Saigón, segunda parte: Occidente pierde una batalla clave para el cotrol de Asia Central


“La “pérdida” de Afganistán obligará al Imperio a reposicionarse en la zona”

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Han pasado 46 años y vemos repetirse la escena. EE.UU. está viviendo su segundo Saigón. La imagen icónica de los helicópteros CH-47 Chinook alzando el vuelo encima de la embajada en 1975 vuelve a repetirse. Sin embargo – plantea Eduardo Luque – no sólo Washington ha perdido otra guerra. Todo lo que conocemos como Occidente ha sufrido una terrible derrota. Siguiendo los planteamientos de Zbigniew Brzezinski, autor de libro “El gran tablero de ajedrez: primacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, occidente puede haber perdido la batalla clave por el control de Asia central (…).

 

El pueblo oprimido de Afganistán conocerá la generosidad de Estados Unidos y sus aliados. A medida que atacamos objetivos militares, también dejaremos comida, medicinas y suministros a los hambrientos y que sufren Hombres, mujeres y niños de Afganistán. Estados Unidos es amigo del pueblo afgano”.

 

“George Bush”

SAIGÓN SEGUNDA PARTE

Han pasado 46 años y vemos repetirse la escena. EE.UU. está  viviendo su segundo Saigón. La imagen icónica de los helicópteros CH-47 Chinook alzando el vuelo encima de la embajada en 1975 vuelve a repetirse. Washington pierde otra guerra. Sumar el adjetivo  inteligencia  al substantivo  militar, se ha demostrado nuevamente un oxímoron. La caída de Kabul, que se preveía resistiera algunos meses según la “inteligencia militar”, ha quedado reducida a unas pocas horas. Todas las ciudades importantes han sido dominadas en 11 días.

 

 

Pero no sólo ha sido EE.UU.; todo lo que conocemos como Occidente ha sufrido una terrible derrota, Armin Laschet candidato a suceder a Angela Merkel advertía: “la retirada de Afganistán es la mayor debacle en la historia de la OTAN”. Las declaraciones de la todavía canciller muestran su terrible enfado. La huida norteamericana no fue ni anunciada ni comunicada a sus aliados. Países como Alemania, España e incluso Reino Unido están evacuando como pueden. EEUU ha hecho suyas las palabras de Lord Palmeston, el que fuera primer ministro, quien dijo, refiriéndose a Inglaterra,: «No tenemos aliados eternos, y no tenemos enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y nuestra obligación es vigilarlos.». El absoluto desprecio mostrado por el ejército norteamericano hacia sus aliados debería hacerles tomar nota. Rusia lo ha recordado al gobierno ucraniano. China ya ha advertido a Taiwan que en caso de conflicto sus “amigos” no acudirán.

 

 

“Todo lo que conocemos como Occidente ha sufrido una terrible derrota, Armin Laschet candidato a suceder a Angela Merkel advertía: “la retirada de Afganistán es la mayor debacle en la historia de la OTAN”

 

 

Siguiendo los planteamientos de Zbigniew Brzezinski, asesor de varios presidentes norteamericanos y autor de libro El gran tablero de ajedrez: primacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, occidente puede haber perdido la batalla clave por el control de Asia central. Los datos corroboran este planteamiento; en estos momento China es ya el mayor inversor extranjero en Afganistán y apresta futuros proyectos. Rusia y China han ofrecido técnicos de las minorías islámicas respectivas para ayudar en la futura reconstrucción. Moscú aprovechando la situación se presenta como garante de la seguridad en la zona limítrofe. Teherán hace tiempo que negocia con los talibanes acuerdos futuros de buena vecindad. El gobierno paquistaní (que había apoyado extraoficialmente  a los talibanes) está exultante. Su teoría sobre la “profundidad estratégica” que representa Afganistán hace que se sienta uno de los vencedores en su rivalidad con India. Altos funcionarios del futuro gobierno talibán se entrevistaron en el mes julio en Moscú, Estambul y Tianjin con representantes del ministerio de exteriores chinos y ruso los talibanes afirmaron que China: “Desempeñará un papel más importante en la futura reconstrucción y desarrollo económico de Afganistán”.

 

Nunca fue una guerra contra el terrorismo

La guerra en Afganistán nunca fue una guerra contra el “terrorismo” puesto que terror es lo que venía practicando EEUU y Occidente en todas sus intervenciones militares. La guerra afgana es un conflicto con múltiples objetivos algunos de ellos cambiantes. El primero controlar la encrucijada estratégica que representa Afganistán, Irak e Irán (que era el gran objetivo final) El segundo es monitorizar el control de los recursos controlando la elipse energética de la zona. El tercero implicaba el mantenimiento de fuerzas militares: “contratistas-mercenarios” en lugar de tropas regulares que ayudaran en la desestabilización a través de la guerra permanente contra el “terrorismo”, impidiendo así la expansión de sus rivales geoestratégicos Rusia y China. La balcanización es el caldo de cultivo que permitiría a EEUU mantener el flujo de la droga (opio y cocaína) hacia occidente. Los talibanes casi acabaron con el cultivo de la amapola que se incrementó exponencialmente desde que Occidente invadió el país. La guerra afgana ha sido financiada por el opio.

 

   “La “pérdida” de Afganistán obligará al Imperio a reposicionarse en la zona. La CIA creará en meses una unidad específica dedicada a China, como ya se hizo durante la guerra Fría contra Cuba”

 

La “pérdida” de Afganistán obligará al Imperio a reposicionarse en la zona. La CIA creará en meses una unidad específica dedicada a China, como ya se hizo durante la guerra Fría contra Cuba. La caída de Kabul tendrá otro factor añadido importante para Moscú, la incapacidad para defender su espacio aéreo y terrestre de países como Uzbequistán o Tayikistán, les obliga a pedir ayuda al ejército ruso que se posicionará en la zona. Las maniobras militares que se han realizado en los últimos días son un ejemplo. El sueño ruso de acoger, de una u otra forma, a países que se hicieron independientes tras la debacle de la URSS toma forma.

 

 

Una larga negociación

 

Hace más de 3 años que se viene negociando con los talibanes. En 2018 Trump pidió a Pakistán que liberara a Mullah Baradar Akhund (cofundador del grupo talibán) preso desde el 2010 y que es el gran negociador. Los acuerdos de Doha en febrero del 2020 fueron el resultado. La caída de Afganistán se ha acelerado en estos seis meses. Los guerrilleros han negociado inteligentemente con los señores de la guerra su fidelidad hacia el nuevo gobierno. Era la única oposición existente. La velocidad del derrumbe del ejército afgano ha sido incluso más rápida de lo que esperaban los propios talibanes; el 12 de agosto se rendían simultáneamente Ghazni, Kandahar y Herat (oeste, sur y centro del país) el día 14 se asediaba Maidan Shair a las puertas de Kabul y el 15 caía la propia capital. Los 300.000 efectivos del ejército afgano sólo existían en los papeles del Pentágono. Han servido para  justificar inversiones millonarias en armamento. Los señores de la guerra sobornados por EEUU y que eran el apoyo del gobierno han huido rápidamente. Las imágenes de sus lujosísimos palacios son una pequeña muestra de la corrupción en la  que vivía la clase dirigente. Un ejemplo basta; el ex presidente “democrático” Ashraf Ghani huyó llevándose cerca de 170 millones de dólares en efectivo. Paradójicamente los talibanes se convierten en uno  de los ejércitos mejor armados de la zona. Ha pasado a su poder material militar por valor de 84.000 millones de dólares. Parte de este material pasará a manos rusas y chinas para su estudio.

 

EJÉRCITOS DE PASTAL: NO HUBO BATALLA POR KABUL

 

Kabul no ha sido conquistada, no era necesario. La ciudad ha caído desde el interior. Los talibanes están interesados en ahorrar las imágenes abyectas de hace 20 años de destrucciones y matanzas sin cuento. Los dirigentes han dado órdenes de no provocar bajas civiles innecesarias. La disciplina se ha mantenido; se anuncia una amnistía y se llegó a un acuerdo para la evacuación. La “caballería “norteamericana no podrá salvar por la fuerza a los diplomáticos si no es bajo las condiciones impuestas por los talibanes. Se dejará en la estacada a la mayor parte de los 47.000 “colaboradores” afganos que habían ayudado en la ocupación. Alemania ya ha reconocido que difícilmente podrá evacuar a nadie que no sea occidental.

 

   Kabul no ha sido conquistada, no era necesario. La ciudad ha caído desde el interior. Los talibanes están interesados en ahorrar las imágenes abyectas de hace 20 años de destrucciones y matanzas sin cuento.

 

 

 

El colapso del Ejército Nacional Afgano era inevitable, fueron entrenados bajo el patrón occidental: tecnología, poder aéreo y desprecio a las condiciones y relaciones sociales. Los soldados afganos no habían cobrado sus sueldos desde hacía meses. Los talibanes les pagaron para no combatir y les dieron dinero para que depusieran las armas y marcharan a casa. Por eso las ciudades y las provincias han caído prácticamente sin combates. Nuestros ojos occidentales no pueden asimilar ni comprender el peso que tienen los acuerdos suscritos con los ancianos tribales ni las conexiones familiares extensas que son las que condicionan la participación o no en el enfrentamiento. No sabemos si los dirigentes talibanes leyeron los escritos de Mao Tse Tung sobre la “guerra prolongada” o el enfoque propuesto por el general Giap en  “La guerra  campesina” que desarrollaron los comunistas vietnamitas. Lo cierto es que aplicaron muchos de esos principios en esta nueva versión del cerco del campo a la ciudad.

 

 

El ejército talibán contaba con unos 78.000 efectivos unos 60.000 operativos. Su presupuesto se supone de unos 1.500 millones de dólares anuales. Se obtiene del tráfico de drogas (está prohibido el consumo y la distribución interna ), impuestos sobre las viviendas y los impuestos recogidos en el campo que controlaban desde hacía años. Se armaron de paciencia;  cultivaron el apoyo popular, consiguieron armas incluso del propio ejército estadounidense a cambio de opio, estuvieron esperando el momento oportuno, construyeron relaciones y conexiones, crearon núcleos en las ciudades lo que les permitía  desarrollar un conocimiento táctico superior a sus adversarios. Los talibanes tenían ojos y oídos en todas partes y un no despreciable apoyo popular. Sólo así se explica como un ejército pequeño; sin apoyo de ningún estado importante, sin artillería pesada, armados únicamente con fusiles Kalashnikovs y granadas RPG-7 propulsadas por cohetes, sin tecnología punta, sin poder aéreo y casi sin entrenamiento militar hayan doblegado a la OTAN. Es la segunda vez tras la guerra de Vietnam que un ejército pobre es capaz de derrotar al Imperio.

 

 

Los talibanes 2.0

 

Los talibanes no son los mismos de hace 20 años. Evidentemente su ultra-radicalismo religioso no ha cambiado pero si demuestran nuevos perfiles. Durante años han controlado enormes extensiones del país donde tenían su base social (en los últimos años el gobierno títere de EEUU sólo dominaba las ciudades) adquirieron experiencia para dirigir la seguridad local, los tribunales e incluso el reparto y distribución de alimentos. Han demostrado habilidades diplomáticas visibles en varios escenarios; entre ellas las negociaciones de paz en Doha o las visitas de alto nivel a Islamabab, Teherán, Moscú y Tianjin. El nuevo gobierno podría integrarse en un momento dado en la Organización de Cooperación de Shanghái. De facto el antiguo Afganistán ya era observador en esta organización. China que tiene interés en esa alianza ha permitido que su embajada siga abierta y cuente con la protección talibán así como la embajada rusa. No ignoran los dirigentes talibanes que cualquier conexión con el Daesch o el ISIS, a los que han combatido cuando han aparecido en Afganistán, no les conviene.

 

 

 

Las nuevas realidades. Desmemoria y cinismo occidental

 

 

Es tal la importancia estratégica de Afganistán que en pocas horas las cancillerías occidentales comienzan a cambiar de posición. Ayer ; Occidente se rasgaba las vestiduras por la suerte que correrían los “amigos-colaboradores afganos” , mañana o pasado mañana cuando se cierre el puente aéreo que evacuará a militares, responsables de ONGs y diplomáticos, la inmensa mayoría serán abandonados a su suerte. El único miedo de Occidente son las nuevas oleadas de refugiados; la defensa de los derechos humanos no es más que el barniz moralizante. Occidente se llena la boca de buenas palabras; nos muestran una y otra vez imágenes de mujeres de profesiones liberales (que no representan  en el contexto afgano más que a ellas mismas) como las grandes afectadas. Es difícil superar ese grado de cinismo. Los informes de asociaciones tan poco sospechosas de pro-taliban como Human Rights Watch  mostraron año tras año, en sus informes desde 2001 hasta ahora, como los aliados occidentales que impuso EEUU y la OTAN no eran sino criminales. En aquel momento la Directora ejecutiva de la División de Asia de Human Rigthts Watch decía: “Los Estados Unidos y sus aliados no deben cooperar con comandantes cuyos antecedentes de brutalidad cuestionen su legitimidad dentro de Afganistán” . La democracia que trajo occidente consistía en que había de ser elegido el representante designado por las compañías petrolíferas que se disputaban el territorio. El anterior presidente Hamid Karzai era, hasta que ganó unas elecciones más que dudosas, un empleado de alto nivel de la empresa UNOCAL que intentaba tender un gaseoducto desde los yacimientos de Turmekistsán a través de Afganistán hacia el Océano Índico. Otros dirigentes importantes como el mariscal Dostum, huido ahora a Uzbequitán, había sido denunciado por las organizaciones de derechos humanos por genocidio. Ni uno sólo de estos criminales que han prosperado bajo el amparo de la OTAN ha sido ni será enjuiciado por los tribunales.

 

 

Los aliados occidentales que impusieron EEUU y la OTAN no eran sino criminales

 

 

Hoy se organizan campañas a favor de la mujer afgana, bueno es saludar la iniciativa. La FOX una televisión estadounidense ligada a la extrema derecha trumpista ha comenzado una campaña de la que se han hecho eco los medios europeos sin contrastar, como es habitual, la noticia. La FOX afirmaba que los talibanes iban de puerta en puerta y tomaban las chicas como botín de guerra. Los corresponsales de otros medios informan no haber visto nada de eso. Pero es igual. ¿A quién le importa la verdad? Nadie duda de las atrocidades cometidas por los talibanes, aunque fueran permitidas cuando eran útiles al Imperio. Ahora cambiamos el discurso.¿Cómo es posible que desde occidente nadie levantara el dedo acusador cuando Karzai promulgó un decreto imponiendo la “sharia” como referente legislativo. Durante estas dos décadas de ocupación la mujer afgana, tal y como narra John Pilger en sus escritos, ha sufrido humillaciones sin cuento. Desde hace veinte años, el 90% de las mujeres afganas han continuado viviendo en un régimen de apartheid. Las “reformas” impulsadas por Occidente, como la creación de un ministerio de la mujer, sólo han existido en el papel. Una de las asociaciones más prestigiosas en el país la Rawa (Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán), con grave riesgo para sus vidas, fue grabando, señalando y documentando todos los abusos que recibían las mujeres en el país controlado por Occidente. Nada de eso se ha hecho público. Las imágenes eran demasiado “impactantes” para el público occidental. Los grandes medios lo ignoraron. Occidente controlaba el país pero el “burka” ha seguido presente en la sociedad afgana (una sociedad muy conservadora por otra parte).  En pleno período “democrático” en la provincia de Herat (donde estuvieron acantonadas las tropas españolas), las mujeres eran arrestadas si conducían, se les prohibía viajar sin estar acompañadas de una pariente varón, se les exigía la “prueba de la castidad”; en la zona menos del 1% de las mujeres daban a luz en hospitales o con asistencia cualificada; tras el parto la tasa de mortalidad femenina era la más alta del mundo según Unicef. Mientras, el gobernador de la zona era Ismail Khan (llegó a ser ministro entre 2005 y 2013). Las organizaciones internacionales de DDHH lo consideraban un genocida; pero los gobiernos callaron. El entonces Secretario de defensa de EEUU Donald Rumsfeld lo calificó de: “un hombre atractivo… reflexivo, mesurado y seguro de sí mismo”.

 

 

Afganistán ahora es el ejemplo de cómo el poder occidental carece del más mínimo escrúpulo moral. Los países pobres son tratados estrictamente por su “utilidad”.  Pero los talibanes han reescrito una línea en los libros de historia. A pesar de sus enormes contradicciones la reconquista  de Afganistán enseña a los pueblos, no sólo islamistas, que es posible derrotar al aparentemente invencible ejército de EE.UU. y la OTAN.

 

Eduardo Luque Guerrero. Periodista, analista político y miembro de COESPE.

https://canarias-semanal.org/art/31170/saigon-segunda-parte-occidente-pierde-una-batalla-clave-para-el-control-de-asia-central

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