Dos problemas en uno

Rusia no puede esperar mucho porque la pérdida de Bielorrusia sería mucho más determinante que la de Ucrania y entonces sí habría ganado EEUU



Hace un tiempo una persona preguntó sobre las elecciones en Bielorrusia. Ya se han celebrado. Los resultados oficiales indican un triunfo de Lukashenko, pero la oposición -como siempre alentada, financiada y apoyada por Occidente- habla de fraude, con manifestaciones y todo. Hasta aquí, todo normal. Lo que no es normal es la actitud de Rusia.

Como es lógico, Occidente no reconoce las elecciones mientras que China, por ejemplo, ha felicitado con entusiasmo a Lukashenko por su triunfo. Pero no Rusia, que está teniendo una actitud fría, muy fría. Aunque de derecho sí ha reconocido el triunfo de Lukasenko, en la práctica lo ha hecho con la boca pequeña. La historia está en desentrañar el por qué.

Y ese por qué se resume en que Rusia tiene dos problemas; por una parte, Bielorrusia; por otra, Lukashenko.

Bielorrusia llevaba un tiempo coqueteando con Occidente y alejándose de Rusia hasta extremos irritantes para el Kremlin: desde afirmar que Ucrania tiene que retomar el control del Donbás (eso dicho por el país que dio cobijo a los Acuerdos de Minsk que garantizan una cuasi independencia del Donbás y que, por supuesto, han sido incumplidos por Ucrania) hasta deshacerse en elogios a EEUU y ofrecer a este país la apertura de una "super embajada" para celebrar la "asociación prioritaria" entre los dos países abriendo, además, la posibiliad de otro tipo de colaboración (o sea, un cierto coqueteo con la OTAN). Así que cuando los medios de propaganda hablan de "la última dictadura de Europa" están desviando la atención hacia otro lado.

¿Por qué la "última dictadura de Europa" lo es ahora y no lo era antes? Pues porque Lukashenko ha estado utilizando ese coqueteo con Occidente para arrancar más concesiones a Rusia (económicas, sobre todo) al tiempo que ralentizaba el camino hacia una "democracia liberal" que se había comprometido a recorrer.

No tengo la menor duda de que Lukashenko ha ganado las elecciones, sea por el 80% como dice el resultado oficial o por menos. Bielorrusia mantiene un sistema social cuasi soviético, con muchas ventajas sociales de todo tipo, y eso hace que tenga un alto porcentaje de apoyo. La cuestión está en si ese apoyo está o no en las ciudades. En otras elecciones también hubo protestas contra el supuesto fraude; lo de siempre. Pero se circunscribieron a Minsk, la capital. Ahora se están dando en algunas otras ciudades.

Pero la cuestión no está ahí, sino en los trabajadores. Por primera vez está habiendo huelgas que están siendo de cierta importancia. Este es el factor nuevo y que inquieta, y mucho, a Lukashenko. Porque se está dando una confluencia de intereses entre los liberales pro-occidentales, que hablan de fraude,  y los neo-marxistas, por utilizar una expresión que tal vez sea poco afortunada, pero que están hartos de la crisis y de que siempre sea la clase obrera la pagana.

Por ejemplo, el Partido Comunista de Bielorrusia (que tiene 11 diputados) ha apoyado a Lukashenko en estas elecciones pero de forma muy crítica y ahora está haciendo llamamientos a no secundar las huelgas, pese a la mala situación socioeconómica, recordando lo que ocurrió en Rusia cuando se hicieron huelgas para apoyar a Yeltsin en la antesala de la desparición de la URSS y que fueron agradecidas con el cierre, la privatización de las que permanecieron abiertas y despidos masivos al tomar el poder. Desde luego, Bielorrusia seguiría sin duda alguna ese mismo camino de la mano occidental. Este es el quid de la cuestión.

Otro partido que también lo ha hecho ha sido el Partido Comunista de Todos los Bolcheviques de la Unión, que participó por primera vez en las elecciones y que centró su campaña en que su voto era sobre todo un voto en contra de "las fuerzas reaccionarias y neonazis que apoya Occidente" y no tanto un apoyo a Lukashenko, a quien califica de burgués. Y compara su postura con la de los bolcheviques en 1917 cuando se enfrentaron a la revuelta del general zarista Kornilov en contra del gobierno de Kerenski. No fue porque los bolcheviques defendiesen a Kerenski, a quien derrocaron más tarde, sino que combatían contra el impulso de una dictadura reaccionaria.

¿Por qué hay una mala situación socioeconómica? Pues porque Lukashenko es un tahúr, un tipo que ha querido camelar tanto a Occidente como a Rusia. Con Rusia se ha venido hablando de una cuasi-fusión desde hace años, y Rusia ha ofrecido ingentes cantidades de ayuda, sobre todo petróleo. Pero llegó un momento en que Rusia se hartó del saco sin fondo y cortó. Lukashenko incrementó sus coqueteos con Occidente y EEUU aprovechó para suministrar parte del petróleo que ya no llegaba de Rusia. Y eso, precisamente, es ahora la principal amenaza de Occidente: cortará el suministro de petróleo si no se cancelan las elecciones, no se dialoga con la oposición y, por supuesto, el resultado es la renuncia de Lukashenko. El viejo tahúr pillado en su propia trampa.

Este es el motivo por el que Rusia está actuando de manera tan fría. Porque ya no se fía del viejo tahúr. En una última jugada, Lukashenko ha enviado una especie de memorando a Rusia volviendo a decir que sí, que adelante con el proceso de cuasi-fusión, que los dos países "son como hermanos". Que yo sepa, no hay respuesta de Rusia y no la habrá a corto plazo. Supongo que Rusia está viendo cómo se desarrollan los acontecimientos y, sobre todo, cuenta con el papel que tenga en todo ello el ejército, muy prorruso y, hasta ahora, inactivo en toda esta crisis.

Pero Rusia no puede esperar mucho porque la pérdida de Bielorrusia sería mucho más determinante que la de Ucrania y entonces sí habría ganado EEUU: Rusia no solo tendría a la OTAN en todas sus fronteras occidentales, sino que se acabaría el tránsito del gas hacia Europa por estos países. Si ya ha tenido problemas con Ucrania por eso, por Bielorrusia pasa el 20% de todo el gas que llega a Europa.

Así que Rusia tiene dos problemas en uno: cómo deshacerse de Lukashenko y mantener a Bielorrusia somo tapón de la OTAN. Rusia no puede cometer el mismo error que en Ucrania, cuando reconoció al gobierno neonazi salido del Maidán, pero en la práctica casi ha actuado igual. Ahora ha reconocido la victoria de Lukashenko pero con la boca pequeña, que viene a ser lo mismo. O actúa pronto o eso de Putin como "un gran estadista" será bastante más efímero de lo que nos pensamos y hasta aquí habrá llegado.

La disyuntiva en Bielorrusia es la misma que en Líbano: o con Occidente o con el Este. Pero aquí se añade otro factor: nadie quiere a Lukashenko (aunque doy por hecho que Rusia ya está moviendo sus hilos para encontrar un sustituto, aunque debe darse prisa).

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