Las encuestas o el pueblo

No sé qué les pasa a las mayorías, cada vez que se juntan invaden Polonia, permiten Guantánamo, estalinizan grandes purgas o ensucian de fascismo cualquier 1936 

Se acercan las elecciones europeas y ya empezamos los demoscópicos y los periodistas a dar la brasa con las encuestas. Cada vez que se nos vienen encima unas elecciones, los periodistas y los demoscópicos nos ponemos a analizar muy sesudamente lo que piensan las mayorías. Yo no sé a quién le puede interesar lo que piensen las mayorías. A mí, en cuestión de pensamiento y altura intelectual, las mayorías siempre me han parecido muy minúsculas. Muy brutas. Muy torpes. Muy diminutivas. Yo no sé qué les pasa a las mayorías, pero cada vez que se juntan invaden Polonia, permiten Guantánamo, estalinizan grandes purgas o ensucian de fascismo cualquier 1936. Cada vez que mil hombres se juntan a pensar, mueren al menos 999 pensamientos y 500 hombres. Y hasta hay una flor que se llama pensamiento. Con eso lo digo todo. O nada.

Los botarates alegarán que este razonamiento es antidemocrático, individualista, elitista, romántico (inglés) y tal. Se acepta paradoja como bestia de compañía. Pero siguen siendo botarates. Democracia es suma de pensamientos individuales, no beatificación de los exabruptos que pueda vomitar una mayoría. Las encuestas analizan lo segundo y la gente no vota lo primero. Y así nos va.
voto

Cada vez que analizo una encuesta, comprendo lo que van a votar los imbéciles, y cada imbécil soy yo. La democracia es imperfecta porque los demócratas somos aun más imperfectos, y anteponemos el miedo al pensamiento cuando es hora de pelear contra las bestias. Me alucina, y me aluniza en la cara oculta de la Luna, que las encuestas sobre las inminentes elecciones europeas anuncien que el PP y el PSOE pueden reunir el 64% del voto válido. Yo no lo llamaría voto válido. Yo lo llamaría voto valido, voto vasallo, voto de un tiempo tan asqueroso que te permite el lujo de hacer el burdo juego de palabras entre menestral y ministral. Botín le ha dicho a Rajoy esta semana que quiere que siga de presidente hasta 2019. Y Rajoy no le ha respondido con altivez democrática que los deseos de un banquero no son relevantes para el representante del pueblo. Y que se calle. No. Rajoy, como otrora hizo Zapatero, ha sonreído. Si un presidente democrático le sonríe a un banquero en estos tiempos de latrocinio, zozobra y ansiedad, no está representando a un pueblo. Está lamiendo antifonarios. O eso nos parece a mí y a usted (por llamarle a usted de alguna forma mínimamente respetuosa, aunque no se la merezca, señor votante).

La democracia, ya, no consiste en el derecho universal al voto. Consiste en el derecho universal a ser encuestado. Vivimos en un tiempo en el que la opinión inclina el voto, pero el voto no muda de opinión. Somos tan esclavos que hacemos con nuestra libertad lo que nos mandan.

Yo no creo en las encuestas, porque casi siempre aciertan. Creo en las cosas que no se predicen. O que son imposibles. O en las cosas tontas, en las absurdeces, en las cronopiadas. Si crees en algo creíble, eso ya no es democracia. No es voto. No es decisión. No es avance. No es pueblo. Es una encuesta. Es una predicción. Es la mayoría. Es quedarse callado porque se callan todos.

Me estoy poniendo grandilocuente, pero me da igual. La gente tiene sus días. El caso es que la mayoría seguirá apoyando al PP y al PSOE, y creo que somos el único país de Europa que no encuentra una posible, aunque remota, alternativa. Y en Europa las alternativas suelen ser bastante Le Pen. Así que casi mejor quedarnos como estamos. Vaya mierda de democracias. No sé para qué queremos tanta libertad, si estamos tan contentos siendo solo encuestas.

Público.es

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