Anguita, el último referente de otra izquierda

Se trata de un legado cuya importancia está fuera de toda duda, pero que no está exento de graves contradicciones como tampoco lo está de posibles mistificaciones.

 

En los tiempos en los que la izquierda clandestina se recomponía duramente, no era extraña encontrar reflexiones y lamentos sobre la necesidad de contar con un Lenin que pudiera sacarnos de la inseguridad, del desconcierto que provocaba la dirección de El Partido (PCE-PSUC), así como de la inmadurez que caracterizaba a la nueva izquierda, por entonces quizás especialmente fragmentada. Al margen de lo que se pueda pensar sobre el legado de Lenin o de cualquier otro dirigente de primer orden, lo cierto era, de un lado que se carecía de una orientación suficientemente elaborada, de líderes con una capacidad de integrar procesos que resultaban inevitablemente diversos.

Visto en perspectiva resulta evidente que el titánico esfuerzo realizado desde abajo no tuvo una correspondencia por arriba, en formaciones y programas a la altura de lo que exigían unos tiempos en los que la dictadura se descomponía socialmente pero que seguía manteniendo íntegro los poderes fácticos que fueron su marca de fábrica. En realidad, la existencia de una síntesis entre movimiento y pensamiento crítico había sido un sueño que alcanzó sus puntos más altos en la corriente internacionalista que en 1914 declaró la guerra a la guerra, la misma que acabó triunfando en el Octubre ruso y que abrió las posibilidades de una nueva internacional con una extraordinaria capacidad de trabajo y análisis. Todo eso se hundió con el estalinismo, y el tiempo que nos había tocado vivir (el iniciado con la revolución cubana, la primera que no la hacía un partido comunista), se abrían a nuevas esperanzas pero estaban llenos de desconcierto. El movimiento comunista comenzaba a descomponerse y no aparecía una opción alternativa lo suficientemente consecuente.

Esto comenzó a dar una nueva vuelta a finales del siglo pasado, con los Foros en América Latina, la emergencia del Partido del Trabajo en Brasil, y la convergencia de fracciones disidentes que ahora parecían condenadas a entenderse aunando luchas y pluralidad, el trabajo de masas y los equipos de estudiosos que iban de la mano. Con todas sus dificultades esa línea estuvo encarnada entre nosotros por ​Julio Anguita González (Fuengirola, 1941-Córdoba, 16 de mayo de 2020) maestro de profesión, su dio a conocer logrando como alcalde de Córdoba (1979-1986) época en la que los medios adocenados le otorgaron el apodo de “Califa Rojo” con todas las connotaciones derivadas de la significada tradición arábiga de la ciudad, el único logrado por el PCE en una capital importante, secretario general del PCE amén de luego coordinador y “alma mater” del proyecto de las “dos orillas” de IU como una alternativa programática de ruptura con el neoliberalismo lo que le valió ser colocado en la picota de una trama de derriba sin reparar en descalificativo (se le trató como fuese un émulo del peor Carrillo al que, por cierto, habían acabado adulando por sus servicios a la “razón de Estado”), liderada por Felipe González y el grupo PRISA en complicidad con una amplia trama de cargos políticos y sindicales que lo habían apoyado cuando el hacerlo reportaba votos, lo cual, tras sufrir un primer infarto, le apartó del activismo en primer plano, llevándolo a un espacio de conciencia crítica de las izquierdas establecidas…

Armado de una autoridad moral sin parangón en el corrupto territorio de la política institucional (o sea como parte de los negocios inherentes al pensamiento único neoliberal según el cual la democracia solamente tiene sentido si ganan los grandes poderes), una actitud refrendada por su rechazo a cobrar otras dietas que no sean la que le corresponden como maestro jubilado (un gesto que apenas ha tenido emuladores),  separado de la política activa por una afección cardíaca, Julio Anguita continuó participando en diferentes actos y alternativas para lograr los objetivos ideológicos de izquierdas, entre los que se encuentra un Estado republicano. Formaba parte del Colectivo Prometeo y del Frente Cívico Somos Mayoría, del cual fue fundador y que expresaron sus inquietudes pero también los límites de de la antigua militancia, claramente extraviada en tanto no tenga lugar una verdadera recomposición animada desde unas nuevas generaciones que  hasta el presente, se habían educado en el individualismo y el consumismo para descubrir que su porvenir ya es peor que el tuvieron sus padres..

