El brillo del parloteo

El G7-G8, Rusia, la [ex] UE, China, la Ruta de la Seda…


 

Imagen: “[Piensan que] A través de esto todavía podemos gobernar el mundo”

 

Los modernitos y las modernitas no están de enhorabuena: eso de la transversalidad, de que ya no nay derechas ni de izquierdas, ni siquiera arriba y abajo, es como ellos, simples pompas de jabón muy efímeras. El brillo de un momento.

En México las diferentes expresiones de las derechas se han sumado para erosionar al partido de López Obrador y un poquito sí lo han logrado, un poquito solo. Lo interesante: una significativa bajada en la paticipación electoral y un descenso generalizado de todos los partidos aunque el Movimiento de Renovación Nacional de López Obrador duplica a sus rivales.

En Chile las diferentes expresiones de las derechas se han sumado para impedir el triunfo de una izquierda un pelín más izquierda que en otros sitios y se han hecho, por ejemplo, con el gobierno de la región de Santiago de Chile en manos de la Concertación de siempre, esa que pactó con el pinochetismo y cuyos exponentes son gentes como Lagos o Bachelet. Lo interesante, que la participación apenas ha sido del 20%. ¿Recordáis eso de que en Venezuela la baja participación invalidaba las elecciones? ¡Ah, qué tiempos aquellos!

En Perú las diferentes expresiones de las derechas se han sumado para arropar a Fujimori e impedir la rebelión de los de abajo, de los de siempre. Si en alguna parte asistimos a una expresión de rebeldía popular (circunscrita al voto, eso sí) antioligárquica es aquí. Y si se quiere ver cómo actúa la oligarquía es aquí donde hay que mirar con detenimiento. Ya habrá tiempo de hablar de Castillo y de lo que representa, así como de lo que ha prometido y lo que va  a hacer (y sus renuncias ya son más que preocupantes). Pero la reacción popular es algo a tener muy presente y muy en cuenta.

Sin embargo no es aquí donde me voy a detener sino en la reunión este fin de semana de las viejas glorias coloniales y a quienes es conoce como G-7. El viejo consenso de los “amos del mundo” en los inicios de la globalización neoliberal, esos que incluyeron a Rusia (G-8) porque se las prometían muy felices con Yeltsin tras la desaparición de la URSS (aunque luego la expulsaron por Crimea) y que brindaban por las agresiones a países que alguna vez se habían definido como “no alineados” (Yugoslavia, Libia, Afganistán, Irak, Somalia, Siria…) vuelve a aparecer con un nuevo discurso: el mundo libre y democrático frente al autoritarismo: ¿Nuevo? Bueno, a fin de cuentas hay que pulir el pensamiento único otra vez.

Este grupo de países, que cuando desapareció la URSS representaba el 80% del PIB mundial hoy apenas llega al 40%, pero quiere seguir actuando como si no pasara nada, como si su “fortaleza económica” fuese la base del “peso político”. Cualquier medio de propaganda burgués un poco decente (y no es fácil encontrar decencia entre ese mundo) lo tiene claro. Como lo tiene claro el FMI, pero mentir se les da muy bien no vaya a ser que la gente se ponga a pensar y eso no es conveniente.

 Ya no tienen ni una cosa ni otra, ni fortaleza económica ni peso político, pero tienen la imagen. Y eso es lo que han querido vender porque en unas sociedades como en las que vivimos lo único interesnte es el brillo del parloteo. Mirad los programas de vuestras televisiones respectivas y lo veréis gráficamente.
Pero esta vez la reunión se había convocado explícitamente para reafirmar el pacto euroatlántico, erosionado por Trump, y fijar el nuevo rumbo del conflicto contra China. Duro hueso de roer, sin duda. Lo curioso, que a su vez es lo interesante, es una comunicación beligerante contra China (prácticas comerciales desleales, derechos humanos, Hong Kong y toda esa retahíla de recursos de los demócratas habituales) con una ausencia de proyectos concretos por mucho que se haya hablado de contrarrestar la Nueva Ruta de la Seda.
Primero, llegan tarde. China les lleva mucha ventaja en eso. Segundo, porque no tienen dinero. Hablan de un proyecto de más de 40 billones de dólares que a ver de dónde lo van a sacar. Tengo la vieja costumbre de leer toda esta sarta de estupideces: “los países del G7 y otros socios se coordinarán para movilizar capital del sector privado en cuatro áreas de interés -clima, salud, tecnología digital e igualdad de género-, con inversiones provenientes de las respectivas instituciones financieras para el desarrollo”.

Os lo voy a traducir: no tienen dinero y lo reconocen, por eso, y como para el G-7 el Estado es irrelevante, prometen dar un impulso sólido a la “colaboración público-privada” en la que lo público solo es la coartada porque solo habrá aspectos privados. Algún cerebro mínimamente instalado en los cuadros medios se ha dado cuenta de todo ello, de que alguien podía ponerse a algo tan simple como hacer cuentas y vería que no hay dinero. Por lo tanto, de inmediato, se apostilla: “a la espera de que el proyecto catalice los esfuerzos convenientes, nos comprometemos a impulsar cientos de millones de dólares en inversiones en infraestructura durante los próximos años”. Buena rebaja, de billones a cientos de millones. Parece mucho, pero es muy poco. No es más que el brillo del parloteo.

La Nueva Ruta de la Seda que viene impulsando China desde hace años cuenta con financiación garantizada por el Estado chino, es decir, por un gobierno que no está condicionado por las grandes empresas sino que las guía. Eso hace que sea constante y decisiva. Justo lo contrario de lo que proponen los viejos colonialistas.

Aquí añado un tercer elemento: el G-7, más allá de la foto, es un grupo de países con distintos porcentajes económicos, cada uno con diferentes relaciones económicas con China (y formalmente Italia forma parte de la Nueva Ruta de la Seda aunque Draghi ya ha dicho que va a congelar esa participación) y con una importante red empresarial con grandes vínculos con China. Muchas empresas, tanto europeas como estadounidenses, llevan tiempo “diversificando” sus inversiones, sus centros de producción, tanto en EEUU como en Europa y en China, como para que ahora se vean desplazadas por guerras comerciales o aduaneras. Y en un mundo capitalista como el que vivimos, donde la importancia de los Estados ha desaparecido en Occidente mientras que se ha vuelto dominante el poder de las multinacionales, eso es determinante.

Sobre todo, porque China dio el golpe de gracia a los viejos colonialistas aprobando justo antes (el jueves) de su reunión (que comenzó el viernes) una ley crucial: prohibir a las empresas que implementen sanciones extranjeras. Eso le da al Estado chino poder para lanzar contramedidas inmediatas, así como confiscar y congelar los activos de una empresa sancionada e impedir comerciar y cooperar con la entidad extranjera sancionada. Este es el anuncio de la aprobación de la ley. Fijaos en la fecha y en la hora.

Ese hatajo de drogadictos que son los viejos colonialistas, adictos a las sanciones, tienen su antídoto ahora. China ha respondido al ojo por ojo: si los viejos drogadictos buscan castigar a entidades o países de terceros por tratos directos y/o indirectos con una China sancionada, ellos harán lo msimo.

Empresas occidentales conmocionadas“, es uno de los titulares de los medios de propaganda ante esa ley.

El G-7 está tan muerto como sus patrocinadores, es una actitud de “retaguardia dañina”, en palabras de un diplomático italiano, “con una obsesión por defender un orden mundial que se desmorona y con propuestas más afines al psicoanálisis para combatir la ansiedad que para la política internacional”.

El Financial Times, la referencia capitalista, no puede ocultar su desasosiego: “los pocos que se toman la molestia de leer el comunicado es poco probable que encuentren un mapa de ruta claro”. Lo que ha quedado no es otra cosa que el brillo del parloteo.

Porque ¿alguna vez habéis visto alguna autocrítica de estos viejos drogadictos? ¿algún arrepentimiento? ¿alguna responsabilidad? Los malos son China y Rusia, por supuesto, y sus “actividades malignas” junto a la de los sospechosos habituales (Irán, Corea del Norte, Venezuela, Siria…) pero ni una miserable palabra sobre por qué las “grandes democracias occidentales” están fallando a sus pueblos con políticas que no solo generan enormes disparidades socioeconómicas. Décadas de políticas neoliberales que han destruido la sanidad pública (privatizada), los servicios sociales (privatizados) y demás serán culpa de China, de Rusia y de los sospechosos habituales, digo yo. Y el costo humano y social en las “grandes democracias occidentales”, también. Eso por hablar de ellos y no del resto de países a quienes tratan como esclavos.

Por eso el retrato más acertado que se puede hacer del G-7 es este.

Es espléndido: mirad el pastel con el mapa chino, mirad lo que está haciendo cada país. EEUU imprimiendo dólares en papel higiénico; Italia levanta las manos como oponiéndose o, al menos, diciendo algo así como “vamos a ver eso”; Japón está vertiendo en las copas algo verde (agua radiactiva de Fukushima); Francia como si estuviese en otra parte; Alemania mira con interés pero sin decidir; Gran Bretaña y Canadá siempre atentas a lo que diga el patrón; Australia (invitada a la reunión), siempre sumisa, cogiendo el dinero de mierda; India (también invitada) con goteo por coronavirus.

Pero aún creen que pueden gobernar el mundo.

http://elterritoriodellince.blogspot.com/

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