China:¿Socialismo o capitalismo?

 

Ken Hammond


Ken Hammond es profesor de historia mundial y de Asia oriental en la Universidad Estatal de Nuevo México. Es autor de cinco libros y numerosos artículos sobre la historia política y cultural china, así como de una serie de treinta y seis conferencias.

 

Hacia una comprensión de la economía política histórica de China

I

La economía política contemporánea de la República Popular China, la naturaleza del sistema chino, ha sido objeto de mucha discusión y debate en la izquierda, así como en los círculos académicos, mediáticos y políticos dominantes. 1

Desde finales de la década de 1970, China ha aplicado políticas de «reforma y apertura»(gaige kaifang, 改革 開放) para desarrollar su economía, un proceso que ha tenido como resultado sacar a más de 800 millones de personas de la pobreza, un crecimiento masivo de la producción y el surgimiento de China como un actor importante en el comercio mundial. Al mismo tiempo este proceso ha generado graves problemas de desigualdad, corrupción y estrés ambiental.

En el corazón de este proyecto ha estado el Partido Comunista, que, a través de sucesivos de liderazgos, (inicialmente con Deng Xiaoping) ha decidido utilizar los mecanismos del mercado para desarrollar la economía productiva.

¿Cómo se debe caracterizar esta situación? ¿Es capitalismo, capitalismo de estado, socialismo de mercado? 2

Solo se puede dar sentido a la China contemporánea con una comprensión de la historia económica del país 3 y un análisis materialista histórico de la naturaleza del orden político económico de China a lo largo de su historia, especialmente los últimos mil años.

Un compromiso con las complejidades de los sistemas económicos históricos de China debe tener en cuenta que el pasado chino no estaba disponible para Karl Marx, por tanto, debe permitirnos ir más allá del conocido como “modo de producción asiático” y trascender las limitaciones de las teorizaciones hechas por historiadores en las décadas de 1950 y 1960. 4

Aplicar las categorías y el método de análisis de El Capital de Marx – y otros escritos- a la comprensión de la historia moderna temprana de China nos debe permitir explorar la relevancia de su historia para la China contemporánea. Este es uno de los objetivos de este ensayo.

Para iniciar, debemos aclarar que desde el período Tang-Song – aproximadamente en los siglos IX y X – China desarrolló una economía capitalista comercial que abarcaba un sector manufacturero principalmente urbano y también reformuló la producción agrícola en gran parte del imperio.

Se desarrolló una clase dominante que era un híbrido de una élite terrateniente, establecida desde hace mucho tiempo, y un estrato comercial moderno temprano, que administraba los asuntos económicos del país a través de una combinación de la empresa privada y de los ordenamientos del estado imperial. Durante gran parte del pasado imperial de China, el estado mantuvo un papel complejo, no siempre consistente, en los asuntos económicos, buscaba apoyar el sustento de la gente, promover la prosperidad, limitar las ganancias privadas y regular las funciones del mercado.

II

La historia registrada de China se remonta a más de 3.200 años y puede dividirse en cuatro períodos principales: (1) antigüedad, desde el principio hasta el final del siglo III a. C.; (2) período medio, desde el siglo II a. C. hasta el siglo X d. C.; (3) período moderno temprano, desde el siglo X hasta el XVIII; y (4) China moderna, desde finales del siglo XVIII hasta el presente. 5

A lo largo de la antigüedad, China fue gobernada por una élite de guerreros que controlaban la tierra y recaudaban tributos de sus súbditos. La actividad económica era básicamente autosuficiente a nivel local, con una pequeña capa de comercio de élite de alto valor, centrado en las cortes reales. Con el tiempo, se desarrolló una élite administrativa profesional, denominada “literatos”, debido a su dominio de los registros escritos de la historia y a su cultura literaria. Estos funcionarios administrativos a menudo fueron recompensados ​​con concesiones de tierras y, con el tiempo, estas tierras se convirtieron en propiedad “hereditaria”, aunque el soberano siempre retuvo la propiedad para el reino. 6

El período intermedio comenzó con la unificación del imperio y la consolidación del sistema imperial bajo la dinastía Han (202 a. C. – 220 d. C.). Durante ese período, la propiedad privada de la tierra se convirtió en una realidad práctica, mientras que en teoría las tierras cultivables siguieron perteneciendo al gobernante, ahora Emperador.

Muchos funcionarios del gobierno obtuvieron posesiones de tierras, y surgieron asociaciones familiares que se hicieron propietarias de extensos activos agrícolas. Este proceso largo y complejo condujo a la formación de grandes latifundios que constituyeron la base de la influencia política de la clase terrateniente en los últimos gobiernos de la dinastía Han.

Después del colapso de la dinastía Han en 220, durante los siglos del período medio, se produjo una fuerte concentración de la riqueza y China atravesó períodos de división interna que terminó con una nueva unificación imperial bajo las dinastías Sui y Tang (589–618 y 618–907, respectivamente).

La aparición de una clase aristocrática al servicio en el gobierno imperial, permitió a las familias enriquecidas colocar a sus hijos en cargos oficiales y perpetuar el poder de la élite. Esta clase aristocrática dominaba efectivamente el estado, lo que le servía para promover y proteger sus intereses. 7

Junto a las haciendas de las grandes familias existía un sector de producción agrícola organizado en torno a pequeños propietarios, gestionado a través de un sistema de tenencia de la tierra mantenido por el estado imperial, que regularmente redistribuía la tierra a los jefes de familia masculinos que, a su vez, pagaban impuestos en granos y productos de tela. El sistema varió en sus detalles en diferentes partes del imperio, pero fue un ejemplo de supervisión y gestión estatal de la actividad económica.

Esta supervisión también se extendió a los centros urbanos y los mercados. La ley imperial restringió el número y la ubicación de los mercados y estableció controles estrictos sobre sus operaciones. Esta combinación de propiedades aristocráticas, de pequeñas propiedades administradas por el estado y de mercados urbanos estrictamente regulados no fue, en ningún sentido una sistema feudal en su funcionamiento económico o político.8

En el siglo IX, comenzaron a surgir cambios en las ciudades y el campo de China. La dinastía Tang había sido profundamente sacudida por la rebelión de An Lushan (en 755-63) y, la aristocracia establecida desde hacía mucho tiempo comenzó a declinar. Pero incluso antes de esto, el éxito del sistema imperial de gestión económica había dado lugar a conflictos dentro de los actores económicos.

Su potencial de crecimiento y desarrollo excedió los parámetros de la supervisión estatal, y nuevas fuerzas comenzaron a empujar más allá de las regulaciones del gobierno. El poder de la élite dominante y el control del espacio urbano por parte de los supervisores oficiales se debilitaron.

Los mercados comenzaron a extenderse fuera de las áreas que habían sido designadas por el estado y a integrarse en las áreas residenciales. La propiedad privada de las tierras agrícolas se expandió más allá de las grandes propiedades y las tierras sujetas a distribución gubernamental.

La corte imperial mantuvo un papel en la producción y distribución de ciertos productos básicos clave a través de monopolios gubernamentales, una práctica que tuvo sus raíces siglos antes en la dinastía Han. Pero, el papel general del estado en los asuntos económicos declinó, al igual que la base de clase del gobierno imperial se alteró dramáticamente.

A finales del siglo IX, nuevas rebeliones destruyeron gran parte de la riqueza de la élite y la infraestructura institucional que había legitimado su poder y prestigio. Los campesinos rebeldes atacaron las propiedades de los ricos, mataron a muchos miembros de la élite y quemaron los documentos que validaban su estatus.

La caída de los Tang en 907 condujo al caos de las Cinco Dinastías y los Dieciséis Reinos, con pequeños estados regionales que lucharon por el poder en guerras interminables, hasta que los hermanos Zhao establecieron la dinastía Song en 960 y reunificaron el imperio durante el período subsiguiente. La guerra de esta era de transición abrió el camino para una transformación del orden económico y político de China. La vieja aristocracia se había ido. 9

A medida que la dinastía Song (960-1279) consolidó su poder, surgió una nueva élite, basada, teóricamente, en el mérito a través de la educación, pero en la práctica era una forma de dominación de los propietarios de la tierra más enriquecidos. Esta clase proporcionaba los recursos para la educación de sus hijos en las tradiciones clásicas confucianas, filosofía que formó la base del sistema de examen civil imperial y que se convirtió en el principal vector de entrada a la administración burocrática del imperio.

No todas las familias terratenientes produjeron graduados o funcionarios gubernamentales. La clase terrateniente era más extensa que el grupo de “literatos” que formaba parte del personal del estado imperial, y las relaciones entre los miembros de esta clase en su calidad de élites locales o como representantes del poder imperial podían ser complejas. Esta clase a menudo se conoce, tal vez torpemente, como “nobleza”. 10

Esta reconfiguración de la élite terrateniente tuvo lugar junto con el mayor desarrollo de una economía comercial en China. Los mercados proliferaron, entretejidos por redes de comercio a larga distancia que se extendían por todo el imperio y se vinculaban con sistemas globales fuera de las fronteras. Nuevos contornos de valorización y acumulación de capital tomaron forma dentro de una economía cada vez más monetizada.

La división del trabajo tanto dentro de las empresas productivas como en la geográfica regional, así como la innovación tecnológica en curso, impulsaron mejoras en la productividad. Los nuevos desarrollos en las operaciones bancarias y financieras facilitaron la movilización y asignación de capital. 11

Esta es la clave para comprender el período moderno temprano que comenzó en los siglos IX y X y continuó – con avances y retroceso – a lo largo de los siguientes ochocientos años, a través de varias dinastías, hasta el comienzo de la era moderna en el siglo XIX. El surgimiento de la economía comercial capitalista moderna temprana en China y su desarrollo durante los años siguientes es lo que debe estudiarse para comprender la China del «socialismo con características chinas».

III

La “revolución comercial” de China en la dinastía Song ha sido reconocida desde hace mucho tiempo, comenzando con el trabajo de Naitō Konan y las investigaciones de Escuela de historiadores marxistas en Japón (Kioto) en la década de 1930. 12

Pero, las limitaciones intelectuales impuestas por la ortodoxia del pensamiento económico e histórico estalinista (con una secuencia escalonada de desarrollo que tenía que aplicarse a todas las sociedades del mundo) significó que los marxistas no pudieron estudiar a una China que tuvo un sistema capitalista temprano, existente  antes de la llegada del imperialismo europeo en el siglo XIX.

China fue vista como parte del modo de producción asiático, un mundo que había permanecido estático e inmutable, con una forma primitiva de feudalismo durante tres milenios. 13

La formulación original de Marx del modo de producción asiático se refería principalmente a la India y se basaba en información parcial y, a menudo errónea. Su conocimiento de China estaba severamente limitado tanto, por los prejuicios imperialistas de la mayoría de los investigadores de la época, como por el diminuto acceso a fuentes en idioma chino, disponibles en ese momento.

La relevancia de la China contemporánea debería obligarnos a colocar la economía política moderna temprana del gigante asiático en una perspectiva más sería. Deberíamos estudiar la organización, la producción y la circulación de la China moderna temprana en términos marxistas. 14

En el volumen uno de El Capital, Marx investiga y perfila las características claves del capitalismo, tal como se había desarrollado en Europa, particularmente en Inglaterra. En su prefacio a la primera edición, deja en claro que, si bien se basó principalmente en el análisis de la dinámica del capital en Occidente, ve estas características aplicables a una definición más amplia de capitalismo. 15

Comenzando por la producción de mercancías, es decir, la producción para el intercambio en el mercado, pasa a explicar el dinero como mercancía universal, el proceso de valorización del capital (MCM ′) basado en la explotación de la fuerza de trabajo, los mecanismos del trabajo asalariado, la división del trabajo como medio para maximizar esa explotación y el imperativo permanente de acumulación del capital. Estos son elementos claves que definen un modo de producción capitalista. 16

Todos estos factores están presentes en China desde la dinastía Song en adelante. Los mercados florecieron y proliferaron, entretejidos por redes de intercambio que se extendieron por el imperio y se vincularon a sistemas regionales y globales más amplios. La producción de productos básicos, con sofisticadas divisiones del trabajo tanto en el territorio como dentro de las empresas, se expandió sistemáticamente.

El crecimiento de la manufactura capitalista de China, que iba desde el elaborado sistema de industrias textiles de seda y algodón hasta, el enorme complejo de hornos de cerámica en Jingdezhen (el centro industrial más grande del mundo antes del siglo XIX) también reformuló la esfera de la producción agrícola. 17

En China el capitalismo temprano también reformulo la producción agrícola con un sofisticado sistema de propiedad privada de la tierra. La compra y venta de bienes inmuebles se llevaba a cabo y se documentaba mediante el uso de contratos legalmente vinculantes a través del sistema judicial imperial. 18

La agricultura se comercializó, y la producción para la distribución del mercado nacional llegó a formar una parte significativa de la producción en provincias como Sichuan y Hunan. La agricultura de arrendamiento y los jornaleros agrícolas crecieron en importancia. El trabajo asalariado y subcontratado era fundamental para el sector manufacturero en Jiangnan y, en otros lugares, eran los hilanderos, los tejedores y los trabajadores de cerámica y talladores de impresión en madera. Las huelgas y otras formas de disturbios laborales eran recurrentes en ciudades como Suzhou y Wuxi. 19

China es un espacio geográfico grande y complejo, con una variación considerable y subunidades regionales distintivas, llamadas macro-regiones 20. Cada una de estas regiones es tan grande como un estado europeo importante. El capitalismo temprano en China no se desarrolló por igual en todo el imperio.

Algunas regiones, como el noroeste o el suroeste, estaban mucho menos desarrolladas comercialmente que otras (como el área de Jiangnan del delta del río Yangtzé, la costa sureste, el corredor a lo largo del Gran Canal o el largo valle del Yangtzé).  El capitalismo temprano de China fue más evolucionado en Jiangnan, donde las redes de producción y distribución urbanas facilitaron la acumulación y despliegue de capital.

En la historia europea, dada la fragmentación de la autoridad política en territorios pequeños y conflictivos, la consideración de la economía de Inglaterra como una unidad de análisis, en oposición a un conjunto europeo más grande, ha sido la norma. 21

Pues bien, el punto no es que China fuera como Europa (o, propiamente, al revés, dada la secuencia cronológica de los desarrollos del capital), sino que los atributos fundamentales del capitalismo, como se explica en El Capital, también estuvieron presentes, en formas históricas y culturalmente específicas.

La economía política moderna temprana de China, una forma distintiva del capitalismo temprano, surgió en la dinastía Song y persistió durante períodos de crecimiento y contracción a lo largo de las siguientes eras Yuan y Ming y hasta el final de la dinastía Qing.

Dos aspectos de esta trayectoria histórica son de particular interés para comprender el curso distintivo de desarrollo que caracterizó la modernidad temprana de China en contraste con el camino posterior de la experiencia europea. Uno es el lapso de tiempo, este periodo se extendió a lo largo de unos ocho siglos; la otra es la naturaleza de la formación y la interacción de las clases.

IV

La modernidad temprana en China no fue un proceso lineal que condujera a una economía industrial completamente moderna. El capitalismo chino temprano, a pesar de atravesar períodos de crecimiento y transformación dinámicos, siguió siendo esencialmente un capitalismo comercial al nivel de la manufactura, como se describe en el capítulo 14 del primer volumen de El capital. 22

Era un sistema de producción más complicado que simples actividades artesanales de los hogares, salvo en el caso especial de la ciudad de los hornos de Jingdezhen, no existían empresas industriales a gran escala. La producción se llevaba a cabo a través de complejas redes de relaciones sociales, en talleres y hogares.

Mientras que la distribución fue administrada por redes de comerciantes que se extendían por múltiples provincias interconectadas, los mecanismos financieros del crédito y la banca facilitaron el comercio a larga distancia 23. Estas características estructurales surgieron por primera vez en la dinastía Song y se refinaron en las dinastías Ming y Qing. Pero, el curso de la vida económica, como la historia de China en general, no transcurrió mediante un progreso dócil y tranquilo.

En el siglo XII, los Song perdieron el control de la mitad norte del imperio ante los invasores del noreste llamados Jurchen, quienes establecieron su propia dinastía. En el siglo XIII, el ascenso de los mongoles sumió al resto del Sur en una guerra de resistencia de décadas que terminó con el colapso de la dinastía y la creación del reino del Yuan, en manos de los mongoles.

Estas guerras, y las políticas a menudo anticomerciales de los mongoles durante su gobierno, causaron una gran destrucción en la economía de China. Los mongoles se dedicaron al comercio internacional de alto valor, pero la economía interna declinó durante el siglo que estuvieron en el poder, aunque la región de Jiangnan más desarrollada parece haber tenido mejores resultados que otras partes del imperio.

Cuando se fundó la dinastía Ming en 1368, después de que China central hubiera sido devastada por enfermedades y rebeliones que derrocaron al Yuan, el primer emperador fue activamente contrario a la riqueza mercantil y promovió una visión fisiocrática de la sociedad basada en la pequeña propiedad de la tierra y en la autonomía y suficiencia local. Aunque, por otro lado, la red de carreteras del propio imperio facilitó el resurgimiento del comercio de larga distancia 24.

Los siglos XV y XVI vieron un resurgimiento dramático del capitalismo temprano ya que la producción y el comercio florecieron y la demanda internacional de productos chinos como té, porcelana y textiles de seda y algodón trajo cantidades cada vez mayores de plata (primero de Japón y luego desde las minas del imperio español del Nuevo Mundo) a través del comercio de galeones desde Manila. 25

Las innovaciones tecnológicas impulsaron mejoras en la productividad y la calidad hicieron que las manufacturas chinas fueran cada vez más populares en los mercados globales. Pero a mediados del siglo XVII, las contradicciones dentro de la sociedad llevaron al colapso de la dinastía Ming, y una nueva invasión de una coalición no china liderada por los manchúes tomó el poder e instaló la dinastía Qing en 1644. En el siglo XVIII China logra recuperarse de los traumas de la transición dinástica y sobreviene una era de prosperidad capitalista temprana 26.

En 1793, el rey británico Jorge III envía una misión diplomática a China, encabezada por Lord George McCartney, para buscar nuevas relaciones comerciales. En ese momento el emperador permite a los extranjeros comerciar con un sistema regulado en el puerto de Guangzhou, conocido por los occidentales como Cantón, en el extremo sur del imperio. Los británicos, imbuidos de la nueva ideología del libre comercio y en la cúspide de su Revolución Industrial, decidieron exigir a China abrir más puertos y permitir una presencia diplomática permanente en Beijing.

El emperador Qianlong rechazó estas solicitudes y recordó a los británicos- en una carta al rey Jorge – que China tenía todo lo que necesitaba dentro de sus fronteras y no deseaba los productos inferiores de Occidente. Pero, aunque se mantuvo esta política, una combinación de factores nacionales e internacionales estaba a punto de poner fin a la temprana era capitalista moderna de China.

Los límites de la agricultura para sostener un crecimiento demográfico continuo comenzaron a erosionar los niveles de vida, el auge de la economía industrial moderna de Inglaterra trajo bienes baratos que compitieron exitosamente con los productos domésticos de China y la fuerza militar británica obligó al gobierno Qing a abrir la nación al imperialismo occidental. Comenzaba una nueva era.

V

El capitalismo moderno temprano en China perduró durante siglos, con períodos de expansión y contracción, pero con una tracción persistente hacia una mayor sofisticación y productividad, y con la acumulación de riqueza derivada de la extracción de plusvalía de la fuerza de trabajo, de hecho, el capitalismo temprano revivió después de cada era de destrucción.

Este largo proceso generó un estrato adinerado de comerciantes e inversionistas, en su mayoría de residencia urbana – distintos de la élite tradicional de terratenientes- que, a través de su dominio del sistema de exámenes del servicio civil confuciano, controlaban los ordenamientos del gobierno imperial.

Dentro del campo discursivo del pensamiento confuciano existía una fuerte tradición de aversión a la riqueza comercial y falta de respeto por quienes vivían de las ganancias del comercio. Los comerciantes y sus hijos (y nietos) estaban legalmente excluidos de la participación en el sistema de exámenes y, por tanto, del poder político.

Con el surgimiento del capitalismo temprano y de una élite comercial adinerada, estas ideas comenzaron a ser desafiadas y trasformadas por algunos intelectuales. Este cambio en la cultura política, fue impulsado por los intereses materiales de los productores agrícolas y manufactureros.27

Si bien los comerciantes nunca llegaron a tener un papel igualitario en el sistema de exámenes (el estatus político de la élite literaria / noble) una convergencia de intereses impulsó un lento proceso de ajuste cultural que creó una clase híbrida más compleja que una élite basada puramente en la tierra o el comercio.

A medida que la economía de China se volvió más diferenciada -con la especialización regional en la producción de ciertos productos básicos y el consiguiente crecimiento del comercio a larga distancia tanto de productos manufacturados como de alimentos- la agricultura comercializada se volvió cada vez más rentable y las familias de terratenientes buscaron nuevas formas de invertir su riqueza.

