Presentación

Como veremos en este Plural, y aunque sea a niveles no equiparables, el hecho es que, ya sea por la vía progresista o a través de las nuevas formas autoritarias, la crisis pandémica ha servido para acelerar de forma inaudita la mercantilización de la educación, Para poner en el centro de sus políticas la adaptación de la escuela al siglo XXI.

La crisis sanitaria de la covid-19 ha puesto en evidencia que las políticas privatizadoras y el modelo económico imperante son absolutamente incompatibles con los derechos sociales, laborales y ecológicos (y con la misma vida). No es ningún secreto: los momentos de crisis se han convertido en los últimos tiempos en la excusa perfecta para hacer avanzar las peores agendas económicas, políticas y sociales por parte de los poderes políticos y económicos, para proteger los privilegios de unos pocos frente a las necesidades de las mayorías sociales. Las crisis no han sido nunca paréntesis en la vida social, sino momentos donde entran en pugna de forma crítica proyectos de sociedad y diferentes soluciones a los problemas planteados. Para muestra un botón: frente a la segregación escolar y la brecha digital que ha revelado y ampliado la crisis de la covid, la solución: más chatarra tecnológica y desembarco masivo de las multinacionales tecnológicas en la educación pública…

Luego, el apuntalamiento de esta política de hechos consumados se puede glosar de dos formas: al estilo de la Lomloe, con la música celestial del viejo neoliberalismo progresista de la mano de la ministra de Educación, Isabel Celaá: “El impulso a la digitalización facilitará el cambio de paradigma educativo, con metodologías más activas y competenciales, y transformando los espacios en hiperaulas interactivas, abiertas y diáfanas”; o, por otro lado, directamente a través del nuevo estilo trumpista del neoliberalismo autoritario, que, depurado de las viejas formas de la democracia liberal, ahora se apoya en retóricas nacionalistas autoritarias y xenófobas y representa un salto radical en el dominio del capital sobre la sociedad; como en el caso de Bolsonaro en Brasil, que incluso aprovecha para militarizar directamente la educación.

Sin embargo, la lucha por una educación pública igualitaria y emancipadora no puede quedar atrapada en esta falsa disyuntiva. Como veremos en este Plural, y aunque sea a niveles no equiparables, el hecho es que, ya sea por la vía progresista o a través de las nuevas formas autoritarias, la crisis pandémica ha servido para acelerar de forma inaudita la mercantilización de la educación. Para poner en el centro de sus políticas la adaptación de la escuela al siglo XXI; esto es: adaptarla a un mercado de trabajo feudal, adaptarla a un sistema productivo que se carga el planeta; unas políticas educativas que han convertido el derecho a la educación en una inversión personal para competir con los demás, una educación para emprendedores, para adaptarse con éxito a la ley de la selva de todos contra todos. Unas políticas nihilistas que quieren que los educandos y educandas se adapten dócilmente y con educación emocional (en el mejor de los casos) o con formas autoritarias e incluso militarizadas (en otros) a un mundo que se autodestruye.

En un ensayo reciente, Contra la igualdad de oportunidades, César Rendueles señala, y creo que con razón, que una parte importante del igualitarismo contemporáneo se ha sumergido en el idealismo formativo. Como si la educación fuera el contenedor donde depositar el inventario curricular de toda la mala conciencia del mundo actual y sus soluciones. No es este el sentido de este Plural. Pero sí señalar la naturaleza de la actual crisis educativa, que no deja de ser un reflejo de la actual crisis civilizatoria, y señalar también líneas de acción en este campo que nos permitan reflexionar sobre el carácter estratégico que ha tenido y tiene la lucha por una educación pública, crítica, democrática y universal para cualquier proyecto emancipador e igualitario digno de este nombre. Esto lo saben bien las fuerzas del capital y lo han demostrado por enésima vez durante esta crisis. ¿Lo sabemos o recordamos nosotras y nosotros? Nuestras prioridades prácticas y políticas en este periodo de encrucijada nos lo dirán. Como dice Henry A. Giroux en este Plural: “Es difícil imaginar un momento más urgente de tomarnos en serio la exigencia de situar la educación en el centro de la política”. Por eso en su artículo empieza por señalar la necesidad vital de recuperar las instituciones educativas y su democratización (crear un espacio para el pensamiento crítico, para la acción y para una nueva cultura cívica) frente a la actual expropiación autoritaria y mercantil de las mismas. Y recuperando esta base institucional, recuperar a su vez el sentido, el papel crítico y transformador, de las y los docentes (ahora subordinados por la precarización), como una suerte de pensadores fronterizos. Que trabajan para integrar y poner saberes, conocimientos y herramientas reflexivas al servicio de las necesidades de la mayoría social, de su autoorganización y subjetivación política antagonista.

Por su parte, en “Escuelas que nos den de vivir”, Marta Pascual nos propone partir de la “infraestructura material” de las propias redes escolares (sus edificios, sus patios, sus cocinas, su relación con el entorno…) para reelaborar desde ahí el sentido profundo de los conceptos de “comunidad educativa” y “codependencia”. Y abrir la escuela a las relaciones sociales que la habitan: los conocimientos populares, los aprendizajes prácticos cotidianos, el desarrollo de la cooperación o el ejercicio de los cuidados normalmente despreciados por los marcos institucionales de la educación oficial. ¿Qué presente tiene que construir la educación para cargarse de sentido y de credibilidad en este momento de la historia? Desde una perspectiva de transformación ecofeminista, Marta reivindica esta comunidad educativa como la frágil experiencia práctica y vivida de una cultura alternativa que permitiría situar, ya en el presente, la posibilidad de un futuro de justicia ecosocial frente la catástrofe civilizatoria.

