Mordisqueando a Ana Mato

El Consejo de Estado, supremo órgano consultivo del Gobierno, le ha dicho a Ana Mato que el copago de las ambulancias que pretende implantar es una soplapollez y una iniquidad 

El informe del Consejo de Estado refleja esto en palabras mucho más refinadas, he de admitir, como suele ser costumbre entre esos órganos consultivos a los que ningún gobernante hace caso jamás. Soplapollez porque lo que las comunidades autónomas van a ingresar cobrando a los pacientes se lo van a gastar en la gestión del sistema de copago, y “el objetivo de ahorro puede verse frustrado”, señala el dictamen. E iniquidad porque ni siquiera se realizó un estudio del impacto de este copago sobre los enfermos. Es decir, que la dilecta Ana Mato caligrafió su borrador de real decreto sin preocuparse de si esta medida nos va a matar solo más o mucho más.

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Para quien goce de muy buena salud, recordar que Ana Mato es ministra de Sanidad vocacional y gürteliana vacacional, ya que está policialmente documentado que la trama Gürtel le regaló 50.000 euros para que hiciera turismo con su ex marido y sus deliciosos niños en Disney World y por ahí.

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También se sabe que es algo despistada, pues asegura que nunca se percató de que en el garaje de su casa había un Jaguar, bólido que Don Vito Correa había regalado en 1999 a su imputado ex marido, Jesús Sepúlveda. Interpolar, en descargo de Ana Mato, que los Jaguar son tan veloces que hay gente que no los ve ni cuando están parados, por eso cuestan más de 50.000 boletos. Quizá esa sea la razón de que esta elegante y mesurada ministra no esté imputada junto a su ex gordi.

 

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El caso es que el Consejo de Estado le ha advertido a Ana Mato de que, con el copago de las ambulancias, va ingresar lo mismo que se va a gastar en cobrárnoslas, que viene a ser como decirle mentecata, aunque con el contumaz refinamiento de José Manuel Romay Beccaría, presidente del órgano consultivo y ministro de Sanidad durante el aznarato. Casualidades.

He utilizado el término mentecato no con ánimo insultante, sino con el solo propósito de abrazar la objetividad periodística: no me digáis que no es de tontos hacer un recorte que te va a costar lo mismo que la tijera. Y es que no quiero pensar que nuestra gürtelesa consorte haya pergeñado esta majadería a mala fe. O sea, solo para joder a los enfermos y para seguir demostrándonos a los españoles que la zarandaja del estado del bienestar y los derechos fundamentales se ha terminado para siempre. Que mejor muertos que pobres. Que se ha marchado la orquesta y nos toca recoger el confeti.

Ana Mato recuerda a aquel labrador del chiste, que se quejaba de que se le había muerto el burro cuando por fin lo había acostumbrado a no comer. Pues en eso está este gobierno con los españoles, que nos arrebata la sanidad y la educación mientras invierte nuestro dinero en tanques de agua para disolver -nunca mejor dicho- nuestras desesperanzadas manifestaciones callejeras. Y lo peor es que el burro, nosotros, se muere sin levantar el tono del rebuzno o cocear un voto libertario.

Sin acritud, pero qué pena que el Jaguar despistado en el garaje de Ana Mato fuera el coche, y no el felino. Pues una dentellada es lo que se merece esta gürtelina damisela, paréceme a mí y una iniquidad. El informe del Consejo de Estado refleja esto en palabras mucho más refinadas, he de admitir, como suele ser costumbre entre esos órganos consultivos a los que ningún gobernante hace caso jamás. Soplapollez porque lo que las comunidades autónomas van a ingresar cobrando a los pburro1acientes se lo van a gastar en la gestión del sistema de copago, y “el objetivo de ahorro puede verse frustrado”, señala el dictamen. E iniquidad porque ni siquiera se realizó un estudio del impacto de este copago sobre los enfermos. Es decir, que la dilecta Ana Mato caligrafió su borrador de real decreto sin preocuparse de si esta medida nos va a matar solo más o mucho más.

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