La competitividad basada en los salarios

Perseverar en las políticas de ajuste salarial para fortalecer la competitividad exterior de nuestra economía, además de injusto, es un error

 

Aceptemos por un momento que la mejora de la competitividad de nuestra economía debe ser el objetivo central de la política económica. Es lógico preguntarse por la llave maestra que abrirá las puertas del mercado global. La contestación es conocida, es uno de los mantras más mediáticos: la devaluación interna (eufemismo número 1), la moderación salarial (eufemismo número 2), la reducción de los salarios y la sobreexplotación de la fuerza de trabajo (la verdad, sin eufemismos, sin trampa ni cartón).

¿Qué sugiere la evidencia empírica al respecto de la existencia del vínculo salarios-exportaciones? Los gráficos siguientes, tomando como referencia los países comunitarios (excluyendo a Croacia) correlacionan la compensación nominal por empleado y las exportaciones intracomunitarias, ambas variables referidas a la producción manufacturera.

De cumplirse el pronóstico de los defensores del ajuste salarial, debería dibujarse una relación inversa y significativa entre las variables salario y exportaciones, que evidenciaría que los países más “austeros” habrían visto recompensados sus esfuerzos. Pero, al contrario de lo pronosticado por el mainstream, encontramos que la relación entre ambas variables es poco significativa y, además, la pendiente de la recta de regresión es positiva.

 

grafica2                                                                                 Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat

¿Y los buenos resultados cosechados estos últimos años por nuestra balanza comercial? La mejora ha sido evidente: entre 2010 y 2013 se ha reducido de manera significativa el déficit crónico de nuestos intercambios comerciales. Las ventas realizadas al resto de países comunitarios han aumentado, pero, si se atiende a la información estadística entregada por Eurostat, el curso seguido por las exportaciones está muy lejos de seguir una trayectoria ascendente. Crecen con fuerza en 2010 y 2011 (después de haberse desplomado en 2009), se estancan en 2012 y apenas repuntan en 2013. En términos nominales, su progreso en todo el periodo ha sido del 9,2%.

Han sido, sobre todo, las importaciones las que explican los buenos resultados de la balanza comercial. Aumentan en 2011, menos que las exportaciones, apenas crecen el año siguiente, se hunden en 2012 y se estancan en 2013. En el todo el periodo considerado  han experimentado un retroceso del 5,7%. La evolución de las compras exteriores ha estado determinada, sin duda alguna, por la atonía en el consumo y la inversión. Si se consolidase la incipiente recuperación del PIB, cosa que está muy lejos de haberse producido cuando se escriben estas líneas, y teniendo en cuenta las dependencias tecnológicas y energéticas de nuestra economía, el escenario más probable es que reaparecerían los desequilibrios en nuestros intercambios comerciales.

En consecuencia, perseverar en las políticas de ajuste salarial para fortalecer la competitividad exterior de nuestra economía, además de injusto, es un error, posterga la recuperación y la encierra en un bucle. Pero que importancia tienen los argumentos estrictamente económicos, si estas políticas están enriqueciendo a un pequeño grupo de privilegiados, al tiempo que empobren a la mayoría de la población. ¡Qué siga la fiesta!

Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la asociación econoNuestra. Coautor del libro: “Fracturas y crisis en Europa”, Clave Intelectual-Eudeba, Madrid, 2013

Público.es

 

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *