El discurso del ‘ni-ni’

– Los discursos de nuestros reyes acostumbran a ser tan vacuos y poco inspirados como la propia institución

– Se loa con grandes alharacas que Felipe VI haya deslizado una coqueta alusión a la podredumbre que hiede desde distintas bancadas del hemiciclo

– La regeneración moral de la vida pública es una cuestión de principios, de voluntad y decisión

 

Resulta que a nuestro rey, tan león como su padre pero no mejor lector, le ningunean desde todos los frentes el discurso más importante de su corto reinado. Lo contaba Álvaro Carvajal en la portada de El Mundo de este viernes: Podemos y los nacionalistas niegan la legitimidad del Rey, titulaba a cuatro el diario de la bola. Y al pobre Felipe VI lo despachaba el enojado diario en una columnilla a la derecha, apenas treinta líneas en las que, eso sí, vasallaje obliga, destacaban que “no dejó de aprovechar la ocasión para lanzar un mensaje de importante calado y trasfondo político”.

 

Esto de apartar los calados y trasfondos reales a las sentinas de la portada puede sonar muy marinero, pero se trasmuda en bucanero cuando colocas encima del rey –y lo que es peor, de la reina– a los coletillas y a los rufianes. Vaya manera de demostrarse monárquico, querido Cuartango, sabio Pedro.

 

Los discursos de nuestros reyes acostumbran a ser tan vacuos y poco inspirados como la propia institución. Se loa con grandes alharacas que Felipe VI haya deslizado una coqueta alusión a la podredumbre que hiede desde distintas bancadas del hemiciclo: “La regeneración moral de la vida pública es una cuestión de principios, de voluntad y decisión. La corrupción tiene que llegar a ser un triste recuerdo de una lacra que hemos de vencer y superar”. Su divertida majestad pronunciaba estas palabras sin mirar a los ojos a Mariano Rajoy, aunque me cuentan marquesas bien informadas que Letizia mandaba en ese instante y a la sordi un sms: “Mariano, compiyogui, sé fuerte”.

 

larazon-200La corresponsal áulica de La Razón, Aurora G. Mateache, arrancaba su crónica con grandilocuencia historiográfica: “La actitud circunspecta tanto por parte del rey como de la reina en el Congreso de los Diputados ayer era el reflejo del estado de España”. Y es verdad que la seriedad de Felipe y Letizia está tan justificada como la de muchos otros españoles: a pesar de la edad y la formación intelectual de ambos, son incapaces de encontrar ningún trabajo digno.

 

Pocas páginas más adelante, el analista Fernando Rayón destacaba Las palabras fuertes de Felipe VI. Al igual que El Mundo, de las tres columnas que le dedica al arranque solemne de la XII legislatura las dos primeras se centran en “la provocación” y “amenaza” en twitter de Carolina Bescansa –“Letizia, si vas a llevar a tus hijas al hemiciclo prepárate para una campaña de insultos”–, a la sentada de los “provocadores” de IU ante el himno nacional, y a la banderita republicana de Iñaki Bernal. ¿Es que nadie estaba escuchando el discurso del cuitado Felipe?

 

Entre tanto despiste, a Rayón apenas le dio tiempo a trascribir una frase del monarca: “En un Estado de derecho la primacía de la ley elimina la arbitrariedad de los poderes públicos y asegura el ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos”. Ahí observé yo varias estocadas certeras contra, por ejemplo, el diputado Jorge Fernández Díaz, que como ministro de Interior se tomó la ley por un zapatófono y mandó espiar a rivales políticos; o al malvado o malvada que ordenó destrozar los discos duros de Luis Bárcenas para que no los estudiaran los jueces; también me vino a la mente la sede construida en negro por el PP; o el aforamiento de una Rita Barberá que llevaba un collar de perlas tan gordas que hubiera decapitado a la aleve Letizia si se lo hubiera puesto al cuello. Rayo, que seguro que es más listo que yo, analiza sin embargo la alocución como “mensaje claro a las instituciones catalanas”. Pues Felipe se equivocó de parlamento, me parece a mí.

 

abc-200ABC, tras anunciarnos en su editorial del día que “lo mejor”, ante las actitudes izquierdistas y nacionalistas, “es despachar sus infantiles desplantes con un par de líneas”, les dedica una de sus tres páginas de la crónica del evento. Además de dos columnas y media, entre las que destaca el verso siempre suelto del ingenioso David Gistau, que afea a Felipe su “tono mortecino” y le exige que “su personalidad desborde más”. Claro que, para evitar que Bieito Rubido lo emascule con la tijera de censurar, destaca “la ovación larguísima, casi emocionante, con la que fue recibido” el coronado. Tampoco la ni-ni consorte escapó de la necesidad del prosista de darse un garbeo por la frivolité: “En las conversaciones livianas del patio, los letiziólogos de la información de Zarzuela aseguraban que la máscara contrariada de la reina era ayer aun más severa de lo habitual”. Tiembla Felipe, y tiembla España.

 

elpais-200Por último, El País destacaba en su editorial que “por primera vez [el rey] habló abiertamente de corrupción”. Lo destacaba tan grandemente que no le dedicó ni una palabra más que las aquí transcritas: siete. Ya en páginas interiores, el columnista, reportero y tertuliano Rubén Amón titulaba su análisis con un sorprendente Larga vida a los borbones. Costaba encontrar en el texto jusificación a tan ampuloso encabezamiento: “Garantizaba a los presentes la larga vida de la monarquía la figura de la pequeña Leonor, impecable, como su hermana, en cuestiones de perfeccionismo escénico”. Esta claro que la monarquía corre más peligro por la untuosidad de sus tiralevitas que por la ferocidad de sus detractores.

 

Al día siquiente, en los kioskos de esta madrugada, todo volvió a la normalidad. La Razón: `Merkel elige a Rajoy como socio preferente ante la ola populista’: ABC: ‘España gana influencia y fuerza en un mundo en revisión’; El Mundo: `Rajoy se alinea con Merkel para frenar el populismo´.

 

Lo único preocupante del día lo destaca en portada El País: Merkel a Rajoy: “Mariano, aquí diríamos que tienes la piel de elefante”. Supongo que a Mariano le recorrió un escalofrío pensando si en la víspera no hubiera estado en el Congreso Felipe VI, sino su cinegético padre, tan amigo de los paquidermos. No está el país para magnicidios, ahora que nuestro gobierno ya ha conseguido que alguna anciana no vuelva a sufrir nunca más pobreza energética. España va bien.

 

 

Aníbal Malvar es periodista y escritor. Su última novela es “La balada de los miserables” (Akal, 2012)

Público.es

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