Por la senda del Pacifismo (102)

 

 

“La razón fundamental por la cual los líderes de Estados Unidos se sienten obligados a mantener la supremacía nuclear es su creencia de que este país “excepcional” tiene el derecho y el deber de detentar un poder absoluto de destrucción. Mientras esta mentalidad domine en Washington, no habrá ninguna posibilidad de desarme nuclear, y existirán todas las posibilidades de una guerra nuclear tarde o temprano. El desarme nuclear -una medida de precaución absolutamente necesaria para el bien de la humanidad- solo será posible cuando los líderes de Washington reconozcan que los demás pueblos también tienen el derecho y el deseo de vivir”

Diana Johnstone

 

Como estamos viendo, el asunto de las armas nucleares, el desarme nuclear y sus consecuencias, a nivel de todos los actores implicados, es ciertamente complicado. Las cautelas y acusaciones mutuas son constantes, a pesar de los diversos foros internacionales donde las grandes potencias coinciden. Pero el hecho es que el tan deseado desarme nuclear no avanza. Más bien al contrario, parece como si se estableciera la necesidad de poseer, de cara a la defensa, un arsenal nuclear propio, a su vez pendiente de los arsenales nucleares del resto de actores. Una política de disuasión que, ya lo hemos dicho en entregas anteriores, no conduce a ningún avance real. Impera la desconfianza, y la estrategia más típica es que los tratados y convenios suscritos se incumplan con frecuencia, por lo que los demás países implicados consideran que están en su pleno derecho de incumplir también las cláusulas o tratados que afecten a sus intereses. Los conflictos mundiales, los intereses geoestratégicos creados y las diversas coyunturas políticas derivadas delimitan continuamente el comportamiento de los países nuclearmente armados, lo cual favorece un escenario internacional absolutamente inestable y peligroso. En realidad bastaría con que Estados Unidos y Rusia, como las dos principales potencias, se pusieran de acuerdo, pues este hecho podría empujar las subsiguientes negociaciones para el desarme nuclear. Sin embargo y desgraciadamente, la realidad es absolutamente contraria. Últimamente, las relaciones entre los dos gigantes se están deteriorando, y los acuerdos de seguridad nuclear suscritos entre ambos se ignoran, se violan o se destruyen. 

 

Es impensable hoy día una política de desarme nuclear de facto sin el seguimiento de la comunidad internacional, pero sobre todo, sin la participación activa de los países nuclearmente armados, que como ya hemos analizado, son los que tienen mayor responsabilidad en este asunto. En la actualidad, las posiciones de Rusia y de Estados Unidos coinciden, ya que ninguno de los dos países tiene intención de renunciar a las armas nucleares, ya que las ven como un factor que garantiza la paz entre las grandes potencias en el complejo escenario mundial. Pero como hemos indicado en tantas ocasiones, la senda del Pacifismo debe ser asumida sin reservas ni fisuras, y en este sentido, cualquier posesión de arsenales nucleares por parte de cualquier país es un riesgo y un evidente peligro que no podemos permitirnos. Y en cualquier caso, no debemos olvidar que las razones económicas (ya analizadas en el bloque temático anterior) son también en este tema absolutamente fundamentales para entender los planteamientos de los respectivos Gobiernos, y sus reticencias a abandonar la escalada armamentista nuclear. En el caso de Estados Unidos, su Departamento de Defensa aprobó un programa muy ambicioso, largo y costoso para modernizar su arsenal nuclear. Cientos de miles de millones de dólares están destinados a esta causa, para financiar proyectos programados a varias décadas vista. Por tanto, desde el punto de vista de la dependencia del complejo científico-militar-industrial, no pueden abortar proyectos de esta naturaleza de un día para otro sin que su economía se resienta gravemente. Bien, así las cosas, en julio de 2017 ocurrió un hecho sin precedentes, que fue la aprobación en Naciones Unidas de un tratado para la prohibición de las armas nucleares. Proporcionaremos siguiera unos breves apuntes sobre ello, basándonos en un artículo de este Blog. 

 

El caso es que con una aplastante mayoría de 122 Estados a favor, uno en contra (Países Bajos) y una abstención (Singapur), la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó dicho tratado. El país que presidió y lideró las negociaciones fue Costa Rica. Este hecho es de suma importancia, ya que se trata del primer tratado multilateral sobre armas nucleares adoptado en los últimos 20 años por la comunidad internacional. El tratado parte de la asunción de la incuestionable realidad, como es el hecho ya expuesto de que la posesión de armas nucleares es actualmente un derecho reservado a unos pocos. En el plano internacional, volvemos a recordar cuál fue el orden de adquisición de artefactos nucleares: lo inició Estados Unidos (1945), seguido por Rusia (1949, cuando era la URSS), Reino Unido (1952), Francia (1960) y China (1964). Una vez completada la posesión de armas nucleares por parte de los cinco Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad, se consideró necesario impedir a toda costa que otros Estados la adquirieran. Los esfuerzos debieran haberse puesto también en autodesarmarse nuclearmente, pero sin embargo esto no fue así. Fue adoptado entonces en este contexto el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (el TNP, que ya hemos citado en anteriores entregas) en 1968. Este instrumento internacional fue ratificado por casi todos los países del planeta (191), pero es de notar que no formaron parte de este tratado la India (quien detonó por primera vez un arma nuclear en 1974), Israel y Pakistán (quien la detonó oficialmente en 1998, pese a existir sospechas de haber procedido a ensayos de forma secreta mucho antes). Pero lo que no es normal es que mientras estos tratados internacionales instan a la prohibición a terceros países, los Estados nuclearmente armados destinen recursos cada vez más costosos para reforzar sus programas. 

 

Y como se refiere en este artículo: “El punto de inflexión llegó en 2014, cuando el gobierno austríaco, tras organizar la tercera Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, se comprometió a “identificar y promover medidas efectivas para cubrir el vacío legal para la prohibición y eliminación de armas nucleares”. Con ello, Austria metió el dedo en la llaga: señaló el defecto de base del TNP, ya que legalmente no prohíbe la posesión de armas nucleares por parte del P5. Un año después, la denominada “promesa austríaca” fue asumida por la Asamblea General de la ONU, lo cual fue posible porque este órgano funciona por principio de mayorías, no por consenso. Del mismo modo, la Asamblea decidió convocar para el presente año un “grupo de trabajo” (Open-Ended Working Group, OEWG) para identificar medidas legales concretas necesarias para lograr el desarme nuclear”. Por tanto, está bien claro, llegados a este punto, que el futuro del desarme nuclear desde un punto de vista pacifista pasa inexorablemente por la total y absoluta prohibición de fabricar, almacenar o utilizar armas nucleares en cualquier país del mundo. Hoy día, está claro que además de los países que son potencias nucleares, la Unión Europea y la OTAN son los principales actores internacionales que no están activamente por la labor de un mundo antinuclear. Representan pues peligrosos aliados para la senda pacifista. El tratado antinuclear aprobado el 7 de julio de 2017 será jurídicamente vinculante cuando alcance el número previsto de ratificaciones. El tratado se basa en los principios del derecho internacional humanitario, y considera que un mundo libre de armas nucleares es un bien público y mundial. Es taxativo a la hora de prohibir “desarrollar, ensayar, producir, fabricar, adquirir de cualquier otro medio, poseer o almacenar armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares”, y también prohíbe (y esto podría afectar a España, tal como señala Santiago González Vallejo en este artículo) “el emplazamiento, la instalación o el despliegue de armas nucleares u otros dispositivos explosivos nucleares en su territorio o en cualquier lugar bajo su jurisdicción o control”. 

 

Como decíamos, la Unión Europea, con su ausencia de una política exterior y de defensa autónomas (y siempre caracterizada por su servil seguidismo a los Estados Unidos), fue desde el principio reacia a la firma de este tratado. Así, en la votación del Grupo de Trabajo anteriormente referido, 21 de los países miembro de la UE se opusieron (España incluida), 2 se abstuvieron y sólo 5 estuvieron a favor (Austria, Chipre, Irlanda, Malta y Suecia). En la votación final del 7 de julio, la Unión Europea mostró su falta de consenso en este crucial asunto y pidió vergonzosamente a sus Estados miembro que se ausentasen de la votación, cosa que hicieron 22 (entre ellos España), repitiéndose los mismos países que antes se habían mostrado favorables al tratado. Bruselas y sus instituciones forman un conglomerado mezquino para la senda pacifista, y pierde continuamente las oportunidades que se le presentan para protagonizar una activa iniciativa en favor de la paz, que rompa con la senda belicista de su promotor estadounidense. Y qué decir de nuestro país, que bajo estos indecentes gobiernos bipartidistas (PP-PSOE) siempre ha mostrado su cara más sumisa a otros poderes. En concreto, los gobiernos del PP han mostrado su faz más sombría desde siempre, acusando a la izquierda de un “buenismo estéril” en cuestiones de armamento nuclear, de tratados de desarme y de participación en conflictos armados. La derecha en general representa, y así nos lo lleva demostrando durante siglos, la opción belicista y agresiva por excelencia, la que mantiene la mayor connivencia con el conglomerado empresarial que delimita el complejo militar-industrial, y la responsable de que se mantengan e incluso se enconen los diversos conflictos bélicos que por el mundo existen. Son opciones políticas que representan los intereses de la guerra, y que por tanto hay que expulsar democráticamente de nuestros Parlamentos. Continuaremos en siguientes entregas.

 

Imagen: https://www.pressenza.com

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