El bloqueo al gobierno progresista avanza pero antes de su fin se debe ganar la batalla del relato


 

Dos cosas han quedado demostradas con este gobierno de coalición: que tener el gobierno no es tener el poder del estado y que el poder del estado, la izquierda reformista no lo entiende porque lo considera por influencias liberales, un poder centralizado por naturaleza corrupto y autoritario. Por eso, la derecha neoliberal de dentro y fuera del partido socialista, una vez que el gobierno de coalición progresista se formó, bien porque Pedro Sánchez estaba interesado o porque formaba parte del plan B para destruir a Podemos, el objetivo ha sido bloquear desde las estructuras del estado de ministerios, autonomías o ayuntamientos, las iniciativas de las escasas competencias de los ministerios cedidos a Unidas Podemos, todas en manos de comunidades autónomas cuando no de la Comunidad Europea. Todas no, diezmada pero con competencia reales, quedó las de Yolanda Díaz Ministra de Trabajo, que en estos momentos es de quien más depende la batalla del relato con el asidero de la Inspección de Trabajo levantando trabajo negro; la subida del Salario Mínimo Interprofesional o la anulación de la reforma laboral, para así responsabilizar ante el pueblo a los culpables de la ruptura del único gobierno progresista en España desde la segunda república, al negarse a cumplir con los acuerdos de gobierno pactados.

Dos frentes de batalla han tejido la oligarquía neoliberal contra el gobierno progresista de guerra de cuarta generación, uno desde el aparato policial, judicial y militar del estado burgués, más los mercenarios de la política que los representan en el parlamento y dentro del gobierno; el otro con el poder mediático mediante la difamación, el bulo y la mentira, de las iniciativas de los ministerios de Unidas Podemos o desde los controlados por los neoliberales, declarando iniciativas contra la línea de flotación del acuerdo de gobierno, buscando la confrontación, la división o crear confusión social entorno a la realidad de las iniciativas legislativas. Los papeles jugados por Carmen Calvo vicepresidenta primera, Nadia Calviño vicepresidenta segunda, Margarita Robles defensa, María Jesús Montero hacienda, Fernando Grande-MarlasKa interior o José L. Escrivá inclusión y Seguridad Social, como principales detractores dentro del gobierno, han sido de declaraciones expandidas por los medios de comunicación burgueses, de propuestas y proyectos de las políticas del día en sus ministerios, completamente contrarios al espíritu del acuerdo de gobierno.

Si de esta Unidas Podemos no sale triunfante, el futuro para los sectores excluidos de la clase obrera es más que negro a falta de otra alternativa. Del muro construido contra la exclusión social provocada por la crisis económica, la pandemia y la precariedad social y laboral, poco quedó en su realización práctica. El más ambicioso del Ingreso Mínimo Vital, al depender de ministerios que lo bloquean junto con el resto con competencias, no dieron ni dan colaboración ni facilidades a los excluidos socialmente para cumplir con los requisitos exigidos, manteniendo las oficinas del INEM y los servicios públicos y sociales sin atención presencial. Queda con iniciativas de fuerte calado las del Ministerio de Trabajo, que con gran esfuerzo y concesiones a la patronal mantiene los ERTES pagando el estado un salario a decenas de miles de trabajadores, manteniendo así el puesto de trabajo sin engrosar las filas del desempleo y lo fundamental, la anulación de la reforma laboral del Gobierno del PP, la cual si está encima de la mesa para que quede claro, es por la existencia de una ministra que viene de la clase trabajadora, no por la movilización del sindicalismo de clase. Esto, más las llegadas de los fondos europeos después de la derrota electoral de Madrid, son las claves para entender que este gobierno progresista tiene los días contados, si la acción de gobierno no revierte las encuestas, elemento central de los movimientos políticos tácticos del capital.