En “La Googlelización de la educación pública. El caso de Catalunya”, Cecilia Bayo pone el foco en otra infraestructura escolar, esta vez la digital, y el salto exponencial que ha representado la pandemia para facilitar el desembarco de Google en la educación pública catalana. Cecilia analiza también la doble dinámica que impone el capitalismo digital de las Gafam (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) “como una nueva forma de acumulación basada en la captura masiva de datos y el desarrollo de algoritmos para exprimirlos con diferentes usos”; y, por otro lado, el filantrocapitalismo a través del cual las multinacionales definen y performan las políticas públicas y educativas. Finalmente, Cecilia nos habla de la experiencia de lucha de un grupo de madres y padres en alianza con el colectivo de activistas digitales Xnet en Catalunya que aboga por una infraestructura educativa digital que sea soberana y democrática.

En su artículo Rosa Cañadell levanta el foco de Catalunya y nos ofrece una radiografía más general del impacto de las políticas neoliberales de las administraciones públicas (doble red, libre elección de centro, autonomía gerencial, estructuras antidemocráticas, recortes…) en la educación en el Estado español, desde la crisis del 2008 hasta la pandemia de la covid-19. Y sus consecuencias: mercantilización, privatización, segregación escolar y menosprecio del conocimiento. Tal como señala la autora, en el contexto de la arquitectura institucional neoliberal que han diseñado las políticas educativas de los últimos tiempos hasta nuestros días, la llamada innovación educativa (y el desembarco de bancos, fundaciones y multinacionales tecnológicas que le acompañan) está actuando como el auténtico motor de esta mercantilización. Y esto, en un doble sentido: introduciendo la lógica competitiva de mercado educativo en la arquitectura de la misma red pública y, por otro lado, transformando la misma naturaleza de la práctica educativa y el aprendizaje a través de nuevas fórmulas cuyo objetivo último es que “los conocimientos, valores y actitudes de la educación estén directamente al servicio de las necesidades de las empresas y del propio sistema”.

En medio de la crisis pandémica y a caballo entre el final de la presidencia de Trump y el inicio de la nueva presidencia demócrata de Biden, Peter McLaren aborda el legado del trumpismo en la sociedad y el sistema educativo de EE UU. Desde la gestión criminal de la pandemia, que ya ha costado más de 400.000 muertes, al racismo institucional y la educación patriótica que niega los horrores del racismo y la esclavitud en la historia americana; de los recortes multimillonarios en la educación pública, a refinanciar con ello escuelas religiosas ultra conservadoras que no admiten homosexuales, ni lesbianas, ni mujeres que hayan abortado en sus escuelas, y que impulsan todo tipo de prácticas discriminatorias en nombre de la libertad de elección de centro. Más allá de la figura histriónica de Trump, McLaren nos muestra cómo el trumpismo ha calado en amplias capas de la política y la sociedad americana. Y cómo sus derivas neofascistas no podrán ser detenidas con simples políticas progresistas que no ponen en cuestión los principios estructurantes de la actual crisis capitalista.

Pero si en algún lugar son palpables (y apenas sabemos nada) las actuales mutaciones autoritarias del neoliberalismo global y sus posibles derivas neofascistas es en el Brasil de Bolsonaro. Fátima da Silva, profesora y sindicalista brasileña, analiza un fenómeno de involución educativa y fascistización social (en el país de Paulo Freire y el MST) que debería ser objeto de denuncia por parte de todos los medios internacionales. Pero sobre el que, sorprendentemente, no ha trascendido ni tenemos noticia: el proceso de militarización de las escuelas por parte del gobierno de Bolsonaro que pretende transferir la gestión administrativa y pedagógica de las escuelas civiles de Brasil a las fuerzas militares. Un proyecto que tiene como una de sus principales consecuencias la criminalización de las infancias populares. Como señala Fátima, “la defensa de una escuela pública pasará ahora a adquirir el carácter de una lucha política por la recuperación de la propia democracia en nuestro país”.

Finalmente, Luis Bonilla-Molina nos ofrece un breve análisis global de la crisis de los sistemas educativos públicos a la luz de las transformaciones del sistema capitalista, deteniéndose en la actual colisión del capital tecnológico transnacional con los sistemas educativos. Un proceso de privatización y expropiación de la educación pública que la crisis pandémica precipitó convirtiéndose en un ensayo global de lo que la OCDE denomina la “sociedad educadora en red”. A continuación, Bonilla configura un mapa de los diferentes actores y movimientos en pro de la educación pública en América Latina y apunta líneas estratégicas para la construcción de una escuela transformadora y una agenda anticapitalista amplia. En este sentido, termina recordando la experiencia y el camino que abrió el primer Congreso Mundial en Defensa de la Educación Pública y Contra el Neoliberalismo Educativo, realizado de manera virtual el 25, 26 y 27 de septiembre de 2020, en el cual hablaron más de 100 organizaciones sindicales y pedagogos críticos de cuatro continentes.

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