Extravagantes y pintorescos jueces

Ahora resulta que investigar un asesinato es extravagante y pintoresco, lo ha dicho el portavoz del Grupo Popular en el Congreso 

Ahora resulta que investigar un asesinato es extravagante y pintoresco. Lo ha dicho el portavoz del Grupo Popular en el Congreso. A Alfonso Alonso, tan vasco y tan pizpireto él, le parece “extravagante” la negativa del juez Santiago Pedraz a cerrar la investigación sobre el asesinato del cámara español José Couso en Irak, asesinato grabado con vídeo y audio, y cometido por condecorados militares estadounidenses con ganas de zumbarle a la prensa en su hotel con un cañón que tenían. Y le resulta “pintoresco”, al mismo pizpireto y vasco derechista Alfonso Alonso, que el ex juez Baltasar Garzón haya avisado a los parlamentarios populares de que pueden haber cometido un delito con eso de votar contra la justicia universal. Lo de votar contra la justicia universal, tal cual ha hecho nuestro partido de gobierno, ya suena bastante asquerosito. Porque uno tiene entendido que la justicia, o es universal, o no es justicia. Y a lo mejor Garzón lleva razón, y estos políticos que toman decisiones sobre cómo y dónde administrar justicia se están saltando la división de poderes de Montesquieu, y el artículo 506 de nuestro Código Penal invita a pasar tres años en la cárcel a “aquellas autoridades que dicten disposiciones generales para privar derechos y en ámbitos que no son de su competencia”. O sea, a estos.

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Cuando los jueces dictan sentencias extravagantes o pintorescas hay que empezar a desconfiar de la Justicia. Así que Alfonso Alonso se ve de repente en la obligación moral y cívica de retirarle la toga al “extravangante” Santiago Pedraz, de demostrar que no está preparado para ser juez, de que es un inútil. Si un representante político califica de “extravagante” una decisión judicial tiene la obligación de tomar medidas. Como representante del pueblo, ha de asumir la responsabilidad defender al pueblo de las decisiones de este juez “extravagante” y apartarlo de la carrera judicial. Como se apartó de las urnas a partidos peligrosos (peligrosos a dedo) por aquella perversa ley de partidos que nos cosimos a la medida aprovechando que la Justicia es ciega. Hoy Alfonso Alonso ha hecho pública su obligación, como representante del pueblo, de defender al pueblo de un juez “extravagante”. Es lo que tiene saltarse la división de poderes. Si Alfonso Alonso no arremete ahora políticamente contra Pedraz hasta apartarlo de la carrera judicial, habrá demostrado que solo es un bocas incapaz de entender a Montesquieu, que al ser francés es un filósofo harto fácil. Y un tío que no entiende a Montesquieu no puede ser portavoz del muy docto Grupo Popular en el Congreso.

Yo creo que ya ha pasado el tiempo en que las palabras al aire de los políticos deban de ser perdonadas. No debemos dejar impunes ni el “que se jodan” ni el elegante calificativo de “extravagante” aplicado a un juez. Por muy iletrados que sean, los políticos se tienen que hacer responsables, muy responsables, de sus palabras.

Para Alfonso Alonso es “extravagante” que Pedraz insista en investigar el asesinato del periodista Couso por parte de fehacientes militares estadounidenses. Se puede entonces admitir que Josu Ternera califique de “extravagantes” las intenciones de Alfonso Alonso de que los presos etarras cumplan sus penas íntegras, o así.

A veces me preocupa más la corrupción semántica que la político/banquera, aquí en España. Debe ser que soy un tío extravagante y quizá hasta pintoresco.

Público.es

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