Convirtió en el primer y único alcalde comunista de una capital de provincia; desde la alcaldía  Anguita se encontró una difícil situación en la ciudad, y sus primeros meses al frente de la alcaldía se toparon con toda clase de problemas, en aquel entonces Córdoba era una ciudad ciertamente degradada y con una urgente necesidad de intervenciones urbanas, especialmente en la zona deprimida que había alrededor de las instalaciones ferroviarias. A pesar de la crisis económica que atravesaba la ciudad y de los problemas que atravesaba el Gobierno municipal, su popularidad entre la población cordobesa siguió siendo bastante elevada. En las elecciones municipales de 1983 fue reelegido, ahora por mayoría absoluta (17 concejales); pero  tras la abrumadora victoria socialista en las generales de  1982, reforzó sus planteamiento; en 1985 envió una carta a Felipe González, en la que se oponía a la petición de este de impulsar la construcción desde los ayuntamientos de España, como solución al problema del paro; en ella también defendía la autonomía municipal y respetar la ley del suelo vigente en ese momento para impulsar un modelo urbanístico sostenible; a comienzos de 1986 dimitió de su cargo y renunció a presentarse de nuevo como alcalde para las siguientes elecciones, siendo sustituido por Rosa Aguilar acabó humillándose ante Felipe para entrar en el juego de los altos cargos, una puerta por la que acabaron pasando numerosos líderes del PCE e IU, y para los que la posición de la corriente liderada por julio significaba un obstáculo.

El contundente fracaso del PCE en  1982 llevó a éste a plantearse un serio proceso de reorganización interna en el que la campaña contra la OTAN  (1986) permitió una salida a través de unas movilizaciones contra las que Felipe tuvo que echar mano a la amenaza de un  posible golpe de Estado de salir el No; en este cuadro de rechazo a la creciente derechización felipista; fue  entonces cuando el PCE, junto a otras fuerzas políticas minoritarias (disidentes del PSOE, izquierda radical, Mientras tanto, El Viejo Topo, la corriente crítica de CCOO, etc.) crearon las bases para el impulso de IU que, en la prueba de las elecciones andaluzas del mismo año  obtuvo el 18 % de los votos y 19 escaños, como una muestra del éxito de la nueva marca, ahora claramente opuesta al horizonte neoliberal, sobre todo en sus implicaciones en la Europa comunitaria; Julio fue elegido secretario general del PCE a principios de 1988,  y un año más tarde se situó al frente de la coalición, obteniendo su escaño en las Cortes en 1989, para ser escogido como portavoz del grupo parlamentario en 1993 y 1996, años en que IU obtuvo sus mejores resultados electorales, en torno al 10 % de los votos; Julio y el equipo que presidía llevó la batalla sobre la base  de la teoría de las dos orillas, que distinguía entre una política reformista enérgica a favor de la mayoría y el extremo centro bipartidista, lo que significaba negarse a ser una oposición leal para gobernar en coalición con el PSOE, y la exigencia del sorpasso que significaba aspirar a sobrepasar a un PSOE convertido en el principal partido del régimen que se mantenía como la fuerza hegemónica de una izquierda no practicante; por 1997,  Anguita anunciaba que iban a defender la III República, una propuesta federal en la que la izquierda retomaba la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos al tiempo que  aclaraba que su partido solo había aceptado la monarquía durante los pactos de la Transición, y  siempre y cuando se desarrollase la Constitución en un sentido democrático; a finales de 199, en el curso del XV Congreso del PCE,  Julio pidió a la militancia que reivindicasen el anticapitalismo, las exigencias de una política antisistema y de lucha en la calle (que se había abandonado provocando la ola de “desencanto” militante que arruinaría a las izquierdas consecuentes) por una sociedad igualitaria cada vez más agredida por la lógica neoliberal. Sus métodos como sus planteamientos se encontraban una dinámica opuesta a la que había presidido Santiago Carrillo  desde la legalización del PCE. Después de un tercer problema cardiovascular, a finales de  1999,  Anguita cedió la candidatura a la presidencia a Francesc Frutos quien en la VI Asamblea de IU, sería sustituido por Gaspar Llamazares. Con Julio se cerraba una coyuntura histórica en la que las expectativas de avance social y democrático llegó a parecer posible; luego ya nada resultó igual.

Todavía en el XVII Congreso del PCE (junio 2005), Anguita presentó un documento en el que se llamaba a la refundación del partido y se reflexionaba acerca de los que había sido el movimiento comunista internacional clásico, ahora en descomposición; subrayaba el impacto negativo que comportó la caída del sistema (mal llamado) soviético, así como el acriticismo y sumisión de los sindicatos mayoritarios así como de la izquierda establecida a un orden capitalista cada vez más peligroso para el planeta y para los pueblos; insistía en la necesidad de  una «refundación» de IU, atribuyendo la inoperancia electoral a la «falta de una línea clara» y a la inexistencia de un programa coherente; defendió la democracia radical, la III República y el federalismo, tanto para el modelo organizativo de la coalición como para el modelo de Estado defendido, tratando de provocar el debate en sus numerosas intervenciones y entrevistas públicas, mostrándose muy crítico con las “tragaderas del pueblo” y abierto a lo que anunciaban el 15-M así como el nacimiento de Podemos.

Casado con Antonia Parrado Rojas (1969-1977); se casó nuevamente (2007)  con María Agustina Martín Caño, a la que había conocido en el Instituto Blas Infante de Córdoba, donde ambos daban clase y al que Anguita se había incorporado tras dejar la política activa. Su mayor tragedia fue la muerte de su hijo, Julio Anguita Parrado quien trabajó como corresponsal de guerra a Irak, adonde se trasladó el 21 de marzo de 2003, allí fue alcanzado por  un misil ocasionándole la muerte, un dolor que le llevó a pronunciar una frase desoladora:  Malditas sean las guerras y los canallas que las hace…

Notas para una bibliografía: Prólogo de El libro de las 35 horas (El viejo topo, 1998); Corazón Rojo: la vida después de un infarto (La Esfera de los Libros, 2005); El tiempo y la memoria, Idem. (2006); Prólogo de La Globalización Neoliberal y sus repercusiones en la educación, de Enrique Díez (2007); Prólogo de Diego Cañamero Valle, el hombre con los pies en la tierra, de Joaquín Recio (2010); Prólogo de Razones para la rebeldía (de Willy Toledo) (2011); Combates de este tiempo (Editorial El páramo, 2011); Conversaciones sobre la III República,  junto a Carmen Reina (Editorial El páramo /, 2013); A la izquierda de lo posible: conversación entre Julio Anguita y Juan Carlos Monedero (Icaria, 2013); Atraco a la memoria. Un recorrido histórico por la vida de Julio Anguita, junto con Juan Andrade (Akal); Contra la ceguera, junto a Julio Flor (La Esfera de los Libros, 2013); ¡Rebelión! (Alfaqueque Ediciones / 2014); Vivo como hablo. Combates de este tiempo (Utopía libros, Córdoba, 2020); entre sus numerosos prólogos, en El Viejo Topo se encuentra el que escribió para el libro de Manolo Monereo De la crisis a la revolución democrática (2013; a registrar el extenso “dossier” de la revista El Viejo Topo 390/391 julio agosto 2020.

Se trata de un legado cuya importancia está fuera de toda duda, pero que no está exento de graves contradicciones como tampoco lo está de posibles mistificaciones.

Anguita, el último referente de otra izquierda

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