Sorprendentemente, fueron gobiernos de izquierda los que adoptaron políticas presupuestarias más conservadoras que los gobiernos de derecha en las crisis económicas recientes. Esto parece tener consecuencias electorales inmediatas.

Los gobiernos de derecha y de izquierda solían aplicar políticas económicas diferentes, asociándose los gobiernos de izquierda con la prodigalidad presupuestaria (y con políticas redistributivas). Sin embargo, en las últimas décadas, la izquierda y la derecha han convergido, habiendo desaparecido prácticamente las diferencias entre sus políticas presupuestarias. Incluso en tiempos de crisis, cuando cabría esperar que hubiera divergencias, las políticas presupuestarias de izquierda y derecha se parecen como dos gotas de agua. Por ejemplo, en respuesta a la crisis financiera mundial de 2007-2008, tanto gobiernos de izquierda como de derecha implementaron políticas de austeridad. Un dato que de por sí es malo para las bases tradicionales de los partidos de izquierda, pero la realidad es todavía peor.

Un reciente estudio mío analiza esta convergencia. Se centra en el papel del partidismo gubernamental en las respuestas de política presupuestaria a las crisis económicas internacionales en las democracias avanzadas. Concluyo que en el transcurso del ciclo económico de las dos últimas crisis, los gobiernos de izquierda aplicaron políticas presupuestarias más restrictivas que sus homólogos de derecha. Esto equivale nada menos que a una inversión de los efectos partidistas tradicionales.

Imposiciones de los mercados financieros

Este cambio se debe a las imposiciones de los mercados financieros. Mi análisis muestra que los agentes del mercado estaban preocupados por los déficit en 1990-1994 y por los déficit y el gasto en 2008-2013. Concretamente, el análisis estadístico indica que los gobiernos de izquierda (endeudados) fueron menos propensos a impulsar estímulos presupuestarios que los gobiernos de derecha durante la prolongada recesión de comienzos de la década de 1990.

Durante la crisis subsiguiente, los inversores en el mercado de bonos forzaron a los gobiernos de izquierda, en comparación con sus homólogos de derecha, a estimular menos la economía por medio del aumento del gasto en 2008-2009 y a consolidar más por medio de recortes del gasto en 2011-2012. Mientras, los inversores forzaron más enérgicamente a los gobiernos de izquierda a consolidar mediante el control del gasto que lo que hicieron los gobiernos de derecha durante la (frágil) recuperación de 2010.

Proporción de la izquierda en el gobierno (PIG) Promedio 20%
Mayoría de izquierda

PIG > 50%

Minoría de izquierda

20% < PIG ≤ 50%

Deuda pública baja ≤ 60%

 

 

 

 

Promedios

AUS -1,55 ( 0,02)

NOR -0,50 (-0.99)

 

 

 

-1,03 (-0,51)

CHE 0,26 (0,46)

DNK 0,00 (0,49)

FIN -0,27 (1,70)

LUX -1,12 (-1,50)

 

-0.28 (0,29)

 

Deuda pública media

>60%; ≤90%

Promedios

 

ESP* -4,32 (-4,36)

 

IRE* -2,77 (-2,76)

 

Deuda pública elevada

>90%

 

 

 

Promedios

 

GRE* -8,80 (-5,19)

ISL* -3,63 (-0,32)

USA -2,75 (-2,06)

 

 

-2,75 (-2,06)

 

AUT -1,60 (-1,09)

BEL -0,67 (-2,06)

FRA -1,77 (0,24)

PRT* -5,54 (-5,02)

 

-1,34 (0,21)

Resultados de las políticas presupuestarias seguidas bajo distintas constelaciones de ubicación ideológica y cuantía de la deuda en 2011-2012

En negrita, magnitud del estímulo presupuestario (en % del PIB); los números positivos indican el incremento del déficit. Entre paréntesis, magnitud de los aumentos del gasto (en % del PIB). Los Demócratas de EE UU se atribuyen a la izquierda. El nivel de deuda pública es de 2010. Los promedios (por cuadrante) no incluyen a Grecia, Islandia, Irlanda, Portugal y España, objeto del rescate del FMI/UE (*).

Las respuestas de los gobiernos a comienzos de la década de 1990, finales de la de 2000 y comienzos de la de 2010 se diferencian de las que se dieron en crisis anteriores. En todo caso, las respuestas de política presupuestaria a comienzos de la década de 1980 siguieron las pautas partidistas tradicionales. Los gobiernos de izquierda redoblaron los estímulos en las recesiones, si bien los modelos no son estadísticamente significativos. También consolidaron menos al comienzo de la recuperación de 1984, independientemente de la exposición de cada país a los mercados financieros. Los bajos niveles de endeudamiento y la apertura limitada de los mercados de capitales a comienzos de la década de 1980 explican la ausencia de inversión de los efectos partidistas.

