Infodemia, nuevos ejercicios del poder y desafíos para América Latina

Autor: Verónica Sforzin

Acerca de la infodemia y otros nuevos fenómenos


 

América Latina es parte subordinada del Capitalismo de la Vigilancia, en tanto continúe permitiendo el extractivismo masivo de Datos para el fortalecimiento del Centro Estratégico de Inteligencia Artificial de EE.UU.

Según el Informe sobre Financiamiento para el Desarrollo Sostenible 2021, la economía global ha experimentado la peor recesión en 90 años, con los segmentos más vulnerables de las sociedades afectados de manera desproporcionada. Se estima que se han perdido 114 millones de puestos de trabajo y alrededor de 120 millones de personas han vuelto a sumirse en la pobreza extrema [1]. En el mismo transcurso de tiempo las Corporaciones de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, las más valorizadas en los últimos 5 años, aceleran su acumulación. La única forma de sostener una situación tan excluyente, sin redistribuir la riqueza, es mediante un conjunto de herramientas de disciplinamiento social y de guerra psicológica.

 

La mal llamada “infodemia”[2] es parte de las nuevas formas de ejercer el poder por parte de las fracciones dominantes. El termino oculta y construye una fetichización de un fenómeno social: relacionar un fenómeno de sobreabundancia de información con una epidemia hace que creamos que es un fenómeno “natural” o que viene de la mano del propio uso de las tecnologías, e impide que lo asociemos al ejercicio de una relación social.

 

Este fenómeno es la evidencia de la ruptura del pacto social moderno de vínculo entre el “hecho” y el “relato”, a lo que se denominaba “verdad” o grados de veracidad. Este acuerdo social se rompe con la hegemonía de los gigantes de las tecnologías, que tienen la capacidad de construir infinitos relatos, de manera directa, sin mediaciones. Esto se logra con la monopolización de internet y la subordinación de estas tecnologías al poder del “Big Tech” y a los sectores más concentrados del poder global.

 

Las nuevas tecnologías rompen las mediaciones propias de la modernidad; constituyendo una relación directa de poder entre los grupos más concentrados y el individuo/usuario/consumidor, esta desigualdad invisibilizada es la estructura donde se constituye un pacto social a expensas de la voluntad del individuo.

 

El fenómeno mayor, que incluye la infodemia, es la “desinformación social”. Un sistema de desinformación masiva construida principalmente mediante las Redes Sociales y a la cual los medios tradicionales se suman. Para desinformar tiene que producirse una saturación de información, en donde no se puede saber qué es falso y qué es verdadero, y que incluso, no interesa. Esto no es producto del azar o de “la lógica de internet” a secas; sino que es un formato que adquiere la Red monopolizada por estas corporaciones.

 

Esta internet permite y promueve la proliferación de miles de propuestas ideológicas; desde el terraplanismo, hasta los antivacunas; necesita que haya tantas propuestas como consumidores. Intentan construir sociedades fragmentadas mediante millones de propuestas ideológicas, para reconstruirlas fácilmente en una polarización, en los momentos político-electorales. Una polarización que les permita sacar ventaja.

 

El otro aspecto es la creación de burbujas de fortalecimiento de las propias convicciones, “la cárcel de los algoritmos”. Hoy lo que nos media en la lectura de la realidad no es la TV, es internet y las Redes Sociales, y estas construyen un mundo virtual acorde a cada personalidad.

 

Desinformación sumada a mundos parcializados construye, como ya lo han estudiado muchos, sistemas sociales cada vez más polarizados ideológicamente. Son sociedades que no se enfrentan entre los desposeídos y los grupos de poder concentrados; por que la división no se produce por las situaciones materiales de exclusión: desocupación, aumento de la pobreza, etc. La polarización social, es construida “desde arriba” por los centros del poder y divide en función de sus necesidades. Gramsci describió cómo en los momentos cruciales, la Nación se dividía entre el Partido Agrario y el Partido de la Industria, era la forma en que las burguesías disputan el poder real; la Nación era la escala que ordenaba las relaciones de poder dentro de los países y los sectores dominantes dividían al pueblo construyendo Bloques de Poder en función de dar a batalla entre sí; en Argentina; hasta el ‘55, eran la UCR y el PJ; dos partidos de masas.

 

Hoy, el umbral del poder, la escala de la contienda, es global y las fracciones dominantes ejercen el poder sin demasiadas mediaciones. La forma de dividir ideológicamente al pueblo es a través de la construcción de múltiples grupos manifestándose solo por pequeñas causas, imposibilitando la construcción de un proyecto político de mayorías.

