El silencio de los “corderitos”: la izquierda oficialista española y Cuba


 

 

La relación entre la izquierda cubana y la española se remonta a la propia lucha por la independencia de la nación cubana. José Martí, héroe nacional cubano, intentó con suerte dispar incluir entre la agenda de los republicanos españoles la cuestión cubana durante su dos exilios forzosos a España en 1873 y 1875.

Durante la Segunda República, España fue un lugar de acogida para numerosos revolucionarios cubanos perseguidos por la sangrienta dictadura parafascista y pro-norteamericana de Gerardo Machado. No es de extrañar que la aportación de Cuba a las Brigadas Internacionales fueran de las más importantes ponderado el peso demográfico de Cuba respecto a otros países. Recientes investigaciones acreditan hasta 1412 brigadistas cubanos, aunque muchos otros participaron bajo otras banderas, especialmente bajo la bandera del Batallón Lincoln norteamericano.

La lucha revolucionaria anti-batistiana y la construcción del socialismo en Cuba contó, de igual forma, con el compromiso internacionalista de numerosos republicanos españoles en el exilio y especialmente de cuadros del Partido Comunista de España.

Durante la dictadura franquista, paradójicamente, no se produjo alejamientos en las relaciones diplomáticas entre Cuba y España gracias a una política de «buena vecindad» auspiciada por el propio dictador Franco, excentricidad que se permitía a la vez que vendía España al imperialismo norteamericano tanto con las bases militares de Rota y Morón, como auspiciando la penetración de la débil economía española de posguerra por parte de los monopolios norteamericanos.

La existencia del campo socialista animaba a mantener buenas relaciones con una Cuba que no necesitaba grandes intercambios económicos con el mundo capitalista. En ese contexto, la política de buena vecindad era mantenida durante los primeros años de la nueva monarquía parlamentaria. Sindicatos y organizaciones políticas, ya legales, formalizaban sus relaciones con Cuba. Felipe González presumía de sus relaciones con Fidel a base de los 5 cigarros habanos que se fumaba diariamente. Aparecían nuevos «amigos» de Cuba entre los partidos del nacionalismo burgués periférico y se mantenían los aliados clásicos, los comunistas de diferentes partidos y las organizaciones de la izquierda patriótica vasca. No había artista “progre” que no intentase arrimarse a Silvio Rodríguez o Pablo Milanés, ni actor defraudador de Hacienda que no intentase de alguna forma trabajar en la mayor de las Antillas.

En la década de los 90, la caída del campo socialista y la ofensiva imperialista yanqui iban a modificar el panorama sensiblemente. Mientras Cuba perdía el 90% de su comercio exterior, EEUU aprobaba las Leyes Torricelli, Helms-Burton y de Ajuste Cubano. Con ellas se externalizaba el bloqueo económico a las filiales de empresas norteamericanas en el exterior, se sancionaba a cualquier empresa que comerciase con productos que tuviesen un 5% de componentes cubanos o se le otorgaba la residencia en Estados Unidos a cualquier cubano que llegase a territorio norteamericano de manera ilegal, mientras se suspendían la emisión de visados para viajar de manera legal de Cuba a EEUU. Las autoridades norteamericanas pretendían colapsar la economía cubana y provocar un levantamiento contrarrevolucionario, al igual que había sucedido en numerosos países del este.

Eran tiempos en los que la emigración batistiana se reunía en los bares de Miami para brindar por la caída en de la Revolución, «el próxima año en la Habana», mientras se repartían propiedades y empresas cubanas y hacían listas de personas «fusilables». Había que ser un necio para resistir en esas condiciones y aunque los cubanos resistieron, muchos de sus amigos no lo hicieron.

