La Hostelería se moviliza

En el 82 el PSOE gana las elecciones y, como buen gestor del capitalismo, lleva a cabo la  reconversión industrial dejando a cientos de miles de trabajadores con la pensión mínima después de cotizar toda su vida y varios  millones de parados.


Sí, los empresarios de la hostelería se movilizan en defensa de sus empresas, no porque tengan que acudir a los comedores sociales o bancos de alimentos, aunque pueda haber alguna excepción.

Los trabajadores, de los que una parte importante sí tienen que acudir a esos comedores sociales y bancos de alimentos o depender de las ayudas de sus familiares o vecinos, para poder comer, pagar la luz, el alquiler, la letra del piso, etc. ¿Por qué no se movilizan?.

Tiene que haber algunas razones o causas, las cosas no pasan así, porque sí y ya está.

Adentrándonos en ellas, creo que esto viene de muy atrás, de cuando los tajadores hemos empezado  a perder píe en nuestra lucha y aún no cesamos de retroceder.  En la base de ello está, sobre todo, la desorientación ideológica y por ende, la desorganización política y sindical. Se nos hizo creer que vivíamos como reyes porque, empeñándonos por vida, teníamos acceso a vivienda, coche, vacaciones, etc. y nos olvidamos de que somos trabajadores, que estamos explotados por el capital, de que el  capitalismo lleva consigo crisis económicas, hambre, guerras, refugiados, migrante, etc. Es decir, que con tanto olvido, nuestra conciencia de clase está bastante deteriorada.

No faltaron a esta desorientación ideológica las cúpulas de los partidos políticos socialdemócratas, autoproclamados de izquierda y a los que “tenemos por los nuestros” (los de la derecha no nos desorientan, pues ya sabemos lo que son) empeñados en hacernos creer que se puede domar al sistema capitalista, hacerlo más civilizado, más humano y aunque la historia les desmienta una y otra vez, siguen con la misma cantinela. Pero el capitalismo es como es. Como dijo Marx: “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza”. Así nació, así continuó, así sigue y, sin ánimo de ser futurista, así morirá. Es como su ADN.

Aquí, en España, esos mismos partidos (apoyados por los sindicatos CC.OO. y UGT) acudieron prestos a la firma de los Pactos de la Moncloa cuando, un fuerte y creciente movimiento obrero, en los años setenta, como culminación de toda la conflictividad laboral durante el franquismo, pone  contras las cuerdas al mismo sistema.

El objetivo de esos pactos era acabar con aquel empuje reivindicativo, como ya entonces denunciaron algunos sindicalistas. Desgraciadamente la historia vino a confirmar que tenían razón.

Efectivamente,  con esos pactos,  el capital toma la ofensiva. Se congelan los salarios, los sindicatos se burocratizan y prescinden de las  asambleas de trabajadores. A partir de la firma de esos pactos, la clase trabajadora se defiende fundamentalmente de las agresiones del capital, pero ya no lucha por nuevas conquista. Es decir, está a la defensiva. En esas estamos, pero peor, más débiles.

En el año 82 el PSOE gana las elecciones por mayoría absoluta y, como buen gestor del capitalismo, lleva a cabo la  reconversión industrial dejando a cientos de miles de trabajadores con la pensión mínima después de cotizar toda su vida y varios  millones de parados. Pone en marcha los ERES y los despidos objetivos entre otros, dejando a los  trabajadores totalmente indefensos frente a la patronal. De ahí la desaparición de sectores enteros de la producción como la minería del carbón, o casi enteros como los astilleros y la confección. También multitud de empresas importantes. Otras fueron  vaciadas al máximo de personal, algunas de éstas para privatizarlas-regalarlas. Todo ello a pesar de las ejemplares luchas de la clase trabajadora, como la huelga general del 14 de Diciembre de  1988.

La etapa del buen Zapatero nos deja tres joyas: el artículo  135 de la Constitución, la reforma laboral y la reforma de la Seguridad Social. Todas ellas siguen vigentes y las seguimos sufriendo pero nadie las tocará. Lo hizo el PSOE y bien hecho está.

Se está escondiendo intencionadamente al verdadero culpable, de la situación que estamos padeciendo, el sistema capitalista. Toda la culpa parece ser del covid-19, como si fuese un castigo divino.

El actual Gobierno español, comprometido con la derogación de la reforma laboral y la de la Seguridad Social del PP, ya no lo hará. Los recortes de las pensiones aún serán incrementados, por todo lo que se está viendo. La Ley Mordaza y el copago de medicamento parecen ser olvidados. Y suma sigue.

Crea los ERTES y el Ingreso Mínimo Vital, como las joyas de la corona. Pero  muchos trabajadores y sus familias siguen pasando hambre y teniendo que ir a los comedores sociales, bancos de alimentos, etc. para poder llevarse un bocado a la  boca, porque los prometidos ingresos no llegan o lo hacen con  cuenta gotas. El gobierno dice hacer lo que puede y parece  convencer a los sindicatos mayoritarios, dado su silencio y  complicidad.

Todos esos avatares por los que está pasando la clase trabajadora de engaño, desorientación e incertidumbre la dejó huérfana ideológica y organizativamente. Ante ella se creó una especie de muro de contención invisible al que tendrá que derribar para poder avanzar.

Es difícil saber como, pero bien  pudiera ocurrir como en Chile,  que de la noche a la mañana el pueblo trabajador se eche a la calle y se  apodere de ella, sorprendiendo a todos los que la abandonaron a su suerte, porque, a pesar de todo, nunca le podrán quitar la dignidad y la rebeldía.

Que el 2021 sea recordado por esa rebeldía.

“¿Por qué no lleváis dispuesta / contra cada villanía / una hoz de rebeldía / y un martillo de protesta?” 

Miguel Hernández.

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