De dónde nos viene el revisionismo del desastre al movimiento comunista español

 

Pocos lo han profundizado y por eso la culpa siempre es de los demás, pero el fracaso político y social del movimiento comunista en España es nuestro y se inicia, con la asunción por la cúpula del PCE en el exilio de las tesis revisionistas del XX Congreso del PCUS en el año 1956, con la conquista del socialismo por medios pacíficos y sustentado sobre la superioridad del sistema de producción socialista sobre el capitalista, superando la lucha de clases y así, sin debate colectivo en el partido imponen las bases teóricas del eurocomunismo. Lo primero que hacen es disolver la estructura leninista de células, para evitar el debate autónomo e imponer la estructura socialdemócrata de amplias agrupaciones, dirigidas por cuadros de las instituciones para el debate de lo “importante”; la política institucional con mayúscula, donde se deciden las cosas que afectan al ciudadano. Con esta estructura, se propició el abandono del debate y la militancia en sindicatos y asociaciones vecinales y por lo tanto, de la relación política directa con la clase obrera como línea de masas en la lucha por la hegemonía política y social. Llevó la confrontación del partido a las organizaciones de masas obreras donde resolvieron las diferencias con exclusiones y expulsiones, motivando la creación de decenas de partidos, sindicatos y movimientos sociales, que llevó la división a la clase obrera y a la pérdida en su seno de la hegemonía comunista. Con la victoria del eurocomunismo en el movimiento obrero en alianza con UGT y la socialdemocracia, el PSOE se configura socialmente mayoritario con la captación de miles de cuadros eurocomunistas.

De esta derrota ideológica y política de la clase obrera en la transición, surgen tres tendencias en el seno de la clase obrera. La primera es la eurocomunista, que al integrarse en la línea ideológica del nuevo neoliberalismo mayoritario del PSOE, consolidan el régimen del 78 en alianza con la nueva oligarquía que aplican los acuerdo de los Pactos de la Moncloa, así la Constitución, la Ley de Amnistía o el Estatuto de los Trabajadores. Apoyados por las cúpulas sindicales de CCOO y UGT, ceden la dirección política del proceso de transición a la burguesía, situándose sus dirigentes en el campo del enemigo principal. Esto explica que los secretarios generales de CC.OO siguientes a Marcelino Camacho, fueran ideológicamente ajenos a la clase obrera; Antonio Gutiérrez en el PSOE más neoliberal y José Mª Fidalgo en el más extremo del PP. La segunda surge con posiciones de izquierda bajo influencia del populismo y del posmarxismo hijos del eurocomunismo. Inician su notoriedad, con la ruptura del pacto social de la transición del estado de bienestar por la oligarquía en el 2011, ejecutada por la socialdemocracia neoliberal del régimen del 78. Según es derrotado el eurocomunismo electoralmente año tras año por la socialdemocracia, van surgiendo, unas veces con lucha interna, como el nacimiento de Podemos por la derrota de Pablo Iglesias ante el bunker madrileño del aparato del PCE-IU-CCOO (alguno más tarde procesado por el fraude de las tarjetas BLACK de Caja Madrid) y otros como Alberto Garzón, por el agotamiento político, financiero e institucional de IU-PCE. En lo sindical en CCOO, el discurso de Unai Sordo y otros dirigentes locales avanzan por los nuevos derroteros, pero la integración del aparato sindical en la estructura del estado y los acuerdos con la patronal para su mantenimiento y sustento dificultan las reformas, a no ser que introduzcan sistemas horizontales de elección de responsables como en Podemos, IU y el PSOE. La tercera se sitúa en el ámbito del marxismo leninismo, que según se profundiza en la derrota ideológica y política de la clase obrera y en la crisis global del capitalismo, más profundiza el aislamiento social y su dogmatismo sectario, por el abandono de la línea de masas de trabajo en las organizaciones de la clase obrera.