Los primeros fueron, como siempre, el PSOE, que pasó de presumir de los puros de Fidel a recomendar una transición democrática como las que habían arrasado Europa del Este. Aunque algunos cuadros del PSOE siguieron apoyado la cooperación al desarrollo con Cuba honestamente, hasta detrás de una iniciativa de apariencias nobles se ha escondido el injerencismo y el apoyo a la disidencia anticubana. Detrás de ellos iban los nacionalistas periféricos, y sorprendentemente, a un ritmo más lento, las direcciones confederales de los dos grandes sindicatos, que comenzaron a firmar manifiestos exigiendo el fin del socialismo en Cuba, bajo el caramelito del «sindicalismo libre» que impulsaba Washington para Cuba.

Eran momentos en los que el PP, trascendiendo los limites que había fijado Franco, impulsaba la Posición Común en el Parlamento Europeo que era la pata Europea del cerco económico, político y diplomático del Bloqueo norteamericano. Como perro no come carne de perro, los yanquis premiaban el trabajito del PP, liberando de las sanciones a las inversiones españolas turísticas en Cuba. Abel Matutes, ministro de exteriores y oligarca del sector de la hostelería y el turismo seria uno de los grandes beneficiados de este favor.

Las traiciones a Cuba no se iban a limitar al espacio del «progresismo», dentro del PCE y de IU un importante número de dirigentes, cuadros y militantes se iban a posicionar con el imperialismo. Era la «Nueva Izquierda», López Garrido, Cristina Almeida, Antonio Gutiérrez, fueron desfilando uno a uno y mientras que piaban de Cuba y el PSOE les iba premiando con algún carguito. Aunque fueron una minoría, sembraron una idea: que la defensa de la Revolución Cubana es contraproducente para una «izquierda moderna y democrática».

A pesar de todo ello, Cuba resistió, pudo superar el bloqueo económico y no lo hizo sola. En España, como en todo el mundo, un movimiento amplio de solidaridad, de base, democrático y popular puso su granito solidario. Sindicalistas, militantes y cuadros comunistas, profesionales, gente del mundo de la cultura, trabajadores sin filiación política, impulsaron un movimiento vigoroso que aun hoy sigue vivo.

Cuba resistió, y como resistió, las agresiones del imperialismo siguieron y con ellas las defecciones o los silencios de los corderitos, que vienen a ser lo mismo.

En 2003, EEUU intentó provocar una nueva crisis migratoria, tipificada como amenaza a la seguridad interna por el Informe de la Comisión para la Asistencia de una Cuba Libre. Con ello, EEUU le decía a Cuba que una nueva crisis migratoria como la de los «balseros» acabaría con una invasión militar. Una oleada de secuestros de aeronaves y navíos se perpetraron en Cuba. En esas circunstancias, los secuestradores de una navío que cruza la Bahía de La Habana, tras amenazar la vida de varios pasajeros, fueron detenidos y condenados tras juicio a la pena capital.

A pesar de no existir precedente en 30 años, la progresía mundial se sumo sin matices a una campaña internacional de repudio a Cuba, financiada con el dinero del Departamento de Estado yanqui. Saramago se borró de Cuba con portadas en la prensa mundial (luego se desborró, pero eso ya no tuvo portadas). Llamazares hizo que IU se sumase a esa campaña y desde su dirección y la oficina de IU en el Parlamento Europeo (donde estaba Willy Meyer) se animaba a cualquier representación institucional de IU a condenar a Cuba. Había que condenar la pena de muerte y obviar cualquier contexto a su alrededor.

Como batallita personal, en Sevilla se celebraba en esas mismas fechas un encuentro de solidaridad con Cuba. La noticia de lo que sucedía en La Habana sacudió el evento, donde algunos se borraron públicamente (como Saramago, para luego volver). Allí destacó la figura de José Antonio Barroso, alcalde de Puerto Real y amigo de Cuba y la Revolución, que defendió de manera pública a Cuba en un contexto muy difícil.

El director norteamericano Oliver Stone realizó dos documentales al respecto del asunto para contextualizar aquellos sucesos, pero la izquierda oficialista española necesito menos. Todos pasaron por el ritual de condenar a Cuba, PSOE, CCOO, UGT y aquella IU de Llamazares donde algunos cumplieron por convencimiento, otros por disciplina y otros oportunismo.

