal que hoy desafortunadamente rige los destinos de la nación” y “la libertad de nuestro pueblo y de nuestros prisioneros políticos”. Según el ex militar esos objetivos estaban “consagrados” en la Constitución venezolana y en tratados y tribunales internacionales.

Nieto aclaraba que esos tribunales internacionales eran “los que ordenaron la captura del cartel narcotraficante” que gobierna el país, en clara alusión a los pedidos de búsqueda y captura que lanzó la Administración Trump a fines de marzo pasado ofreciendo recompensas de 10 y 15 millones de dólares por la cabeza de Maduro y una quincena de los más altos cargos públicos de Venezuela, de lo que ya informábamos en estas mismas páginas de El Salto.

Evidentemente, ese anuncio de Trump, acompañado de carteles de “Busca y captura” con millonarias recompensas al mejor estilo del viejo Far West supuso un incentivo y un espaldarazo para lanzar esta última intentona golpista.

El hombre que aparece en el vídeo junto al ex general Nieto Quintero, Jordan Goudreau, de origen canadiense, de 43 años, ex boina verde del Ejército de EE UU, ex escolta de Bush, fundó en 2018 la compañía de seguridad privada estadounidense Silvercorp, en cuya publicidad reivindica haber hecho servicios para la Administración Trump.

En un vídeo publicitario en su web se ve al Rambo Goudreau en el concierto que Guaidó organizó en febrero de 2019 en la ciudad colombiana de Cúcuta, fronteriza con Venezuela, el Venezuela Live Aid, con el que la oposición, arropada por artistas —Alejandro Sanz y Miguel Bosé entre ellos— y varios mandatarios de la derecha latinoamericana, pretendía lanzar un plan para irrumpir en suelo venezolano con una caravana humanitaria.

Fue uno de los primeros sonoros fracasos de la ofensiva de Guaidó a pocos meses de autoproclamarse presidente encargado.

Al fundador de Silvercorp se lo ve en ese acto como responsable de la seguridad de esa costosa operación.

Dos de los atacantes de la Operación Gedeón capturados por las fuerzas bolivarianas el 3 de mayo trabajaban para Silvercorp y así lo reconocieron.

Se trata de los mercenarios estadounidenses y también ex miembros de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos Luke Denman y Aaron Barry, quienes portaban credenciales de Silvercorp.

Barry, un veterano que estuvo en las guerras de Iraq y Afganistán por periodos de un año en 2002, 2005 y 2007, manteniéndose en el Ejército de EE UU hasta 2012, explicó en cámara a sus interrogadores venezolanos el papel que tenía asignado en la Operación Gedeón.

Por su parte, su compañero Denman declaró también en otro vídeo que el objetivo era capturar a Nicolás Maduro para trasladarlo a Estados Unidos a fin de ser juzgado.

Ellos se encargaban desde meses atrás de entrenar militarmente a decenas de hombres en campamentos en territorio colombiano fronterizo con Venezuela, en la zona de Riohacha, y debían participar junto al capitán Sequea y otros militares y mercenarios en la toma de la torre de control del aeropuerto de la base aérea de La Carlota.

De esta forma, despejarían sus pistas para facilitar el aterrizaje de aviones extranjeros con fuerzas de refuerzo con las cuales se pretendía ocupar el palacio presidencial de Miraflores y las sedes de la DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar y el Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).

Su misión era capturar y/o neutralizar —léase matar— a Nicolás Maduro, al presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, y los otros 13 altos cargos civiles y militares por los cuales Trump ofreció millonarias recompensas, para trasladarlos a EE UU para ser juzgados.

Sería una variante mucho más limitada, pero con algunas características comunes, a la intervención militar que realizó Estados Unidos en 1989 en Panamá, en la que los marines y agentes de la CIA secuestraron y trasladaron a EE UU al general y presidente Manuel Noriega, condenado luego por tribunales estadounidenses por narcotráfico.

También algunos califican ya a esta frustrada operación golpista de “Playa Girón a la venezolana”, en alusión al también frustrado intento de invasión de Cuba en 1961 por parte de mercenarios y ex militares del dictador Batista apoyados por EE UU que fue aplastado por las fuerzas de la joven revolución cubana.

