Evaluación y reparaciones en Afganistán


Kathy Kelly, con traducción, introducción y notas de Agustín Velloso para Tortuga.

Excelente análisis de Kathy Kelly (1), quien expone certera y brevemente los crímenes más horribles para la comunidad internacional que se pueden cometer (2), lo que incluye además una operación de engaño a la opinión pública mundial orquestada por el gobierno de Estados Unidos. (3)

Añádase que a pesar de ser un engaño evidentemente intragable desde el asqueroso discurso de Bush anunciando la primera operación “Justicia Infinita”, ésta y todo lo que ha venido después (que aún sigue la acción bélica, la supuesta retirada mantiene el engaño pues no es total ni definitiva) ha sido aceptado por numerosos Estados, algunos de los cuales han colaborado de diversas maneras en los crímenes cometidos, entre otros España (4).

La autora comienza mostrando los inhumanos sufrimientos padecidos por una anciana afgana e inmediatamente procede a desgranar el enorme esfuerzo militar, político y económico (las vidas humanas obviamente no cuentan para sus asesinos) que conscientemente ha tenido que hacer el gobierno de Estados Unidos. ¡Esto durante 20 años de momento!, junto con sus compinches, sin un atisbo de lógica política ni militar y sobre todo con una falta absoluta de sentido de la justicia y un desprecio infinito por la vida de millones de seres humanos, que sólo la máxima maldad podría tener.

Además de repasar la tremenda situación de los afganos y relacionar ésta con el contexto de la guerra y la idiosincrasia de aquellos, a partir del párrafo en el que menciona a Biden, incorpora a su análisis una acusación serena pero demoledora a la población estadounidense, que claramente debe alcanzar también a los países que cooperaron con los crímenes expuestos, lo que nos afecta e interpela a los españoles sin duda alguna. Creo que es la parte más valiosa del texto.

Se ha escrito mucho sobre esta guerra, pero al mismo tiempo que Kelly la describe, denuncia -sin decirlo- todas las guerras con sus crímenes, sevicias, mentiras, corrupciones… En definitiva, todas las barbaridades inimaginables .

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Durante la última década conocí a una abuela que recuerda haber huido de los combatientes talibanes en los años 1990, justo después de saber que su marido había sido asesinado. Entonces era una joven viuda con cinco hijos y durante varios meses agonizantes dos de sus hijos estuvieron desaparecidos. No puedo ni imaginarme los recuerdos traumatizantes que la han impulsado a huir de nuevo de su pueblo hoy. Ella es miembro de la minoría étnica hazara y espera proteger a sus nietos.

Cuando se trata de infligir miserias al inocente pueblo afgano hay mucha culpa que repartir.

Los talibanes han desarrollado la costumbre de anticipar qué personas podrían oponerse a un posible gobierno y en consecuencia realizar ataques “preventivos” contra periodistas, activistas de derechos humanos, funcionarios judiciales, defensores de los derechos de la mujer y grupos minoritarios como los hazara.

En los lugares en los que los talibanes han conseguido hacerse con el control de los distritos, es posible que gobiernen sobre una población cada vez más resentida; las personas que han perdido cosechas, hogares y ganado, ya están haciendo frente a una tercera oleada de COVID-19 y a una grave sequía.

En muchas provincias del norte, el resurgimiento de los talibanes puede deberse a la incompetencia del gobierno afgano, y también a los comportamientos criminales y abusivos de los mandos militares locales, como la apropiación de tierras, la extorsión y las violaciones.

El presidente Ashraf Ghani, mostrando poca empatía por la gente que intenta huir de Afganistán, se refirió a los que se van como personas que buscan “divertirse”.

En respuesta a su discurso del 18 de abril, cuando hizo este comentario, una joven cuya hermana periodista fue asesinada recientemente, tuiteó sobre su padre, que había permanecido en Afganistán durante 74 años, animando a sus hijos a quedarse, ahora se lamentaba porque su hija podría estar viva si se hubiera marchado. La hija superviviente dijo que el gobierno afgano no podía proteger a su pueblo y que por eso la gente intentaba marcharse.

El gobierno del presidente Ghani ha fomentado la formación de milicias populares para ayudar a proteger el país. Inmediatamente la gente empezó a preguntarse cómo podía el gobierno afgano apoyar a las nuevas milicias cuando carece de munición y protección para los miles de miembros de las Fuerzas de Defensa Nacional Afganas, además de los policías locales que han huido de sus puestos.

Al parecer el principal respaldo de las milicias es la formidable Dirección Nacional de Seguridad, cuyo principal patrocinador es la CIA.

Algunos grupos de milicianos han recaudado dinero mediante la imposición de “impuestos” o la extorsión directa. Otros recurren a otros países de la región, lo que refuerza los ciclos de violencia y desesperación.

La abrumadora pérdida de expertos en eliminación de minas terrestres que trabajan para la organización sin ánimo de lucro HALO Trust (5), aumenta nuestro sentimiento de dolor y luto. Unos 2.600 afganos que trabajaban con el grupo de desminado han conseguido que más del 80 por ciento del territorio afgano esté libre de municiones sin explotar esparcidas por el país tras 40 años de guerra.

Lamentablemente los militantes atacaron al grupo matando a diez trabajadores.

Human Rights Watch afirma que el gobierno afgano no ha investigado adecuadamente el ataque ni los asesinatos de periodistas, activistas de derechos humanos, clérigos y trabajadores judiciales que comenzaron a intensificarse después de que el gobierno afgano iniciara las conversaciones de paz con los talibanes en abril.

Sin embargo es incuestionable que la parte beligerante en Afganistán con las armas más sofisticadas y el acceso aparentemente infinito a financiación ha sido Estados Unidos. Los fondos no se usaron para establecer una situación de seguridad en la que los afganos pudieran trabajar para moderar al gobierno talibán, sino para frustrarlos aún más, derribando sus esperanzas de un futuro gobierno participativo tras 20 años de guerra y brutal empobrecimiento. La guerra ha sido el preludio de la inevitable retirada de Estados Unidos y del regreso de unos talibanes posiblemente más enfurecidos y disfuncionales para gobernar a una población destrozada.

La retirada de tropas negociada por el presidente Joe Biden y los militares estadounidenses no es un acuerdo de paz. Más bien señala el fin de una ocupación resultante de una invasión ilegal y mientras las tropas se van, la Administración Biden ya está diseñando planes a corto plazo para la vigilancia mediante aviones no tripulados, ataques con aviones no tripulados y tripulados, lo cual podría exacerbar y prolongar la guerra.

Los ciudadanos estadounidenses deberían considerar no sólo el pago de indemnizaciones por la destrucción causada durante 20 años de guerra, sino también un compromiso para desmantelar los sistemas bélicos que produjeron tamaños estragos, caos, luto y desplazamiento en Afganistán.

Deberíamos lamentar que durante 2013, cuando Estados Unidos gastó una media anual de dos millones de dólares por soldado destinado en Afganistán (6), el número de niños afganos que sufrían malnutrición aumentó un 50 por ciento. En esa misma época el coste de añadir sal yodada a la dieta de un niño afgano para ayudar a reducir los riesgos de daños cerebrales causados por el hambre habría sido de cinco céntimos por niño al año.

Debemos lamentar profundamente que mientras Estados Unidos construía extensas bases militares en Kabul, la población de los campos de refugiados se disparaba.

Durante los duros meses de invierno la gente desesperada por calentarse en un campo de refugiados de Kabul quemaba plástico, cuyo humo tenía que respirar.

Mientras tanto los camiones cargados de alimentos, combustible, agua y suministros entraban constantemente en la base militar estadounidense situada justo enfrente de este campo.

Deberíamos reconocer, con vergüenza, que los contratistas estadounidenses firmaron acuerdos para construir hospitales y escuelas que luego se determinó que eran hospitales y escuelas fantasmas, lugares que ni siquiera existieron.

El 3 de octubre de 2015, cuando sólo un hospital atendía a un gran número de personas en la provincia de Kunduz, la Fuerza Aérea de Estados Unidos bombardeó el hospital a intervalos de 15 minutos durante una hora y media, matando a 42 personas, entre ellas 13 miembros del personal, tres de los cuales eran médicos.

Este ataque contribuyó a dar luz al crimen de guerra de bombardear hospitales en todo el mundo.

Más recientemente, en 2019, los trabajadores migrantes de Nangarhar fueron atacados cuando un dron disparó misiles contra su campamento nocturno. El propietario de un pinar había contratado a los trabajadores, incluidos niños, para cosechar los piñones y notificó de esto con anticipación a los responsables con la esperanza de evitar cualquier confusión. Del grupo de trabajadores fueron asesinados 30 mientras descansaban tras una agotadora jornada de trabajo. Más de 40 personas resultaron gravemente heridas.

