Lo que perlitas no dan, Complutense no lo presta

Poca gente superó, como María de las Mercedes, ese gulag con checa en que se ha convertido la Universidad Complutense de Madrid A mí tampoco me gustan las perlitas, como a Pablo Iglesias. Cuando me encuentro una perlita en la playa, la tiro al mar y busco la ostra. No se interprete como lubricidad, sino como rasgo mío de escasa ambición plateresca. Las perlitas, y las joyas y minerales cotizados en general, tienen algo que no entiendo. Nunca comprendí por qué valen tanto. Las ostras están mucho más ricas y son mucho más asequibles que las perlitas, y no tienes que llevarlas colgando, a no ser que te sienten mal.

pabloiglesiasMaría de las Mercedes Pérez González, sin embargo, ama las perlitas. Es el suyo un amor limpio y sencillo, pero le ha hecho sufrir insuperables tribulaciones. María de las Mercedes Pérez González denuncia ahora, en ABC, que fue perseguida y acosada por Pablo Iglesias a causa de su amor por las perlitas. Corría el año 2010. Pablo Iglesias, 36 años, politólogo, alias El Coletas, antecedentes por populismo y tráfico de tic-tacs en relojes horteras, ejercía en el momento del presunto crimen como feroz profesor de Políticas en la Complutense, causando desmayos  de pavor entre las jóvenes virtuosas.

Los padres de la desgraciada María de las Mercedes se habían informado mal cuando matricularon a la niña, y la metieron en la bolivariana Universidad Complutense de Madrid, sin que la bella núbil sospechara en qué cueva de chavistas estaba aventurando su castidad. Y hacia allí marchó tan contenta María de las Mercedes, con su carpeta recién forrada, sus ventipocos años, su iPhone 5, sus ganas de estudiar y sus perlitas. El relato que prosigue es estremecedor. Recomendamos, a los más sensibles, se distraigan contemplando cualquier imagen de la guerra en Ucrania durante unos instantes.

1424158311_616168_1424189529_noticia_fotograma“Yo iba con mis perlitas. Me gustaban pero no eran ostentosas, sino sencillas. Me vestía, y me visto, en Zara, como tantísima gente normal. Bueno, pues no le hacía gracia al señor Iglesias. Yo era de las que no encajaban dentro de su perfil. Me suspendió tres veces”.

“La materia es muy bonita pero este señor, lejos del programa, se dedicaba a adoctrinar. Su opinión personal era la que prevalecía, sin más. Se saltaba el programa. No era objetivo”.

“A una compañera le dijo: ¡A ver tú, rubita! El retintín era evidente. A mí me decía: ¡A ver tú, la de las perlas! […] Su palabra iba a misa. No es malo ser comunista siempre que actúes con objetividad. Hablaba del imperialismo de Estados Unidos, del sometimiento de España a las colonias…”.

Poca gente superó, como María de las Mercedes, ese gulag con checa en que se ha convertido la Universidad Complutense de Madrid. Pero la fuerza del ser humano es incontestable. Y hoy, en pleno temporal electoral y a sus 30 años, María de las Mercedes ha conseguido olvidar aquellas trágicas perlitas, contarnos su terrible experiencia y rehacer su vida. En la actualidad, María de las Mercedes es, felizmente, alcaldesa del pueblo madrileño de Redueña. Por el Partido Popular.

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