Wert se apunta a la Fundación Blas Piñar

Fines de la Fundación la promoción, el estudio y la investigación del pensamiento y la obra religiosa, política y jurídica de Blas Piñar López, inspirada en los ideales de Dios, Patria y Justicia

No hay nada más placentero, una vez entrados en época estival, que leer el Boletín Oficial del Estado. Aparecen textos cargados de enjundia y belleza notaria (no notoria). Me pasó tal que ayer, que me quedé pasmado de admiración cuando alcancé la Orden ECD/1520/2014, de 28 de julio, por la que se inscribe en el Registro de Fundaciones la Fundación Blas Piñar.

Ya era hora de que España atendiera al estudio de la vida y obra del fundador de Fuerza Nueva como se merece. “En los Estatutos que han de regir la Fundación, incorporados a la escritura pública a que se refiere el antecedente de hecho primero, figuran como fines de la Fundación la promoción, el estudio y la investigación del pensamiento y la obra religiosa, política y jurídica de Blas Piñar López y su contexto sociopolítico, inspirada en los ideales de Dios, Patria y Justicia, para la memoria colectiva del pueblo español”.

Malicio que el año próximo esta fundación dedicada a la exaltación de un fascista recibirá algún tipo de subvención, como sucede con la Fundación Francisco Franco o la Fundación Hitler en Polonia y Alemania (de estas últimas no tengo total constancia, pero siendo países civilizados es difícil pensar que no existan).

La Fundación Blas Piñar viene legalizada y avalada por indiscutibles fundamentos de derecho que rezan así: “Según los artículos 35.1 de la Ley de Fundaciones y 43 del Reglamento de fundaciones de competencia estatal, la inscripción de las Fundaciones requerirá el informe favorable del Protectorado en cuanto a la idoneidad de los fines y en cuanto a la adecuación y suficiencia de la dotación, procediendo un pronunciamiento favorable al respecto”, recoge la orden del BOE firmada por el ministro de Educación y Cultura José Ignacio Wert.

Es innegable lo de “la idoneidad de los fines”, pues resultaría un ridículo internacional impropio de la marca España negar una fundación que estudie la vida y obra de un golpista genocida, con todos los encantos que engalana a este tipo de personajes. Y yo hasta creo que cada brazo en alto que levante la Fundación Blas Piñar debería de estudiarse en nuestras escuelas, institutos y facultades, no vayan a pasarle desapercibidos a nuestros ignaros jóvenes todos los bienes y virtudes que trajo consigo el alzamiento de 1936, sus 40 años posteriores y los 40 años pos-posteriores que nos alcanzan hasta ahora.

Cuando yo era un niño, mi padre nos ponía a los hermanos las cintas de los discurso de Blas Piñar en la casete del coche. No estoy de broma. Entonces, hasta a los niños nos daba la risa floja cuando escuchábamos las arengas de aquel señor grandilocuente y tremendista que bramaba contra la democracia. Si escuchase esos discursos otra vez ahora, me los tomaría bastante más en serio. Solo hay que mirar quién lee el Marca en la Moncloa para comprender que Blas Piñar ganó la batalla democrática (sic).

Como a los niños de entonces, aquel fascismo transicional fue tomado medio a coña también por los españoles adultos, que consintieron que figuras tan siniestras como el asesino Manuel Fraga se refugiaran en las urnas. Ahora nos gobiernan sus herederos, y en nuestro Boletín Oficial del Estado nos abofetean con que es necesario el estudio de la vida y obra de estos cruentos fascistas a través de una fundación legal. Ahora que ha salido en el BOE y firmado por Wert, yo no voy a parar de estudiar la obra y figura de Blas Piñar de aquí al final de mis días. Pues no deseo que mis vecinos me empiecen a tildar de indocumentado. Estaría bueno.

Público.es

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