Pero es importante sacar lecciones políticas, por si hay tiempo para la rectificación. El acuerdo de gobierno de coalición bajo la correlación de fuerzas del momento pudo ser suficiente, pero viendo los detractores dentro del PSOE que se mantenían en los puestos de gobierno representando al capital, se tenía que haber previsto la corresponsabilidad de todas las partes en las declaraciones, para evitar confrontaciones internas con los acuerdos de gobierno. Al no hacerlo así y siendo ya los anuncios de los ministros neoliberales en el gobierno muchos, y en materias muy sensibles como las pensiones, salario mínimo o reforma laboral, el silencio durante meses se tomó como seña de debilidad y apoltronamiento de Unidas Podemos. También por los silencios ante las decisiones que se tomaron contra la pandemia, como el cierre sanitario a la atención personalizada en la atención primaria y especializada de los Centros de Salud; el favorecer con el cierre perimetral a la empresa privada con la obligación del trabajo por encima del de la salud y por primar, el control poblacional con el cierre en sus casas muchas insalubres, por encima del seguimiento, control y la atención personalizada desde los centros de salud a los enfermos y familiares. También podemos añadir, el silencio tenido ante el desarrollo del proceso de producción y compra de vacunas.

Otro error fue el tipo de ministerios cogidos, cuando desde el principio se sabía que muchos eran floreros, al no tener competencias directas y estas ser municipales, autonómicas o de la CE, pero la falta de comprensión de la importancia del estado para el pueblo y más, cuando está atravesado por la lucha de intereses entre burguesías nacionales para acaparar inversiones y fondos públicos, les impidió ver que es fundamental para ejecutar las iniciativas por igual al conjunto de la sociedad sin favoritismos ni castigos. La visión liberal en la asunción del criterio burgués de las comunidades autónomas, que son diecisiete miniestados que confrontan o bloquean las decisiones del gobierno, impidieron las decisiones centralizadas y la capacidad de una gestión descentralizada. En cambio la derecha si tiene claro el valor del estado, supo utilizarlo para desestabilizar el gobierno dejándolo socialmente como responsable de la gestión sanitaria de la pandemia, cosa que muy astutamente supo hacer el PP con Ayuso al frente y sin complejos, ganando a la clase trabajadora más precaria al mantener el sector servicios abierto, por lo tanto un salario para comer y a la clase media y alta un lugar para tomarse copas, contra el cierre gubernamental. Mantuvo el sector sanitario privado abierto como una oferta para las clases medias, con precios (de momento) económicos y atención personalizada como alternativa, a una sanidad pública sin financiación ni profesionales, bloqueada al público y telemática, para un usuario mayoritariamente precarizado social y laboralmente. Y así es como una derecha falaz y mentirosa, gana elecciones a una izquierda liberal y acomplejada.

El problema que tiene la izquierda española tanto marxista como reformista, está en su complejo con respecto a la clase trabajadora, que es una sola en España y no diecisiete; con la idea y función del estado, que entre otras es la de igualar en derechos y deberes y de final, el de las políticas de identidades en especial de género, unas siendo problemas de derechos democráticos y otras de combate social y cultural contra las prácticas del patriarcalismo del capital, que al tratarlos como tema fundamental en un planeta, donde el principal problema es el de la guerra y el de comer una gran parte de la población, incluida la de los países ricos, con cada vez una mayor explotación en el trabajo mediante el aumento de la jornada laboral, la productividad y la movilidad, para que cada día menos empresas sigan teniendo enormes beneficios, en un mundo con amplios sectores de la población precarizada en lo social y laboral y no ver esto, es dar armas a la reacción y al fascismo.

¿Podemos creer, que con criterios que en absoluto critican la degeneración que bajo el sistema capitalista sufren los derechos de la clase trabajadora y subalternas, que van a ser aceptados por estas clases sociales que viven y padecen la miseria y la marginación, en un mundo precarizado social y laboralmente? De ninguna manera así lo lograrán y así la clase obrera y demás, sucumben a los cantos de sirenas del populismo reaccionario y fascista con sus mentiras y bulos y por eso, la única manera de recuperar la iniciativa y confluir la izquierda marxista y reformista, es recuperando a la clase obrera como clase socialmente mayoritaria; al estado como único instrumento para las políticas de igualdad de la ciudadanía, centrando así una lucha transversal contra el patriarcalismo y racismos de raza, género o sexo, desde las enseñanzas primarias hasta en la lucha de masas.

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