A pesar de todo el ruido, la gota malaya del intervencionismo angloeuropeo le afectó a Cuba poco. Tuvieron sus propios debates internos sobre el asunto, modificaron varias leyes y no ha habido ninguna ejecución desde entonces. En cualquier caso, quien sí ejecuta la pena capital, día sí y día también, con la sentencia de un juez o sin ella, sigue condenado sin paliativos estas practicas. Cinismo.

Para doblar la ración de cinismo, durante esos años, 5 cubanos pertenecientes a una red antiterrorista desplegada en Miami, cumplían condenas desorbitadas en EEUU por defender a su país de los grupos terroristas del exilio cubanoamericano. Un caso silenciado por los medios y amplificado por un potente movimiento de solidaridad internacional. No captó la atención de las grandes ONGs (Amnistía Internacional desestimo el caso por ser demasiado «político»), ni del famoserio progre (Sabina, Víctor Manuel, Ana Belén…), ni de Zapatero, ni de Llamazares, ni de las direcciones confederales de los grandes sindicatos. El silencio de los corderitos. Cuba ganó esa batalla sin ellos, pero con otros muchos menos famosos pero con mas dignidad.

Cuba consiguió una enorme victoria con la liberación de los 5, la reapertura de relaciones diplomáticas con EEUU y con el reconocimiento del fracaso del Bloqueo por parte del Presidente Obama. En ese contexto, reaparecieron viejos amigos tanto de la izquierda oficialista y timorata como de otros partidos.

Se aprobaban mociones contra el bloqueo estadounidense en Parlamentos autonómicos y diputaciones, algunas por unanimidad. La Unión Europea derogaba la Posición Común, pero Obama no pasó de la política de declaraciones y gestos respecto a Cuba. Al contrario de lo esperable, Obama endureció el bloqueo económico y tras su victoria, Trump retomó la política imperialista y anexionista clásica de EEUU respecto a Cuba. Los amigos volvieron a esconderse, y se volvió al hostigamiento y cerco de la isla, situación que perdura en la actualidad.

Existe una izquierda minoritaria improbable, improbable que sea de izquierdas, que siempre han sacado su patita en momentos como esto. Trotskistas, maoístas, anarquistas y chouvinistas socialdemócratas, siempre aprovechan estos momentos para, desde su insignificancia, tratar de tapar el sol de Cuba con un dedo. No pueden. Lo que sí pueden es seguir el guión imperialista como han hecho recientemente con Siria, Venezuela o China.

Esta es una breve radiografía que ilustra el silencio de los corderitos de la actual izquierda oficialista en España, que es una izquierda imposible. Errejones, Pablos Iglesias y Teresas Rodríguez (o lo que es lo mismo, la diáspora de Podemos) tratan la cuestión de Cuba, o de Venezuela, como un problema de política interna. Si no me interesa, no hablo de ello, o dejo que hable alguien poco importante, mientras dejan el papel de verdugo de la Revolución Cubana a la derecha y a los medios progres que financian o apoyan (Ctxt o El Diario, por ejemplo). Actúan como sucursal del Partido Demócrata yanqui y hasta que Obama no tuvo un gesto hacia Cuba, ellos no tuvieron ninguno. Para ellos, el socialismo y el país mas solidario del Mundo son un obstáculo para una «izquierda europea moderna» centrada en el ecocapitalismo, la gestión de los fondos de Bruselas, o de cualquier minoría insignificante.

Podemos, Más País y Adelante Andalucía acabaran en el basurero de la historia, es decir en el PSOE, sino, pueden preguntar a Cristina Almeida, López Garrido y Rosa Aguilar. No tienen principios, más allá de pagar la hipoteca del chalet o recordarnos lo dañino de la familia nuclear, que es machista y mala para la mujer, mientas ellos se casan y van teniendo hijo tras hijo.

