Minicrisis de Minimariano

Lo menos que puedo hacer para salvar España, con seis millones de parados, Gürtel, Gibraltar, los Bárcenas…, es una minicrisis, se habrá dicho Mariano mientras se bronceaba

 

Mientras Occidente enfila sus cañones contra Siria para bombardear a los buenos y a los malos, so pretexto de que no ganen los evanescentes malos, Mariano Rajoy, siempre tan comedido, prepara solamente una minicrisis de Gobierno. Esto de la minicrisis de gobierno consiste en cargarse a algún ministro, pero a pocos, y en anunciar a otros pocos ministros nuevos. Nada que quite el hipo ni que se vaya a estudiar en Politología ni en ninguna otra ciencia.

“Lo menos que puedo hacer para salvar España, con seis millones de parados y la Gürtel y Gibraltar y los Bárcenas…, lo menos que puedo hacer es una minicrisis de gobierno, jolín”, se habrá dicho Mariano mientras se bronceaba en Ribadumia, comarca de O Salnés, fuente del vino Barrantes espeso y negro.

Antes de comunicárselo a nadie, Mariano se dirigiría quizás a la parroquia de Sisán, a preguntarle al cura, bajo secreto de confesión, si una minicrisis de gobierno constituye pecado siquiera venial, no se vaya a contrariar monseñor Rouco.

Y, al tercer día, descanso, como aproximadamente dice la Biblia que hizo el Señor.

Esto de la minicrisis es muy minimarianista, que es como se debería de rebautizar el minimalismo político. El minimarianismo político busca la esencia del laissez faire et laissez passer aplicada al capital. O sea, no hacer nada mientras unos pocos se forran a costa de muchos. A cambio del favor, aquellos sufragan en B campañas electorales y algún sobresueldo sin que Mariano, por supuesto, se entere. No lo permita la Virgen.

Ninguna minicrisis, aunque suene a minicrisálida, ha germinado jamás en mariposa. Por no citar al sobeteado Lampedusa, en España no va a cambiar nada porque en el Gobierno de España cambie casi nada. Según he leído en este panfleto, se irá quizá la ex gürteliana-consorte Ana Mato, privatizadora con cartera de la sanidad pública. Y tal vez el cansado y millonario Miguel Arias Cañete vuele a su añorada Bruselas a codearse, otra vez, con la nobleza política europea, tan moderna como su vieja Europa.

deguindos

Pero se quedará Luis de Guindos, por ejemplo, ex director de Lehman Brothers en España (de los Brothers de toda la vida que nos metieron en la crisis) y que ayer mismo no descartaba que, a partir de pronto, las pensiones dejen de subir con los precios, con el IPC, y empiecen a crecer o decrecer según los ingresos del sistema.

De Guindos, economista neoliberal que pretende esqueletizar el sistema público, privatizarlo y privarlo de ingresos, propone a los pensionistas que engorden sus nóminas según el engordamiento de ese sistema público esqueletizado. Los yayoflautas van a tener que vender la flauta para poder comer, si no le vamos echando huevos y cordura.

Las minicrisis de gobierno no están diseñadas para cambiar a los gobernantes que nos metieron en las macrocrisis, cual De Guindos. Eso lo sabe cualquier oligarquita lampiño. Y Mariano, aunque luce barba, tiene mucho de oligarquita lampiño. Las minicrisis de Gobierno se crearon para negar el más conocido apotegma de Heráclito. Es decir, que se crearon para que siga corriendo siempre el mismo río. O el río de los mismos de siempre, porque el río de Heráclito, que antes era nuestro río, también se lo han acabado quedando en propiedad los de siempre.

elsa

Con el minimarianismo acervado de esta minicrisis que prepara, Minimariano nos demuestra que la derecha española sigue encastillándose muy bien en sus alcázares de Toledo, vengan los tiros de donde vengan o sople un improbable mistral por serranía. Del alcázar de sus políticas de exaltación de la corrupción, y de socialización del dolor y la pobreza, al PP no lo mueve nadie hasta las próximas elecciones. Maten a mi hijo, pero el Alcázar no se rinde. El mundo se desmorona a nuestro alrededor, Ilsa, y nosotros contemplamos sucesivas minicrisis de minigobiernos. Vaya mierda de amor, Ilsa. Vaya mierda de amor.

PS: Siria, Siria.

 

Público.es

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