Comunicado de Pablo Hasel tras el cambio de módulo


Gracias a la presión de la solidaridad, combinada con mi advertencia de ponerme en huelga de hambre si continuaban sin respetar los escasos derechos que tengo como recluso, hace días me trasladaron a un módulo grande donde ya tengo las horas de patio que me corresponden, puedo hacer más deporte y tener más contacto con otros presos. Tras 140 días pudiendo salir a un patio minúsculo menos horas que si estuviera en aislamiento y sin apenas compañía, este cambio pone fin a esa doble condena y permite que la campaña se centre en otras reivindicaciones.

El Govern de la Generalitat, que controla las prisiones catalanas, ha sido el máximo responsable de que sufriera esas condiciones. Mientras, tienen el cinismo de llenarse la boca de derechos, libertades y lucha contra la represión. No solo no me han ayudado (como vendían que iban a hacer), sino que encima han hecho mi condena más dura perjudicando, también, al movimiento solidario forzándole a destinar energías que los obligara a cumplir su propia legalidad. ¡Hasta en prisiones españolas se suelen respetar más las exigencias de los presos políticos (celda individual, en un módulo normal, sin privación de tantas horas de patio) gracias a las conquistas de luchas pasadas! ¿Qué lecciones pretenden dar al Estado estos farsantes?

Este castigo extraoficial me lo impusieron por negarme a realizar cursos con la Junta de Tratamiento, que buscaba mi arrepentimiento y cambio de actitud a cambio de permisos de salida (los que se conceden a los presos tras cumplir una cuarta parte de la condena) y también por negarme a ser explotado en prisión. Pretendían alejarme de cualquier módulo con muchos presos para que no influenciara con mi actitud reivindicativa. Sabían de la simpatía que despierto entre los presos y sobretodo, del descontento de estos por la sobreexplotación de la empresa para la que trabajan aquí (CIRE), por la pésima comida, por los elevados precios del Economato que CIRE (otra vez la misma empresa) impone, la excesiva brevedad de las visitas, las plagas de cucarachas y chinches, las instalaciones obsoletas, las ratas en la cocina, etc. Por todo ello, no les interesaba que alguien como yo estuviera aquí. Al igual que en los centros de trabajo se castiga a quienes luchamos, aquí no iba a ser menos. Por idénticos motivos me separaron de los dos manifestantes encarcelados,  a pesar de que les correspondía estar en mi antiguo módulo de ingresos

La lucha da frutos y se ha ganado una “pequeña” batalla que, ojalá, sirva de motivación para ganar muchas más. Sin organización no hubiera sido posible. Es importante recordarlo y señalar lo que hace y no hace el Govern en sus cárceles. Por mi parte, seguiré fuerte, decidido a continuar aportando y agradecido por el apoyo que sirve a la defensa de nuestros derechos y libertades.

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