Las armas no las carga el diablo


 

Imagen: Decenas de miles de niños bajo el terror en Libia, Siria, etc.). Foto, UNICEF/Giovanni Diffidenti.

Siempre se dijo que las armas las cargaba el diablo, pero, ya no es así. De sobra se sabe quién, dónde, para qué y por qué se cargan tantas armas de todo tipo, tamaño y calibre. Solo sabemos lo que nos cuentan y nos cuentan lo que quieren que sepamos, nada más. Nos engañan y, además, nos toman por imbéciles. Si decir media verdad ya es mentir, no decir ni siquiera media verdad es algo más que mentir y mucho más cuando lo poco que se dice despista más que informa. Desinforma.

No importa de qué tipo ni de que tragedia o crimen se trate, puede ser un atentado o de una guerra, pero en ningún caso, nunca nos dirán con qué arma se cometió el crimen, dónde se fabricó, quién la vendió y quién la compró. Tampoco nos dirán de dónde salió la munición utilizada, el origen del casquillo o de la bala, nada de nada.

Es decir, las autoridades, los gobiernos son cómplices del silencio y de la ocultación, ¿por qué? Ellos lo sabrán y ellos sabrán también, cómo no, por qué tanto secretismo y tanto misterio y engaño. Sin duda algún motivo tendrán y me inclino a pensar que de un modo o de otro son parte de la trama, parte interesada y hasta corresponsables de la tragedia cuando no sus instigadores. En el mundo, algunos países, solo los malos, están llenos de armas de destrucción masiva y de terroristas. Terroristas armados, financiados y organizados precisamente por los que como tales los definen, pero ellos no, los que hacen de juez y parte, nunca, solo bombardean y arrasan, pero eso sí, dicen ser las víctimas aunque, eso sí, a miles y miles de kilómetros de su propio país.

Los recursos a obtener lo justifican todo y los espurios fines justifican los medios, crímenes masivos con genocidio incluido. Los millones de muertos en lo que va de siglo y los mucho más que millones de desplazados son la prueba.

Mientras EEUU y la OTAN solo son ONG que, primero marginan, asedian y bloquean el país en cuestión, según convenga, para después destruirlo por tierra y mar o desde las alturas en donde se encuentran más seguros. Finalizados el plan A, el plan B o ambos, se alcanza el plan C, que es la aniquilación por décadas del país: objetivo cumplido. Sobran ejemplos.

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *