Andrés Herrero: ‘Tenemos que empezar a distinguir una sociedad con tecnología de una sociedad tecnológica’ (+Audio)

“El capitalismo aplicando su laissez faire y desregulación a la tecnología, nos ha conducido del totalitarismo económico al tecnológico”

 

Audio de la entrevista de Diana Cordero al autor Andrés Herrero ( 22’22”)

 

¿Condenaremos a la tecnología por reducir el esfuerzo que nos requiere subsistir?, ¿deseamos estar permanentemente ocupados produciendo, cuando las máquinas pueden hacerlo por nosotros? Sería un disparate. Que se haya multiplicado el número de parados, es culpa de nosotros los humanos que hemos repartido tan mal el trabajo como las riquezas. El capital ha hecho de la tecnología su brazo armado y su capataz, aumentando el peso del poder sobre la gente, su grado de domesticación y dependencia, de manipulación y explotación. Las máquinas nos controlan con infinita más precisión que nuestros amos. Ahora bien, aunque la tecnología es poder, no es el poder. El poder reside en los despachos, no en los circuitos integrados; en las élites y no en los bits. Que nadie se equivoque: la tecnología no es el enemigo.

La felicidad Tecnológica – eBook

Felicidad Tecnológica de un capitalismo sin futuro a un futuro sin capitalismo

¿Seguiremos denominando “progreso” a la absoluta tecnificación de la vida humana?… ¿acaso a un grado mayor de tecnología corresponde una cota más alta de felicidad?… ¿no será en nuestra conciencia, mejor que en la tecnología, donde deberemos buscar las soluciones?

 

Texto del audio de la entrevista:

¿Por qué ese título?

Porque a la tecnología se le ha adjudicado el papel de hacernos felices y le estamos

exigiendo más a ella que a nosotros mismos.

La misión de la tecnología es ampliar nuestras posibilidades vitales, facilitarnos la

existencia y hacérnosla más grata aportándonos comodidades y bienestar, pero no

conformes con ello, pretendemos que nos llene la vida, nos la organice y le confiera un

sentido, a costa de sacrificar, en todo o en parte, nuestra libertad.

¿Cuál es el tema del libro y qué le impulsó a escribirlo?

Quería comprobar cuanto había de verdad en la tesis del filósofo francés Jacques Ellul,

de que la tecnología se ha convertido en una fuerza autónoma que crece y se desarrolla

con independencia de la voluntad del hombre.

¿Y a qué conclusión llegó?

A que la tecnología no posee más voluntad ni aspiraciones que las humanas, ni tampoco

se ha rebelado contra su creador, sino que ha sido éste el que llevado de su afán de

dominio y posesión, le ha contagiado todos sus desequilibrios y locuras a ella.

¿La felicidad puede ser tecnológica?

La tecnología lleva camino de convertirse en la droga más poderosa jamás conocida, y

para muchos en la única felicidad a su alcance, con la ventaja añadida de aportar una

gratificación inmediata que se puede comprar.

La felicidad tecnológica opera como sucedáneo de la que antes nos proporcionaban

nuestros semejantes que, al transformarse en competidores, se han vuelto peligrosos, así

que cuanto más lejos de ellos, mejor…

El capitalismo nos obliga a autosatisfacernos, algo que sin el concurso de la tecnología

no hubiera sido factible, ya que la tecnología con su prodigiosa capacidad para

satisfacer todas nuestras necesidades, desde comida a diversión, se ha convertido en el

aliado indispensable para conseguir implantar a escala global su modelo individualista

de sociedad.

La tecnología moderna tiene bastante de masturbación solitaria. Nuestra vida transcurre

frente a una pantalla. El vis a vis se ha transformado en contactos virtuales. Hemos

estrechado tanto los lazos con la tecnología como los hemos aflojado con los que

nos rodean, acostumbrándonos a usar de ellos igual que de nuestros aparatos. Nos

desembarazamos de nuestros congéneres con la misma facilidad con que desechamos

nuestros terminales obsoletos. Nos aportan más felicidad las máquinas que los humanos,

y antes nos separaremos de nuestros hijos, o de nuestra pareja, que del televisor o el

móvil… y si de lo que se trata es de mitigar nuestras carencias afectivas, contamos con

las redes sociales y los amigos de un clic… ¿qué más podemos pedir?