El mismo 3 de mayo pasado, pocas horas después de que fracasara la Operación Gedeón en la costa venezolana, una conocida opositora de la línea dura venezolana exiliada en Miami, Patricia Poleo —crítica también de Guaidó—, llevaba a cabo una edición especial de su programa Agárrate, en el canal de Youtube Factores de poder, con más de medio millón de seguidores, para valorar en caliente los hechos que estaban sucediendo en Venezuela.

Su invitado especial, vía telemática: Jordan Goudreau.

A pesar de que el programa acordó con el mercenario no mencionar el lugar en el que este se encontraba, por la imagen parece tratarse del mismo escenario y usar la misma ropa con el que horas antes se grabó el vídeo en el que aparecía con el general Nieto Quintero anunciando el comienzo de la Operación Gedeón, supuestamente en la frontera colombiana con Venezuela.

El director de Silvercorp sostuvo en esa entrevista que nunca revelaba detalles de los contratos que firmaba con sus clientes, pero que en ese caso sí lo haría porque la otra parte que lo firmó, Juan Guaidó, lo violó.

Durante la entrevista, Goudreau mostró en su mano el contrato firmado y en cámara se pudo comprobar quiénes eran los firmantes.

La firma de Guaidó es la primera que aparece en nombre de su gobierno; a su lado la del propio Goudreau en nombre de Silvercorp y debajo dos hombres de suma confianza de Guaidó, Sergio Vergara y J. J. Rendón.

Vergara y Rendón fueron nombrados formalmente por Guaidó en julio de 2019 para encabezar el llamado Comité de Estrategia de su gobierno.

Como testigo de la firma de este peculiar contrato aparece otro personaje conocido, el abogado penalista Manuel J. Retureta, de origen cubano, pero criado en Colorado.

Fundador del bufete de abogados Retureta & Wassem, con sede en Washington, Manuel J. Retureta ha defendido en el pasado a conocidos personajes procesados por narcotráfico, como los hondureños Juan Tony Hernández —hermano del actual presidente de Honduras— o el hijo del ex presidente Porfirio Lobo, Fabio Lobo. Este fue condenado a 24 años de cárcel por narcotráfico.

Se asegura que el contrato fue firmado en su despacho.

Goudreau acusa de traición a Guaidó por no cumplir con la financiación de la operación, con un presupuesto total de 212,9 millones de dólares y que estuvieron 60 hombres armados en la frontera abandonados a su suerte; que solo recibieron una pequeña cantidad de adelanto —50.000 dólares—, pero que decidieron seguir adelante con sus propios recursos porque estaba en juego “la liberación de Venezuela”.

Goudreau asegura en el vídeo que la operación era “fácil” y que de haber contado con los medios prometidos se podría haber llevado a cabo con éxito.

Para dar más credibilidad a su denuncia, Goudreau dio a conocer también un audio de una videollamada que mantuvo con Guaidó en 2019.

Cuando se conoció el 3 de mayo que había fracasado la Operación Gedeón y el Gobierno acusó a Juan Guaidó, a Iván Duque y a Donald Trump de estar detrás de ella, el gobierno interino de Guaidó emitió un comunicado rechazando cualquier responsabilidad y acusando a Maduro de elaborar “un nuevo montaje”.

Guaidó declaró posteriormenteque en Venezuela no hacían falta mercenarios para derrocar a Maduro porque había “muchos militares patriotas”, miles de ellos, dispuestos a hacerlo.

Sin embargo, los hechos se precipitaron y uno de los miembros de su Comité de Estrategia, Juan José Rendón, reconoció el 6 de mayo en una entrevista en la CNN en español que él personalmente había firmado ese contrato con la empresa de mercenarios. Junto con él, Sergio Vergara, el otro hombre de confianza de Guaidó integrante de ese comité, pero negó que Guaidó lo hubiera hecho. No sabe explicar “cómo terminó ahí la firma de Guaidó” y dice que ha habido “distintas copias, textos preliminares”, etc.