 

El descontento social frente a situaciones materiales de exclusión cada vez más extremas, es leído e interpretado por la sociedad por los relatos de los centros de poder como problemas naturales, problemas debidos al exceso de control de los Estados, problemas causados por la corrupción, etc. Todas lecturas que imposibilitan la comprensión acabada de la causa política y económica de la misma: imposibilitan la lectura de los intereses en juego y de los modelos sociales que disputan el territorio.

 

En los momentos políticos electorales, esta lógica instalada desde los grupos de poder es utilizada por los sectores neoliberales, de los distintos países; tanto en su ala liberal, como conservadora. Tener los datos procesados de la población (a las que ellos consideran objetos) es su material con el cual inducen conductas futuras. Apelan a las emociones, el odio les queda muy a mano últimamente; lo importante es mantener a la población en un estado anímico emocional, imposibilitando el despliegue de una racionalidad que conecte sus necesidades con el proyecto político que puede resolverlas.

 

Lejos están, de las necesidades populares, estas ideologías desvinculadas de los hechos concretos y materiales; de las necesidades reales del pueblo. “Donde hay una necesidad nace un derecho”, es esta frase de Evita, como condicionante epistemológico, que nos ubica en la necesidad de reconstruir una mirada, plegada sobre lo popular, que aporte a esclarecer el camino político e ideológico que permita resolver estas necesidades: la unidad popular, la importancia del proyecto colectivo, de una ciencia política que tenga por base las historias y experiencias de lucha populares.

 

El segundo momento es la construcción de la polarización necesaria para ganar; en donde se instalan ejes ideológicos que cortan a la sociedad en dos: en Argentina y en muchos países de la región, el caballo de batalla es “la corrupción”. Se inventan causas, se mantiene el tema en pantalla permanentemente: lo importante es instalar el eje, cortar a la sociedad por ahí; múltiples campañas de odio por las redes sociales y los medios masivos de comunicación. Esto consolida ideológicamente y envalentona al sector social más conservador, el cual se siente representado por las propuestas neoliberales; pero arrasa ideológicamente el sector más despolitizado e indeciso.

 

Esta situación, graficada a grandes rasgos, es la forma como se ejerce el poder aprovechando las nuevas Tecnologías, estando estas al servicio de los grandes centros de poder angloamericanos.

 

En Argentina, de cara a las elecciones legislativas de este año estamos viendo la acción decidida por parte de los exportadores de la agroindustria, algunos Grupos Económicos Locales, y los medios de comunicación hegemónicos (Clarín, La Nación) en una avanzada ideológica; lo que más nos cuesta ver es como juegan Facebook-Instagram-WhatsApp; Google – YouTube; habilitando campañas del odio y siendo parte de las mismas. Más adelante veremos cómo se estableció una alianza entre los medios tradicionales y estas Corporaciones. Lamentablemente todavía hay sectores dentro del propio campo nacional y popular que consideran a estas tecnologías neutras, como “autopistas” donde fluye la información; esto genera el problema técnico-político-ideológico de creer que es cuestión de pagar un poco más para que estas corporaciones nos permitan instalar nuestras ideas; siendo esto un error, ya que las mismas funcionan por acuerdos político-estratégicos de escala global…, pero ¡no quiere decir que no aprovechen un pequeño negocio! Incluso mejor si creemos, mediante éste, que están jugando de manera neutral.

 

Nuevas alianzas, una telaraña

 

Para diferir la decadencia de su proyecto imperialista y aprovechando el margen de maniobra que les permite la obscena valorización de sus corporaciones, las Big Tech cierran alianzas con diversos sectores. En el 2020 Google impulso su nueva plataforma de noticias News Showcase, una herramienta desarrollada “con el objetivo de promover el acceso a periodismo de calidad, asociándose con medios confiables que producen contenido. Se puede acceder a este contenido de alta calidad a través de las aplicaciones Google News y Discover, disponibles para Android e iOS.”[3]

 

Es decir, una plataforma en donde se pueden ver las noticias de algunos medios; para publicar esas noticias Google les paga a estas corporaciones mediáticas. Así Google está invirtiendo ¡mil millones de dólares! durante un período de 3 años, distribuyéndolos en los medios que esta corporación considera “serios” y que pueden colocar su información en su plataforma.

 

También Facebook está avanzando en el mismo sentido. El conflicto con el gobierno de Australia, el cual tuvo la osadía de querer imponer sus condiciones para que Facebook pague por el contenido utilizado a los medios de comunicación, tuvo la respuesta de un apagón informativo de más de 24hs de todas las noticias de Australia en la Red. Durante esas horas, si cualquier persona del mundo quería saber algo de Australia vía Facebook se iba a encontrar sin respuesta gracias al gran muro tecnológico. La conclusión es que Facebook comenzó a pagarle también a los medios por utilizar su información, la diferencia es que en este hecho fue el Estado el que pudo poner algunas condiciones.

 

Los medios tradicionales ya vieron la posibilidad de una nueva gran entrada de dólares, en lo que podríamos denominar una “pauta no-oficial”, sino privada, proveniente de las corporaciones trasnacionales. En esta nueva alianza “de ganar-ganar” los medios tradicionales tienen una gran entrada de dinero y las corporaciones transnacionales continúan legitimando los excesos que estén cometiendo o vayan a cometer. Esta alianza permite ocultar el rol monopólico comunicacional.

 

Pensemos ¿quién va a cuestionar algo cuando Facebook cierre alguna otra cuenta más de otro funcionario político que no le sea funcional a sus intereses? Estas corporaciones se están asegurando de esta forma un apagón comunicacional que les permita cometer los excesos que sean necesarios frente a un ejercicio cada vez más brutal del poder debido a la creciente desigualdad social.

 

Otro hecho preocupante para la región es la alianza entre la OEA y Facebook, una “fructífera asociación, utilizando medios innovadores para promover la democracia, la seguridad, el desarrollo y los Derechos Humanos”, ha dicho Almagro.”. “Facebook constituye un “socio” que comparte los objetivos de la organización para las Américas y con quien poder trabajar “productivamente” por el bien de los ciudadanos de la región. “Estamos comenzando con la cooperación en materia de integridad electoral, desarrollo sostenible y libertad de expresión, pero esperamos expandirlo a otras muchas áreas” [4].

 

“En Facebook somos conscientes de los retos que enfrenta la región y de la importancia de la tarea de la OEA para robustecer la democracia y los derechos humanos en las Américas. Esta alianza fortalece nuestro trabajo ante desafíos como la desinformación, la integridad electoral, la libertad de expresión, la privacidad y la protección de quienes defienden los derechos humanos”, ha manifestado Clegg” [5]

 

Las desestabilizaciones políticas y los Golpes de Estado que se han producido en la región en la última década, se construyen principalmente mediante una arquitectura de intereses entre el poder judicial, las oligarquías y parte de los grupos económicos y los medios de comunicación, todos estos actores juegan en alianza con EE.UU. quien pone a disposición su centro Estratégico de Inteligencia Artificial; mediante todo el aparato del “Capitalismo de la Vigilancia” el cual ya viene interviniendo de manera exponencial, lo vimos en las elecciones en Brasil, Argentina, Ecuador; la alianza entre Facebook y la OEA es el “blanqueo” de una alianza que interviene desde hace tiempo en los asuntos internos de los países de la región.

 

EE.UU., el capitalismo de la vigilancia y la región

 

El Silicón Valley y unas pocas corporaciones (las que denominamos “Big Tech”: Google-Alphabet, Apple, Amazon, Facebook-Instagram-WhatsApp y Microsoft), lograron monopolizar el desarrollo tecnológico de internet. Bajo la lógica neoliberal, estas tecnologías quedaron ancladas y limitadas a la ganancia, la especulación y la manipulación social; tres aristas que van de la mano. Las tecnologías nunca han sido neutrales, son parte de un entramado de relaciones sociales de producción. Para hacer una síntesis podemos decir que, en el Silicón Valley, el desarrollo de las nuevas tecnologías se produjo desde los años 2.000 entre los intereses geopolíticos de EE.UU. (caída de las torres gemelas, doctrina de la vigilancia total); los Fondos Financieros de Inversión (especulación con capitales de riesgo, etc.); y la utilización del conocimiento de las Universidades. En ese ambiente se desarrollan las “Start Up” que muchos jóvenes latinoamericanos tienen como ideal de progreso y oportunidad.

 

Frente a la crisis estructural de los proyectos imperialistas angloamericanos, de los cuales las corporaciones de tecnología, las “Big Five”, son parte; EE.UU. necesita mantener su decadente dominio en la región, para lo cual despliega una guerra multidimensional contra los sectores populares; fortaleciendo las alianzas con los sectores más concentrados de poder en los distintos países e imponiendo sus instrumentos de guerra económica, política y psicológica. Aunque tenga muy poco que ofrecer, principalmente la especulación financiera y el narcotráfico, las alianzas se tejen al calor de estos negocios y de históricos acercamientos ideológicos y en considerar como enemigo principal – común de sus intereses, a los sectores populares.