El arrepentimiento de Estados Unidos a causa de su patrón de atacar con aviones no tripulados en Afganistán y en todo el mundo, junto con el dolor por los innumerables civiles asesinados, debería preceder a un profundo agradecimiento a Daniel Hale, (7) quien denunció públicamente el empleo de drones causante del asesinato generalizado e indiscriminado de civiles.

Según un artículo de The Intercept, entre enero de 2012 y febrero de 2013, estos ataques aéreos “mataron a más de 200 personas. De ellas, sólo 35 eran los objetivos previstos. Durante un período de cinco meses de operaciones según los documentos, casi el 90 por ciento de las personas muertas en los ataques aéreos no eran los objetivos previstos.”

Según la Ley de Espionaje, Hale se enfrenta a diez años de prisión en su sentencia del 27 de julio.

Debemos lamentar las incursiones nocturnas que aterrorizaron a la población civil, asesinaron a personas inocentes y posteriormente se reconoció que se basaron en información errónea.

Debemos lamentar la poca atención que nuestros políticos electos prestaron a los informes cuatrienales del “Inspector General Especial sobre la Reconstrucción de Afganistán” que detallan muchos años de fraude, corrupción, violaciones de los derechos humanos y el fracaso en la consecución de los objetivos declarados en materia de lucha contra los estupefacientes o de lucha contra las estructuras corruptas.

Deberíamos decir que lo sentimos, que lo sentimos mucho, por hacer creer que permanecíamos en Afganistán por razones humanitarias, cuando honestamente no entendíamos casi nada sobre las preocupaciones humanitarias de las mujeres y los niños en Afganistán.

La población civil de Afganistán ha exigido repetidamente la paz.

Cuando pienso en las generaciones de afganos que han sufrido la guerra, la ocupación y los caprichos de los señores de la guerra, incluidas las tropas de la OTAN, me gustaría que pudiéramos escuchar el dolor de la abuela que ahora se pregunta cómo puede ayudar a alimentar, abrigar y proteger a su familia.

Su dolor debería conducir a la expiación por parte de los países que invadieron su tierra. Cada uno de esos países podría organizar visados y apoyo para cada afgano que ahora quiera huir.

La evaluación de los enormes destrozos a los que se enfrentan esta abuela y sus seres queridos debería dar lugar a una disposición igualmente masiva para abolir todas las guerras para siempre.

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(1) Kathy Kelly ha sido ya presentada en G.T. en anteriores artículos suyos. En todo caso: http://vcnv.org/author/kathykelly/

(2) Estatuto de Roma de la Corte Penal internacional www.un.org/spanish/law/icc/statute/…(s).pdf

(3) Bushspeak and the Politics of Lying: Presidential Rhetoric in the “War on Terror” www.jstor.org/stable/27552281

(4) España y Afganistán: 50 años de matrimonio estéril y 10 de divorcio criminal, Agustín Velloso, Sanz y Torres, Madrid, 2013. http://lacaidaeditorial.wordpress.c…

(5) “El HALO Trust es una organización benéfica británica registrada apolítica y no religiosa y una organización estadounidense sin fines de lucro que elimina los escombros dejados por la guerra, en particular las minas terrestres.” En esto consiste sin duda el especial encanto de algunas ONGs procedentes de los mismos países que las fabrican, venden y usan. Por eso mismo el encantador “Prince Harry se solidariza con HALO Afghanistan”. www.halotrust.org/

(6) Según un estudio comparativo elaborado por la web pacifista Colectivo Utopía Contagiosa, el mantenimiento del contingente español en este país asiático supuso a las arcas públicas 185.000 euros por soldado el pasado ejercicio. Esta organización antimilitarista precisa, en base a datos oficiales del Ministerio de Defensa, que el coste de la última contribución de España a la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) causó al Estado a un desembolso de 237.741.651,94 euros. www.vozpopuli.com/espana/Ministerio…

(7) Daniel E. Hale es un ex analista de información en la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, condenado a 10 años de cárcel por filtrar documentos oficiales sobre el uso de drones en Afganistán. http://en.wikipedia.org/wiki/Daniel…(intelligence_analyst)

 

Crédito de la fotografía: www.britannica.com/event/Afghanistan-War

Fuente: Counterpunch

https://www.grupotortuga.com/Evaluacion-y-reparaciones-en

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