De la primera tendencia decir, que su configuración dentro del campo del enemigo principal del pueblo, la oligarquía financiera e industrial española a la que representan institucionalmente, les excluye del campo popular, pero influyen desde las instituciones y los medios de comunicación, en las organizaciones de masas y movimientos sociales identitarios nacionalistas o de feminismos de género, condicionando la actual lucha de clase con reivindicaciones políticas y culturales, que no ponen en peligro al sistema capitalista y al patriarcalismo, pero dividen y confunden la lucha de la clase obrera, al tiempo apuestan por su nacionalismo neoliberal por la ruptura del estado español. La segunda del reformismo de izquierda, nace nucleado políticamente entorno Podemos y Pablo Iglesias, liderando en España a falta de una izquierda comunista como Bélgica o Portugal, la lucha contra la austeridad, los recortes y la falta de libertades, con un programa mínimo que confronta como línea de demarcación, con la estrategia de acumulación por expropiación del bien público del estado y de la clase obrera, acumulados durante los años de estado de bienestar. En su déficit como reformistas de izquierdas, tienden a abrazar las tesis identitarias revisionistas neoliberales de feminismos de género y de ruptura por nacionalidades del estado español, tenido como posición progresista y no burguesa. Construir una alianza programática entre el reformismo y el marxismo leninismo, está el quid de la cuestión en España en estos momentos de profundización de la crisis global del sistema capitalista de libre mercado y de peligro de confrontación mundial.

El marxismo leninismo siempre está con el principio del análisis concreto de la realidad concreta, en cambio es incapaz de aplicarlo a la realidad política y social actual, pero es fundamental aplicar este principio a la socialdemocracia del PSOE por su adscripción hasta ahora a la tesis neoliberal, al ser la que delimita el campo de las fuerzas populares del campo burgués dentro del pueblo, pero por su composición sociológica no por su pensamiento pequeño burgués. No es solo porque Pedro Sánchez surgió dirigente socialista en confrontación con el sector neoliberal dirigido por Felipe Glez y la oligarquía, ni tampoco solo porque desde principio apostara, con los tropiezos que se quieran exponer, por una unidad de la izquierda para el gobierno de España. Lo es por el acuerdo de gobierno de cincuenta puntos que rompe en lo fundamental, con la política de austeridad y recortes por acumulación del capital financiero, convirtiendo el programa mínimo de reformas en un programa revolucionario que es combatido a muerte por la oligarquía, incluidos los neoliberales “progresistas”. Desde el análisis concreto así es y así será, hasta que Pedro Sánchez no demuestre lo contrario de forma fehaciente y fuera de las presiones de los poderes dominantes en momentos determinados. Pedro Sánchez y el PSOE, a pesar de muchos dirigentes, forma parte de la izquierda reformista tanto por su programa, como por la alianza creada con lo más avanzado del pueblo en estos momentos: Unidas Podemos. Su salida del campo popular sería una nueva derrota.

Los límites actuales de la movilización obrera y popular no está en la influencia del reformismo, ni siquiera del neoliberalismo identitario que abita en los movimientos sociales y nos confunde por lo cómoda que resulta la argumentación. Está en nuestra limitación teórica, en la incapacidad de superar el revisionismo ideológico y político del revisionismo que influencian aún a la mayoría de cuadros y dirigentes, ahora en fase izquierdista de huida de la realidad. Falta profundización en autocrítica y crítica ideológica y política del movimiento comunista español desde los años sesenta, del XX Congreso del PCUS por la revisión que hace del marxismo leninismo y por la ruptura que provocó del movimiento comunista internacional. También del desastre social de las políticas revisionistas, que en algunos casos en alianza oportunista con la burguesía perjudicaron al pueblo y en otros, confrontando con las únicas fuerzas del pueblo que luchan contra el enemigo principal, por estar fuera de la pureza clasista del dogma marxista leninista, dividiendo más a la clase obrera y al pueblo. El dogmatismo sectario oportunista de derechas y más ahora el de izquierda, es el que bloquea la movilización de masas, quien nos expulsa del trabajo de masas en el sindicato y en el barrio, el que nos bloquea la unidad comunista entorno a un programa y una táctica y quién nos mantiene en la mayor atomización de la historia del movimiento comunista español.

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