¿Qué representa para usted la tecnología?

La tecnología forma parte de nosotros mismos y es nuestra manera de estar en

el rmundo. No es pues un elemento externo, ajeno, sino orgánico, que hemos

metabolizado y asimilado en un largo proceso de adaptación. Se integra en nosotros

tanto como nosotros en ella.

La tecnología ha configurado las bases materiales de cada sociedad histórica humana,

desde la tribu más remota hasta el estado más moderno. No existe sociedad humana

alguna, por primitiva que sea, sin tecnología. El lenguaje es una tecnología. Por eso,

pretender escapar o renunciar a ella, es una quimera.

La tecnología se ha convertido en nuestra segunda naturaleza y muy pronto en la

primera. Ha dejado de operar a un nivel privado para pasar a hacerlo a nivel colectivo.

Si hasta ahora era la naturaleza la que modificaba al ser humano, en el futuro será la

tecnología la encargada de hacerlo. Hemos cambiado los papeles y ya no es el hombre

el que da sentido a la tecnología, sino la tecnología al hombre. Estamos a punto de

pasar de una tecnología hecha por el hombre, a un hombre hecho por la tecnología; de

modelar nuestro entorno, a modelarnos a nosotros mismos… pero el problema es ¿con

arreglo a qué patrón lo haremos?

Porque hablar de tecnología es hablar de intereses, y cuando los particulares se imponen

a los generales, la suerte está echada. El ejemplo lo tenemos bien cerca. Al igual que

tratamos a nuestro planeta de forma no sustentable, sino suicida, no veo razón alguna

para pensar que nosotros vayamos a correr mejor suerte que él, ni me extrañaría que una

tecnología de dominio como la nuestra, terminase desbordándonos y asfixiándonos.

 

¿Se alinea usted con los tecnófilos o con los tecnófobos?, ¿crítica a la tecnología o tan solo su mala utilización?

Discrepo tanto del fanatismo de sus detractores acérrimos como de sus partidarios a

ultranza, porque pienso que ambos se equivocan en la misma proporción. Ni estamos

fatalmente determinados por la tecnología sin que podamos defendernos frente a ella, ni

la tecnología es un mero instrumento que podemos manejar libremente a nuestro antojo.

Lo razonable sería que nos planteáramos colectivamente, no empresarial ni

militarmente, qué clase de tecnología necesitamos, en vez de desarrollar tecnologías

que no podemos controlar sus efectos, como la nuclear, la biotecnología o la

nanotecnología.

Pero más que de fuerza autónoma, yo calificaría a la tecnología de fuerza desbocada.

No es lo mismo un coche sin frenos, que un coche que se conduce a sí mismo y decide

adonde quiere ir. Lo primero es real, lo segundo absurdo.

Ahora bien, la tecnología dominante en la sociedad es siempre la tecnología de la clase

dominante.

Pero independientemente de eso, la responsabilidad nos corresponde a nosotros, y con

la misma firmeza que prohibimos los comportamientos humanos dañinos, debemos

proscribir los desarrollos tecnológicos nocivos como la bomba atómica, la silla eléctrica

o los transgénicos, sin olvidarnos de las industrias contaminantes o de los paraísos

fiscales.

La tecnología no es un cheque en blanco del que podemos disponer como queramos,

sino que al ser una fuerza que emana del hombre, en la que éste proyecta su voluntad y

materializa sus ambiciones, nunca podrá ser neutral, inocua o inocente. Por su condición

dinámica y su enorme plasticidad, la tecnología nunca será un medio, salvo que alguien

considere que su corazón o sus riñones lo son. Podemos manejarla hasta cierto punto,

pero sin olvidar que no solo hace lo que se le demanda, sino también lo que no figura en

el guión, porque la tecnología, como la naturaleza, posee sus propias leyes, y establece

un marco que nos condiciona a la hora de actuar.

Ellul y Mc Luhan formularon sus leyes hace tiempo:

• Para que la tecnología te sirva tienes que servirla a su vez

• Todo avance en un campo supone un retroceso en otro

• Aunque se intente minimizar, la parte negativa no se puede separar de la

beneficiosa

• Al alcanzar el punto crítico se invierten sus ventajas…

• Etc.

