Bárcenas, héroe democrático

Anda el español medio profundamente atribulado tras conocerse que Luis Bárcenas no tiene dinero ni para pagar la luz y el agua. La dramática situación del ex tesorero del partido más transparente del mundo le ha obligado a pedirle al juez Ruz que permita a su mujer sacar 5.000 euros mensuales para sus gastos corrientes. A cualquier ciudadano, cuando nos embargan las cuentas por impagos o blanqueos de dinero, le dejan sacar 5.000 euros mensuales y más. Para nuestros gastos.

Yo creo que el juez Ruz, que es muy maniático, no le va a dar la pasta a Rosalía Iglesias, cónyuge del ex Cabrón. Por eso los españoles de bien debemos constituirnos en think tank y buscar una solución conjunta que alivie la precariedad del matrimonio. Para empezar, yo propongo que sus compañeros del PP le devuelvan los sobresueldos que tan generosamente repartió Bárcenas en los tiempos dorados de la impunidad. Pero estamos abiertos a más ideas.

La delincuencia es parte fundamental del acervo cultural español, y a este eximio representante del guante blanco patriótico se le debería poner una calle, y no una celda. La calle Génova se debería renombrar calle de Luis el Cabrón para perpetuar la memoria de uno de los grandes adalides de nuestra democracia. Porque, así en frío, uno piensa que Bárcenas ha hecho más por la democracia española que cualquier otro político de los últimos 40 años. Me explico. Tras Bárcenas, la democracia no volverá a ser la misma, porque sus delaciones nos harán mejores a todos. Y, sobre todo, al Partido Popular, que difícilmente podrá seguir jugando con sobresueldos, donaciones, chantajes y todos esos divertimentos con los que la derecha española pasaba el rato.

Bárcenas no va a acabar con el PP, como pronostican los más optimistas, pero va a finiquitar una forma de hacer política, y la política española quizá ya no volverá a ser nunca más la forma más fácil de hacer dinero de los menos capacitados.

Un tío que tiene la desfachatez de pedir 5.000 euros mensuales para pagar la luz y el agua es un héroe. Alguien que nos dice a la cara a los pardillos que somos unos pardillos, que estamos gobernados por trincones, debería ser indultado de inmediato. El caso Bárcenas debería de ser estudiado en los colegios porque es la demostración más axiomática que jamás nos han dado para comprender que aun no vivimos en democracia, que no todos los españoles somos iguales, que no todos los empresarios y trabajadores jugamos con las mismas reglas, que no todos los partidos gozan de las mismas oportunidades en las urnas. El caso Bárcenas es una epifanía tal de verdades sobre nuestra realidad democrática que día a día nos hace más sabios.

No me extraña que Luis Bárcenas sea un tío tan querido en la cárcel de Soto del Real. Yo también le he cogido cariño a Luis Bárcenas. Al principio me irritaban sus peinetas y sus patillas, pero hoy le estoy agradecido. Agradecido, por ejemplo, porque ha forzado a la mismísima Dolores de Cospedal a mostrarnos su verdadero rostro diferido, mendaz, prepotente y patoso. Por evidenciarnos que Mariano Rajoy es un presidente menos torpe que cobarde, que ya es decir. Por enseñarnos que el patrioterismo rancio de un sector del PP y el bandolerismo son la misma cosa. Cuanto más abra la boca Luis Bárcenas, más se inundará España de aliento democrático. Y eso no voy a dejar de agradecérselo nunca a este hombre tan singular. Gracias, Luis. Y ojalá que el juez te dé los 5.000 pavos mensuales. Te los estás ganando, campeón.

Público.es

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