Izquierda Unida guarda silencio absoluto, centrada en una titánica lucha por comer menos carne y por guardarle la espaldas a su actual Coordinador General, que mientras lidia con su ecoansiedad ministerial le deja la tostada a un eurodiputado, sin foco mediático y sin incidencia en la opinión publica, que tampoco acierta mucho. No hay gracietas de La Cueva S.A., ni entrevistas en programas del mañana para hablar del tema. Mientras tanto, se participa en un Gobierno que tolera los desahucios diarios, dirige una policía que a la mas mínima te saco un ojo, pero a la vez se preocupa mucho la represión y la seguridad de los cubanos. Alberto Garzón, el silencioso corderito que coordina IU para según que temas y Ministro de Verduras del Tiempo en su tiempo libre.

Finalmente, el PCE, que como Partido puede apoyar a la Revolución cubana sin fisuras a través de su Secretario General, pero luego tolerar que su figura publica mas relevante, la vicepresidenta Yolanda Diaz se adhiera fervientemente al relato del imperialismo. Y es que a los comunistas se le pide disciplina, pero con sus congresos y sus órganos, aunque ella es más de disciplinarse con el Consejo de Ministros del injerencista Gobierno Español, que guarda silencio cuando aparecen cabezas de líderes sociales en bolsas en Colombia, pero que agita muchos los brazos con una represión inexistente en Cuba. Lo del centralismo democrático, no han debido explicárselo bien. Este partido bufé libre, donde se puede comer ensalada o pescado (carne ya no, que se enfada Garzón) esta condenado a extinguirse o a superarse. No tiene sentido que sus altos dirigentes puedan saltarse a la torera los acuerdos y que a mí me puedan expulsar por escribir aquí y así.

Ninguno de los ministros de Unidas Podemos va a salir para matizar la política imperialista del Gobierno Español, dispuesto a alinearse con la peor escoria de la humanidad. Mientras ellos toleran las gracietas sobre chuletas al punto del Presidente del Gobierno o los rebajes constantes de la política social por Calviño. No tienen dignidad para salirse un milímetro del tiesto, aunque les vacile su socio, porque en el fondo es una cosa «histórica» y que se paga bien.

Algunos incluso, pensaran que sacar la cara por Cuba es algo que es mitad exótico, mitad folclórico, pero durante estos días se han posicionado con Cuba: el Presidente López Obrador de México, Pedro Castillo presidente electo del Perú, Evo Morales ex-presidente de Bolivia, el Gobierno Chino o el presidente ruso Vladimir Putin (que no debe ser un santo, como dicen los progres, pero se moja más que ellos), un ramillete bastante amplio y diverso que refleja la multipolaridad de un mundo que trata de escapar de las garras del imperialismo. Estos ministros, sin embargo, van empotrados en él hasta que la oligarquía amortice sus servicios.

Cuando Llamazares se alió con el Departamento de Estado de los USA, o cuando Valderas anunció los recortes de la UE en Andalucía, una ola de indignación sacudió al PCE y en menor medida a IU. Resoluciones de órganos locales, provinciales y autonómicos pidieron rectificación inmediata y a los pocos años acabó con la carrera política de ambos.

¿Dónde esta esa dignidad y ese nervio militante hoy? ¿Por qué todos los cuadros de dirección que se indignan en redes sociales no hacen algo concreto en los órganos de su partido? ¿Qué miedo hay? ¿A qué se espera?.

Ni la dignidad se negocia, ni se abandona a su suerte a los amigos. Los corderitos seguirán en silencio, pero el resto no, no lo haremos.

La Revolución Cubana sabrá salir airosa de otro combate, los oportunistas que ahora se esconden o se ponen de perfil acabaran en el basurero de la historia.

Quien se levanta hoy por Cuba, lo hace por toda la humanidad.

 

ÁNGEL SÁNCHEZ , MILITANTE DEL PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA


    Fuente(s):
  • https://observatoriocrisis.com/2021/07/18/el-silencio-de-los-corderitos-la-izquierda-oficialista-espanola-y-cuba/

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