Yo deserto

No hay nada mejor contra las armas químicas que matar a la gente con otro tipo de armas menos químicas, para demostrar que hay maneras muy legales de matar

 

Lo fácil es la guerra y lo difícil es la paz. Es lo único que tiene que saber el ser humano. Pero son demasiadas palabras para que las entendamos a la primera, y de ahí nuestros sangrientos milenios de guerrera historia. Ser somos, pero para humanos nos faltan unas cuantas dosis de honesta animalidad.

Nació de una tormenta en el sol de una noche del penúltimo mes

fue de planeta en planeta

buscando agua potable

Quizá buscando la vida o buscando la muerte, eso nunca se sabe.

 

El Parlamento británico acaba de votar contra la intervención militar en Siria. Cuando en Occidente se habla de intervención militar, nos solemos referir a la costumbre de bombadear niños de piel oscura para que se acojonen los malos de piel oscura, si los hubiere. Pero el descojone, más allá de esa banalidad llamada niños muertos, es que el ministro de Defensa británico se haya atrevido a decir que la decisión de tan ilustre parlamento atenta contra el sentido común. Que no ir a la guerra atenta contra el sentido común: “El sentido común nos dice que el régimen de (el presidente sirio, Bashar) Al Assad estará menos incómodo esta noche. Imagino que el régimen sirio aplaudirá la decisión esta misma noche”.

O sea. Los representantes el pueblo votan en contra de bombardear niños oscuros, y el ministro de Defensa le dice al pueblo y a sus representantes que eso va contra el sentido común. Si es que está más que demostrado que el sentido común lo gozan los ministros de Defensa, y jamás el pueblo llano. Lo que hay que hacer es bombardear Siria, pues se han usado armas químicas. Y no hay nada mejor contra las armas químicas que matar a la gente con otro tipo de armas menos químicas, para demostrarle al mundo que hay maneras muy legales de matar.

Supo la historia de un golpe

sintió en su cabeza

cristales molidos

y comprendió que la guerra

era la paz del futuro.

Lo más terrible se aprende enseguida

y lo hermoso nos cuesta la vida.

Lo que también me hace cierta gracia es cómo el Parlamento británico vota si bombardear o no a Siria. Yo nunca he visto a Siria votar a favor o en contra de bombardear el Parlamento británico, pero quizá es que no estoy muy puesto en política internacional.

Y también he de decir, no sin sonrojo, que no conozco a nadie a quien le apetezca bombardear Siria, Gibraltar o cualquier otra geografía ingrata. Una reciente encuesta acaba de decirnos que los americanos de a pie no están por bombadear Siria. Con mayoría aplastante. Los americanos de a pie, antes de bombardearla, lo que quieren es que les expliquen primero dónde está Siria en el mapa. Y no es que quede muy a mano.

Nos tomamos estas guerras internacionales como una cosa consuetudinaria, como el té de las cinco, con parlamentos votando no o votando sí a bombardear. La democracia se ha convertido en el derecho a elegir cuándo tirar unas bombas. Y nos dejamos convencer de que hay que tirar las bombas. Yo, en mi cortedad, no conozco a nadie que quiera bombardear Siria. Que haya votado por bombardear Siria. Ni conozco a nadie que odie a un sirio. Pero los vamos a bombardear. Niños terribles van a morir más oscuros de lo que nacieron. Los señores de la paz son tan idénticos a los señores de la guerra que somos los mismos. Los que votamos. Los que no votamos. Yo nací sin saber matar. Pero me han ido enseñando. Si mañana se bombardea Siria, uno de los asesinos seré yo.

Yo deserto.

Boris Vian.

Le déserteurhttp://www.youtube.com/watch?v=okkrndSDXLU

Público.es

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