De entre los olvidados, el abuelo ha vuelto


 

Acabamos de pasar el 18 de julio, hace 86 años del golpe de estado franquista con respaldo nazi y fascista. España es el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos (el primero es Camboya) y ningún gobierno ha dado a las víctimas el reconocimiento necesario, ni a los asesinos el castigo merecido. El libro titulado El último cuento. De abuelos y cunetas, nos pone la realidad ante los ojos. Ciego es quien no quiere ver, sordo quien no quiere oír, falto de inteligencia quien no quiere entender ni razonar. 86 años y más de 140.000 republicanos asesinados que sus asesinos los tiraron a fosas comunes y cunetas, y tan solo el esfuerzo solidario se ocupa, sin más medios que los personales, de descubrirlos. El proceso para ello es tortuoso, pues hay que vencer miedo, recoger información, desentrañar registros, deducir, relacionar, unir todo lo que puede sumar, contando conque los años han hecho desaparecer mucha gente que podría facilitar la tarea tan humana de devolver a quienes los buscan con el amor familiar que les ha conducido en el viaje atrás en la Historia para luego volver al presente, eso sí, totalmente cambiados por el conocimiento y las emociones.

. El tratamiento en España de la memoria histórica democrática, ha sido tan deplorable que, después de tantos años enterrada bajo el silencio familiar por temor, ha tenido que venir una generación que se pregunte por los antepasados, para que, algún hijo o hija, nieta, biznieta, encienda la luz bajo la que reunir todo lo que puede aportarse en la refundación de la verdad. La Ley de la memoria histórica de Zapatero trató a las víctimas democráticas como “bando”, con lo que se disolvían los asesinos, y más allá de hacer la frase: establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura…, no hubo nada, hasta el punto de que los asesinados fueron burlados y quedaron donde estaban. Parecía que se refrendaba lo sostenido por los asesinos los fascistas, los Fraga, Rajoy, Aznar…, la falsedad parecía la dueña de las llaves de la Historia. Pero no es así, no son dueños porque la verdad alumbra, el testimonio, la manifestación que aun sin condiciones de justicia se manifiesta, les da pavor, por eso no la dejan salir, y ella no deja de señalar a los criminales y sus continuadores.

. La autora del libroEl último cuento, May Borraz, manifiesta su dolor, el mismo de la España que necesita la Memoria Democrática. Que el fascista Rajoy se burlase en televisión de haber imposibilitado hasta por tres veces consecutivas toda posibilidad de presupuestar para que las familias recuperasen a sus seres queridos, lo iguala con la crueldad de sus ancestros que se alinean con Hitler, porque se dedicó a entregar miles de euros para la repatriación de los muertos de la división azul, ese cuerpo de ejército franquista que se sumó al ejército hitleriano.

May Borraz reconoce a la entrega solidaria de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) el valor humano que tanto se necesita, porque en su caso sus voluntarios han realizado la labor investigadora científica que ha conmovido a la familia particular y a toda la familia republicana.

May Borraz nos enseña su labor investigadora, labor a través de caminos intrincados en cuyas orillas se apostaban todos los silencios y los odios, y, como no, las mejores voluntades pero también las pérdidas por el tiempo transcurrido que habían de vencerse mediante búsquedas insistentes, la confianza en la verdad permitió a la autora abrirse paso, con ello puede decirse que la vemos transformarse por momentos.

. Con un lenguaje común, en un tono familiar, la autora nos muestra el camino de la Historia, al tiempo que recoge las vivencias de la familia y el pueblo de Andorra, población de la que proviene la familia y el abuelo que habrá de volver, en la ilusionante República que infundía valor, idealismo, utopía, a las gentes trabajadoras. Paralelamente a ello nos hace conocer el terror que sembró el franquismo, sus asesinatos como empleo fijo de sus escuadrones de la muerte, los robos, saqueos, expropiaciones de bienes, desde herramientas de trabajo, útiles caseros, viviendas, animales, … y de todo ello algunos ejemplos que son tan dolorosos que podemos pensar la vaciedad de seres tan sumamente dañinos. Todo ese daño no ha impedido que el libro respire en la defensa de la justicia y la fraternidad que habían sido destrozadas.

. Comienza cada capítulo advirtiendo en el frontispicio la esencia del acontecer que lo forma, y de esta manera recuerda aquella forma de narrar que el cuento antiguo ponía en antecedentes a la gente sencilla, y en ocasiones termina capítulos con una narración infantil que retoma su infancia y sirve de valle de descanso antes de continuar la etapa siguiente llena de durezas que habrá de remontar.

En ese camino desde el pasado también entra en un acontecimiento de los años de la llamada Transición que la hace recordar a los grupos de paramilitares fascistas, los somatén, que entonces asesinaron entre otros a su abuelo. Se refiere así al 23-F de 1981, pues en esa fecha se formó un escuadrón de asesinos que se disponían a volver a perseguir y exterminar, como habían hecho en la guerra, a los vecinos que les parecían antifranquistas.

Hay un asunto que pesa en toda la narración y es que la investigación avanza entre numerosas dificultades, pero lo que parece perseguir continuamente a la autora es el fallecimiento debido a la edad de quienes pueden aportarle información. Se nos mueren las mujeres y los hombres que vivieron aquello, y los sucesores primeros han vivido en el terror, en las rencillas sembradas por el fascismo, en la obediencia…, y la tarea de recoger el conjunto y significarlo nos manifiesta en la autora una voluntad ejemplar; esfuerzo con que ha vencido los más de 80 años de silencio impuesto por el fascismo. En el libro la autora cuenta la historia de todos y todas, nos viene a decir que somos el hilo de la verdad histórica, y nos lo dice habiéndonos hecho ver que entre los olvidados, el abuelo ha vuelto.