Las presiones de los mercados financieros se ejercen con más fuerza sobre los gobiernos de izquierda que sobre los de derecha cuando el nivel de endeudamiento es elevado. Esto se debe a que los gobiernos de izquierda gozan de menos credibilidad como deudores soberanos. A los agentes del mercado de bonos les preocupan la financiación de la deuda, los impagos o los incentivos para volatilizar la deuda pública mediante la inflación. En opinión de los inversores, estos son casos típicos de los gobiernos de izquierda. Para seguir teniendo acceso a los préstamos con tipos de interés similares a los que obtienen los gobiernos de derecha durante las crisis de deuda, los gobiernos de izquierda se ven obligados a imponer más austeridad. Es el precio que han de pagar estos gobiernos por su déficit de credibilidad.

La política presupuestaria, en el centro

La política presupuestaria no solo es crucial para la estabilidad económica, sino que también refleja los objetivos de cada gobierno, consagrados en el presupuesto nacional. Con el advenimiento del capitalismo democrático, la dimensión económica ha pasado a ser el eje principal a lo largo del cual se estructura el espacio político. Ha definido posiciones partidarias diferenciadas, siendo los partidos de izquierda más favorables a la intervención. Las bases electorales de los partidos de izquierda apoyan más la redistribución por parte del gobierno. Por eso la gente cree que los partidos de izquierda defienden estas políticas más que los partidos de derecha. La legitimidad del sistema de partidos y del propio orden democrático sigue basándose en los efectos partidistas tradicionales. La mezcla ideológica con el partidismo político en tiempos de vacas flacas sin duda confunde a la ciudadanía común.

Votar con los pies

Resulta tentador ver en la inversión de los efectos partidistas durante las grandes crisis uno de los orígenes de nuestra crisis política contemporánea. Las democracias occidentales han estado batallando con un descontento político extraordinario tras el estallido de la crisis financiera mundial. La manifestación más visible de ello es el cambio del panorama de partidos políticos en todas las democracias avanzadas. Los síntomas más claros son la fuerte caída del apoyo a los partidos tradicionales de izquierda y de derecha, el aumento del apoyo a partidos establecidos de extrema derecha, la erupción de partidos antisistema y la aparición de líneas divisorias dentro de los grandes partidos tradicionales que amenazan su existencia.

Partidos populistas de extrema derecha como la AfD en Alemania han protagonizado avances electorales particularmente pronunciados en el norte de Europa. En el sur de Europa, mientras que el partido antisistema del Movimiento 5 Estrellas en Italia ha registrado éxitos, la situación es distinta en España, donde el partido populista de izquierda radical Podemos ha ganado protagonismo paralelamente a los populistas de derecha radical de Vox.

En el Reino Unido, la izquierda tradicional, encabezada por Jeremy Corbyn, se hizo con las riendas de un Partido laborista dividido. Las disputas internas llevaron al partido al borde de la implosión durante una dura lucha por el liderazgo tras la decisión sobre el Brexit. En Francia, la formación de grupos disidentes dentro del Partido Socialista o en sus aledaños, como el Projet France de Arnaud Montebourg en la izquierda y En marche de Emmanuel Macron en el centro-derecha, minó la cohesión del partido.

Tanto los partidos de izquierda como los de derecha han visto disminuir su apoyo electoral en los últimos años, pero los avances electorales de los partidos antisistema han hecho más daño a los partidos de izquierda. Esto es sorprendente, ya que los observadores pensaban al principio que la izquierda sería capaz de capitalizar la crisis financiera mundial y sus consecuencias económicas inmediatas.

Los partidos de izquierda están atrapados entre las demandas (radicalizadas) de sus antiguas bases electorales y las realidades de la política presupuestaria (y monetaria) de una economía mundial completamente alineada por el paradigma político neoliberal. La izquierda tiene que repensar críticamente los mercados de capitales globalizados si desea recuperar margen de maniobra en la formulación de políticas nacionales y seguir siendo un movimiento progresista significativo.

09/08/2021

https://theloop.ecpr.eu/left-wing-austerity-during-international-crises/

Traducción: viento sur

Damian Raess es profesor adjunto del World Trade Institute de la Universidad de Berna.

https://vientosur.info/la-austeridad-de-izquierda-en-las-crisis-internacionales-son-los-mercados-financieros-estupido/