Me da risa Pablo Iglesias

Prefiero caminar con una duda / que con un mal axioma

(Javier Krahe)

Me da un poco de risa Pablo Iglesias. Me da un poco de risa porque me hacen gracia todos los estrategas a los que no les sale bien la estrategia. Que nadie me presuma mala baba. Mi risa sobre Pablo Iglesias es sana y limpia. Pero se ha metido en un berenjenal que pondría contento a cualquier amante de la narrativa política, ese género literario tan previsiblemente azaroso.

El 15-M enseñó que lo que el momento precisa no es un partido, sino una herramienta. Y así nació Podemos: como una herramienta. Había que desatornillar un tornillo para descolgar un cuadro caduco, el del sistema, y Podemos se promulgó como destornillador. E iba funcionando. El problema es que ahora emergen mogollón de siglas portando llaves inglesas, brocas, alicates, gubias, escofinas y limas por si se puede ayudar al destornillador a desatornillar el tornillo. A Podemos le van naciendo en el tiesto muchos Podemitos, el último de ellos Ahora en Común, y Pablo Iglesias e Íñigo Errejón se empiezan a sentir como un poco abrumados.

Confundir a Podemos con un partido es como confundir un infarto con una corazonada. Un movimiento ciudadano o es número primo, indivisible, o no es. A esta nueva izquierda no le pueden salir marcas blancas, porque ha de ser una mancha –no marca– blanca. Y ni siquiera puede llamarse izquierda, pues eso, en España, quita votos.

Y, ya se ha dicho aquí, la culpa de todo la ha tenido la estrategia. La estrategia, de todos es sabido, nació de la negativa de Podemos a utilizar su nombre en las municipales, para evitar así el desgaste de la marca en incontrolables esquejes locales que pudieran afear su imagen de bella flor. Y surgieron las mareas, los en común y otras fórmulas todas muy asamblearias, que obtuvieron varios e importantes éxitos incluso en ciudades de postín como Madrid, Barcelona, Cádiz, Compostela o A Coruña. El problema es que ahora esas fórmulas se han empezado a sentir sigla, y la pretendida unidad popular se está convirtiendo en un guirigay de partidillos idénticos que coinciden en el fondo, en la forma, en la estrategia, en los piercings, en la urgencia, en el discurso y en todo lo demás menos en Pablo Iglesias.

Recupero una fabulosa entrevista del compañero Alberto Avendaño a Pablo Iglesias en febrero de 2014, antes incluso de las europeas: “Podemos entra en una dinámica de descontrol que nos encanta, porque lo que buscamos es que la gente se organice. Esta respuesta nos hace intuir, con toda la humildad y todas las reservas porque será una cuestión difícil, que hemos tocado una tecla”, decía entonces Iglesias. El problema es que, de repente, tras el éxito municipal del 24-M, a los podemitas locales les entraron ganas de empezar a tocar todo el piano, y eso con descontrol no hace concierto, que es lo que quería Pablo Iglesias.

Ítem más: anhelaba el profesor universitario “buscar el encuentro con todas las organizaciones políticas, sociales y ciudadanas que han estado en contra de los recortes y defendiendo la soberanía popular y la democracia. Mandaremos cartas a todos para tener encuentros formales y proponerles un método, que sabemos que es difícil. No significa que este método sea la solución a todos los problemas de la democracia, pero sí que esta coyuntura puede ilusionar, en la medida en que da el protagonismo a la gente […]. No queremos ser un partido político. Ya hay muchos y hasta nos gusta, y les invitamos a participar en nuestros círculos Podemos porque no son agrupaciones de un nuevo partido, ni células de encuadramiento. Son espacios de activismo popular, y compatibles con otras militancias. No somos excluyentes. Es más, desde Podemos nos parece bien que la gente milite. Si todo el mundo militara, no sería necesaria esta iniciativa, porque lo que hay que fomentar son espacios de participación popular, que hay partidos que no son capaces de crear”.

Quedan pocos meses para las elecciones, y a mí, ya lo he dicho, me causa mucha risa esta situación multipartidista en la que se encuentra ahora aquel no-partido originario de Pablo Iglesias. Me parto y me da alegría. Me da alegría porque, si sale de esta, el no-partido habrá alcanzado madurez suficiente como para gobernar. Tiene que defenderse más de los amigos que de los enemigos, y en ese aprendizaje puede estar la clave para aprobar este difícil examen de Historia al que se están sometiendo España y, sobre todo, Europa. No vale copiar, porque no hay fórmulas precedentes. ¿No es estimulantemente divertido?

Público.es

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