La abuelita Espe

La lideresa no da tregua, si hace apenas unos días había llamado terroristas al millón de personas que se manifestaron el 22-M y alabado a los expeditivos antidisturbios 

 

Ahora toca ponerse pueblo y arremeter contra las fuerzas policiales represoras que atemorizan Madrid

 

En concreto, contra seis agentes de movilidad granviarios que la multaron por aparcar en el carril bus, huir del control sin permiso y tirarles una moto. Esperanza Aguirre ha llamado mentirosos a los seis policía, y está que no cabe en ella de estupor. A quién se le ocurre multar a una condesa sexagenaria, con lo redichas que se suelen poner y lo dignísimas y respondonas que para el bien de sus libertades son.

Me ha dado ternura Esperanza con su afán de justificarse aquí y acullá, distribuyendo por radios, periódicos y televisiones su quejido de venerable abuela sin cargo público cogida en una pillinada inocente, y maltratada por la mixtificadora madera consistorial. Ternura que se me pasa en cuanto recuerdo a las decenas de venerables abuelas que he visto arrancadas a palos de sus chabolas por antidisturbios con una orden de desahucio. Adiós, ternura.

bobesponja

Pero hay que reconocer que la lideresa, cuando le conviene, hace maravillosamente el papel de abuelita Espe. Cuando explicó ayer en La Sexta que arrolló la moto del agente porque no está aun acostumbrada a conducir un coche de gran tamaño, que se ha comprado para pasear a sus cinco nietos, se me saltaron las lágrimas y los fusibles de La Bastilla. Imaginé a la dulce abuela al volante mientras cinco condesitos oligarquitas, en sus sillitas, jugaban en los asientos de atrás a venderle preferentes y warrants a Bob Esponja. Pero se me secaron las lágrimas en cuanto recordé las imágenes de obreros huyendo de los porrazos, de las pelotas de goma y del tronío policial con sus bebés en los brazos por las calles de un Madrid tomado. Adiós, lágrimas.

marhuenda

Después escucho al corifeo aguirrista por antonomasia, el humorista Francisco Marhuenda, y me río con ganas de sus argumentos exculpatorios de lideresas: “¿Quién no ha llamado alguna vez al alcalde para que le quite una multa?”, se pregunta el inefable director de La Razón. Pero también la carcajada se me muere en la boca: yo no he llamado jamás a un alcalde para incitarlo a cometer un delito. ¿Es práctica habitual y dotada de impunidad entre periodistas de la derecha pedirle a un alcalde que rompa tus multas? Si me lo confirma Marhuenda, me cambio de periódico ya y me mudo con él a pintar portadas lisérgicas e incensarias. Que los de la ORA me tienen pulido el jornal.

Los periodistas de la izquierda entusiasta sugieren que este incidente de la abuelita Ferrari puede terminar con las aspiraciones de mi Espe a convertirse en la próxima alcaldesa de Madrid. Hay últimamente mucho pábulo al respecto por la Villa y Corte. Habrá incluso quien malicie que fue Ana Botella, para desactivar a la rubia, la que mandó a los seis guripas de movilidad a seguir a la lideresa hasta que cometiera un desliz, operativo que no sale muy caro al contribuyente, ya que Espe aficiona cometer muchos deslices. Porque, como se preguntaba ayer la lideresa: “¿No tenían nada mejor que hacer los agentes que perseguir a una sexagenaria?”. Y yo añadiría: ¿a una sexagenaria que huye de una multa de tráfico, como haría cualquier contribuyente de bien?

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Lleva razón la lideresa. Según su concepción del Estado de derecho y del bienestar, la policía no está para aporrear a lideresas notables, sino a pacifistas perroflautas, yayoflautas octogenarios, profesores en paro, desahuciados, centrocampistas catalanes de la Seleccción,  enfermos desasistidos, estudiantes privados de educación, ultras del Rayo Vallecano, inmigrantes, vagos, maleantes y periodistas. Por lo demás, que no se preocupe. Tendrá la alcaldía de Madrid si le sirve a Ana Botella una relaxing cup of cianuro político, que se lo merece como escritora, como candidata y como  aznaresa consorte. En este país, la derecha de Esperanza Aguirre la seguiría votando aunque en el lance hubiera atropellado a Mariano Rajoy. Lo mismo hasta la votan más si atropella a Mariano. No nos engañemos con la derecha.  Y la multa tampoco debe de peocuparla. Seguro que el valet Marhuenda ya ha llamado a Ana Botella para que le devuelvan la pasta a mi Espe. Que tiene cinco nietos a los que alimentar. ¿Y quién no ha llamado alguna vez al alcalde para que le quite a su estrella porno una multa?

Público.es

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