Como los comerciantes e inversores en actividades manufactureras generaban riqueza, muchos miembros de la élite comercial buscaron posicionarse socialmente como iguales a los literatos / aristócratas, en estatus y prestigio al participar en el patrocinio de establecimientos religiosos, actividades culturales como colecciones de arte, bibliotecas o, construcción de grandes mansiones. 28

El encuentro de los intereses de las élites terratenientes y de los comerciales se produjo a través del proceso de inversión en actividades económicas. Los miembros de la élite literaria / noble dirigieron parte de su riqueza a los negocios de comerciantes y fabricantes, y compartieron las ganancias de esas empresas.

Estas estrategias económicas dieron como resultado una convergencia de intereses más que una relación de antagonismo. Esto es, en cierto modo, un marcado contraste con la historia del conflicto de clases entre la burguesía en ascenso y la aristocracia feudal en Europa, pero no deja de tener un paralelo. De hecho, en una reseña de 1850 de un libro sobre la Revolución inglesa del siglo XVII del político francés François Guizot, Karl Marx describió una convergencia similar de intereses de clase:

Esta clase de grandes terratenientes aliados con la burguesía … no estaba, como los terratenientes feudales franceses de 1789, en conflicto con los intereses vitales de la burguesía, sino en completa armonía con ellos. De hecho, sus propiedades no eran propiedad feudal sino burguesa. Por un lado, proporcionaban a la burguesía industrial la población necesaria para operar el sistema manufacturero y, por otro, estaban en condiciones de elevar el desarrollo agrícola a un nivel correspondiente al de la industria y el comercio. De ahí sus intereses comunes con la burguesía, de ahí su alianza. 29

La convergencia de intereses entre la nobleza terrateniente y la élite industrial y comercial en parte urbana de China persistió, y se profundizó, a lo largo de los primeros tiempos modernos. Por supuesto, ambos lados de las clases dominantes, se dedicaron a la extracción de plusvalía de los trabajadores, ya sea en granjas, talleres, hogares o en el mercado. Esta hibridación también se reflejó en el pensamiento económico y la política gubernamental.

El estado imperial, aunque no era un firme defensor de los intereses comerciales, a menudo desempeñaba un papel en la vida económica beneficiando tanto a la fabricación como al intercambio. En este sentido la construcción, las carreteras y canales eran un factor decisivo para facilitar el crecimiento del comercio de larga distancia.

La intervención del gobierno en algunos mercados de productos básicos críticos, especialmente cereales. 30 varió a lo largo del tiempo, pero siempre fue compleja y ciertamente podría ser calificada de polémica.

Fundamental para la cultura política confuciana de China era la idea de que el propósito principal del estado era crear y mantener condiciones de estabilidad y seguridad que permitieran a la gente obtener el sustento en una sociedad moderadamente próspera. Los debates sobre la mejor manera de lograr este ideal podrían ser intensos, y en varios momentos predominaron diferentes orientaciones políticas, pero el papel activo del estado en la vida económica siempre fue parte de esta mixtura.

El proceso de cambio intelectual y cultural fue más allá del ámbito puramente económico.

En el prefacio de Contribución a la crítica de la economía política, escrito en 1859, Marx señala que, en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones definidas y necesarias, que son independientes de su voluntad, es decir, relaciones de producción correspondientes a una determinada etapa de desarrollo de sus fuerzas materiales de producción. La totalidad de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, el fundamento real sobre el que surge una superestructura jurídica y política y al que corresponden determinadas formas de conciencia social. 31

En China, a medida que el capitalismo temprano se desarrollaba, a partir de la dinastía Song en adelante, también se formaron nuevas “formas de conciencia social” que reflejaban estas nuevas realidades materiales. Esto se hizo especialmente evidente en la dinastía Ming, ya que una nueva cultura mercantil, basada en elementos del pensamiento confuciano, articuló la hibridación de la sociedad de élite de China.

La integración de elementos de élite basados ​​en la manufactura y el comercio con los literatos / aristócratas establecidos produjo nuevas ideas que revelaron la influencia mutua con nuevas creencias y comportamientos culturales.

El pensamiento confuciano fue influenciado por la cultura de mercado, como lo ejemplifica el surgimiento de «libros de méritos y deméritos», una forma de contabilidad moral en la que los individuos elaboran balances de su conducta, o en la producción de manuales de práctica empresarial que buscaban navegar la compleja relación entre la búsqueda de ganancias y el mantenimiento de relaciones sociales adecuadas de comunidad y estabilidad .32

La forma de capitalismo que surgió en China durante el período moderno temprano estuvo marcada por formas distintivas de relaciones de poder. En lugar de desarrollar una contradicción antagónica entre una clase burguesa urbana de comerciantes y fabricantes y una aristocracia feudal conservadora de terratenientes, China desarrolló una élite híbrida en la que los intereses de terratenientes y comerciantes convergieron y funcionaron como la clase dominante a través de los instrumentos legales establecido por el estado imperial.

El itinerario histórico de China no condujo a una revolución burguesa que tomara el poder, sino que produjo un equilibrio de fuerzas e intereses de clase que permaneció hegemónico a través de repetidas transiciones dinásticas y que moldeo las políticas y prácticas del estado imperial.

Al gobierno se le encomendó, como mínimo, la tarea de proporcionar la seguridad y la estabilidad necesarias para que las personas pudieran obtener sus medios de vida, aunque, el estado imperial, en más de una ocasión, desempeñó un papel proactivo en la vida económica.

Los monopolios gubernamentales en ciertos productos básicos críticos se utilizaron para amortiguar algunos de los excesos de la oferta y la demanda y restringieron la búsqueda de ganancias por parte del capital privado. Se realizaron intervenciones en los importantísimos mercados de cereales para sostener a los consumidores en épocas de malas cosechas y escasez. El estado imperial no era un actor mercantilista.

VI

Esta comprensión del pasado de China puede ayudar a iluminar algunos aspectos de las formaciones económicas y políticas contemporáneas del país. China es hoy una sociedad que emerge de un largo período de humillación y opresión a manos del imperialismo occidental, de agitación de décadas de conflicto revolucionario y de la devastación y muerte producida por la invasión y ocupación japonesa de 1937 a 1945.

El orden moderno temprano de China fue incapaz de enfrentar la intrusión y la dominación extranjera.

 A fines del siglo XVIII, el imperio Qing había comenzado a enfrentar serios desafíos económicos, con el crecimiento de la población empujando los límites de la producción agrícola dentro de los sistemas establecidos de tenencia de la tierra y de las tecnologías productivas.

Mientras tanto, en Europa la revolución Industrial desataba inmensas capacidades productivas y nuevas y poderosas capacidades militares que, combinadas con la ideología del libre comercio promovida por los imperativos competitivos de la producción capitalista (y las ideas de Adam Smith y otros economistas políticos) transformaron primero la economía británica y luego al de Europa.

Se impuso, entonces, una ola de expansionismo colonialista que reconfiguró fundamentalmente el orden económico y político global.

El capitalismo comercial chino, de larga data, sucumbió rápidamente a la competencia extranjera. El capitalismo industrial europeo reconfiguró las relaciones globales, creando una división planetaria del trabajo dentro de la cual China asumió un papel subordinado, como fuente de materias primas y como mercado de productos manufacturados europeos.

El capital occidental y los gobiernos nacionales que lo servían desarrollaron y mantuvieron su poder sobre la base del monopolio de las tecnologías productivas industriales. Este sistema colonial, que incluía una posición semicolonial de China, se mantuvo hasta que la Unión Soviética comenzó a desarrollar su propia capacidad industrial en la década de 1920.

En el periodo de dominación occidental en el campo chino, la élite terrateniente mantuvo gran parte de su poder y preeminencia cultural, pero, incluso allí, la riqueza disminuyó y la inestabilidad erosionó la cohesión social.

El sistema imperial se tambaleó hasta su colapso final a principios del siglo XX, y siguieron casi cuatro décadas de conflicto político e invasión extranjera, que destruyó innumerables vidas y empobreció al país. En ausencia de un gobierno nacional coherente, la extracción de excedentes de la producción agrícola por parte de las élites locales se intensificó mediante impuestos de caudillos y de las prácticas corruptas del régimen nacionalista del Kuomintang. La invasión japonesa de 1937 y la guerra de resistencia que duró hasta 1945 trajeron más destrucción a la China tanto urbana como rural.

Solo con el triunfo de la revolución liderada por el Partido Comunista y el Ejército Rojo se puso en marcha la construcción de una nueva China moderna. La reforma agraria, entre 1948 y 1952, eliminó los últimos vestigios de la vieja clase terrateniente y creó las condiciones para construir una nueva agricultura basada en la propiedad colectiva y el desarrollo planificado 33.

La economía industrial se nacionalizó por etapas comenzó a crecer mediante el despliegue de la manufactura de acuerdo con los planes quinquenales desarrollados desde mediados de la década de 1950 en adelante.

Los experimentos con diversas formas de gestión industrial buscaron nuevas formas de contribuir al desarrollo de una economía socialista moderna 34. La ayuda y asistencia técnica de la Unión Soviética y de los estados socialistas de Europa del Este fue crucial en la primera década de la República Popular. China pudo comenzar a desarrollar un sector industrial moderno distinto al del monopolio occidental.

El camino de la construcción socialista fue polémico y las profundas divisiones sobre la mejor manera de avanzar llevaron a décadas de conflicto dentro del partido y en la sociedad. Los años desde 1949 a 1979 fueron testigos de éxitos y fracasos, avances y retrocesos.

Se lograron mejoras dramáticas en la salud pública, con un aumento significativo de la esperanza de vida promedio, mientras que la mortalidad infantil disminuyó. La infraestructura nacional en transporte y comunicaciones se expandió masivamente, al igual que los embalses y otros recursos hidráulicos, y el crecimiento económico promedió más del 3 por ciento por año. Se proporcionaron servicios sociales básicos y se extendió la educación a la absoluta mayoría del país. 35

No obstante, en 1979 China seguía siendo un país pobre, ya que el crecimiento de la población anuló algunos de los aumentos en la producción y el enfoque en la industria pesada y la infraestructura mantuvo el consumo de los hogares en niveles básicos.

En una serie de decisiones a fines de la década de 1970 y principios de la de 1980, el Partido Comunista decidió emprender un camino de “reforma y apertura al exterior”

(改革 開放) con el objetivo de desarrollar rápidamente la economía y reorientar la producción, tanto para satisfacer las necesidades de los consumidores nacionales como para crear un sector exportador que generara un mayor crecimiento a través de las ganancias y la acumulación de divisas.

En el centro de este proceso estaba la decisión de utilizar los mecanismos del mercado para desarrollar la economía productiva. En otras palabras, una cierta cantidad de capital privado podría funcionar dentro de la economía, en conjunto o en paralelo con las empresas estatales y otras formas de industria y agricultura socialistas. El capital extranjero sería bienvenido a empresas conjuntas, inicialmente limitadas a zonas económicas especiales, pero eventualmente extendiéndose al país en general.

No se trataba de un cheque en blanco para una nueva clase capitalista. La decisión de adoptar el uso de los mercados como motor del desarrollo se basó en el papel clave del Partido Comunista en el sistema político y económico de China. El partido continúo siendo la fuerza rectora de la política y la práctica, y supervisaría el progreso del país hacia un nivel de prosperidad que pudiera satisfacer las necesidades de todas las personas y generara un orden social más equitativo. Esta es la visión que se definió como “socialismo con características chinas” ( Zhongguo tese shehui zhuyi , 中國 特色 社會主義). 36

Aunque no sin deficiencias y contradicciones, la economía de China entró en una era de notable expansión como resultado de estas políticas y prácticas. Las tasas de crecimiento de la economía china a menudo excedieron el 10 por ciento durante las siguientes tres décadas y, en los años anteriores a COVID, siguió  creciendo en más del 6 por ciento anual.

La capacidad productiva se expandió rápidamente y se adquirieron tecnologías modernas, en parte mediante asociaciones de empresas conjuntas con capital extranjero. China también comenzó a invertir fuertemente en investigación y desarrollo, para avanzar en innovación tecnológica y reducir los insumos extranjeros. Cientos de millones de personas salieron de la pobreza, los niveles de vida aumentaron drásticamente y China emergió en el escenario mundial como un actor cada vez más importante en la escena internacional.

La economía de China hoy en día es un híbrido de empresas estatales y otras empresas de propiedad colectiva, que van desde grandes entidades nacionales hasta fábricas o talleres a nivel de región o municipio (alrededor del 45 por ciento de la propiedad de los activos), y un sector privado que incluye tanto empresas nacionales como empresas conjuntas internacionales (alrededor del 35 por ciento de la propiedad de los activos). Otro 20 por ciento de las empresas se ubica en una zona intermedia, con una combinación de propiedad pública y privada 37.

Las empresas estatales, tanto a nivel central como local, forman el núcleo de la economía productiva y la infraestructura, predominan también en la banca y las finanzas y son la principal fuente de ingresos del gobierno, pero el sector privado también ha asumido proporciones importantes, con una serie de corporaciones de clase mundial que desempeñan papeles de liderazgo, con un número importante de multimillonarios.

El sector privado representa actualmente un poco más de la mitad de todo el empleo en la industria, más del 40 por ciento de la población todavía vive y trabaja en el sector agrícola y la tierra sigue siendo propiedad del estado y se alquila a los campesinos. La producción tanto del sector industrial como agrícola, tanto en empresas públicas como en privadas, está orientada por los equilibrios del mercado.

El fundamento de las políticas de reforma puede entenderse en parte dentro de los parámetros teóricos de la experiencia marxista y leninista. En el Manifiesto Comunista y en muchos otros escritos, Karl Marx y Frederick Engels fueron claros sobre el poder de los mercados capitalistas para impulsar la innovación y el desarrollo. También, Lenin recurrió a los mecanismos de mercado con las Nueva Política Económica (NEP) en los años posteriores a la Guerra Civil en Rusia.

Sin embargo, el poder de los mercados siempre amenaza con convertirse en un monstruo feroz, como el demonio conjurado por el aprendiz de brujo. Es por eso que la escrupulosa supervisión del Partido Comunista es fundamental para el futuro de China. 38

En una discusión sobre el desarrollo de las políticas de reforma en noviembre de 2013, Xi Jinping expuso la posición del partido: “En 1992, el XIV Congreso Nacional del Partido estipuló que la reforma económica de China tenía como objetivo establecer una economía socialista, permitiendo que el mercado desempeñara un papel en la asignación de recursos bajo un macro-control estatal «.  

A continuación, agregó: “todavía hay muchos problemas. El mercado carece de orden y mucha gente busca beneficios económicos por medios injustificados. Debemos consolidar y desarrollar inquebrantablemente la economía pública, persistir en el papel de liderazgo de la propiedad pública, dar mayor importancia al papel de la economía estatal y aumentar incesantemente su vitalidad, levantando su poder y fuerza». 39

En los últimos años, el partido y el gobierno han llevado a cabo una agresiva campaña contra la corrupción, han ampliado la supervisión regulatoria de la industria y de las finanzas (tanto en el sector público como privado) y han promovido los valores socialistas. Estas políticas y prácticas sugieren la complejidad y el dinamismo de la relación entre el partido, el Estado y los actores económicos privados.

Bajo las políticas de reforma, China ahora tiene capitalistas, pero no tiene una clase capitalista que pueda controlar el estado y moldearlo según sus propios intereses. Los efectos prácticos del liderazgo del partido se pueden ver en las formas en que los aspectos dañinos de la economía capitalista están siendo amortiguados y restringidos en la actualidad.

China continúa dedicando importantes recursos a la eliminación de la pobreza, un punto de referencia es el reciente logro en la provincia de Guizhou. En noviembre de 2020 los municipios, que se habían quedado atrás, salieron definitivamente de la pobreza.

Es cierto que China debe seguir mejorando los medios de vida de su pueblo, pero está haciendo un progreso constante en esa dirección. Se están abordando los graves problemas ambientales, que alcanzaron su punto máximo en la primera década del siglo XXI. (40)

China también está desarrollando una cultura de lo que a veces se llama «empresarios patrióticos»: capitalistas que entienden que, en el socialismo con características chinas, tienen un lugar un híbrido de mercados y planificación, una mezcla de lo público y lo privada, y que los empresarios tienen la obligación de contribuir al desarrollo no solo de sus propias empresas, sino al mejoramiento de los medios de vida de la población 41. El trabajo del Departamento del Frente Unido del partido se ha ampliado en los últimos años para gestionar con eficacia la relación entre el partido y otros elementos sociales y políticos 42.

Ahora con mayor intensidad, el partido y el estado están aplicando políticas y acciones prácticas para dirigir los recursos sociales hacia un mayor desarrollo, y un programa de política cultural para asegurar que las operaciones del capital privado estén integradas dentro de los objetivos generales del desarrollo socialista.

Los trabajadores en China no están obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado. El sistema de propiedad socialista asegura que todos en China tienen recursos económicos suficientes para su mantenimiento. Todas las personas están censadas lo que permiten que tengan acceso gratuito a la educación, a la atención médica y a la tierra de su lugar de origen

La importancia de este mecanismo de seguridad social se demostró durante la crisis de 2008. La caída de la demanda de bienes producidos y exportados desde China, dejo sin empleo a unos veinte millones de trabajadores en fábricas de Shenzhen y Shanghái. Sin embargo, estos trabajadores no fueron abandonados a su suerte, porque siguieron teniendo derecho al apoyo del sistema socialista y regresaron a sus aldeas de origen para trabajar con sus familiares. La provisión o “dedibao” (低保), un ingreso básico de apoyo en las zonas rurales, sirvió para salvar el período de desempleo causado por la crisis mundial.

Después de la crisis, con el aumento de la demanda internacional de productos chinos la actividad se recuperó y los trabajadores regresaron a su antiguo empleo o buscaron nuevas oportunidades, ninguno se vio reducido a la pobreza.

Los trabajadores también utilizan los mecanismos de la legalidad socialista para defender sus intereses económicos dentro de una economía en rápido desarrollo.

La Federación de Sindicatos de China ejerce habitualmente los derechos de protesta, petición y litigio. También utiliza los tribunales para abordar cuestiones que van desde los salarios, las condiciones laborales, los peligros de la contaminación ambiental hasta la corrupción y el abuso de poder por parte de funcionarios.

Más allá de las batallas de la Federación Sindical, los trabajadores chinos han sido militantes en la defensa de sus intereses a través de protestas y huelgas. Los trabajadores se toman la ley y sus derechos en serio y participan regularmente en acciones directas para defender sus intereses 43.  En la practica tanto el Gobierno como el Partido Comunista sirven para contener los excesos y abusos de los elementos capitalistas y para mantener el papel central de la clase trabajadora en la vida económica y social.

Todo esto no quiere decir que el capital no esté actuando por motivaciones económicas, ni que la fuerza de trabajo no genere plusvalía. En esta etapa del proceso de desarrollo, con aspectos capitalistas se mantiene la obtención de ganancias privadas.

Esto es parte del trato, parte del experimento en el que se embarcó el Partido Comunista para desarrollar la economía productiva y acumular riqueza para conducir un socialismo con una «sociedad moderadamente próspera» (小康 社會) , la primera etapa para lograr el nivel de abundancia que necesita una sociedad  comunista. Hay riesgos y desafíos en este camino.

El crecimiento que se ha logrado no ha estado exento de costes. El uso de mecanismos de mercado implicó la aceptación de las contradicciones inherentes a su funcionamiento. La desigualdad en el país ha aumentado drásticamente, la contaminación ambiental se convirtió en un problema grave, dañando la salud de las personas y socavando la calidad de vida.

El Partido Comunista ha realizado grandes esfuerzos para abordar estas contradicciones, pero ha mantenido el camino de la reforma. El proceso de experimentación e innovación que se ha desarrollado en el transcurso de la era de la reforma a veces se denomina “cruzar el río tocando las piedras” (mozhe shitou guohe, 摸著 石頭 過河).

En su libro La transformación del socialismo chino, Lin Chun escribe: «no es una tarea fácil usar al mercado para vencerlo ¿Podría el capital privado ser simultáneamente «social» y servir a los intereses públicos? ¿Podría un mercado así, eventualmente, superar al mercado capitalista mundial? Al plantear estas preguntas, debemos reconocer una obviedad, incluso una sociedad socialista no puede evitar utilizar el capital… sin embargo, la diferencia entre capital y capitalismo indica la posibilidad de evitar que la lógica del lucro colonice la esfera política, social y cultural de la sociedad En otros términos, el resultado del experimento chino con la construcción de una economía de mercado socialista sigue siendo una cuestión abierta al debate histórico”. 44

El notable éxito de China para hacer frente a la pandemia de COVID-19 y movilizar todos recursos para abordar la salud pública como un derecho humano, en contraste con las catastróficas fracaso de los sistemas de atención médica capitalista de los Estados Unidos y Occidente, sugiere que, si bien queda mucho trabajo por hacer, es posible que China se encuentre en el camino hacia la modernidad socialista. Echar una mirada a la historia de la República Popular desde 1949 ofrece una visión de las complejidades de la búsqueda de China de un sistema socialista industrial moderno.

