Las empresas de moda más grandes del mundo todavía no han renovado un acuerdo de seguridad a largo plazo en Bangladés, ocho años después de la tragedia de Rana Plaza. A despecho de las buenas intenciones con que se firmó el acuerdo, empresas como Zara y H&M se resisten debido a las responsabilidades directas. Solo cinco de las firmantes originales lo han ratificado hasta ahora, ya cerca de la fecha límite del 31 de agosto. La resistencia a comprometerse ha sacado a relucir la responsabilidad del proveedor en otras partes de Asia, donde un ambicioso grupo de defensa de los derechos laborales trata de responsabilizar a las grandes marcas globales por supuestas violaciones de derechos durante la pandemia.

Robo de salarios

Según un informe publicado originalmente por The Guardian, la Asia Floor Wage Alliance (AFWA, Alianza Asiática por el Salario Mínimo), un grupo defensor de los derechos laborales, emprende acciones legales contra empresas de moda globales, incluidas H&M y Levi’s, en relación con el robo de salarios del personal asalariado de la cadena de suministro de la industria de confección durante la pandemia del coronavirus. Se acusa a H&M de supuestos abusos de derechos laborales que se produjeron en 2020 en la fábrica de un proveedor, donde según la AFWA la marca “ejerce el control económico total sobre la subsistencia, la cualificación y la continuidad del empleo de la mano de obra”.

El informe de la AFWA afirma que la mayoría de trabajadoras y trabajadores de la confección en Sri Lanka, Pakistán, Indonesia, India, Camboya y Bangladés dejaron de cobrar un dinero que en derecho les correspondía. Alega que las fábricas que contratan este personal no son proveedoras independientes, sino fabricantes subcontratadas y que las marcas que adquieren su producción deben considerarse empleadores conjuntos y son por tanto responsables.

El efecto devastador de la covid-19 en la mano de obra del sector

En un informe titulado Money Heist (Atraco), el autor se pregunta si la pérdida de ingresos que sufrieron las trabajadoras de la confección debe calificarse de robo de salarios por parte de las marcas para las que habían producido prendas de ropa. La AFWA explica que en la situación actual las trabajadoras de la confección trabajan para producir ropa para una serie de marcas del Norte global. Sin embargo, no están contratadas directamente por dichas marcas, sino por proveedores de varios países del Sur global. Estos proveedores, no obstante, no son fabricantes independientes que producen prendas de ropa para venderlas en el mercado mundial. Son subcontratas, que producen prendas de ropa según diseños y especificaciones de las marcas.

Empresas de miles de millones declinan su responsabilidad

La AFWA alega que si las marcas son las principales empleadoras de la mano de obra de las fábricas de los proveedores, deberían responsabilizarse de apoyar a los proveedores y su mano de obra en tiempos de recesión, del mismo modo que adoptan diversas medidas en apoyo al valor de las acciones de sus empresas, incluida la recompra de acciones propias. Sin embargo, las marcas se han negado a asumir o compartir cualquier responsabilidad con respecto a los proveedores y su mano de obra.

Al comienzo de la pandemia, algunas marcas se negaron a pagar a sus proveedores diversos pedidos ya entregados y solo desistieron de ello cuando las denuncias en los medios internacionales amenazaban con dañar su reputación. Esto tuvo un efecto de cascada en algunas empresas proveedoras, que no pagaron a su personal. Hubo jefes de personal que llegaron a desconectar sus teléfonos para no tener que responder a las llamadas de la gente que exigía lo que se les debía, según el informe.

La AFWA afirma que el riesgo del negocio se ha traspasado a los proveedores del Sur global y acto seguido a sus trabajadoras y trabajadores. Mientras que los propietarios de las empresas proveedoras sin duda no tendrían problemas para mantener su nivel de consumo gracias a sus ahorros, los ingresos del personal asalariado descendieron incluso por debajo del umbral de pobreza, más todavía en el caso de las mujeres trabajadoras que en el de los hombres.

La pandemia de covid-19 ha demostrado la verdad incuestionable de que la explotación extrema del trabajo constituye la característica fundamental de las cadenas se suministro globales de productos de confección. La crisis humanitaria que se ha cebado con la mano de obra de la industria de la confección an Asia a raíz de la recesión inducida por la pandemia no era imprevista ni inevitable, sino la consecuencia directa de las acciones de las marcas de ropa del Norte global, que ganan beneficios astronómicos mediante la explotación de la fuerza de trabajo dentro de un “marco de desarrollo desigual regional y nacional [y] un mercado de trabajo desigual y segmentado”.

Los salarios mínimos vigentes en los países productores están fijados en niveles extremadamente bajos que no cubren el coste de la vida, que según cálculos de la AFWA es por lo menos tres veces mayor que los salarios mínimos que perciben las trabajadoras de la confección.

Ganancias ante todo

La pandemia ha visto cómo las marcas han sabido reaccionar con rapidez emprendiendo acciones drásticas para preservar sus enormes beneficios del pasado y minimizar toda pérdida de beneficios durante la recesión. Estas acciones, a su vez, repercutieron en cascada en las prácticas de empleo de sus proveedores con respecto a la mano de obra de sus cadenas de suministro. Las marcas impusieron decisiones unilaterales como la cancelación de pedidos sin pagar a los proveedores y aprovecharon su posición dominante para exigir plazos de puesta en producción más cortos, plazos de pago más largos y fuertes descuentos por parte de los proveedores. Hicieron gala de un desprecio total por la justicia y la equidad más básicas en sus cadenas de suministro, forzando a los proveedores asiáticos a traspasar los costes a la mano de obra.

Hay que responsabilizar a las marcas

La ausencia de responsabilidad en la estructura existente de las cadenas de suministro globales de la industria de la confección impide que las trabajadoras y trabajadores y sus sindicatos puedan exigir responsabilidades a las marcas. La AFWA aspira a restablecer esta posibilidad, para que los sindicatos puedan actuar directamente frente a las marcas y exigirles responsabilidades en el ámbito jurisdiccional de sus respectivos países.

14/07/2021

https://fashionunited.ca/news/fashion/not-our-problem-global-brands-defer-responsibility-for-garment-workers-living-below-poverty-line/2021071418825

Traducción: viento sur

https://vientosur.info/no-es-nuestro-problema-las-grandes-marcas-de-ropa-no-se-responsabilizan-del-empobrecimiento-de-la-mano-de-obra/