 

Debemos distinguir una sociedad con tecnología de una sociedad tecnológica. En la

primera, el hombre se vale de la tecnología, en la segunda se le impone; en la primera

los límites los establece el ser humano; en la segunda, no existen límites para ella. El

capitalismo al aplicar su laissez faire, desregulación y libertad absoluta de movimientos

a la tecnología, nos ha sumido en el totalitarismo tecnológico.

¿Cómo valora usted la oposición naturaleza/ tecnología?

Tan artificial y gratuita como la oposición hombre/ naturaleza, fruto inevitable de

nuestra incapacidad para vivir y respetar, para producir y compartir.

No deja de constituir una cruel paradoja que cuanta más tecnología tengamos, más

haya que trabajar…

Otro castigo que no nos ha impuesto la tecnología sino nuestros semejantes. También

tenemos más riqueza, alimentos y bienes que nunca y sin embargo más gente perece de

hambre, carece de ingresos y de techo, etc.

¿Condenaremos a la tecnología por reducir el esfuerzo que nos requiere subsistir?, ¿la

acusaremos por facilitarnos la existencia?, ¿o acaso deseamos estar permanentemente

ocupados produciendo, cuando las máquinas pueden hacer las tareas mecánicas,

repetitivas y penosas mejor que nosotros? Sería un disparate. El que se haya

multiplicado el número de parados, es culpa de los humanos que hemos repartido tan

mal el trabajo como las riquezas, no de las máquinas.

El capitalismo ha hecho de la tecnología su brazo armado y su capataz, aumentando

exponencialmente el peso del poder sobre la gente, su grado de domesticación,

dependencia, manipulación y explotación. Las máquinas nos controlan con infinita más

precisión que nuestros amos.

Ahora bien, aunque la tecnología es poder, no es el poder. El poder reside en los

despachos, no en los circuitos integrados; en las élites y no en los bits. Que nadie se

equivoque: la tecnología no es el enemigo.

Cito textualmente: “La productividad crece en menor medida que nuestra

ambición”… ¿Llevamos acaso incorporado en la sangre competir, devorar, llegar

a lo más alto, pisar a los demás para ser más que ellos, como una especie de gen

maligno impreso en nuestra naturaleza, que no podemos erradicar?

Aunque en nosotros coexisten toda clase de tendencias, el capitalismo fomenta, potencia

y recompensa lo peor del hombre, su egoísmo, afán de poder, codicia, engaño, abuso y

falta de escrúpulos.

¿Cómo definiría usted el capitalismo?

Como un sistema de explotación más científico que los anteriores, que se vale de

mecanismos impersonales como el mercado, la competitividad, la eficiencia y la

productividad para intensificar la depredación al máximo y extraer hasta la última gota

de utilidad de cada ser, vivo o inanimado.

La Felicidad Tecnológica disecciona el capitalismo, mostrando que es un sistema

intrínsecamente perverso que no tiene arreglo, pero también examina con mirada

autocrítica en qué han fallado comunismo y anarquismo, con objeto de construir un

modelo nuevo, síntesis de ambos: el equisocialismo, basado en democracia horizontal,

socialismo y equidad, donde no sea posible acumular ni dinero ni poder, y la tecnología

se supedite a las demandas y necesidades colectivas.

¿No cree en la democracia representativa?

Por supuesto que sí: creo que representa fielmente los intereses de los que mandan. El

terreno político de juego está minado de origen.

El 0,01 de la humanidad es dueña del mundo: de todo y de todos. Igual que es

propietaria de la tierra, los bancos o las fábricas, lo es del estado, la política, las

elecciones, las leyes, la justicia… esa oligarquía lo maneja todo y los demás somos

sólo sus comparsas. La riqueza gobierna, aunque no sea el gobierno. Y sin igualdad

económica no es posible la democracia.

Ni vivimos en democracia, ni existen los derechos humanos: si tienes dinero tienes

comida, techo, educación y salud y si no, te mueres de hambre y te ves en la calle.

Solo se tienen los derechos que se conquistan y se defienden; lo demás, papel mojado,

cuentos de hadas.

