Abordar las tres grandes montañas


O cuatro, si tenemos en cuenta los prejuicios “progres” con casi todo, especialmente con China y sus políticas, a las que interpretamos con ojos occidentales y nunca, nunca intentando siquiera acercarnos un poco a su idiosincrasia, a su historia y a su comportamiento. En pocas palabras: China, un país milenario, sigue siendo casi desconocido para Occidente, carcas y “progres” incluidos.

Hace unos días un amigo me envió un artículo de Attac hablando de la “desigualdad invisible” en China, afirmando que era algo que no se abordaba en el XIV Plan Quinquenal, recientemente aprobado, y para ello se remitía al inefable Piketty. Mi problema con este tipo de gente es que, simplemente, no los soporto. Sin más. Me pasa con Piketty como con otro “gurú” de la “progresía”, Zizek. Los bandazos de esta gente son tan espectaculares (supongo que no hará falta retrotraerse a lo que dijo Zizek sobre Syriza para recordarlo) que su único mérito es que son bien vistos por la burguesía como referentes “de izquierda”. Y mal asunto si la “izquierda” tiene este tipo de referentes. O Agamben, ahora tan de moda y que en diciembre de 2020 arremetió contra China diciendo, textualmente, que “el comunismo capitalista se ha convertido en el principio dominante en la fase actual del capitalismo globalizado” instituyendo “un nuevo régimen que se ha hecho realidad en China” y que “parece salir victorioso”. Está claro que se refería a cómo Occidente estaba afrontando la pandemia del COVID-19 y cómo lo había hecho China, pero de una manera totalmente incorrecta porque no afronta para nada las medidas de Occidente que, a la vista está, son totalmente ineficaces para contener la pandemia. Con o sin vacunas. Pero eso no se puede reconocer así como así, hay que darlo la vuelta y retorcerlo. Y si lo hace un “progre”, mejor. La burguesía aplaude con las orejas.

Mira tú, voy a hablar de tres montañas y hablo de cuando la montaña parió tres ratones. Este es el problema de la pobreza intelectual en la que nos movemos y, como digo habitualmente en mis conferencias, siempre, pero que siempre, hay que partir de una premisa a la hora de oír, leer o lo que sea: si se es un intelectual honesto hay que tener presente que hasta quien se considere el más objetivo especialista está prisionero de sus experiencias, de los valores dominantes de su sociedad, de las tradiciones, de los estereotipos de su entorno (como somos europeos tendemos a aportar a todo una visión eurocéntrica, casi me atrevería a decir etnocéntrica). Cualquier teórico y/o académico que se aproxima a las relaciones internacionales lo hace desde la perspectiva de su ámbito cultural, nacional o ideológico y establece una elaboración teórica según esos valores. Por lo tanto, nadie es independiente; el teórico y/o académico se puede aproximar más o menos a la objetividad, pero nunca a la independencia.

Pero la honestidad no está de moda, y mucho menos cuando en Occidente se está asistiendo a un cierre de filas -incluyendo a los “progres”- contra la pérdida de hegemonía mundial que representa China, especialmente, y otros países.

Este es nuestro problema, que ante el desierto intelectual en el que nos movemos aparecen tres ratones, escriben alguna cosa y se convierte en un manual y se les ensalza. Ya tenemos en qué basarnos para nuestros análisis, aunque muchas veces no tengan nada que ver con la realidad. Se les puede aplicar el viejo dicho de que no hay que dejar que la realidad estropee un buen análisis.

Por ejemplo, Piketty. El artículo en cuestión, que podéis leer sin problemas en el enlace de más arriba, es de primeros de mes pero tremendamente antiguo. Siendo benévolo, diré que se circunscribe, en el miejor de los casos, a marzo (cuando el XIV Plan Quinquenal se aprobó en la Asamblea Nacional Popular, aunque puede que lo echase un vistazo en octubre del año pasado -lo más probable-, cuando se aprobó). Porque lo que se está produciendo en China va, precisamente, en la línea de combatir la desigualdad y, para ello, solo hay una forma: combatir el capitalismo. Eso no quiere decir que China esté abandonando el capitalismo, pero sí que lo está frenando o, si se quiere, acelerando la aprobación de medidas anticapitalistas, o circunscribiéndolo, o el calificativo que queráis poner.

Que lo diga yo tiene un pase, pero si lo dicen los propios capitalistas es que alguien ¿Piketty? está equivocado. Y, por supuesto, quienes le siguen.

Resulta que las medidas anticapitalistas o de freno del capitalismo que se están adoptando en China están molestando, y mucho, en los grandes centros del capitalismo mundial que, quiérase o no, no están en China. Por ejemplo, Mongan Stanley se acaba de marcar un análisis muy claro de lo que está pasando que empieza de manera demoledora: “Se está produciendo un profundo cambio de política en China. Para lograr los objetivos de garantizar la estabilidad social y hacer que el crecimiento económico sea más sostenible, los responsables de la formulación de políticas han iniciado un ciclo de endurecimiento regulatorio de gran alcance y amplio alcance. Este nuevo curso dará forma a la evolución de la economía y los mercados de capitales de China en los próximos años”.

Esto, guste o no a los seguidores de Piketty, supone afrontar la desigualdad que tanto les preocupa y de la que dicen no hay preocupación en China.

Sigo con Morgan Stanley: “Si bien este cambio de política no debería sorprendernos, dado que la desigualdad de ingresos es un problema mundial, la velocidad, la escala y la intensidad de las medidas que estamos viendo en China hoy son inesperadas“.

¿Algo que decir, seguidores de Piketty?

Porque lo que dice el XIV Plan Quinquenal, que no han leído en profundidad ni Piketty ni mucho menos sus seguidores pese a que dicen haberlo hecho, es que cuando China habla de “prosperidad común” y “país moderadamente próspero” es lo que está haciendo con la “circulación dual o doble circulación”: reequilibrar la economía de China hacia el consumo. Es decir, se acabó eso de ser la fábrica del mundo. En otras palabras: menos capitalismo.

Morgan Stanley dice que esto es “un paso atrás”. Vamos a ver, mi muy poco queridos y queridas “progres”, si un baluarte del capitalismo dice que las medidas que está adoptando China son “un paso atrás desde la perspectiva macroeconómica” ¿a qué creéis que se está refiriendo? Si eso no fuese así  ¿por qué China ha logrado acabar con la pobreza absoluta y se está centrando en terminar con la pobreza, a secas? Ni energética, ni habitacional ni esas chorradas que se leen en Occidente porque si hay ese tipo de pobreza es porque hay pobreza. Punto. Sin calificativos.

China ha logrado la meta prevista y, a partir de ahora, tiene otra: abordar la desigualdad y terminar con ella. De eso va el XIV Plan. Si se quiere reequilibrar la economía hacia el consumo, como se dice, se tiene que aumentar el nivel salarial. En eso se está. En plena pandemia, el incremento del salario mínimo ha sido del 46’7%. Y China es el único país que sigue creciendo mientras el resto está en déficit por la pandemia como ha tenido que reconocer el FMI. Buscad otro país que haya hecho lo mismo. Aquí, sin ir más lejos, “el gobierno más progresista de la historia” (sic) si bien es verdad que lo subió el 5’5% en febrero de 2020 ahora se resiste a hacer otro propio este año achacándolo a los efectos ecónomicos que está sufriendo el país con la pandemia (y a imposiciones del capitalismo de Bruselas).

Y para ello, el enfoque del XIV Plan es claro: “abordar las tres grandes montañas”, o sea, la sanidad, la educación y la vivienda. Contra la educación privada ya se ha actuado hace poco, faltan las otras dos. No os quepa duda que pronto oiremos hablar de ello, además de la jubilación.

Piketty y sus seguidores deberían mirar qué se hace en estos rubros en sus respectivos países. Y explicar, si es que pueden, que solo un aumento de salarios ayuda a los hogares, cierto, pero también afecta a los empresarios porque ganan menos. Es la eterna lucha entre capital y trabajo y, en China, ahora está ganando el trabajo. Buscad y comparad por ahí.

De nuevo Morgan Stanley: “El resultado es que, a corto plazo, los efectos del ciclo de endurecimiento regulatorio deberían frenar el sentimiento empresarial general, reducir la inversión privada y afectar el crecimiento a futuro. También puede disuadir a los inversores globales de profundizar su participación en los mercados de capital de China“.

Evidentemente, aquí se puede, y se debe, poner el cartelito de “continuará”.

http://elterritoriodellince.blogspot.com/

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