VII

Otra forma de considerar la era de reformas actual y la naturaleza de la economía política china del siglo XXI es desde la perspectiva de la historia del capitalismo temprano en este país. Las «características chinas» de este socialismo pueden entenderse, en parte, como una reorganización estructural y cultural que retoma las tradiciones sociales antiguo cuño.

La compleja dialéctica de la China actual que junto con animar también restringe los mercados recuerda de alguna manera la hibridación de los agentes económicos públicos y privados en la era Song-Qing o dicho de otra manera, la formación de una conciencia política y económica culturalmente específica dentro del amplio campo del pensamiento y los valores confucianos.

Esto no significa que la República Popular sea simplemente una nueva versión del viejo imperio. Al contrario, significa que la política en la China imperial y el actual “socialismo de mercado” constituyen dos modos de producción distintos que pueden entenderse mejor desde el punto de vista del materialista histórico. Para esto es necesario analizar los procesos globales de la económica política china y las corrientes profundas que nos muestran una continuidad histórica en la vida material y cultural del gigante asiatico.

La diferencia clave es, por supuesto, la naturaleza de clase del estado, en la época imperial era el instrumento de dominio de clase de la élite gobernante terrateniente y comercial, pero que hoy, con el papel del Partido Comunista, el estado es en realidad comité de dirección para la construcción de un nuevo orden social basado en los intereses y deseos de la clase trabajadora. Esto sigue siendo un trabajo en progreso, ya que la historia continúa avanzando.

Apreciar las especificidades de la historia de China dentro del marco general de una perspectiva materialista histórica nos permite ir más allá de una plantilla universal de la modernidad capitalista y los heterogéneos caminos hacia el socialismo. Este modo de análisis nos debería permitir entender la complejidad de las diversas etapas de la sociedad china.

La perspectiva analítica derivada de El Capital – y de otros escritos de Marx – no significan que debamos encontrar la misma totalidad en todos los lugares para poder aplicar una definición precisa del capitalismo y encajar la experiencia de diferentes pueblos en diferentes lugares. Una aplicación matizada de los métodos de Marx a las particularidades del lugar y del tiempo produce resultados de utilidad práctica tanto en la comprensión del pasado como en el compromiso con los desarrollos políticos contemporáneos.

Notas

↩ Véase, por ejemplo, Yan Xuetong, Leadership and the Rise of Great Powers (Princeton: Princeton University Press, 2019); Zhang Weiwei, The China Wave: Rise of a Civilizational State (Hackensack, Nueva Jersey: World Century Publishing, 2012); Yukon Huang, Cracking the China Conundrum: Why Conventional Economic Wisdom is Wrong (Oxford: Oxford University Press, 2017); Wang Hui, el siglo XX de China (Londres: Verso, 2016); Charles Horner, Rising China and Its Postmodern Fate (Athens, GA: University of Georgia Press, 2009).

↩ El argumento de que China ha capitulado ante un sistema capitalista se ha formulado muchas veces desde el comienzo de la era de las reformas. Véase, entre otros, William Hinton, The Great Reversal: The Privatization of China, 1978-1989 (Nueva York: Monthly Review Press, 1990); Eli Friedman, «Por qué China es capitalista: hacia un antiimperialismo antinacionalista», Spectre, 15 de julio de 2020.

↩ Se proporciona una descripción básica en Richard von Glahn, The Economic History of China: From Antiquity to the Nine 19th Century (Cambridge: Cambridge University Press, 2016).

↩ Para una buena descripción en inglés de la escritura china sobre el modo de producción asiático durante la década de 1980, véase Timothy Brook, The Asiatic Mode of Production in China (Armonk, NY: ME Sharpe, 1989). La erudición china sobre historia económica y la cuestión de los “brotes del capitalismo” incluye, entre otras cosas, 傅 衣 凌。 明清 時代 商人 及 商業。。 北京 : 中華書局 , 2007 ; 李伯 重。 多 視角 看 江南 經濟 ((1250– 1850) , 北京 : 三聯 書局 , 2003 ; 萬 明 , 主編。 晚 明 社會 變遷 : 問題 與 研究。 北京 : 商業 印書館 , 2005.

↩Gran parte de los escritos sobre la historia de China se siguen organizando sobre la base de las dinastías imperiales. Las categorías más amplias son útiles para comprender las tendencias y los desarrollos a largo plazo, pero no existe un consenso sobre la terminología adecuada. La mayoría de los eruditos aceptan el término antigüedad, pero algunos continúan refiriéndose al período medio como medieval, mientras que el término moderno temprano es adoptado por un número creciente de eruditos, pero con diferentes definiciones de período. Algunos continúan prefiriendo el término imperial tardío para este período. Para una discusión crítica de la periodización y una caracterización de los últimos mil años de la historia china, ver Richard von Glahn, “Imagining Premodern China”, en The Song-Yuan-Ming Transition in Chinese History, ed. Paul Jakov Smith y Richard von Glahn (Cambridge, MA: Centro de Asia de la Universidad de Harvard, 2003), 35–70.

↩ Hsu Cho-Yun, China antigua en transición: un análisis de la movilidad social, 722-222 a. C. (Stanford: Stanford University Press, 1965).

↩ Zhang Chuanxi, “Crecimiento de la economía feudal”, en La historia de la civilización china: Qin, Han, Wei, Jin y las dinastías del norte y del sur (221 a. C.-581 d. C.), ed. Yuan Xingpei, Yan Wenming, Zhang Chuanxi y Lou Yulie (Cambridge: Cambridge University Press, 2012), 139–95. El uso del término feudal en el título de este capítulo refleja la continua influencia de las ortodoxias de la era soviética.

↩ Joseph P. McDermott y Shiba Yoshinbu, “Economic Change in China, 960–1279”, en The Cambridge History of China, vol. 5, parte 2, Sung China, 960–1279, ed. John W. Chaffee y Denis Twitchett (Cambridge: Cambridge University Press, 2015), 321–436.

↩ Nicolas Tackett, La destrucción de la aristocracia china medieval (Cambridge, MA: Harvard University Asia Center, 2014).

↩ El uso del término nobleza es problemático, dada su derivación de la historia social europea, pero está convencionalmente establecido en la historia china anglófona y se retiene aquí junto con los literatos para delinear la naturaleza dual de la élite terrateniente como local e imperial.

↩ Shiba Yoshinobu, Comercio y Sociedad en China Sung (Ann Arbor: Centro de Estudios Chinos, 1992); William Guanglin Liu, The Chinese Market Economy, 1000–1500 (Albany: SUNY Press, 2015); McDermott y Shiba, «Economic Change in China, 960-1279».

↩ Joshua A. Fogel, Política y sinología: el caso de Naitō Konan (1866-1934) (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1984).

↩ Joseph Stalin, “Materialismo dialéctico e histórico” y otros escritos (Graphyco, 2020).