Título: El último cuento. De abuelos y cuentos.

Autora: May Rorraz.

Ediciones Calipso L&Z.

Todos los beneficios obtenidos por la venta de este libro se destinarán a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)

Ramón Pedregal Casanova es autor de los libros: Gaza 51 días; Palestina. Crónicas de vida y Resistencia; Dietario de Crisis; Belver Yin en la perspectiva de género y Jesús Ferrero; y, Siete Novelas de la Memoria Histórica. Posfacios. Presidente de AMANE. Miembro de la Asociación Europea de Apoyo a los Detenidos Palestinos. Miembro del Frente Antiimperialista Internacionalista.

 

El jue, 8 jul 2021 a las 11:04, Bibiana Ripol Sainz (<bibiana@ripol.es>) escribió:
Diario novelado sobre un caso de memoria histórica

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ENTREVISTA A MAY BORRAZ, AUTORA DE:
El último cuento
De abuelos y cunetas«Este país tiene la necesidad moral de sacar a todos sus muertos de las cunetas o las fosas a las que se les arrojó»

Esta entrevista puede ser copiada en fragmentos o en su totalidad y reproducida en cualquier medio.

Háblame de Sebastián Blasco
Sebastián nació en Andorra de Teruel en 1895. Era mi abuelo y lo mataron poco después de acabada la Guerra Civil. Hasta hace unos años yo sabía muy poco de él, pero decidí investigar las circunstancias de su muerte, sobre la que había diferentes teorías, y encontrar sus restos, pues no se sabía dónde lo habían enterrado

¿Cuándo fue la primera vez que te planteaste encontrarlo?
Hubo dos hechos que me acabaron de decidir. Uno fue durante una visita al cementerio de Andorra. Por aquel entonces, mi madre creía que los restos de su padre podían estar en la fosa común del cementerio, un rincón sucio y polvoriento. Cuando se acercó y vio el mal estado en el que se conservaba empezó a gritar reclamando un poco de dignidad para los que allí yacían. El otro fue oír a Mariano Rajoy jactarse ufanamente de no haber invertido ni un solo euro en la Ley de Memoria Histórica.
«Las heridas son feas cuando no se curan bien y supuran. Ese es el tipo de herida que abunda en este país en relación con la Guerra Civil»
¿Por qué decidiste dar ese paso?
Porque me di cuenta de la necesidad moral que tiene este país de sacar a todos sus muertos de las cunetas o las fosas a las que se les arrojó. De la necesidad de limpiar el pasado para poder construir un futuro basado en la justicia.¿Cómo te pusiste en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)? ¿Cómo fue su trabajo?

Ya era socia desde hacía un tiempo, conocía y admiraba su trabajo y había seguido muy de cerca todo el proceso de la exhumación de Timoteo Mendieta, uno de sus casos más mediáticos.
Cuando les expliqué que estaba buscando a Sebastián me ofrecieron rápidamente todo su apoyo. Y en cuanto les pedí ayuda para llevar a cabo la exhumación se encargaron de todos los trámites necesarios. Su trabajo durante la exhumación fue formidable. Me emocionó ver cómo un grupo de voluntarios que no conocían a la familia Blasco de nada se dejaba la espalda cavando de sol a sol. Para mí son ángeles con palas y jamás podré agradecerles lo suficiente lo que hicieron para ayudarme a encontrar a Sebastián.
Háblame de Sebastián Blasco
Sebastián nació en Andorra de Teruel en 1895. Era mi abuelo y lo mataron poco después de acabada la Guerra Civil. Hasta hace unos años yo sabía muy poco de él, pero decidí investigar las circunstancias de su muerte, sobre la que había diferentes teorías, y encontrar sus restos, pues no se sabía dónde lo habían enterrado.
Hay quien dice que remover el pasado es abrir viejas heridas. Supongo que no estás de acuerdo.
¡Ja! No podría estar más en desacuerdo. Las heridas son feas cuando no se curan bien y supuran. Ese es el tipo de herida que abunda en este país en relación con la Guerra Civil. Yo misma tenía varias. De hecho, había un conflicto serio con una parte de la familia de mi abuelo y gracias a este proceso se ha subsanado.¿Cómo reaccionó tu madre cuando el ADN confirmó que habíais encontrado a Sebastián?
Con una profunda emoción que era una mezcla de tristeza y alegría. Se ha pasado ochenta y un años sin saber qué había pasado con él y sin saber dónde estaba enterrado. Haberme empecinado en buscarlo y encontrarlo ha sido, sin duda, el mejor regalo que le podía hacer.

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Esta entrevista puede ser copiada en fragmentos o en su totalidad y reproducida en cualquier medio.
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¡Que tengas un buen día!Bibiana Ripol – 93 368 84 66 – 607 71 24 08 – bibiana@ripol.es

May Borraz (Barcelona, 1966) está licenciada en Filología inglesa y en Filosofía. Ha trabajado como profesora, traductora y periodista de viajes. Ha publicado, junto a Marc Ripol, varias guías de viajes. El último cuento es su primera novela.

Todos los beneficios obtenidos por la venta de este libro se destinarán a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

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