Lo único peor que nos engañen, es autoengañarnos. Los derechos humanos no son más

que el opio del pueblo.

Hablemos del “equisocialismo”, ¿qué es?

Para explicárselo, me remontaré brevemente al pasado.

El estado es un aparato de poder. Centralizar y concentrar las energías de la sociedad en

él, genera inevitablemente desigualdad. Desde la época de los faraones e incluso antes,

siguiendo por los griegos, los romanos, el feudalismo, el capitalismo y el comunismo,

siempre ha habido una élite arriba y una mayoría sometida abajo. Esa ha sido la tónica

universal de funcionamiento. Da igual el sistema político: imperio, reino, república,

feudalismo, capitalismo, comunismo o democracia: lo que no cambia es el régimen de

dominación. El pueblo nunca ha sido soberano, sino que siempre ha estado oprimido:

esclavo, vasallo, súbdito o asalariado, ha sido su papel.

Afortunadamente, por primera vez en la historia, podemos rastrear la trayectoria

completa de la humanidad, para analizar qué hemos fallado como especie, a fin de no

repetir los errores del pasado, superar fórmulas fracasadas, como el capitalismo, el

comunismo o el anarquismo, y plantearnos organizarnos socialmente de otro modo,

en pié de igualdad, venciendo los dos obstáculos que hasta el momento nos lo han

impedido: el poder y la riqueza, o lo que es lo mismo la fatal combinación de las

jerarquías con la propiedad privada.

Rechazo los políticos profesionales, los partidos políticos y el estado, y abogo por

estructurar la sociedad en comunidades pequeñas de hasta 50.000 habitantes, con amplia

autonomía y medios de producción socializados, trabajando en régimen cooperativo.

División en comunidades que responde a la necesidad de organizarnos socialmente en

red, de forma horizontal, participativa y, al mismo tiempo, eficaz.

¿Cómo podemos alcanzar la sociedad equisocialista que usted propugna?

Obviamente para llegar a una sociedad diferente tenemos que organizarnos de forma

diferente.

La segunda premisa es que tenemos que dar la batalla por el cambio en todos los

terrenos: institucional y ciudadano, político y laboral, económico y mediático, cultural y

educativo, etc.

Y para ello hay que organizar un Movimiento Equisocialista que canalice todas las

energías en la misma dirección. Estamos hablando de un proyecto mucho más amplio

que un partido al uso tradicional, que integre en su seno el activismo en las instituciones

con el de la calle y de los trabajadores, quebrando la dicotomía representantes/

representados, jefes/ subordinados.

Su funcionamiento interno deberá ser totalmente transparente, las decisiones

importantes adoptadas mayoritariamente (se implementará el voto por internet),

todas las candidaturas individuales, y todos los cargos revocables, no acumulables

ni reelegibles, para impedir la perpetuación en los mismos y la constitución de un

“aparato” que se adueñe del movimiento.

El movimiento tendrá un partido, un sindicato, una televisión y un banco que actuarán

como vehículos suyos, aparte de contar con empresas de producción y consumo,

hospitales, escuelas, etc., que respetando su filosofía, directrices y objetivos, dispondrán

de plena libertad para organizarse internamente del modo más conveniente. Habrá un

salario mínimo y máximo para todos los empleados, que será aprobado por la asamblea

general del movimiento, al igual que las condiciones laborales y las altas y bajas que se

produzcan en ellas.

En una situación ideal, cualquiera de sus miembros, además de participar y votar en

la asamblea general del movimiento, podrá trabajar en alguna de sus empresas, votar

en ella y participar de la gestión, tener cuenta en el banco del grupo, abastecerse con

productos del mismo, etc.

Pero hasta que el movimiento no haya alcanzado suficiente implantación y respaldo en

la sociedad, y la gente haya podido ver que existe otra forma de hacer las cosas, no se

podrán reconvertir los actuales estados y naciones en comunidades, inaugurando una

nueva etapa para la especie humana.

 

http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/85979-audio-andr%C3%A9s-herrero-tenemos-que-empezar-a-distinguir-una-sociedad-con-tecnolog%C3%ADa-de-una-sociedad-tecnol%C3%B3gica.html

 

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