↩ Los esfuerzos anteriores para situar a China en relación con el desarrollo europeo del capitalismo se resumen en Timothy Brook y Gregory Blue, eds., China and Historical Capitalism: Genealogies of Sinological Knowledge (Cambridge: Cambridge University Press, 1999). Véase también David Faure, China and Capitalism: A History of Business Enterprises in Modern China (Hong Kong: Hong Kong University Press, 2006). Para una exploración de la historia del capitalismo a nivel global, utilizando definiciones no marxistas que incluyen derechos de propiedad privada, contratos exigibles por terceros, mercados con precios receptivos y gobiernos de apoyo, consulte Larry Neal y Jefferey G. Williamson, The Cambridge History del capitalismo, vol. 1, The Rise of Capitalism: From Ancient Origins to 1848 (Cambridge: Cambridge University Press, 2014).

↩ Los estudios recientes han destacado las formas en que Marx también articuló, en El Capital, los Grundrisse y en otros lugares, el reconocimiento de que el curso de la historia y el desarrollo económicos europeos no era el único o inevitable camino para todas las sociedades del mundo. Kevin B. Anderson, Marx en los márgenes: sobre nacionalismo, etnicidad y sociedades no occidentales (Chicago: University of Chicago Press, 2016); Marcello Musto, Los últimos años de Karl Marx, una biografía intelectual (Stanford: Stanford University Press, 2020).

↩ Karl Marx, El capital: una crítica de la economía política, vol. 1 (Londres: Penguin Books, 1990).

↩ Sobre el complejo industrial de Jingdezhen, véase Anne Gerritsen, The City of Blue and White: Chinese Porcelain and the Early Modern World (Cambridge: Cambridge University Press, 2020).

↩ Valerie Hansen, Negociando la vida cotidiana en la China tradicional: cómo la gente común usaba los contratos, 600–1400 (New Haven: Yale University Press, 1995); Madeleine Zelin, Jonathan K. Ocko y Robert Gardella, eds., Contract and Property in Early Modern China (Stanford: Stanford University Press, 2004).

↩ Michael Marmé, Suzhou: Donde convergen los bienes de todas las provincias (Stanford: Stanford University Press, 2005).

↩ G. William Skinner, editor, La ciudad de la China imperial tardía (Stanford: Stanford University Press, 1965).

↩ Para una discusión incisiva sobre la cuestión de la comparabilidad, véase Kenneth Pomeranz, The Great Divergence: China, Europe, and the Making of the Modern World Economy (Princeton: Princeton University Press, 2001).

↩ Marx, Capital, vol. 1, 455–91.

↩ Estas características del capitalismo comercial en China son comparables a las de Europa, como se describe en Jairus Banaji, A Brief History of Commercial Capitalism (Chicago: Haymarket, 2020).

↩ Timothy Brook, «Comunicaciones y comercio», en The Cambridge History of China, vol. 8, The Ming Dynasty, 1368–1644, parte 2 (Cambridge: Cambridge University Press, 1998), 579–707.

↩ Arturo Giraldez, The Age of Trade: The Manila Galeons and the Dawn of the Global Economy (Boulder: Rowman y Littlefield, 2015).

↩ Jie Zhao, Brush, Seal, and Abacus: Troubled Vitality in Late Ming Economic Heartland, 1500–1644 (Hong Kong: Chinese University of Hong Kong Press, 2018); Timothy Brook, Las confusiones del placer: comercio y cultura en la China Ming (Berkeley: University of California Press, 1999).

↩ Margherita Zanasi, Pensamiento económico en la China moderna: mercado y consumo, c. 1500–1937 (Cambridge: Cambridge University Press, 2020).

↩ Timothy Brook, Praying for Power: Buddhism and the Formation of Gentry Society in Late Ming China (Cambridge, MA: Harvard-Yen-Ching Institute, 1996).

↩ Karl Marx, Surveys from Exile (Londres: Verso, 2010), 254.

↩ William T. Rowe, Salvar el mundo: Chen Hongmou y la conciencia de élite en la China del siglo XVIII (Stanford: Stanford University Press, 2002).

↩ Karl Marx, prefacio e introducción a Contribución a la crítica de la economía política (Beijing: Foreign Languages ​​Press, 1976).

↩ Cynthia Joanne Brokaw, Ledgers of Merit and Demerit: Social Change and Moral Order in Late Imperial China (Princeton: Princeton University Press, 2016); Richard Lufrano, comerciantes honorables: comercio y autocultivo en la China imperial tardía (Honolulu: University of Hawaii Press, 1997).

↩ William Hinton, Fanshen: A Documentary of Revolution in a Chinese Village (Nueva York: Vintage, 1966).

↩ Franz Schurmann, Ideología y organización en la China comunista (Berkeley: University of California Press, 1966).

↩ Jean Chesneaux, China: The People’s Republic, 1949–1976 (Nueva York: Pantheon, 1979).

↩ La frase “socialismo con características chinas” ha pasado por un proceso de transformación. Originalmente se desarrolló en la década de 1950 en el contexto de los esfuerzos de Mao Zedong por promover su visión del desarrollo económico a diferencia de la experiencia soviética. Deng Xiaoping reasignó el término en la década de 1980 y ha seguido adaptándose a la evolución de las políticas en curso en China. Bajo Xi Jinping, se ha ampliado para convertirse en «socialismo con características chinas para una nueva era».

↩ Nicholas Borst, «Empresas de propiedad estatal e inversiones en China», Seafarer, noviembre de 2019.

↩ Domenico Losurdo, “¿China se ha convertido en capitalismo? Reflexiones sobre la transición del capitalismo al socialismo”, Pensamiento Crítico Internacional 7, no. 1 (2017): 15–31.

↩ Xi Jinping, The Governance of China, I (Beijing: Foreign Languages ​​Press, 2014), 83–86.

↩ Barbara Finamore, ¿China salvará el planeta? (Cambridge: Polity, 2018).

↩ “Se insta a los empresarios chinos a mostrar patriotismo”, Apple Daily, 14 de diciembre de 2020.

↩ Takashi Suzuki, «Trabajo del Frente Unido de China en la era de Xi Jinping: Desarrollos y actividades institucionales», Revista de Estudios Contemporáneos de Asia Oriental 8, no. 1 (2019): 83–98.

↩ Ching Kwan Lee, Against the Law: Labor Protests in China Rustbelt and Sunbelt (Berkeley: University of California Press, 2007).

↩ Lin Chun, La transformación del socialismo chino (Durham: Duke University Press, 2006), 251–52.

Sobre Ken Hammond

Ken Hammond es profesor de historia mundial y de Asia oriental en la Universidad Estatal de Nuevo México. Es autor de cinco libros y numerosos artículos sobre la historia política y cultural china, así como de una serie de treinta y seis conferencias,

De Yao a Mao: 5000 años de historia china. Ha sido activista desde que estaba en Estudiantes por una Sociedad Democrática como estudiante en la Universidad Estatal de Kent de 1968 a 1971. Actualmente está trabajando con Pivot to Peace, una organización dedicada a promover un mejor entendimiento y evitar conflictos entre los Estados Unidos y Porcelana.

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *