Si Rajoy pisa la calle

Pedro El Hermoso, o sea Pedro Sánchez, recién adquirido secretario general del PSOE, le acaba de recomendar a Mariano Rajoy “pisar la calle” para bajarle la temperatura a su discurso triunfalista.

Y es que, en su comparecencia de ayer antes de irse a sus benditas vacaciones –este hombre debería estar siempre de vacaciones, y quizá compartiendo playa y hotel con Luis Bárcenas–, Rajoy aseguró que “el fatalismo está dando paso a un sentimiento de confianza en el futuro”, que el Gobierno del PP no ha dejado “desguarnecidos a los más débiles”, que la salida de la crisis (sic) “no ha sido por casualidad ni por la buena suerte” del gurteliano ejecutivo, y que “la sanidad pública y gratuita, la educación universal y las políticas de dependencia” están como las dejó ZP. Que, por cierto, no.

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Yo considero que Pedro Sánchez habla bien al recomendarle a Rajoy hacer un poco la calle. Aunque no servirá de nada. Y todo por culpa de Zenón de Elea. O sea, por culpa de otra herencia del pasado.

Si Rajoy saliera hoy a la calle, sin estar escoltado por los alegres UIP y por el glorioso Ejército español, muchos ciudadanos le correríamos a hostias verbales y alguna que otra manual o podológica. Yo por lo menos. El problema está en Zenón, el de la aporía de Aquiles y la tortuga.

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Según el griego, es imposible que gane la carrera el más rápido (Aquiles) si le da cualquier tipo de ventaja al más lento (la tortuga). En este caso Rajoy es la tortuga y el pueblo es Aquiles, como no podría ser de otra forma. Y la ventaja que el pueblo le ha dado a la tortuga la contaba muy bien Forges, en un viejo chiste en el que un ciudadano preguntaba a un funcionario de ventanilla por qué le habían arrebatado tal o cual intrincado derecho fundamental. “Pues porque andan ustedes votando a tontas y a locas”, respondía impertérrito el funcionario.

Aquiles le dio a la tortuga una ventaja de cuatro años de gobierno y ya, por mucho que Aquiles corra a hostias a Rajoy por la calle, jamás podrá alcanzar al reptil quelonio, lento, feo, perverso y acorazado. Porque lo que ha hecho este gobierno en el ratito que lleva privatizando, desmantelando, regalando a los banqueros y cortocircuitando la carta de derechos humanos, no se podrá recuperar jamás.

Tampoco se podrá resucitar a los hombres y mujeres que se han suicidado antes de ser desahuciados o tras perder el trabajo o los ahorros en preferentes. Ni a los enfermos curables que han muerto por falta de atención en unos hospitales públicos con carencias tercermundistas.

Se ha pudrido para siempre, en la distancia que Aquiles le dio a la tortuga de ventaja, el tiempo perdido por nuestros investigadores mientras repartían pizzas. Y nunca se recuperarán los centímetros de estatura de los niños malnutridos que están creciendo poco y mal en esta floreciente España de caritativos comedores escolares de verano.

Por supuesto, Aquiles tampoco tendrá velocidad para recuperar los 11.500 millones de euros perdidos en la venta de Catalunya Banc al BBVA, después de que aquella fuera rescatada con tu dinero y con el mío. Una cantidad casi semejante al recorte sufrido por la sanidad y la educación en poco más de un año.

pablo

Por no hablar de la venta de NovaGalicia Banco a Banesco. La antigua caja gallega fue rescatada con 9.000 millones de fondos públicos y vendida por solo 1.000 a la entidad venezolana. Paradojas de la vida. El PP acusa a Pablo Iglesias de estar financiado por el chavismo, pues la fundación en que trabajaba recibió, en 10 años, 3,2 millones como pago por asesoramientos a Venezuela. Los 8.000 millones que España ha regalado al citado banco venezolano nos convierten, a los españoles y al gobierno del PP,  en el mecenas mayor del éxito económico del bolivarismo. Echando fáciles cuentas, Rajoy es más chavista que Chávez.

Gobierne en el futuro Pedro Sánchez o cualquier otro, ¿renacerán las empresas desaparecidas, la banca pública, las comisiones ilegales, los dineros de Bárcenas, la inteligencia de los niños maleducados, los muertos por la avaricia de los banqueros, las neiges d´antan? Pobre Aquiles, maldita tortuga, y gracias por decirnos tan triste verdad, viejo Zenón. Y que Rajoy pise la calle, que la calle está con unas ganas locas de pisotearlo a él.

Público.es

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