El conflicto de Arcelormital

 

 

¿Alguien con una capacidad mental dentro de la normalidad puede aceptar que el futuro, la competitividad lo llaman ellos, de una instalación como la acería LDG de Gijón pasa por la destrucción de 23 empleos? Si diésemos veracidad a las afirmaciones de esta tropa de ejecutivos de la multinacional bastaría con en vez de 23 empleos, destruir 30 o 40 para afianzar mucho más esa competitividad de la que ellos hablan y afianzar el futuro. Pero si admitiésemos esto estaríamos fuera de esa normalidad mental y solo quedaría el sometimiento a la lógica empresarial, máximo beneficio a menor coste.

El futuro de la acería de Gijón, como del resto de instalaciones, pasa por un proceso de inversiones continuo que actualice el proceso productivo y también en una constante reposición de todo aquello que como consecuencia de una actividad normal y diaria se va desgastando y que va desde la fatiga de la maquinaria hasta las infraestructuras, y en este apartado las factorías asturianas tienen un déficit que lastra la rentabilidad de las mismas y cuya responsabilidad es achacable en exclusiva a quienes rigen los destinos de la multinacional y a la tropa de ejecutivos bien remunerados que mal dirigen las plantas aquí en Asturias.

Es curiosa la lógica que aplican los citados ejecutivos. Ellos deciden qué inversiones, qué plazos de ejecución, qué tecnología implantar,… ellos deciden recortar presupuesto en esas inversiones y si la cosa sale mal, baste como ejemplos la inversión en el Tren de Carril o las Baterías de Gijón, entonces la responsabilidad la trasladan hacia quienes nada deciden pretendiendo culpabilizarlos con el fracaso de sus decisiones, derivando el “foco” hacia la destrucción de empleo como fórmula para lograr la ansiada competitividad. Suena a chiste de mal gusto el escuchar que la mala situación del Tren de Carril se debe a la pérdida de producción como consecuencia de la conocida como “media hora del bocadillo”. Por cierto, la media hora es una recomendación de la OIT (Organización Internacional de Trabajo) para combatir la fatiga que se produce dentro de la jornada laboral.

Estos ejecutivos que mal dirigen las plantas asturianas aplican una lógica, nada novedososa, que se puede resumir de la siguiente manera: el empleo decrece, la ratio de la productividad aumenta, los costes bajan y los beneficios aumentan. Dicho de otro modo, menos personas hacen lo mismo o más. Así entienden estos tipos el mantra de la competitividad y así encubren su responsabilidad en los fracasos inversores por ellos decididos. 

Pero para que ello sea efectivo hay que contar con un buen hacer comunicativo que haga creer a la sociedad, en este caso asturiana, lo responsables que son en aras de salvaguardar el futuro de las plantas mientras se “criminaliza” a quienes se oponen a esta lógica. Y aquí es donde entran los medios de comunicación, que forman parte del mismo negocio. Se supone que el periodismo no se basa solo en trasladar al papel las filtraciones interesadas de estos ejecutivos si no que debe de contrastar las fuentes con otras opiniones, debe de tener un componente de investigación que permita una información veraz y nada de esto está ocurriendo. Baste como ejemplo el siguiente titular de la Nueva España “El tren de carril de Arcelormittal pierde 25.000tn de producción como consecuencia de las paradas por bocadillo” ante el cual solo podemos gritar ¡viva el periodismo independiente!

Ayer día 3 de diciembre, los ejecutivos que mal dirigen las plantas asturianas presentaron un cierre patronal de la Acería. Un cierre que bajo la legislación vigente no se sostiene y cuya única finalidad es vulnerar el derecho de huelga, minar la voluntad de quienes se oponen a la destrucción de empleo y son firmes defensores de él y piensan que el futuro industrial y la rentabilidad económica pasa por otros caminos sobre los cuales y por desgracia tenemos escasa capacidad de decisión. Solo nuestra voluntad, nuestra sensatez y sentido común y nuestra solidaridad.

 

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