 

La posibilidad de diferir la perestroika de EE.UU. y su crisis terminal está basada en mantenerse competitivo y en el despliegue de lo que Shoshana Zuboff describe como “capitalismo de la vigilancia”, un nuevo régimen de acumulación basado en la monopolización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación por parte de las “Big Tech”.

 

América Latina es parte subordinada del Capitalismo de la Vigilancia, en tanto continúe permitiendo el extractivismo masivo de Datos para el fortalecimiento del Centro Estratégico de Inteligencia Artificial de EE.UU.; en tanto continúe generando una mano de obra barata de programadores que terminan trabajando de manera terciarizada para estas empresas, por sueldos muchos más bajos que los programadores de EE.UU.; en tanto se consolide una estructura de pequeñas y medianas empresas económicamente dependiente de las “Big Tech” (como impulsa la Alianza del Pacifico) y continúe permitiendo el extractivismo de materias primas también centrales para el desarrollo tecnológico, como el litio y las tierras raras.

 

Si EE.UU. pierde su patio trasero, se acelera fuertemente su crisis, frente el despliegue de un mundo multipolar encabezado por China y Rusia.

 

Las luchas populares en la calle, posibilidad de construcción de conciencia colectiva y de un sujeto emancipatorio; en contra de estos imperialismos y por la consolidación de los proyectos nacionales y populares, determinarán los grados de soberanía que tendrán las próximas generaciones.

 

La región, entre la crisis, el desacople de EE.UU. y la soberanía

 

Hasta el 2015 en la región se avanzó, en un marco de organismos regionales legítimos como la UNASUR; incluso la CELAC, en propuestas de soberanía tecnológica y comunicacional, quizás no con la celeridad que se necesitaba, pero indudablemente se estaban dando pasos centrales. Un pequeño paso en esta orbita implicaba que el sistema del “capitalismo de la vigilancia” que se estaba imponiendo de manera oculta a los ojos de los cuadros y de los estados latinoamericanos, pudiera verse afectado.

 

Retomar el sendero de la soberanía implica desde una estrategia propia avanzar en múltiples frentes.  En este marco que la región comience a cuestionar el extractivismo masivo de datos personales y de empresas, como se produjo en Argentina desde la Secretaría de Comercio Interior[6], es un gran avance político; pero sin duda tenemos que retomar el camino de la alianza regional para tener la fuerza necesaria para contrarrestar tantos actores entrelazados en contra del bienestar de nuestros pueblos, del desarrollo de la justicia social, independencia económica y la soberanía política. También es fundamental la convocatoria y la participación de las organizaciones sociales y la comunidad en general. Son estos sectores sociales los que deben estar alertas y movilizados para defender estas medidas.

 

Las explicaciones de fondo, son claves para generar conciencia social necesaria para dar estas batallas, en conjunto con las herramientas para profundizar, ampliar la organización social; es el tejido social organizado, movilizado, el que no queda preso de los medios de comunicación y las Redes Sociales Virtuales que imponen sus ejes de discusión.

 

– Veronica Sforzin es investigadora del CIEPE-OIC.

Referencias:

Sforzin (2020) Los datos, las tecnologías, la comunicación y el rol del Estado. Apuntes para el debate. En Libro abierto del Futuro. Argentina Futura. Jefatura de Gabinete de la Nación. Localización: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/libro_abierto_del_futuro-30-4-2021.pdf

Sforzin (2020a). Acerca del masivo extractivismo de datos en tiempos de cuarentena.  Localización: http://www.revistamovimiento.com/politicas/los-sentimientos-son-de-nosotros-as-los-datos-son-ajenos/

Zuboff, Shoshana (2019). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. Public Affairs, Nueva York.

 


[2] “El término infodemia se emplea para referirse a la abundancia de información sobre un tema concreto. ​ El término se deriva de la unión entre la palabra información y la palabra epidemia. Se relaciona con conceptos similares como fake news o infoxicación, en la medida que la cantidad y exposición de estos se intensifican.” Localización: https://es.wikipedia.org/wiki/Infodemia

[6] “La Secretaría de Comercio Interior formalizó la medida cautelar dictada a la filial argentina de Facebook para que suspenda la puesta en vigor de las nuevas Condiciones del Servicio y Políticas de Privacidad de WhatsApp, por considerar que “se incurriría en una situación de abuso de posición dominante”.”

Localización: https://www.pagina12.com.ar/342078-whats-app-el-gobierno-oficializo-el-f…

https://www.alainet.org/es/articulo/213072

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