J. J. Rendón, con un largo historial de asesor electoral en distintos países, dijo que la misión del Comité de Estrategia consistía en estudiar “todas las opciones” para quitar del poder a “la dictadura narco-terrorista de Maduro”.

Entre esas opciones se estudió una “salida por la fuerza” y se pidió planes posibles a varias de las numerosas compañías militares privadas existentes en EE UU, legales, dirigidas por ex militares bien relacionados con el Pentágono.

Finalmente tras descartar los planes de algunas que llegaron a pedir hasta 500 millones de dólares, se firmó un acuerdo de 41 páginas con Silvercorp USA Inc, muy detallado, que incluía distintas fases y se entregaría un adelanto de 50 millones del presupuesto total de 212,9 millones de dólares que se pagaría mes a mes y ya con Guaidó en el poder, teniendo como garantía el petróleo venezolano.

Según este estratega político, “el contrato era totalmente legal”, “estaba amparado por numerosas leyes internacionales” y asegura que en definitiva el objetivo era entregar a Maduro y los máximos responsables de su gobierno a los tribunales estadounidenses, tal como había reclamado Donald Trump al lanzar en marzo el pedido de búsqueda y captura contra ellos.

Rendón, que al igual que Vergara vive en EE UU, dice en la entrevista que se negoció directamente con Jordan Goudreau, pero asegura que en octubre pasado decidieron cancelar el plan por desconfianza en la implicación en él de algunos altos oficiales desertores asentados en Colombia y por el temor a que el grupo estuviera infiltrado.

Además, según declaró a The Washington Post, comenzaron a desconfiar de que Jordan Goudreau pudiera aportar los 800 mercenarios con los que aseguraba contar.

Sostiene que Guaidó “solo conocía los términos generales del acuerdo”. “Está muy ocupado y no llegó a leer las 41 páginas con todos sus detalles”. Según este hombre de absoluta confianza de Guaidó, éste estaba tan ocupado con cosas más importantes que el plan para derrocar a Maduro y auparlo a él en el poder, por lo que delegaba en sus colaboradores “los detalles”.

A pesar de que Rendón intentaba al conceder esa entrevista a la CNN demostrar que ese contrato firmado “nunca entró en vigor porque se canceló en octubre de 2019”, según la investigación de varios periodistas de The Washington Post el primer encuentro con Goudreau tuvo lugar en septiembre de 2019 y el acuerdo se firmó a fines de octubre y fue solo en noviembre cuando el equipo de Guaidó decidió abandonar el proyecto con Silvercorp.

Rendón dijo que no hubo una cancelación formal del contrato firmado porque Goudreau la consideró innecesaria, y que por lo tanto la gente de Guaidó rechaza tener cualquier tipo de responsabilidad en que califican “operación suicida” del pasado 3 de mayo.

Pero el reconocimiento de haber firmado al igual que Vergara ese contrato, aunque posteriormente se haya cancelado efectivamente, pone en serios aprietos a Guaidó que había negado conocer al jefe de los mercenarios y su compañía, asegurando que su gobierno no había firmado con él ni con ninguna compañía de seguridad militar contrato alguno.

Poco después de las declaraciones de este colaborador el presidente encargado se vio obligado a pedir la dimisión a Rendón y a Vergara, y en una entrevista a EVTV Miami, uno de los numerosos canales de opositores venezolanos existentes en Miami reconoció que “lógicamente” era misión de su Comité de Estrategia “estudiar todos los escenarios posibles”, entre ellos explorar “una salida por la fuerza” de Maduro, aunque dijo que sus dos estrechos colaboradores se habían “extralimitado” en el trabajo que les encomendó.

Sin embargo, el detallado plan que se lee en el contrato firmado con Silvercorp hace muchos meses deja en evidencia que Guaidó y su gente descartaron hace mucho tiempo la vía de negociación con el Gobierno de Maduro que sí iniciaron varios de los partidos de la oposición, y decidieron persistir en la búsqueda de una vía violenta, en un golpe cívico militar.

https://www.elsaltodiario.com/el-lado-oculto-de-la-noticia/silvercorp-maduro-trump-rendon-juan-guaido-acusado-incumplimiento-contrato-mercenarios

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